domingo, 1 de diciembre de 2013

LA ALBORADA NAVIDEÑA EN MEDELLÍN

LA ALBORADA.
¿Una tradición?

Foto del diario ADN Medellín
Antes de 2003, la celebración decembrina comenzaba el siete de diciembre con el ‘Día de las velitas’ y la adoración a la virgen María.

Como esta celebración mal llamada "Alborada" es solo conocida en la ciudad de Medellín les explico en que consiste: Desde hace relativamente poco tiempo un grupo de personas comenzó a recibir el día primero de diciembre desde las 0 horas con una desaforada quema de pólvora detonante, no sobra decir que el uso y tenencia de pólvora está restringida en la ciudad. Ante la indolencia de las autoridades cada año es mayor el jolgorio y cada vez se queman más toneladas de pólvora que llenan la ciudad de ruido y humo en detrimento de la salud y tranquilidad de sus habitantes, dormir ahora un primero de diciembre es imposible en la "Bella Villa". En muchos sectores esto puede ir hasta las cinco o seis de la mañana y sorprende que conociéndose de antemano el evento las autoridades nunca lo hayan evitado.

A veces pienso que que tal vez esta inacción  para controlar esto parta de suponer que "Es una tradición del pueblo". Nada más ajeno a la realidad pues como verán ni lleva tanto tiempo ni llena las expectativas para ser una tradición.

Para los que han estado calificando este acto vandálico de tradición vean la definición de la palabra:

"Tradición es cada uno de aquellos acuerdos que una población considera dignos de constituirse como una parte integral de sus usos y costumbres. La tradición suele versar genéricamente sobre el conocimiento y también sobre principios o fundamentos socio-culturales selectos, que por estimarlos especialmente valiosos o acertados se pretende se extiendan al común, así unas generaciones los transmitirán a las siguientes a fin de que se conserven y perduren, se consoliden". (Wikipedia)

¿De cuando acá el ruido y el desorden colectivo se consideran tradición del pueblo Antioqueño? Mucho menos cuando el origen de este acto es poco edificante y solo se inició desde el año 2003.

Ahora les comparto esta nota publicada en el diario ADN Medellín.

 "Para festejar la desmovilización, seis días después del acto de dejación de armas los integrantes del Cacique Nutibara repartieron un arsenal de pólvora en las comunas que estaban bajo su control, específicamente la 8, la 13, la 16 y los corregimientos de San Cristóbal, San Antonio de Prado y Altavista, para explotarla en la madrugada anunciando su incorporación a la vida civil". (ADN Medellín)

Según expertos, la celebración tiene origen en la desmovilización de un bloque paramilitar.

Alborada es el tiempo en el que raya el día o una acción de guerra al amanecer. Hace diez años el comienzo de diciembre en el área metropolitana significa lo segundo. Explosiones de toneladas de pólvora, el cielo encapotado por el humo de los estallidos, cuadros de crisis nerviosa y animales que salen despavoridos por el ruido ensordecedor de los fulminantes.

¿Cuál es el origen de la alborada? Analistas lo sitúan en Medellín en diciembre de 2003. El 25 de noviembre de ese año se cristalizó la desmovilización de 849 integrantes del bloque paramilitar Cacique Nutibara que operaba en 10 comunas de la ciudad con Diego Murillo Bejarano, alias ‘Don Berna’, como líder del grupo delincuencial.

Para festejar la desmovilización, seis días después del acto de dejación de armas los integrantes del Cacique Nutibara repartieron un arsenal de pólvora en las comunas que estaban bajo su control, específicamente la 8, la 13, la 16 y los corregimientos de San Cristóbal, San Antonio de Prado y Altavista, para explotarla en la madrugada anunciando su incorporación a la vida civil.

“La ciudad se despertó como si hubiera vivido una toma guerrillera. Nunca antes se había escuchado tanta cantidad de pólvora, en muchos barrios se pensó en enfrentamientos violentos. En algunos sectores de la comuna 13 se revivieron escenas de la ‘Operación Orión’ porque la gente entró en pánico”, detalla José Gregorio Henríquez, docente universitario e investigador de problemáticas urbanas.

Antes de 2003, la celebración decembrina comenzaba el siete de diciembre con el ‘Días de las velitas’ y la adoración a la virgen María. El punto alto se daba a partir del novenario del nacimiento de Jesús y los días 24 y 31, fechas tradicionales en pueblos y en ciudades.

“Es la forma no solo de recordar el poder que tienen, sino de recordar que son los dueños del valle de Aburrá. Hoy están  en una tregua, el llamado ‘Pacto del fusil’, pero ese ritual está pegado al poder de ellos como mafia. Si usted ve a Medellín a partir del 30 de noviembre en la tarde hasta al amanecer del primero de diciembre, notará realmente dónde tienen control”, explica Luis Fernando Quijano, director de la ONG Corporación para el Desarrollo y la Paz, Corpades.

La práctica se generalizó no solo en los barrios periféricos sino en las zonas céntricas y hasta en los estratos altos en la ciudad. La pólvora aturde a una ciudad que se despierta respirando el humo de voladores, tacos y papeletas. ¿Por qué se normalizó una práctica que tuvo un origen ilegal?

“No creo que la gente tire pólvora evocando el paramilitarismo, la tira porque es una práctica cultural extendida que tiene ese origen como un accidente.  Lo más interesante para una reflexión sobre la alborada no es determinar quién la comienza sino quienes la hacen perdurar. Es una pregunta por la cultura y no por el actor que dio inicio al fenómeno”, examina William Fredy Pérez Toro, investigador del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia.

Este tipo de hábitos, surgidos en el seno de grupos delincuenciales y que ingresan en el imaginario popular, tienen un trasfondo cultural. Los proyectos paramilitares alcanzaron hegemonía política y militar pero lograron colonizar otros espacios de la sociedad, limitando prácticas y comportamientos.

“La mafia también es un modo de vida. Hoy asistimos a una mayor generalización de esa cultura que ya solo no está en las barriadas.  Eso refuerza la suerte de ‘mafialización’ de la subcultura urbana de Medellín”, sostiene Jaime Rafael Nieto López, magíster en ciencia política y estudiante de doctorado en conflictos en Colombia.

Origen rural y religioso

La alborada tiene un asiento histórico en los rituales paganos y religiosos. Se realiza en las madrugadas buscando que el creyente o el peregrino este despierto para integrarse al evento gozoso que lleva a cabo la comunidad. En ciertos pueblos europeos se utilizan elementos tronadores, repique de campanas, serenatas a monumentos religiosos como forma de mantener en la vigilia festiva a los fieles.

Jaime Rafael Nieto López propone una tesis según la cual, la alborada en la ciudad está coligada a la procedencia rural de las huestes de este bloque paramilitar de autodefensas.

“Lo asocio a la militancia rural del bloque Cacique Nutibara, empezando por los ejércitos que vienen del oriente antioqueño y se incorporan a la ciudad pero también a los milicianos urbanos ya establecidos en la periferia y que casi siempre proceden del campo. No es que se dé una coincidencia entre lo rural y el triunfo del Cacique Nutibara sino que el uno hace posible el otro”, apunta Nieto López.

En amplios territorios campestres, diciembre se toma como el comienzo de un nuevo ciclo, un recomenzar en una visión circular de la vida. “Se desprende de una expresión de triunfo o de éxito, de nueva vida, a una suerte escatológica de la cultura rural, como una resurrección a otro recomenzar”, concluye Nieto López.

JUAN DIEGO ORTIZ JIMÉNEZ

Publicado en el diario ADN Medellín
1 de diciembre 2013