martes, 2 de febrero de 2010

PIPIOLAS Y CAMAJANES

TIEMPOS DE RADIO


Aviso muy popular en las tiendas de esos años maravillosos


En el principio era la radio, las ondas hertzianas llenaban invisiblemente el éter que transportaba la información y la recreación de ese mundo bucólico de los años cincuentas del pasado siglo.

Las familias se arremolinaban en torno del flamante radio Philips de ojo mágico, cuya luz verdosa danzaba dentro de una ampolleta de vidrio al ritmo de las voces de los locutores y de las melodías radiadas, primer remedo de lo que sería la futura televisión. Se escuchaban fabulosas radionovelas que nos transportaban a otros tiempos y a otros mundos ejercitándonos en el arte de la imaginación.

Los mayores no se perdían el radio periódico y los más jóvenes escuchábamos las aventuras de personajes aventureros como Kadir el árabe, en las noches pasaban Shows musicales con famosos artistas en vivo desde teatros llenos de espectadores. La publicidad surgía en el país y comenzaron a manejar su persuasivo lenguaje, algunas cuñas se hicieron inolvidables como estas:

YODOSALIL: "Frotando, frotando yodosalil, lo va aliviando”.

BLACK FLAG: “psssss, pssss. Así mueren los insectos”.

GLOSTORA: "Cabellera seductora si se peina con Glostora".

LA LECHERA "Haga frío o calor... siempre la mejor".

LEONISA: "El brasier que si modela"

PILSEN: "La cerveza más cerveza"

ÁGUILA: "Sin igual y siempre igual".

COCACOLA: "La chispa de la vida".

YODORA: "Pulcritud a toda hora con Yodora".

MEJORAL: "Mejor mejora Mejoral".

COLGATE: "Que el mal aliento combate".

BAYER: "Si es Bayer es bueno".

J. GLOTTMAN: "Nuestra firma respalda su compra".

KOLYNOS: "Para dientes blancos y aliento fresco".

LUX: "La fábrica de las gaseosas finas".

PEPSODENT: “Una sonrisa Pepsodent".

KOLCANA: La gaseosa cola Colombiana "Yo no pago, paga Kolcana".


Entonces los días terminaban muy temprano y era costumbre irse a dormir a las 8 de la noche porque no había más que hacer, el pueblo quedaba entonces en un sueño profundo hasta el otro día.

Así pasaron muchos años hasta que de repente nos llegó la era de la televisión.
Eran tiem
pos de cambio, la juventud comenzaba a mirar a través de esa nueva ventanita que se abría tímidamente llamada televisión, el reino absoluto de la radio estaba llegando a su fin y las radionovelas y radio periódicos cedían terreno a los teleteatros y a los telenoticieros.

El imperio de la imagen había nacido, pero nunca imaginamos su vertiginoso desarrollo.
Los jóvenes empezaban a conocer lo que había
tras las fronteras de su hasta entonces pequeño mundo de una manera más real de lo que les había mostrado un cine, entonces muy artificial.

Las faldas de las chicas subieron de la pantorrilla a la rodilla y de repente llegaron a la minifalda que escandalizó al comienzo a los camanduleros. Los muchachos comenzaron a usar gomina (Lechuga), Surgió entonces la palabra Pipiolo o pipiola, cocacolo y cocacola para designar a esta nueva juventud. Llegaron “Los camajanes”, que eran guardando las proporciones los Punkeros de
hoy.

Estos eran muchachos que llevaban la camisa por fuera y amarrada con un nudo en la parte de abajo y el cuello desplegado arriba, igualmente se ataban los cordones de los zapatos tenis en la parte de atrás de sus tobillos, eran los rebeldes sin causa, émulos de Dean Martin de la película Rebelde sin causa de 1955 y de la muy posterior brillantina "Grease" de John Travolta de 1978.

