jueves, 23 de enero de 2014

LA GRATITUD DEL PALOMO

"Los animales nos dan espontáneamente grandes lecciones de vida, para recibirlas solo es necesario ser observadores y abrir nuestro corazón".

Hace ya muchos años llegó al patio de la casa un palomito blanco con un ala rota, era aún pequeño y daba lástima verlo sufrir. Aunque intentaba volar no lograba más que lastimarse más en su torpe chapaleo por el piso arrastrando el ala rota. Logré agarrarlo con facilidad para hacerle las curaciones y entablillarle su ala lastimada.

Fue así que se recuperó con nuestras atenciones y se quedó viviendo con nosotros en una rústica palomera que le construí. Todos los días después de comer y tomar agua volaba y se iba de correría para regresar antes del atardecer para pasar la noche en la casa.

Meses después entre su rutina de ir y venir llegó un día en que no regresó más. Era lógico pensar que había encontrado un grupo al cual integrarse. A pesar de que nos hacía falta su compañía igual nos alegraba pensar que de seguro estaba feliz entre los suyos y dimos por terminado el asunto.

Lo que no esperábamos era que como seis meses después comenzara a visitarnos de nuevo, esta vez en compañía de una hermosa paloma de plumaje café y blanco. Se posaban en el alto muro del patio y no se atrevían al principio a bajar para comer el alimento que les ofrecíamos. Finalmente de alguna manera nuestro palomo convencería a su tímida novia y pronto fueron nuestros cotidianos comensales.

Era una visita agradable, muy semejante, o por qué no igual, a la de nuestros amigos más queridos. Llegó otra vez el momento en que dejaron de venir y de nuevo cerramos el capítulo y el tiempo siguió su curso.
Pero las sorpresas que nos guardaba el palomo no habían terminado.

Una mañana a ir al patio vimos al palomo y a su compañera bebiendo agua de la fuente, y no estaban solos, los acompañaban dos pequeños palomitos que husmeaban curiosos por el jardín. Eso fue conmovedor.

 Si alguna duda teníamos, esa mañana esas pequeñas criaturas nos demostraron que eran capaces de albergar nobles sentimientos, como el de la amistad y la gratitud.

Luego de ofrecerles un tazón con granos de maíz y agua limpia ellos pasaron una tarde en familia en el patio, los palomitos entraban  y salían de la casa sin ningún temor con su su infantil curiosidad. Ya al final de la tarde cuando el sol comenzaba a meterse tras las montañas, la hermosa familia del palomo emprendió el vuelo hacia su destino no sin antes despedirse desde el alto muro para no volver más.