domingo, 23 de febrero de 2014

LA FALSA MODESTIA

LA FALSA MODESTIA

Cuántas veces hemos escuchado o dicho cosas como estas ante un reconocimiento: “No es nada… no vale la pena… Es cualquier cosita”. 

Muchas veces por costumbre sacamos a relucir estas respuestas como para minimizar nuestra acción, incurriendo en algo cercano a la falsa modestia. Y digo cercano, porque algunas veces puede ser sincera la expresión, o dicha por mera costumbre.

La modestia y la soberbia a veces son hermanas.

Este meme se me asemeja a Maduro
No faltan las personas que posan de humildes para recibir reconocimientos por ello, les agrada ser mirados con admiración por el preciado don de la sencillez y la humildad. Es pues una posición muy difícil de distinguir y que a la luz de la verdad posiciona a unos, los más pocos, dentro de los santos y a los demás dentro de los  farsantes, y aquí sí que abundan.

La costumbre de minimizar los logros y éxitos en algunas regiones de Colombia es tan común, como exagerarlos en otras.

Se han convertido en parte de la idiosincrasia andar diciendo que la proeza que hicimos no valió la pena, cuando en realidad si sabemos todo el esfuerzo y pericia que demandó.

Tan normal es esto que cada vez que ocurría la ocasión caía en la manida costumbre, y solo hasta que un amigo tolimense me lo hizo notar, no pude más que reconocer que era una mala costumbre: _ ¿Por qué los paisas siempre dicen eso?, que no valió la pena, que es cualquier cosita. Y lo dijo enfurecido mi amigo, con toda razón, es que es un vicio muy feo.

Debe ser una tarea el aprender a recibir reconocimientos y elogios sinceros, al igual que distinguir y rechazar la lisonja, que no es otra cosa que lambonería disfrazada para obtener de nosotros algún favor o consideración. Queda claro que el elogio es sincero y la lisonja y la adulación tan falsas como un billete de tres pesos.

Si nos dicen que nuestro trabajo quedó excelente, digamos que así es, y si podemos, agreguemos que nos demandó un gran esfuerzo y que lo hicimos con gran gusto.

Gracias amigo Manuel por haber sido tan sincero aquella vez y por haberme mostrado lo desagradable que puede ser la falsa humildad o todo aquello que, de buena o mala fe, se le parezca, y que tan desagradable es el presuntuoso como el que presume de su humildad.

Hasta san Francisco de Asís se preocupó de que su humildad fuera solo soberbia disfrazada.
Hay que distinguir muy bien esto: Ser humilde no otra cosa que no sentirse superior a nadie, pero tampoco inferior, ser humilde es sentirse igual a todos.

(El patrón de los los falsos modestos debería ser San-Turrón).