jueves, 17 de abril de 2014

LA CHICA DEL RÍO


Hoy os dejo otro de esos pequeños cuentos que dicen mucho en muy pocas palabras.
Eloy Moreno.

Dos monjes caminaban de vuelta hacia el monasterio tras haber pasado una semana de meditación e instrucción en las enseñanzas que debían regir su vida de retiro.

El último día, ya avanzada la tarde, escucharon los llantos de una mujer que estaba sentada al lado de un río. Se acercaron para ver qué ocurría y allí descubrieron a una joven con las ropas completamente empapadas.

-¿Qué te ocurre, muchacha? -pregunto uno de ellos.
-He ido a la ciudad a comprar y a la vuelta me ha sorprendido la crecida del río. Al intentar pasar, en cuanto he metido el pie en el agua, me ha arrastrado la corriente y he tenido suerte de poder volver a la orilla. Pero tengo que llegar al otro lado pues mi madre está sola en casa y necesita de mi ayuda. ¿Podríais ayudarme a cruzar el río?

Ambos monjes se miraron y, tras un momento de duda, uno de ellos cogió a la joven en brazos y consiguió dejarla en la otra orilla.

-Muchas gracias, buen hombre, muchas gracias.
-No es nada -contestó y volvió junto a su compañero.

Nada más encontrarse éste le increpó su acto:
-¡No sabes lo que has hecho! Hemos jurado el voto de castidad, no podemos tocar a una mujer.
El compañero asintió y continuaron en silencio.

Durante el camino de vuelta volvió a increparle varias veces hasta que, finalmente, ante el silencio por respuesta, acabaron el camino totalmente en silencio.

Cuando ya estaban a punto de entrar en el monasterio, volvió a insistir:
-Sigo pensando que no deberías haber cogido en brazos a esa mujer, has roto uno de los votos.
-Amigo -le contestó- yo hace ya muchas horas que dejé a la mujer en la orilla, en cambio parece que tú aún la llevas encima.