miércoles, 18 de junio de 2008

El resucitado.



En la casa de Jorge todo era confusión, porque después de tres días de haber desaparecido luego de salir de rumba, su mamá lo había reconocido en el anfiteatro, hasta los más mínimos detalles correspondían a su hijo, el lunar en la espalda y la pequeña cicatriz en su rodilla izquierda..., ¿o derecha?, producto de una caída en bicicleta. Gastaron todos sus ahorros y contrataron los servicios funerarios de una costosa empresa. Alquilaron veinte automóviles, tres buses y diez niñas acompañantes, de esas cariacontecidas y vestidas de riguroso luto. El entierro del negro, como le decían a Jorge, tenía que ser un acontecimiento que no olvidara el barrio.

Las vecinas elaboraron cadenetas de papel de globo blanco y negro que atravesaron de lado a lado de la calle en toda la cuadra. Sus amigos compraron voladores y aguardiente para el velorio y Anita su novia empezó a practicar ataques desde antes que llegaran con el féretro a la casa. Su tía Domitila no se olvidó de hacer los riegos con ruda y caléndula para que ni de riesgo fuera a quedar su espíritu en la casa . Cuando lo trajo finalmente la funeraria la calle hervía de gente que se apretujaba, lloraba y daba gritos lastimeros.. En los balcones y azoteas otros batían pañuelos blancos y lanzaban voladores al tiempo que destapaban las botellas de licor.


Acomodaron el sarcófago en la salita principal en medio de cuatro cirios y frente a un enorme crucifijo de base cromada, Nando, su mejor amigo, le llevó una corona de flores rojas y azules haciendo alusión al escudo del DIM, equipo de fútbol al que era aficionado el difunto. Su hermana Luisa, que terminaba de hacer un curso de arreglos navideños, enredó una instalación de bombillitos intermitentes de colores alrededor del cajón, que aunque muy bonitos, con su prende y apague hacían ver el rostro del muerto como haciendo muecas.

Todos hicieron una larga fila frente a la pequeña vivienda y pasaban para contemplar por última vez a su vecino y amigo. Los voladores tronaban afuera y desde el balcón del frente unos enormes parlantes dejaban escuchar la canción:- NADIE ES ETERNO EN EL MUNDO.., al tiempo que todas las señoras recitaban: - Brille para él la luz perpetua... Otras pasaban las copas de aguardiente y los pasantes.

En la cocina las matronas preparaban en una enorme olla un sancocho carnudo para servir a la media noche. Todo aquello enorgullecía sobre manera a la familia del negro, que aunque algo endeudada con tanto gasto había superado en mucho al velorio de Ananías, el abuelito de los Gonzos que era la familia mas fulera y encopetada del barrio.


Los ataques de Anita comenzaron en serio y se robaron la atención de la concurrencia que por poco los aplaude. El tío Ernesto ya borracho comenzó a recitar el trisagio del:- No somos nada, Se empezó a desgranar la mazorca, ay... Mi muchachito como era de bueno, ¡Muerte llevame a mí, muerte!.


Así llegó la media noche y luego de consumirse el sancocho se animó de nuevo el velorio, se recogió dinero entre los asistentes para comprar mas licor y cigarrillos, para voladores si no alcanzó.


Las tías del negro se sentaron en un rinconcito de la cocina y en voz baja comentaban sobre la mala crianza que les estaban dando a sus sobrinos:- Si ves querida, ahí están los resultados de la falta de rejo, decía Inés a sus hermanas.


El tiempo fué pasando y cuando menos pensaron ya eran las diez de la mañana, el velorio había terminado y los de la funeraria llegaron para llevarse al negro a su última misa, cuatro muchachos encorbatados y de traje oscuro tomaron el cofre de sus dorados anillos y comenzaron a sacarlo lentamente entre la guardia de las diez niñas que cabizbajas y portando ramitos de flores blancas los miraban pasar en silencio.

El bafle del balcón volvió a tronar: NADIE ES ETERNO... Alguien que había guardado voladores para el último momento los empezó a lanzar y Anita, pálida de muerte caminaba tras su desaparecido amor sostenida por las compañeras de su colegio.

Estando en este clímax llegó un taxi que detuvo el triste desfile, la puerta de atrás se abrió y se bajó un hombre que aterrado preguntó:- ¿Dios mío quién se murió en mi casa?, todos voltearon a verlo y oh sorpresa, era el mismísimo negro el que estaba parado allí frente a todos, con las piernas temblorosas, esperando angustiado una respuesta.


El baile del retorno duró hasta el otro amanecer en la casa de Jorge, desde entonces más conocido como EL RESUCITADO.




JUGANDO CON CANDELA.



