martes, 5 de julio de 2011

EL CASTILLO BLANCO

Las siete llaves del corazón.




Y fue así que me fueron entregadas las siete llaves del Castillo Blanco, ese que está situado en el brumoso bosque del átomo Nous. Después de más de media vida buscando ese sitio en lo profundo del Reino del Corazón y cuando ya daba por

sentado que me había extraviado en las espinosas marañas de la selva de la sinrazón, me vine a topar con Yahím, un ser de luz que sin decir una sola palabra extendió la mano en la que llevaba el celeste llavero que me conduciría al gran tesoro siempre anhelado, al sagrado cofre de Los Arcanos.


Al partir Yahím, se abrió el camino hacia Nous, un estrecho pero seguro e iluminado sendero que iba quedando despejado a medida en que las zarzas, la hojarasca y los bejucos se replegaban mágicamente, dejando al descubierto la ancestral vía que conducía hacia el Castillo Blanco para luego cerrarse y camuflarse a medida en que lo andaba.

Estando ya en el jardín del castillo me tomé un tiempo para mirar las llaves, vi entonces que una era de plata y las demás de oro sólido. Todas tenían grabado un lema en bajo relieve así: La de plata “El despertar”. Las de oro: “La búsqueda”. El conocimiento”, La comprensión”, “La práctica”, “El desapego” y la más elaborada: “La plenitud”. Todas ellas estaban engarzadas en el diáfano llavero del mérito.



LA PRIMERA LLAVE
El despertar

Ya parado frente a la descomunal puerta principal del castillo percibí mi pequeñez y fragilidad ante el universo.



Me dispuse a utilizar la llave del despertar tan inundado de emoción que casi no logro a acertar la cerradura. Giré la llave y las inmensas alas de la puerta me franquearon la entrada.


Allí estaba yo, en el centro del primer salón, en la sala del despertar de la conciencia. Al poco rato de estar parado en el centro de una gran estrella de cinco puntas anclada en el mosaico del piso, todo desapareció y me vi flotando en la inmensidad del cosmos, mirando el inconmensurable universo de astros y constelaciones. Comprendí que estaba atado a mi cuerpo con un gran cordón umbilical que aseguraba mi regreso, supe que flotaba en el líquido amniótico del todo que llena la nada, supe que todos los seres y elementos compartíamos ese útero universal que nos convierte en uno, supe que nadaba en medio del éter primigenio de donde viene todo y al va todo, en el eterno ciclo de la creación y la recreación.


Descubrí que el mundo es el reflejo del gran Matrix, representación holográfica en suma potencia. Sin duda vislumbré la mano del Supremo Arquitecto, sentí que allí tampoco transcurre el tiempo, que las emociones se apaciguan hasta desaparecer totalmente, por lo que no hay dolor ni angustia, ni frío ni calor, Que allí está esparcido todo el conocimiento y la sabiduría y que podremos emprender la aventura de su búsqueda.

El salón se iluminó y otra vez estaba solo en el centro del Tetagramatón, listo para proseguir al salón del conocimiento.


LA SEGUNDA LLAVE
La búsqueda.

Usé la llave de oro correspondiente a la búsqueda y abrí rápidamente la segunda puerta. Esta se abrió lentamente e ingresé con sigilo a sus inenarrables tinieblas, las tinieblas de mi propia ignorancia. De improviso se iluminó solo el centro del lugar con una luz diamantina dejando ver un inmenso y antiguo libro sobre un atril de mármol, era el libro de los Arcanos, ¡Los registros akáshicos*, el libro de la vida, la memoria del Creador!



Allí están consignados todos los datos del pasado el presente y el futuro con descomunal detalle. Kumaras, el guardián del libro, se acercó silencioso a mi lado y vigiló el lugar cual fiel bibliotecario que cuida la seguridad del invaluable ejemplar. Pero hay que aclarar que no es un libro impreso como los que conocemos en nuestro plano, las respuestas a nuestros interrogantes se nos dan a través del amor de los Maestros ascendidos. Kumaras con su daga flamígera me indicó que introdujera la tercera llave, la llave del conocimiento, en la cerradura que se veía en la gruesa cubierta del libro.


* Los registros akáshicos (de akaha, en sánscrito: cielo, espacio, éter) son una especie de memoria de todo lo que ha acontecido desde el inicio de los tiempos que estaría registrada en el éter. Allí se almacenaría todo lo que ha acontecido desde el inicio de los tiempos y todos los conocimientos del universo.



LA TERCERA LLAVE
El conocimiento.


Abrí pues con la llave la cubierta del libro y este se desplegó sobre el atril mostrando en su interior como un grueso cristal de infinita transparencia. Kumaras se retiró respetuosamente situándose a varios pasos tras de mi. Miré fascinado el cristal del libro y me recordó a mi viejo portátil y a mi gurú Google, pero ni punto de comparación, estaba accediendo a la más inconcebible biblioteca del universo entero.



El método de consulta es de pregunta y respuesta, se inicia la sesión cerrando los ojos para conectarse llenando el corazón de luz blanca y despojándose de los virus materiales que impidan el contacto con el altísimo servidor, en resumen, entrando a un estado de profunda meditación.