Las pipiolas se aplicaban unas gotas verdes para blanquear y brillar sus ojos, era un colirio llamado EYE-MO. Los muchachos por su parte eran fanáticos de un aromatizador de aliento de llamado SEN - SEN. Los desodorantes se popularizaron y todos eran en crema, YODORA era el rey de los sobacos y su aroma era único, igual para damas y caballeros. La podobromhidrosis
fue erradicada con el fabuloso talco MEXANA.

Las señoras lavaban la loza con labón Lucero y la manteca de cerdo la vendían por libras guardada en papel de envolver, aun no inventaban el aceite vegetal, que colesterol tan horrible.

La bebida favorita de las pipiolas y pipiolos era la KOLKANA, una cola deliciosa que promovía sus ventas con tapas contramarcadas que decían: “PAGA KOLCANA”, de cada tres gaseosas dos traían el esperado premio.


Las discotecas no existían, solo los clubes de los ricos con reconocidas orquestas, la gente del común hacía sus bailes con alguna frecuencia en sus propias casas con los discos de vinilo de 78 y 45 revoluciones por minutos en las recién inventadas radiolas, después llegaron los discos LP que revolucionaron la industria fonográfica.

Las salas de velación aún no habían nacido y las familias velaban a sus difunto
s en la misma sala donde se celebraban las fiestas, una simbiosis entre la vida y la muerte, tras la cual la vida salía victoriosa y continuaba su curso.

Las bicicletas eran costosas, por lo que los niños nos conformábamos correteando el aro cortado de una llanta de auto que impulsábamos con un pequeño palo de madera.


En medellín el servicio de energía era muy deficiente y un verano de un mes obligaba a cortes del de servicio eléctrico, esto entonces era muy frecuente por lo que en las casas teníamos fogón de petróleo y de carbón. los carrotanques surtían todas las semanas el combustible a domicilio y los carboneros pregonaban recorriendo las calles en coches de tracción animal.


En esa época las familias eran numerosas y no eran raras las de más de diez hijos. Esto obligaba a que los menores heredáramos de los hermanos más grandes sus libros usados, afortunadamente los textos escolares no habían caído en la actual rapiña de actualizaciones anuales, un libro de castellano de J.M.Bruño, por ejemplo, le servía año tras año a toda la camada, una beneficiosa economía para los padres.

La cartilla la alegría de leer es el más claro ejemplo de continuidad de un texto para varias generaciones y con excelentes resultados, por eso verán que tiene una publicación especial en este blog.

Coquito enseñó por muchos años sin cambio anual de texto a la generación que siguió en los fines de los sesentas, comienzo de los setenta.

En los años sesentas y setentas las heladerias tuvieron gran auge y recuerdo varias del barrio La América, Noches de luna tenía una buena orquesta, parecía más bien un club, La Brasilia y El Argentino tambien fueron populares en la época, muchos noviazgos nacieron en estos sitios.



JUEGOS INFANTILES



Los videojuegos no existían ni en los más avanzados países del orbe, antes de la llegada del telebolito los juegos de la calle eran nuestro deleite, la guerra libertada, el beisbol cuyo bate era un palo de escoba y la bola una pelota de caucho, jugábamos vuelta a Colombia con tapas de refrescos que llenábamos con parafina para darles peso, las carreteras las pintábamos en el pavimento, las canicas o bolas de cristal convocaban grandes campeonatos, tras los cuales los más aviesos salían con su bolsita llena de ellas como trofeo.
El fútbol era infaltable deporte de todos los días después de la escuela. No pu
edo olvidar el trompo de madera, la coca o valero.


La golosa o rayuela, el salto del lazo, Las niñas jugaban con sus muñecas, a la casita, al los cantos que pase el rey…, ¿lobo está?, a chocar sus palmas con hermosos cantos como: El cacique Pancho Pepe, Pe Pe y otros que no recuerdo, los niños éramos fanáticos de las revistas de historietas: Supermán, Batman, Marvilla (La mujer maravilla), Flash, Acuamán, El enmascarado de plata, el llanero solitario y muchas otras, los chicos más pudientes podían comprarlas y los de menos recursos igual podían leerlas pagando un pequeño alquiler, también se podían alquilar bicicletas y fue gracias a esto que aprendí pronto a conducirlas.. Benditos tiempos con tanta paz en los que podíamos jugar en la calle frente a nuestras casas.