Francisco era un jóven estudiante de secundaria, serio e inquieto investigador de temas esotéricos. Me enseñó muchas cosas al respecto, entre ellas a visualizar el aura de las personas.

Cada vez me sorprendía más con sus conocimientos metafísicos, en su casa tenía una buena biblioteca al igual que algunos instrumentos para experimentación.


Fueron muy amenas las reuniones que tuvimos y en las cuales me hizo
interesantísimas confidencias de sus experiencias personales.


En cierta ocasión me confió que pensaba hacer un rito para invocar a una poderosísima entidad y luego me invitó a participar, pues necesitaba a otra persona, yo no acepté porque estas cosas no me gustan mucho. Para realizar el rito me contó él, necesitaba entre otras cosas una sotana de cura, un pentagrama, velas negras y cortinas negras para cubrir las paredes del cuarto, luego solo a la luz de las velas el recitaría las invocaciones para que aquel espíritu se hiciera presente, buscaba Francisco con esto adquirir más poder y fuerza para sus experiencias esotéricas.

Le indagué sobre lo que se supone pasaría después de la invocación y el me respondió que seguramente se sentiría un viento casi huracanado en la habitación, que quedaría totalmente en tinieblas y muchas entidades lo zarandearían y empujarían como una prueba a superar.

Si el temor no lo poseía, el ser invocado cuyo nombre nunca me dijo, se haría presente y le otorgaría grandes poderes.
Yo le recalqué que definitivamente no contara conmigo y que más bien después me contara sobre los resultados que obtuviera. Pasó la fecha del esperado evento y por más que traté de comunicarme con mi amigo no fué posible. Pasó mucho tiempo y ya había olvidado el asunto cuando recibí la sorpresiva llamada de Pacho. Después de los saludos de rigor ni corto ni perezoso le pregunté por los resultados de su experiencia, pero el sobresaltado me contestó: - Por favor no me hables de eso, Yo quemé todos mis libros y regalé todo lo demás, me pasó algo muy terrible que más bien personalmente te contaré, mientras tanto te digo que es muy peligroso jugar con candela. Aún espero ese reencuentro con Francisco.



EL DIABLO.

Después del misterioso incidente de Francisco, el que jugaba con candela, dialogué con su hermano Carlos, que recién había llegado de Los Estados Unidos, país en el que residía hacía cinco años.

-Mira, me dijo, mi hermano nos tiene muy preocupados con esas cosas extrañas que anda haciendo, yo no creía mucho en estos fenómenos hasta que tuve una experiencia personal hace mucho tiempo y que nunca le he contado a nadie, hizo una pausa y prosiguió

.


Cuando tenía yo trece años era un muchacho problema, en mi casa no podían conmigo porque era voluntarioso y rebelde mi , madre sufría mucho por que mis compañías no eran las mejores, además el estudio me resbalaba. Decidí un mal día volarme de la casa y sin tener a donde ir comencé a recorrer las calles, inicialmente comía lo que me daban en los restaurantes y dormía donde me cogiera la noche, sin más abrigo que el de viejos periódicos, en resumen me volví un gamín. Como siempre fuí muy avispado me las ingenié para sobrevivir en este duro ambiente callejero, aprendí a robar y pronto estaba durmiendo en un cuarto de hotel, fué pasando el tiempo y ya me vestía bien y hasta tenía mis bambas, para mi desgracia empecé a fumar yerba y a coger vicios sin darme cuenta de de que estaba destruyendo mi vida.

Casi ni pensaba en mi familia, lo que hace la droga, es increíble.Una noche deambulando muy aburrido por el centro me senté solitario en un andén y me sentí muy solo, Alguien se sentó a mi lado, pero como no quería hablar con nadie no me molesté en mirar quien era, como pasó un largo rato y el que estaba a mi lado permanecía allí me inquieté mucho y mirándolo con disimulo me sobrecogió su rostro, daba miedo mirar a aquel ser, su cara estaba arrugada y de un color cadavérico, sus inflamadas ojeras apenas dejaban entrever unos ojos hundidos y apagados, metí mi cabeza entre mis rodillas y deseé estar muy lejos de aquel

engendro, pero algo me impulsaba a mirar de nuevo, había en aquel ser algo familiar que urgía ser reconocido.

No puedo explicar porqué, pero volviendo a mirarlo reconocí en aquel ser mi propio rostro, era un espejo aterrador donde veía lo que yo había hecho en esos años con mi propio ser, ese niño que huyó de su casa ya no existía, en cambio esa masa informe de carne pseudo humana era lo que yo había hecho de él. Sentí un dolor inmenso en el alma y comencé a llorar amargamente, así pasé toda la noche y con las primeras luces del día comencé a caminar hacia mi casa.

