viernes, 30 de marzo de 2012

PABLO NERUDA

UN HOMBRE QUE VIVIÓ.

Su nombre de pila era Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, nació en Parral, Chile, el 12 de julio de 1904 y murió en Santiago el 23 de septiembre de 1973. Harold Bloom, crítico literario dijo: "Ningún poeta del hemisferio occidental admite comparación con él", y lo considera uno de los veintiseis autores centrales del canon de la literatura occidental de todos los tiempos. Gabriel García Márquez se refirió a él como el mejor poeta del siglo XX en cualquier idioma.

Entre sus múltiples reconocimientos se destacan el Premio Nobel de Literatura en 1971 y un Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Oxford. No dudo que este blog de retazos de vida haya sido inspirado luego de leer su autobiografía "Confieso que he vivido", en mi época de estudios secundarios. En este libro, editado postumamente, Neruda nos narra sus memorias a través de una prosa salpicada de descripciones poéticas, habla de los fabulosos bosques Chilenos, sus conversaciones con el Che Guevara, sus curiosas experiencias sexuales, los fumaderos de opio de Tailandia, y otra gran cantidad de retazos de su vida, salpicados algunos con el característico humor latino y otros cargados de dolor y dramatismo.

Su madre Rosa Basoalto murió cuando él solo tenía un mes de vida. Su padre, José del Cármen Reyes fué un campesino que luego emigró para trabajar como obrero el los diques del puerto de Talcahuano. En esa niñez que pasó entre la exuberante vegetación de Temuco aprendió a amar la naturaleza y a despertar esa maravillosa sensibilidad que finalmente lo llevó a escribir tantas cosas maravillosas, como sus veinte poemas de amor y una canción deseperada, obra que lo llevó a la fama.

Comparto con ustedes su incomparable poema 20, un verdadero himno al amor, llevado a video e interpretado por Alberto Cortez y Facundo Cabrales (Q.E.P.D.)


POEMA 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: " La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.




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