miércoles, 6 de junio de 2012

EL TIEMPO USADO

Algunos dicen recordar cosas ocurridas antes de nacer, de hecho he visto a personas que bajo regresiones parecen recordar cosas que percibieron desde el vientre materno y sorprendentemente algunos acontecimientos vividos en existencias anteriores, los he visto narrando situaciones que los ubican en tiempos de la independencia en los años mil ochocientos, cuando aparentemente eran soldados del ejercito realista español o integrantes de las tropas libertadoras. 


¿Memoria genética?, ¿Alucinaciones producidas bajo hipnosis?. Vaya uno a saber, lo cierto es que son experiencias que nos dejan más dudas que certezas.

Lo que sí es cierto es que muchos no recuerdan ni el día de la primera comunión o su primer día de escuela. Me considero pues afortunado cuando revivo sin esfuerzo fechas muy tempranas de mi vida, como esa de un día soleado en que mi madre me llevaba cargado en una mañana de mercado en la plaza principal del pueblo. Como olvidar al vendedor que pasó junto a nosotros con un gran manojo de globos de colores que flotaban mágicamente junto a mi rostro mientras mi padre me compraba uno que amarraron con cuidado en mi muñeca derecha. Era un hermoso globo de un vivo color verde de indescriptible belleza, casi transparente, inolvidable. Mi primer globo, el primero que veía en mi incipiente vida.

Recuerdo también el intenso calor de esa mañana, los pregones que aún no descifraba de los vendedores de frutas, de jugos, de menjurjes que curaban todo, de ropa traída de la capital y de cachivaches que mantenían los toldos atestados de compradores. Otra cosa que no olvido es el hermoso timbre de las campanas de la iglesia que llamaban a la misa dominical, era música para mis oídos. 

Y así entre retazos de recuerdos reposan en mi memoria muchas otras cosas, como la fascinación que me causó el raudo correr del agua por los caños de la calle y que contemplaba desde la ventana con barrotes de madera de la casa de infancia, mientras caía un gran aguacero con rayos incluídos. Otras cosas también recuerdo son mucho menos agradables, los atronadores sonidos de las balas que retumbaban haciendo ecos interminables en las montañas del poblado. Parece que mis primeras palabras fueron: “¿A quien matalon?.

Era que la guerra partidista estaba en pleno auge y los rojos y azules se mataban entre sí, azuzados por el gobierno y por la iglesia. Claro que eso lo supe mucho después, cuando igual descubrí que la guerra solo cambia de protagonistas y de nombre a través del tiempo Ahora bajo otras circunstancias continuamos en una guerra boba que parece no tener fin, más aún cuando nuestros “dirigentes” miran hacia otro lado asegurando que todo va bien.

El río, el río, es otro sonido musical que guardo de ese tiempo usado, es un río que corría por un angosto e inclinado cause lleno de rocas, que como teclas minerales permitían a las torrentosas aguas interpretar en las noches melodías etéreas que me arrullaban hasta quedar dormido.


MI PRIMER CUADERNO

De mi primer día de escuela no olvido el olor de los cuadernos nuevos, el lápiz y el borrador. Eran cuadernos grapados de pasta blanda, ni asomo de los cuadernos de hoy, con pasta dura, grapados, con calcomanías, bolsillos y carátulas impresas a todo color con los héroes y modelos de moda. No, los míos eran otros cuadernos, con la imagen de Simón Bolivar en la carátula y las tablas de multiplicar en la contracarátula a una sola tinta, los forraba mi madre con bonito papel tornasol, los forros de plástico vendrían mucho después. Los cuadernos eran para escribir y dibujar y de vez en cuando para arrancarle hojas para hacernos barquitos, avioncitos de papel y cucuruchos para llevar el minisicuí o el cofio a la escuela.

La primera clase la dio la señorita Zenaida, de una nos comenzó a enseñar las vocales mientras dibujaba con tiza blanca en un gran tablero de madera pintado de negro mate que estaba pegado en la pared. Escribía la letra A y nos invitaba a copiarla igual en el lado izquierdo de la primera hoja del cuaderno reservando el lado derecho para pintar una mamá. Claro, era la A de mAmÁ.

Guardo un gran aprecio y admiración a la señorita Senaida y a todos los maestros que nos abrieron el mundo del conocimiento, ese sendero que nunca se anda por completo y que nos impulsa a buscar cada día algo nuevo.


EL PRIMER AUTO

Un buen día mi papá compró un automóvil Ford, muy elegante para la época y encargó al conductor para que nos llevara a recorrer la ciudad en la noche. Es que la noche entonces era otra cosa en Medellín, después de las seis de la tarde se encendían los avisos luminosos que eran por cierto muchos y muy bonitos, como era la primera vez que nos llevaban al centro de la ciudad quedamos boquiabiertos y pegados a los vidrios viendo las vivas y coloridas luces de neón que pululaban anunciando los nombres de los almacenes o promocionaban productos comerciales, Medellín era entonces algo así como Las Vegas de Colombia.

Dejemos por ahora estos recuerdos de la infancia, estos retazos de tiempo usado, luego seguro insertaré otras cosas que de seguro serán muy afines a los que vivimos en esos años cuando los avisos neón y los globos de colores eran parte de nuestra recreación.