domingo, 5 de febrero de 2012

LA COLONIA

Como los hormigueros de este cuento, el Cosmos está lleno de galaxias, con soles y planetas. Por eso las palabras de Anty, la hormiga, son muy atinadas: "- Compañeras, hace algún tiempo sospecho que no estamos solas, que en nuestro universo puede haber muchas otras colonias y por ende muchas otras hormigas desconocidas...

La hilera de hormigas bajaba zigzagueando por la ladera del cerro donde tenían su colonia, la misión era capturar un buen número de pulgones para llevarlos a su establo. Los huevos de la reina habían eclosionado y las nodrizas requerían asegurar con urgencia una buena provisión de leche azucarada para alimentar a las larvas.

El grupo se dirigió hacia la húmeda hojarasca que había bajo un florecido guayacán azul, allí de seguro hallarían una buena cantidad de pulgones. Anty era el líder de la misión y ordenó que rodearan el perímetro y que caminaran sin hacer ruido para atrapar de sorpresa a su futuro rebaño.

A la orden de Anty, todas se zambulleron bajo las grandes hojas que cubrían el piso y capturaron con facilidad a más de treinta asustados pulgones. Ahora debían llevarlos arreados cuesta arriba de regreso a casa.

Antes de emprender el viaje Anty propuso que se tomaran un descanso para reponer fuerzas. Así lo hicieron acostándose algunas en la yerba, mientras otras cuidaban que su nuevo ganado no escapase. Era, la de ellas, una colonia agrícola y pacífica, tanto que ninguna recordaba en su vida incidente alguno. Rendían total sumisión y servicio a su majestad la reina, que aunque no conocían, sabían que era madre de todos.

Anty se subió en una roca y comenzó a arengar a su tropa hablándoles sobre el valor y obediencia que debían guardar hacia la colonia. De repente quedo en silencio, como ensimismado mirando hacia el horizonte:

- Compañeras, hace algún tiempo sospecho que no estamos solas, que en nuestro universo puede haber muchas otras colonias y por ende muchas otras hormigas desconocidas...

Todos lanzaron al unísono un OH... de sorpresa. Guint, la hormiga mayor del grupo le increpó: 

- ¿Que te pasa Anty?, esa es una blasfemia, todos sabemos que según la palabra de nuestro santo libro, la Divina Hormiga creó nuestra colonia y a nuestros primeros padres desde tiempos inmemoriales. La hormiga creadora formó a la primera hormiga con la arena de su propio hormiguero y soplando sobre ella le dio el aliento de la vida, luego creó a la primera madre y reina para que ambas poblaran nuestra querida colonia, en que te basas para lanzar tal despropósito.

Las cabecitas de todo el grupo giraron ahora hacia la roca donde se había trepado el joven y atrevido Anty.

Mi respetado Guint, comprendo sus palabras y sé que se ajustan a la verdad de lo que hasta ahora se nos ha enseñado, pero no puede negarnos que ya es tiempo de trascender lo escrito en nuestro antiguo libro y comenzar a escribir uno nuevo, uno que consigne las nuevas verdades y conocimientos que estamos a punto de descubrir. Pero no teman, al contrario saber la verdad traerá más valor y ánimo a nuestra existencia. Escuchen pues con atención lo nos conviene analizar.

Ya todo el grupo rodeaba la roca de Anty y le prestaba su atención, bueno todos menos Guint, que alejado del corrillo lo miraba con gesto de disgusto recostado en el tronco del guayacán.

Compañeros, ¿Recuerdan lo que nos pasó hace como tres meses cuando recolectábamos la cosecha de verduras?
. Recuerdan que vimos a una extraña y gigantesca hormiga roja corriendo a ocultarse entre las rocas, esa aparición que por generaciones han llamado el demonio del bosque prohibido no era otra cosa que una hormiga extraviada que habita en una lejana colonia más allá del horizonte que podemos vislumbrar.

- Cállate le gritó Guint sin ocultar su enojo, - Bien sabes que los únicos habitantes del universo somos nosotros y cualquier otra cosa es anatema, te estás exponiendo a una severa condena por tu atrevimiento.

- No importa, respondió Anty. Si decir lo que pienso y creo me condena que así sea, pero sigo pensando que no estamos solos, además de otras criaturas hermanas existen sin duda otros seres gigantescos, crueles y espantosos.

De nuevo el grupo lanza un Oh... de espanto.

Anty prosiguió: - Ahora recuerden las veces que hemos visto en el cielo unas sombras borrosas, que como aparecen, desaparecen, y lo más terrible, las ocasiones en que esas sombras han caído con estrépito a la tierra han aplastando a muchos de nosotros, esas sombras no han sido y no son otra cosa diferente a las patas del gran gigante, ese que ni siquiera distinguimos por nuestra limitada visión.