Los Maestros Ascendidos siempre están prestos a responder nuestras consultas llenos de amor comprendiendo nuestra aún nuestra imperfecta conciencia. Las consultas más populares en el historial del Registro son: ¿De donde vengo?, ¿Quién soy?, ¿Para donde voy?, ¿Cual es mi misión? En otra categoría abundan las consultas sobre salud y sanación.



Yo quería algo más simple y sencillo, solo quería ser una buena persona, que pensándolo bien no será cosa tan sencilla.


- Vas por buen camino me dijo un maestro, y continuó: - Te serán transferidos los datos que te conferirán las órdenes menores de los iniciados. Deberás contar esta experiencia para que todos sepan que es posible el camino de la transformación, del amor y la justicia, del morir para poder renacer acorde a la vibración universal. Dicho esto el libro se cerró, terminando la sesión del conocimiento. Kumaras, siempre enigmático y silencioso me guió iluminando el camino con su daga encendida hacia la puerta de la comprensión.


LA CUARTA LLAVE
La comprensión

Abrí la puerta y entré con el alma henchida de paz y felicidad, los dones de las órdenes menores ya hacían efecto en mi organismo.


En las paredes de este inmenso cuarto había retratos de grandes maestros de las órdenes mayores, estas como fotos empotradas en grandes marcos y tenían movimiento, reconocí algunas como el retrato de Mahatma Gandhi parpadeando y de cuando en cuando enseñando su

simpática sonrisa. Muchos de los maestros y maestras de los retratos entraron con otros al salón y me ofrecieron un agasajo memorable amenizado por un extraordinario pianista vestido a la usanza de los tiempos de Bach, pero que digo, era el mismo Bach, mi compositor favorito interpretando inicialmente tocata y fuga en re menor.



En medio de la amena charla, la música y unas copas de buen vino, comprendí que el camino de la sabiduría no tiene que ser aburrido y melancólico, que la alegría es un agregado especial del conocimiento.



LA QUINTA LLAVE
La práctica.

Abierta la cuarta puerta me encontré como en un pequeño teatro de cine, habría en el no más de veinte mullidas butacas tapizadas con un fino paño azul oscuro, un enigmático maestro vestido a la usanza de los indios Arahuacos me guió amablemente hasta mi sitio dejándome solo, al poco rato se apagaron las luces y comenzó la proyección.



Comenzaron a aparecer todas las secuencias erróneas de mi vida y sentí una gran aflicción y vergüenza al ver como por acción u omisión había hecho sufrir a otras personas y hasta a mi mismo. Vi todas las grandes oportunidades perdidas por ignorancia o falta de decisión, la procastinación había sido mi fiel escudera, por lo que no faltaron las obras pensadas y nunca realizadas que habrían sido de gran beneficio personal o general, fue una gran serie de eventos erróneos de mi existencia que me entristecieron en grado sumo, pero que me servirían para retomar el camino de la vida con una nueva óptica.



LA SEXTA LLAVE
El desapego

Usando la sexta llave se abrió el espacio del desapego, se percibe en ese sitio con gran claridad como confundimos el amor, con la necesidad de ser amados y aceptados, como gira nuestra vida siempre esperando reconocimiento y aplausos a todos nuestros actos, identificamos allí esa sensación inconfesable de que somos el centro del universo y dignos de toda alabanza. Reconocemos también esa necesidad del tener más que del ser, vendida con tanto éxito en nuestra actual sociedad de consumo, el maestro Villamil en su composición “Oropel” nos dice: Amigo cuanto tienes cuanto vales, principio de la actual filosofía…

Apegarse a las personas es pretender esclavizarlas a estar siempre a nuestro lado y a nuestro servicio cotándoles las alas.



El amor trasciende eso y debe darse y recibirse con la misma inocencia de las elementales: hadas y los elfos, por que si, sin esperar redobles y trompetas a cada momento, amar por amor, simple y llanamente.


Ni que decir del apego a las cosas materiales, trastos efímeros de nuestra existencia, cosas sin sentimientos, útiles pero no dignas de ser amadas, solo usadas. No por esto pretendamos despreciar a las cosas, todas tienen su oficio y servicio, pero claro debe ser que al fin y al cabo solo son eso, cosas usables, prescindibles y reemplazables.


LA SÉPTIMA LLAVE
La plenitud

Al abrir la sétima puerta estaba de vuelta en el jardín exterior del Castillo Blanco, pero ya no lo veía igual, era como mirar extasiado un cuadro de Renoir o de Van Goh, era un mundo nuevo lleno de detalles que nunca antes había reparado, el colorido del follaje y de las flores era ahora más intenso, la fragancia de la hierva y la floración era fuerte y agradable, las legiones de hormigas en ordenadas filas cargando trocitos de hojas me divertía más que la mejor película que hubiera visto.

La brisa sobre mi rostro eran como caricias llenas del amor de la madre naturaleza, era un cielo nuevo y una tierra nueva en la que todo me inspiraba un profundo e inagotable amor y en donde todo estaba por redescubrir, era la plenitud que solo da el paso por las siete salas del Castillo situándonos más allá del bien y el del mal.

Ya ahora después de mucho tiempo, y dudando de si todo esto había sido solo un sueño, me decido a compartir ese viaje metafísico por las salas del Castillo Blanco, para dar cumplimiento a la exhortación del Maestro de Luz sobre compartir esta experiencia para que todos sepan que es posible el camino de la transformación, del amor y la justicia.



DZR.