miércoles, 25 de diciembre de 2013

EL SEXO DE LAS PALABRAS

La libertad guiando al pueblo - Delacroix

Para todos mis amigos lectores, con el deseo de que el nuevo año os traiga a todos amor, salud y libertad. LIBERTAD… FEMENINO (Alberto López.)

Los lingüistas afirman que, la asignación de géneros a los nombres es accidental. Sin embargo, para mí, todas las palabras tienen sexo. Algunas incluso dos. Pero yo no soy lingüista. Solo soy un humilde poeta que sueña palabras. La palabra libertad, los hombres, la soñamos en femenino. La vemos como una hembra esquiva, inasible que como el agua se escurre entre nuestras manos. Hembra que juega con nuestros sentimientos, anhelos e ilusiones. Que se aprovecha de nuestras debilidades, de nuestros deseos incontenidos. Es como una querida. Nunca la poseemos del todo. Con ella no cabe el matrimonio.

Libertad… nombre de hembra con algo de mujer fatal. ¡No eres mujer fácil libertad! Angel azul que nos abandona sin motivo, sin explicación, sin justificación con una risa cantarina, quizás un poco alocada que nos desconcierta, sorprende y descoloca. Al igual que a los hombres nos está vedado el conocimiento de lo otro en la mujer, el espíritu ligero, voluble, frágil de la libertad, nos resulta incomprensible. Libertad quebradiza, de cristal que, tan pronto la tenemos, como la perdemos. Un solo sentimiento del que todo deriva y dos hembras de las que todo alumbra nos dio Dios cuando nos expulsó del Paraíso.

El sentimiento del amor que es una semilla heredada de los antiguos dioses, y la mujer y la libertad, que son eternos afanes del hombre. Hembras que teniéndolas, el miedo a perderlas nos angustia, desasosiega, nos roba la paz y no nos deja vivir. Hembras que al perderlas, nos sentimos morir. Perdiéndolas, perdemos el amor y perder este sentimiento es como si perdiéramos el alma, el único recuerdo de cuando fuimos dioses.

Dice Bachelard que el sueño es masculino y la ensoñación femenina. La ensoñación, el germen de la poesía…tenía que ser femenina. Como la libertad, en cuyo núcleo se encuentra el afán de soñar. Libertad, una palabra que todavía sueña con sus orígenes, porque ha sido a su vez soñada y añorada por aquellos que la perdieron. La libertad sueña que se la nombra, le gusta ser recordada, estar presente, ser protagonista. Hay que soñarla de continuo, hay que porfiar para conseguirla y para no extraviarla.

También la pinta mujer, el romántico Delacroix, guiando al pueblo alzado que puso fin a la monarquía restaurada del ultraconservador Carlos X en la revuelta de julio de 1830. El primer cuadro político de la pintura moderna (así lo ha calificado Argán) también llamado La Barricada, identifica la libertad con la figura de una mujer que con la bandera tricolor alzada en una mano y un fusil en la otra, dirige al pueblo revolucionario contra los negros poderes del terror blanco. Mas la figura no responde solo al ideal femenino de la libertad. Su belleza a la vez clásica y sensual, es la de una mujer joven, del pueblo, fuerte, con pechos fértiles, como para amamantar cientos de hijos. Tiene algo de gran madonna, pero se superpone en ella un segundo femenino, el de la nación como patria madre. Una madre sacrificada, paciente, protectora, comprensiva, sangrante por sus hijos que mueren suplicando a sus pies. Una madre también emputecida por la locura de los hombres. Como la abuela tierra… también femenino. Madre de abuelas de eternas madres. ¿Y la belleza?... la belleza… femenino.

Por eso la mujer es ideal de la naturaleza madre y femenino, igual que el ideal de la libertad. Todas las fuerzas de la imaginación de la creatividad y de la belleza, están unidas a valores femeninos vinculados a la madre naturaleza. Por eso… ¡qué otro nombre más bello para una mujer que el de Libertad! El de María es solo de madre. El de solo mujer… Libertad.

El viejo pescador de Hemingway, que en su pequeño velero se introducía una y otra vez en las aguas marinas en busca de su eterno rival, el gran pez, decía la mar, como si se tratara de una hembra. Los pescadores jóvenes, los que rompían las aguas con las hélices ruidosas de sus motores, empleaban el masculino y decían el mar, refiriéndose a él, como a un enemigo a batir. El viejo la sabía madre y amante, como la luna que, le afectaba lo mismo que a la mujer.

La luna… también femenino. Para el psicólogo y filósofo alemán K.Jaspers, toda existencia parece en sí, ser redonda. El pintor Van Gogh ha dejado escrito que, la vida es probablemente redonda. La vida… no podía ser de otra manera…tenía que ser femenino.

Yo sueño a la mujer redonda, sensualmente redonda, como sus formas, como sus pechos, como su alumbramiento… también redondos. Todos los deseos completamente satisfechos son redondos. Como los objetos de la felicidad, como el nido, como la casa, como el pensamiento perfecto…todos redondos.

El cosmos, la tierra, el sol, la masa…los percibimos redondos. El hueco en la escultura moderna de Henry Moore, a Jorge Oteiza lo percibimos redondo. Cuando nos recogemos en la intimidad de la ensoñación, con nuestro espíritu en paz, nos sentimos redondos. Y es que, lo que la felicidad toca… lo redondea. La mujer… cuanto más mujer, más redonda. La hembra…cuanto más gozosa, más redonda. La madre… cuanto más comprensiva, más redonda.

La abuela… cuanto más entrañable, más redonda. La felicidad… ¿cómo se puede percibir sino redonda y femenina? ¿Acaso es posible sin la mujer?

El hombre sin la mujer no es nada…no es… ni siquiera hombre. ¿Qué le vale la pena a un hombre en su vida, si no tiene una mirada de mujer?

Dice Machado que, el hombre no es hombre, hasta que no oye su nombre de los labios de una mujer…
Puede ser.

¿La paz?... La paz de los hombres solo podía ser femenino. ¿Y la guerra?... la guerra de los hombres… ¿también femenino? Una hembra nos da la vida…nos alumbra. Una hembra nos la quita…nos la apaga. La muerte… también femenino. Desde la primera luz del origen, hasta las tinieblas de la nada, la vida soñada del hombre transcurre por los laberintos de lo femenino

De: Alberto Lopez