Guint no soporta más y se retira furioso. Avi, una jovencita de cabeza rubia, confronta a Anty al decirle: 

- Bien Anty, esa historia es muy interesante, como para un cuento, ¿en qué te basas para sustentar tal cosa?
- Buena pregunta Avi, ahora que no está Guint tengo que confesarles que varias veces he escapado en las noches de la colonia y me he adentrado en el bosque prohibido...

El auditorio no puede controlar el cuchicheo que esta declaración suscita, mientras se miran con cara de incredulidad.

En una de esas caminatas tomé rumbo al sur y luego de muchas horas distinguí desde un risco una enorme colonia de tierra roja, la actividad allí era inusitada, gigantescas hormigas rojas de grandes antenas marchaban en rigurosa fila cargando enormes y pesadas provisiones y escoltando algunos prisioneros hacia su descomunal hormiguero, que superaba en altura al nuestro en más de diez veces. De repente una de las hormigas extranjeras giró su cabeza hacia el sitio en que me encontraba y entonces corrí como loco tropezando con todo en medio de la oscuridad de la noche hasta llegar a casa, nunca, hasta ahora, había contado esto. Pero ya no temo, la verdad deberá ser conocida.

- Yo quiero ir allí, gritó Avi. Luego muchas otras se aunaron a la petición, eran todas hormigas jóvenes ansiosas de aventuras.

- Bien, bien, si prometen guardar el secreto y el viejo Guint no me acusa ante los sacerdotes, el sábado a la media noche nos encontraremos en este mismo sitio. Ahora cumplamos con nuestra tarea y llevemos sin tardanza el nuevo rebaño a los corrales.

Y así transcurrió esa semana, a veces recolectando hongos para plantar en los cultivos subterráneos de la colonia, y otras llevando trozos de hojas para alimentar a la población. Todos guardaron fielmente el secreto de Anty, pues querían comprobar con sus propios ojos lo que él les había relatado.

Llegó la hora esperada y una a una se fueron escabullendo furtivamente hacia el sitio de encuentro. La neblina cubría la pequeña hondonada donde estaba el guayacán azul y Anty estaba ahí sobre su roca esperándolas.

- ¿Ya estamos todas?, preguntó Anty.
-  Si, todas, respondió Avi.

Emprendieron su marcha en fila india hacia el bosque prohibido, con sus corazones latiendo vertiginosamente debido a la emoción. Subieron colinas y atravesaron pequeños nacimientos de agua usando hojas como botes, cruzaron con dificultad troncos secos y tupidas hojarascas, nada los detendría para descubrir los otros mundos.

Extenuadas luego de muchas horas de viaje subieron al risco que les había dicho Anty, se asomaron para mirar hacia abajo con mucho cuidado para no ser descubiertas, y allí estaba el gigantesco hormiguero con su torre sumida en la espesa niebla. Gigantescas hormigas guardianas custodiaban el lugar, no había duda, había otros mundos y otros seres.

Tenían que regresar a su hormiguero rápidamente antes de que el sol saliera para no ser descubiertos. Caminaron nuevamente alineadas sorteando los obstáculos hasta llegar a su hogar. Pero que sorpresa, las estaban esperando Guint y Ram, el viejo sacerdote con cara de enojo.

- Jovencitas, dijo Ram, ya me han informado de sus andanzas. Entrar al bosque prohibido es una acción altamente reprochable pues infringe las ancestrales tradiciones de nuestra sociedad. Dada su juventud e inexperiencia puedo pasar por alto esta infracción, pero a condición de que no se hable más del asunto. Los sacerdotes, y unos pocos de la élite, ya conocíamos de este asunto que por ser poco conveniente nunca hemos revelado.

Es cierto que no estamos solas, que existen muchas otras colonias y otros seres en el universo, otras hormigas como nosotras y otras muy diferentes en forma y pensamiento, los gigantes son los llamados hombres, tal altos que nuestra vista apenas percibe como sombras, por eso el dicho de aléjate de las sombras, para no morir apachurrados. 


Nuestra supervivencia depende del trabajo y la lealtad a la colonia, así ha sido y será. El invierno está cerca y debemos recoger prontamente la cosecha para resguardarnos de las inclemencias del tiempo y garantizarles a todos, en especial a los bebés de la guardería Real, alimentación y un sitio caluroso.

Los exhorto entonces a retomar con alegría sus obligaciones en la seguridad de que es lo que conviene a todas, buen día jovencitas.

El viejo sacerdote se alejó apoyado en su bastón, al tiempo que el sol surgía tras las montañas. Todo el grupo guardaba un respetuoso silencio, hasta que Avi encogiendo sus hombros dijo: 

- Es verdad, así deben ser las cosas. Todas se retiraron dejando a Anty solo e indeciso mirando primero el horizonte y luego a su grupo. Finalmente corrió hacia sus amigas gritando: 

- Está bien, está bien espérenme que ya viene el invierno y hay que trabajar.