Los juegos se interrumpían momentáneamente a las seis de la tarde, cuando sin falta nos llamaban nuestras madres a rezar el rosario, no era muy de nuestro agrado esta costumbre pero entonces el respeto y obediencia a
los padres era absoluto e igual al finalizar las oraciones todos corríamos y reanudábamos nuestro juego hasta las 7 de la noche. Así crecíamos con mucha alegría bajo la protección de nuestros benditos progenitores.

En la es
cuela surgieron futuros empresarios que nos vendían cofio y minisicuí en cucuruchos hechos con hojas de cuaderno. Recuerdo que podíamos comprar confites de 1 centavo y una gaseosa por 10. No olvido las colacionesde Jericó ni unos dulces en forma de muñecos y pistolas rellenos con un delicioso néctar verde.

La peluqueada si no me trae muy buenos recuerdos, a todos los niños nos hacían un corte llamado a lo Mister, nos rapaban completamente solo dejándonos una rídicula islita de pelo en el copete, Don Francisco el peluquero vecino terminaba su trabajo afeitándonos con una enorme barbera que afilaba de cuando en cuando con una correa de cuero y aplícandonos alcohol perfumado en el rostro.

La televisión en un comienzo más dirigida a un público adulto cedió de repente y dejó escuchar
el estrepitoso sonido del rock and roll, conocimos la existencia de Los Beatles y la farándula Latina aprovechó la coyuntura y surgieron los primeros ídolos de la juventud. El bolero y los bambucos salieron de moda y nuestras ahora activas hormonas se identificaron con ese loco ritmo de canciones como Hay viene la plaga y el rock de la cárcel. Las baladas llegaron en la voz de Cesar Costa y Enrique Guzmán y de nuestra patria salieron Harold, Oscar Golden, Vicky, Los Yetis y otros que se tomaron los medios de radio y televisión con programas como juventud moderna y el club del clan.


LA TELEVISIÓN COLOMBIANA EN SUS INICIOS


13 de junio de 1954 primera emisión









RECUERDA ESTOS PROGRAMAS

Al finalizar el video podrán ver cortos de otros programas como yo y tu, musicales, telenovelas, la televisión llegó para quedarse y nos hechizó con su encanto.



DESECHANDO LO DESECHABLE



ACLARACIÓN.

Este texto que publicamos el día 2 de febrero de 2010 lo extraje de varios correos que recibí por internet, estaba en todos atribuído al escritor y periodista Eduardo Galeano y así lo consigné en esa oportunidad.

Hoy 10 de marzo de 2010 recibí un amable mensaje del escritor, también Uruguayo, Marciano Durán en el que me aclara que este hermoso texto es en realidad suyo y que por motivos desconocidos alguien lo hace circular por la red atribuyéndoselo a Galeano, incluso con variantes en su discurso original.

El mismo Eduardo Galeano se pronunció sobre el tema en una entrevista: En una parte del reportaje el estimadísimo Galeano dice:

—”…por ejemplo, mi trabajo más felicitado, más laureado, que circula por Internet no me pertenece, y desconozco quién me lo atribuyó. Se llama “Por qué no tengo DVD”, que además no es cierto, porque yo sí tengo DVD. Pero ocurren cosas desopilantes cuando algunas personas maravilladas con ese texto me felicitan. A mi me da cierto pudor incluso defraudarlas y suelo no aclararles nada (risas)…” http://www.marcianoduran.com.uy/?p=335

El título no es "Me caí del mundo", como originalmente lo publiqué, es "Desechando lo desechable". Atendiendo la aclaración que nos fué hecha por el mismo escritor Marciano Durán, procedo a publicar su versión original y reiterar que es excelente. Muchas gracias por su mensaje.

