domingo, 2 de octubre de 2011

LA GATA EN EL ARBOL




















Después de más de tres años de haber descubierto a la extraña visitante, esa escuálida gata que se coló en un armario de la casa sin que nos enteráramos, historia que ya les conté en una entrada anterior, les tengo un nuevo hecho sobre mi ahora querida mascota. El asunto ahora es que hoy La Negra, que es el nombre con que llamamos a nuestra hermosa y mimada gatica, nos dio un buen susto.

Mientras la puerta de la casa estaba abierta, desapercibidamente la minina salió a la calle en busca de aventuras. Solo varias horas después notamos su ausencia cuando no respondió la llamada para su almuerzo, la buscamos por todos lados, en el patio, en los cuartos, en el salón principal, bajo las camas, y no apareció la negra en ningún sitio para nuestra preocupación y angustia.


Se me ocurrió que estaría parada en la entrada de la casa y entonces abrí la puerta casi con la certeza de que allí la iba a encontrar con esos ojos de ternera huérfana que pone cuando hace una pilatuna. Pero no estaba allí, oteé toda la extensión de la calle y solo vi a un perrito que ladraba mientras un niño lo instaba a seguir su camino, el niño me comentó que su traviesa mascota acababa de corretear a un gato obligándolo a trepar en un árbol. Dicho esto el niño cargó a su mascota y se alejó.

Opté por dejar nuevamente la puerta abierta únicamente asegurando la reja, esperando que nuestra querida negra retornara pronto. No fue así y decidí caminar para buscarla entre las ramas de los árboles de la avenida, hasta que finalmente mi vecino y amigo Julio Guerrero desde su balcón me señaló hacia la copa de un altísima araucaria: - Allí hay un gatito en la copa, me gritó, para mi descanso.

Al menos sabía que estaba a salvo pero aún en gran riesgo pues a duras penas la distinguía entre el follaje y la gran altura a la que había llegado.




Cuando me vio comenzó a maullar fuertemente sin duda pidiéndome ayuda, primero traté de calmarme y comencé a llamarla en la forma que lo hago en sus horas de comida, ella se debatía entre dos opciones, quedarse trepada indefinidamente en la copa del pino o emprender el escabroso descenso.

La negra debió coger valor al verme diez metros abajo, esperándola y dándole confianza y apoyo, entonces llena de susto comenzó a bajar tramo a tramo. Yo le daba indicaciones sobre la mejor y más segura ruta de regreso y para mi sorpresa exactamente eso hizo, hasta quedar al alcance de mis manos unos treinta minutos después. La llevé cargada hasta la casa aún más convencido que estas criaturas del Señor, nuestros pequeños hermanitos son dignos a ese pacto que hicieron hace miles de años con los humanos para vivir en convivencia.

Mientras escribo esto, ella descansa plácidamente en un mullido sillón de la sala seguramente soñando con su extraña aventura.




2 comentarios:

el drummondvillano dijo...

Menos mal la historia llego a un final feliz. Si esto ocurriese en canada seguramente las cadenas de noticias habidas de cualquier hecho hubieran cubierto el rescate del felino. Saludos

danubio dijo...

Jajaja, no crea que no, estuve a punto de llamar a los bomberos pero afortunadamente la negra al final se decidió a bajar. Saludos.