Varias horas después y lleno de vergüenza estaba frente a la puerta, casi no me decido a llamar pero al fin mi madre abrió y conmovida al verme me abrazó mezclando sus lágrimas con las mías, el hijo pródigo había regresado.

Terminé mis estudios y rehice mi vida, tuve la oportunidad de viajar al norte
donde he tenido buena fortuna, al punto que compré una buena casa en la
Castellana con cuya renta ayudo a mi familia.

Ahora esa casa está vacía en oferta de alquiler y ayer fuí a darle un vistazo, al entrar cual sería mi sorpresa, pues las ventanas estaban cubiertas con cortinas negras, igualmente encontré velas negras y unos libros muy extraños de brujería, Francisco me había dicho que la estaba utilizando para estudiar, pero obviamente son otros los propósitos que tiene. Muy nervioso me fuí al centro y me tomé unos tragos con unos amigos, me despedí de ellos y caminé hasta encontrarme con un grupo de pelafustanes, les compré pollo asado y hamburguesas, hablé con ellos y los traté como amigos, es que yo si sé lo duro de sus vidas.


Regresé a la casa de mi madre ya muy tarde, abrí sin hacer ruido y vi la luz de la sala encendida y escuché voces, pasé de largo pensando que mi hermana o mi hermano tenían una reunión con sus amigos y me fuí directamente a mi cuarto durmiéndome prontamente pues estaba agotado. Al día siguiente indagué sobre la reunión, pero todos sorprendidos se miraron y me dijeron que yo lo había soñado. Yo mismo entonces lo creí así.
Al día siguiente salí al centro y compré alguna ropa que entregué a los gamines conversando con ellos largo rato, busqué luego un salón de billares donde encontré a mis amigos con los que pasé el resto de la tarde.

Estaba dichoso de estar de vacaciones en mi ciudad. Nuevamente nos despedimos al amanecer y regresé en un taxi a la casa, cuando abrí la puerta recordé el sueño del día anterior y me pareció divertido, pero al ingresar volví a ver la luz de la sala encendida, extrañado y nervioso me asomé y vi un grupo de personas conversando en voz baja, ninguno de ellos pareció sorprenderse al verme, al contrario, un señor elegantemente vestido de saco y corbata se me acercó y me dijo:

- Te estábamos esperando...
- Yo quedé paralizado de miedo sin saber que hacer, sintiendo la mirada de toda esa gente que jamás había visto, para empeorar todo una señora robusta con largo vestido azul de satín y adornada con perlas me dijo:

- Te estábamos esperando jóven, necesitamos tu cuerpo.
-Ya no aguanté más, corrí hasta el cuarto de Francisco y despertándolo a gritos le pedí que no siguiera haciendo esas cosas tan extrañas con espíritus. Mi madre y me hermana se levantaron y todos fuimos a la sala donde ya no había nadie, pero si se sentía como un olorcito a azufre, no había dudas esta vez, no había sido un sueño.

5 comentarios:

Daniel Mercury dijo...

Esos cuentos de ultratumba estan buenos como para contarlos a media noche en una finca sin luz electrica. Ahora vengo acordarme de pacho, no recordaba que era qrz el diablo, mas bien yo le decia el diablo como apodo. Recuerdo que la ultima vez que lo vi tenia la famosa sotana y aun estoy corriendo del susto. Corria el año 1989, estaba en mi primer trabajo, una vez fuimos a la casa de reblujo recien casado estaba, vivia en san juan y le pidio que le hiciera una replica del macho cabrio, reblujo tambien hizo plop con el amigo pacho, que bueno que reapareciera en el grupo, exorzidado claro esta,

danubio dijo...

Efectivamente ese no era el nombre de estación, no quiero publicarlo por respeto, pues me parece una historia muy personal.

Daniel Mercury dijo...

ahh ok deacuerdo, me gusto mucho la historia del resucitado. Muy bien decorada con todos los detalles del entierro. No se si deberia cambiarle el titulo porque de entrada se intuye el final, con otro titulo se lograria la sorpresa que de todas maneras se logra, pense por un momento que iba a ser un caso de catalepsia como el famoso caballero de rauzan, felicitaciones dario esta muy bueno el libro

danubio dijo...

Me dejaste pensando Daniel en lo del título, es verdad que se pierde la sorpresa, recibo sugerencias.
Sobre tu blog, que pasó con las entradas de blazer y baretta, no loas volví a ver, para releerlas.

Daniel Mercury dijo...

dario, el blog un break en los 80s le cambie la direccion porque estaba mal escrito en el link, estan todas las entradas en http://www.breakenlos80s.blogspot.com/
la retaila que le mande es mas con el animo de hacer una critica constructiva, yo tampoco soy experto en escritura pero creo que ahi nos vamos ayudando,acepto igualmente sugerencias y criticas de mi blog