Igualmente Marciano Durán autoriza esta publicación en el correo que me envió el 9 de marzo de 2010 y que dice:

Gracias Danubio por escribir y por elegir el texto para publicarlo en tu página.
Te mando un abrazo desde Punta del Este.
Marciano


Marciano Durán resume en esta frase el salto entre esa sociedad que habitó los años cincuentas y sesentas, libre de todo mal y peligro, más inclinada al Ser que al Tener. Hoy la sociedad de consumo nos esclaviza trastrueca la sabia fórmula de antaño, ahora vale más Tener que Ser.

El “genial” uruguayo nos abre los ojos con su letra y nos ayuda a descubrir la rapiña y el dominio de las industrias que nos incitan al consumo desaforado.

El es el elegido para pegar este retazo en el blog.

Marciano Durán.
escritor Uruguayo
(Para mayores de 30)


DESECHANDO LO DESECHABLE



Seguro que el destino se ha confabulado para complicarme la vida. No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos.


O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al “use y tire” ni al “compre y compre” ni al “desechable”.


Ya sé, tendría que ir a terapia o pedirle a algún siquiatra que me medicara.


Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.


No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los gurises.


Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.


Y ellos… nuestros nenes… apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales).


¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!


Sí, ya sé… a nuestra generación siempre le costó tirar.


¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!


Y así anduvimos por las calles uruguayas guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.


¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor.


Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.


Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.


Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.


¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plast de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos!


Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.


¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!


La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza.


Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.


¡Nos están jodiendo!


¡¡Yo los descubrí… lo hacen adrede!!


Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo.


Nada se repara.


¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?


¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommier casa por casa?


¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?


¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?


Todo se tira, todo se deshecha y mientras tanto producimos más y más basura.


El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.


El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!


¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años!


Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)


No existía el plástico ni el nylon.


La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan.


Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.


De por ahí vengo yo.


Y no es que haya sido mejor.


Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo” pasarse al “compre y tire que ya se viene el modelo nuevo”.


Mi cabeza no resiste tanto.


Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.


Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya sí era un nombre como para cambiarlo)


Me educaron para guardar todo.


¡Toooodo!


Lo que servía y lo que no.


Porque algún día las cosas podían volver a servir.


Le dábamos crédito a todo.


Sí… ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.


Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas de jardinera… y no sé cómo no guardamos la primera caquita.


¡¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?!


¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?


En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.


El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.


Y guardábamos.


¡¡Cómo guardábamos!!


¡¡Tooooodo lo guardábamos!!


¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!


¡¿Cómo para qué?!


Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares.


Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.


¡Tooodo guardábamos!


Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.


Y las cosas que nunca usaríamos.


Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.


Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.


Cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.


Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraran al terminar su ciclo, los uruguayos inventábamos la recarga de los encendedores descartables.


Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de paté o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.


¡Y las pilas!


Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa.


Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.


No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.


Las cosas no eran desechables… eran guardables.


¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril!


Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque del Banco de Seguros para hacer cuadros, y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.


Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posamates, y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.


Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal.


Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos.

Así como hoy las nuevas generaciones deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada… ni a Walt Disney.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron “Tómese el helado y después tire la copita”, nosotros dijimos que sí, pero… ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.

Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos.

Las primeras botellas de plástico -las de suero y las de Agua Jane- se transformaron en adornos de dudosa belleza.


Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.


Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.


No lo voy a hacer.


Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.


Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.


Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.


No lo voy a hacer.


No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.


No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.


Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.


De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.


Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo que la bruja me gane de mano … y sea yo el entregado.


Y yo…no me entrego.


Marciano Durán

2006 Enero

http://www.marcianoduran.com.uy/?p=176


PALABRAS DE SANTIAGO GAMBOA

Con su permiso Maestro, espero no le moleste que tome estas palabras suyas como invitadas a mi blog, lo que
pasa es las cosas buenas deben compartirse.

Las mujeres de mi generación son las mejores. Y punto. Hoy tienen cuarenta y pico, incluso cincuenta y pico, algunas más... y son bellas, muy bellas, pero también serenas, comprensivas, sensatas, y sobre todo, endiabladamente seductoras, esto a pesar de sus incipientes patas de gallo o de esa afectuosa celulitis que capitanea sus muslos, pero que las hace tan humanas, tan reales. Hermosamente reales.

