martes, 11 de septiembre de 2012

BOBADAS MIAS


MANEJATE MAL Y GANARAS
Sobre la parábola del hijo pródigo.

Hay muchas historias que nos recuerdan que los hijos calaveras son a veces los que más beneficios obtienen de sus padres, escuchamos cosas como: Pobrecito, es que es tan loquito que tenemos que apoyarlo en todo, seguro que si nos esforzamos lo sacamos adelante. Y así se invierte gran parte del patrimonio familiar en los mejores colegios,  instituciones, vestuario y cuanta cosa demande el chico en pos de un propósito que casi siempre solo conduce al fracaso del consentido que solo está interesado en pasarla bien y se cree merecedor todo, mientras que el resto de la familia parece no merecer el interés de su padre.

Así es la historia del hijo pródigo, ese al que su padre le dio todo, le perdonó todo y en un sublime sacrificio le dio la herencia anticipada.
El muchachito entonces abandonó el hogar para irse de juerga hasta despilfarrar hasta el ultimo centavo y regresar  a la casa "arrepentido" donde le celebraron el retorno con una fiesta que duró varios días.

En cambio el buen hijo fue tratado de enemigo de la paz familiar por haberse atrevido a reclamar y no estar de acuerdo con tan dispar trato, por exigir algo de justicia.

No se cuenta mucho sobre lo ocurrido después en esta historia, pero se presume que el revoltoso vivió el resto de su vida en obediencia, respetando a ese generoso padre que le había perdonado todo.

OTRA MIRADA.

En la vida real las cosas no funcionan así, casi siempre un muchacho rebelde en esa situación volverá a tomar las de Villadiego y retomará su vida de juerga, el pago conexo a la alcagüetería.

Por lo demás el reclamo que le hace a su padre el hermano del muchacho de la parábola me parece pertinente cuando le dice a su padre:

He aquí, tantos años te sirvo, y jamás he desobedecido tu mandamiento; y nunca me has dado un cabrito para regocijarme con mis amigos. Pero cuando vino ése tu hijo, que ha consumido tus bienes con prostitutas, has matado para él el ternero engordado”.

Esto pasa en muchas familias, donde el consentimiento excesivo al hijo problemático solo conlleva al descontento de los otros miembros de la casa o causa grave división y enfrentamiento familiar.

Tratándose del amor de un padre uno hasta puede entender tal proceder, más aún cuando esta es una bella parábola  en la que Cristo trata de explicar el inmenso amor de Dios por todos sus hijos, pero téngase en cuenta que hasta Dios es sobre todo justo y a cada quien le da lo que le merece según sus actos, quedando claro sobre todo la idea de que el perdón no prevalece sobre la justicia.

De cuando acá alguien se toma la atribución de premiar a los malos hijos de la Patria con dádivas pedidas o no pedidas, creyendo que con esto de la noche a la mañana se convertirán en monjitas de la caridad, y que para el colmo se crea el cuento, o peor aún, se conforme con que solo guarden tal apariencia.

Igual que en la parábola esta actitud consentidora conlleva al descontento de los buenos hijos, los que se esfuerzan día a día trabajando duro y guardando las normas de convivencia para sacar adelante a sus familias y generando riqueza a un país que a cambio les da un sueldo de miseria.

Donde está pues la justicia y la equidad cuando se premia y otorgan dádivas generosas y ventajas a los que se portan mal , y a costa de los que sin duda son los buenos hijos de la patria, esos que diariamente hacen largos recorridos en buses repletos para llegar a sus trabajos a tiempo, y que al final de la jornada salen extenuados  rumbo a sus hogares con esa sonrisa que solo les otorga el deber cumplido.

Estos que a cambio de su buen obrar son explotados con impuestos excesivos, costosos servicios públicos y cuanta cosa se puedan inventar para saquearles sus exiguos bolsillos.

Para los buenos hijos no hay recompensa ni distribución equitativa de la riqueza, ni calidad de vida, pero si cámaras para vigilarlos segundo a segundo para castigarlos y esquilmarlos por el más mínimo error que cometan.

El buen hijo es investigado, condenado, sacrificado. Buscar justicia es mal visto y el que la exija el anatema.

En cambio para estos hijos pródigos ahora sobran los recursos y los premios a cambio de que abandonen la pataleta que tanto incomoda a unos pocos privilegiados que dominan esta tierra de Dios.

La guerra es el peor invento de los hombres, pero la injusticia a veces parece superarla.