lunes, 30 de enero de 2012

LA CORRUPCION

GENERADORA DE INJUSTICIA SOCIAL

El vivo vive del bobo: Que lamentable premisa esta en que se basan muchos para sacar provecho económico a costa de todo y de todos. Cuantos hubo y hay que persiguen ocupar puestos públicos y privados que les den la opción de sacar una buena tajada desde su desempeño laboral.

Solo en los últimos años se calcula que se han robado de las arcas del Estado Colombiano más de 20 billones de pesos mal contados.
Ver fuente.

No podemos imaginar la cantidad de dinero esquilmado si sumamos el que se pierde debido a la corrupción generada en todos los otros ámbitos de la economía y los facturados por el absurdo conflicto armado interno.

A nivel social la cosa tampoco es nada buena, la convivencia de varios años con el narcotráfico aunada al mal ejemplo estatal al no combatir adecuadamente su propia corrupción permeó las estructuras sociales y generó las ansias desmedidas de enriquecimiento rápido a toda costa.

No podemos desconocer que este fenómeno es común en muchos países del mundo, pero mal de muchos, consuelo de tontos. Los Colombianos debemos retomar el camino de las buenas prácticas administrativas eligiendo funcionarios probos para el manejo del estado. No deben olvidar nuestros dirigentes que se deben al pueblo, del que son sus empleados directos, que el pueblo es su empleador y no un vasallo al cual esquilmar.

Cuantos programas de educación, salud y empleo se habrían podido hacer con todo ese dinero hurtado por los malos hijos de la patria, algunos de los cuales no contentos con sus buenos ingresos y ventajas inherentes a sus altos cargos, no dudan en demandar a la nación por cualquier situación o reclamar pensiones vitalicias que legalmente les sean viables o manipulables sin importarles que el pueblo siempre es el que paga.

Mientras tanto el pueblo, ante la desidia o lentitud del estado para resolver la corrupción pierde la credibilidad en sus gobernantes y representantes.

Esto debe cambiar, una buena educación sin duda debe ser el punto de partida para que no volvamos a escuchar eso de “El vivo vive del bobo".