Casi todas, hoy, están casadas o divorciadas, o divorciadas y vueltas a casar, con la idea de no equivocarse en el segundo intento, que a veces es un modo de acercarse al tercero, y al cuarto intento. Qué importa…

Otras, aunque pocas, mantienen una pertinaz soltería y la protegen como ciudad sitiada que, de cualquier modo, cada tanto abre sus puertas a algún visitante.

Nacidas bajo la era de Acuario, con el influjo de la música de Los Beatles, de Bob Dylan…. Herederas de la “revolución sexual” de la década de los 6O y de las corrientes feministas,otras con resabios de 'esas épocas.... que, sin embargo recibieron pasadas por varios filtros, ellas supieron combinar libertad con coquetería, emancipación con pasión, reivindicació n con seducción.

Jamás vieron en el hombre a un enemigo a pesar que le cantaron unas cuantas verdades!, pues comprendieron que emanciparse era algo más que poner al hombre a trapear el baño o a cambiar el rollo de papel higiénico cuando éste, trágicamente, se acaba, y decidieron pactar para vivir en pareja.

Son maravillosas y tienen estilo, aún cuando nos hacen sufrir, cuando nos engañan o nos dejan.. Usaron faldas hindúes a los 18 años, se cubrieron con suéter de lana y perdieron su parecido con María, la virgen, en una noche loca de viernes o sábado después de bailar.

Hablaron con pasión de política y quisieron cambiar el mundo. Aquí hay algunas razones de por qué una mujer de más de 40 nunca te va a despertar en la mitad de la noche para preguntarte…. “Qué estás pensando?” No le interesa lo que estás pensando!!!

Si una mujer de más de 40 no quiere mirar un partido de fútbol, ella no da vueltas alrededor tuyo Se pone a hacer algo que ella quiere hacer y generalmente es algo mucho más interesante. Una mujer de más de 40, se conoce lo suficiente como para estar segura de sí misma, de lo que quiere, y de con quién lo quiere.

Son muy pocas las mujeres de más de 40 a las que les importa lo que tú pienses de lo que ella hace. Una mujer de más de 40, tiene cubierta su cuota de relaciones “importantes” y “compromisos”. Lo último que quiere en su vida es otro amante posesivo.

Las mujeres de más de 40 son generalmente generosas en alabanzas. Ellas saben lo que es no ser apreciadas lo suficiente. Tienen suficiente seguridad en sí mismas como para presentarte a sus amigas. Solo una mujer más joven e inmadura puede llegar a ignorar a su mejor amiga.

Las mujeres se vuelven psíquicas a medida que pasa el tiempo. No necesitas confesar tus pecados, ellas siempre lo saben. Son honestas y directas. Te dicen directamente que eres un imbécil si es lo que sienten sobre ti. Tenemos muchas cosas buenas que decir de las mujeres de más de 40 y por múltiples razones..

Lamentablemente no es recíproco. Por cada impactante mujer de más de 40,50 inteligente, divertida y sexy hay un hombre con casi o más de 50… pelado, gordo, barrigón y con pantalones arrugados haciéndose el gracioso con una chica de 20 años
¡¡Señoras….. les pido perdón por ello….!!!

Santiago Gamboa. Bogotá 1965. Realizó estudios de literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá y en la Universidad Complutense de Madrid, donde obtuvo el título de licenciado en Filología Hispánica. Entre 1990 y 1997 residió en París, donde cursó un doctorado sobre literatura cubana en la Universidad de la Sorbona. Trabajó como periodista en el Servicio América Latina de Radio Francia Internacional y como corresponsal de El Tiempo de Bogotá. Actualmente vive en Roma y es corresponsal de France Press. Entre sus libros destacan: Perder es cuestión de método, La vida feliz de un joven llamado Esteban y Los impostores (Seix Barral).



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