martes, 25 de diciembre de 2012

EL TRAÍDO DEL NIÑO DIOS


Esta época navideña me trajo recuerdos de infancia, cuando los regalos todavía los traía el niño Dios y no el papá Noel. Y los traía a las 12 en punto de la noche, cuando uno estaba en el quinto sueño, de manera que solo en la mañana del 25 de diciembre al despertar los regalos nos sorprendían debajo de la almohada.

En ese entonces los chicos nos íbamos a la cama a las ocho o máximo a las nueve de la noche, mientras los grandes se quedaban celebrando en la sala al lado del pesebre, no recuerdo que hubiese en esa época árbol de navidad.

Yo luchaba contra el sueño para poder pillar al niño Dios cuando me estuviera acomodando su regalo bajo la almohada, quería saber por dónde entraba a mi cuarto o si de pronto llegaba flotando del cielo. Nunca logré mi propósito pues siempre me vencía el sueño.

Al despertar lo primero que hacía era meter la mano bajo la almohada para cerciorarme si ese año el regalito estaba allí. Una mañana sin embargo al hurgar bajo la almohada no palpé nada y sorprendido me senté en la cama para revisar bajo las cobijas sin hallar mi regalo del niño Dios, no pude evitar el llanto tras lo cual mis padres entraron y me consolaron diciéndome que buscara bien, que tal vez el traído estuviera debajo de la cama.

Ante este comentario tan absurdo sentí un poco de rabia, que ocurrencia esa de que el niño Dios me fuera a dejar su regalo debajo de la cama, el no podía ser así de mal educado. A regañadientes me asomé y casi me caigo al ver un paquete grande allí. Me tiré al piso y luego de sacarlo lo destapé con el corazón en la garganta.

Era un tambor de hojalata, igual al que había visto en las ilustraciones de un cuento del soldadito de plomo. Mis padres de nuevo insistieron que buscara más bajo la cama, que a lo mejor habría allí alguna otra cosa, incrédulo acepté y si, otro paquete estaba en el fondo y mi emoción fue inmensa, era un riflecito de cañón metálico y culata de madera que disparaba un corcho que estaba atado a un cordón para que al salir no avanzara mucho.

Esa tarde comencé a sacar mis conjeturas sobre el origen de los traídos del niño Dios, como podían mis padres tener tanta información sobre las tácticas de la colocación de los regalos, eso me pareció muy sospechoso.

Pero la verdad el afán de disfrutar mi traído superó aquella vez a mis dudas y fueron muchos años después en la escuela que algún compañero me habló sobre la verdad del asunto.

Ese fue uno de los buenos retazos de mi vida, el que tenía estampada la inocencia y la fantasía que nos hacía volar hacia el mundo de la imaginación.

Ayer 24 de diciembre a las seis de la tarde llevé a mi ahijada a la novena de aguinaldos que hacían en el edificio y en el camino vi a montones de niños jugando con sus juguetes electrónicos, tablets de última tecnología y autos a control remoto. Las niñas ya paseaban en cochecito a las muñecas de moda, las que hablaban, crecían o hacían pipí y popó.

Ya los regalos de navidad  no llegan a las 12 de la noche, ni los trae el niño Dios y ni siquiera el papá Noel. Para los niños de hoy esas historias son solo entretenidos cuentos para hacer películas, videojuegos o adornar los centros comerciales. Los tambores de hojalata y los riflecitos del soldadito de plomo son piezas de museo que no lograrían provocar en los niños de este siglo XXI el más mínimo interés, las cosas han cambiado y es la sociedad de consumo la que guía las elecciones de los regalos para que sean los objetos del deseo por un año, tras lo cual irán a parar al cesto de la basura para remplazarlos por los recomendados para la próxima temporada de navidad.

De todas formas la navidad sigue siendo hermosa con sus multicolores alumbrados y el espíritu de convivencia de las personas de buena voluntad. Esa noche rezamos la novena del niño Dios en el edificio y sentí que todavía brilla la luz de la navidad en muchos corazones. De nosotros depende rescatar las tradiciones e inculcar en nuestros niños el recuerdo de ese bebé que nació en Belén hace 2012 años para traernos palabras de consuelo y guiarnos hacia un nuevo mundo lleno de paz.