miércoles, 29 de octubre de 2014

TEOLOGÍAS DEL MAS ALLA – 2ª PARTE

EL CIELO, EL PURGATORIO, EL INFIERNO Y LOS PAPAS
Alberto López

foto Eugene Atge

En el año 1254, el papa católico Inocencio IV, con motivo de I Concilio de Lyon, acuñó la palabra “purgatorio” como un “lugar” y un “tiempo”, un “infierno temporal” en que las almas recibían castigo por sus pecados, pudiéndose ser este reducido por medio de sufragios, sacrificios o indulgencias…sobre todo indulgencias. Esta doctrina sería rubricada en II Concilio de Lyon, 1274 y en el de Viena, 1311-1312. En 1476, el papa Sixto IV, tomando las ideas establecidas en el Concilio de Florencia, le dio su formulación “definitiva”:
« Los que murieron en la Luz de la Caridad de Cristo pueden ser ayudados con las oraciones de los vivos. Y no sólo eso. Si se dieren limosnas para las necesidades de la Iglesia, las almas ganarán la indulgencia de Dios »

En fin que tras reiterados dictámenes de varios Papas (infalibles todos ellos) el asunto quedaba zanjado. Tomás de Aquino, suma teológica del catolicismo, puntualizaba el asunto afirmando que entre los placeres que disfrutarán los que van al cielo, el primero era la visión de Dios, y el segundo, la contemplación de los sufrimientos a que están sometidos los arrojados al infierno. ¡Menuda ternura de corazón tenía el santo!

La devoción a las almas del purgatorio, nacida en la Edad Media se propagó como la peste, porque paso a representar el modo de subsistencia de muchos sacerdotes. Los párrocos de parroquias grandes tenían sus prebendas, pero los pobres curas de pueblo se las pasaban canutas para llegar a fin de mes, así que se dedicaron a vender misas a la gente, a diestro y siniestro, para poder ayudar a sus deudos a salir del Purgatorio.

Y así ha continuado más o menos hasta hace poco, y hablo por propia experiencia, porque mi madre, después del fallecimiento de mi hermana se gastó buena plata por las llamadas intenciones de las ánimas del Purgatorio. Bien es verdad que para mantener un poco el tipo, la Iglesia comenzó a otorgar las Indulgencias con carácter general para todas las almas, y no para una u otra en particular, ya que los ricos a base de misas estaban venga a sacar del fuego a su gente y el Purgatorio se estaba convirtiendo en una barrio periférico de chabolas de las afueras de Madrid.

Por eso, a mí, desde bastante joven, el asunto del Purgatorio siempre me ha sonado un poco a Hacienda: un tingladillo como otro cualquiera para recaudar pasta, que con el tiempo, como lo denunció en bueno de Lutero, en sus “95 tesis de Wittemberg” del año 1517 ( anteriormente, ya lo habían denunciado en el siglo XIV, John Wickliffe y Jan Hus) se fue convirtiendo en una verdadera compraventa y tráfico de indulgencias, que aunque no es lo mismo que lo del actual tráfico de influencias en que esta embardunada España, no le va muy a la zaga en cuanto a corrupción.

Bueno así estaban de tranquilas las cosas teológicas, hasta que llegó el Papa polaco y en agosto de 1999 puso patas arriba la doctrina tradicional sobre el Cielo, El Purgatorio y el Infierno, proclamando que estos, no son lugares físicos, sino meros estados de ánimo : “El cielo, dijo, no es "un lugar físico entre las nubes"…el infierno tampoco es "un lugar", sino "la situación de quien se aparta de Dios"…el purgatorio es un estado provisional de "purificación" que nada tiene que ver con ubicaciones terrenales… y Satanás "está vencido definitivamente. Jesús nos ha liberado de su temor"…Y el Wojtyla se quedó tan pancho.

O sea que el polaco, que también era infalible (y supongo que más que otros porque ha llegado a ser santo) se pasó por el arco de triunfo las infalibilidades de los Papas anteriores y dijo que donde hasta entonces se había dicho “digo” ahora había que decir “Diego… y todo dios tragó sin decir ni mu.

Sin embargo, esta corrección, que ponía en crisis la interpretación clásica de los textos sagrados, apocalípticos, tenebrosos y vengadores, no gustó a muchos jerarcas del catolicismo. Sin ir más lejos, su sustituto, el alemán neonazi, volvió sobre el asunto con su vocecita bífida, afirmando que "el infierno existe y es eterno". Y claro, éste también era infalible, aunque supongo que un poco menos, porque tiene muy poco gancho, ha dimitido (lo que en la Iglesia no está muy bien visto) y con el currículo que tiene no se prevé que llegue a santo.

El Bene sostiene ahora que el purgatorio no es un lugar del espacio en las entrañas de la Tierra, ni un fuego exterior, sino un fuego interior que purifica las almas en el camino de la plena unión con Dios. En fin un sufrimiento o comida de coco psicológica que no hay dios que la pase, si no es, a base de antidepresivos. Aun así, intentando estar en consonancia con el polaco, invitando a rezar por los difuntos aclarará: “El Purgatorio no es un lugar del espacio, del Universo, sino un ‘fuego interior’ que purifica el alma del pecado”. En fin que, otra vez, empleando términos vascos, los papas se traen un lío de la ostia.

Así que, si antes, cuando nos moríamos, el cura nos deseaba con la última frase del responso mortuorio “Requiescant in pace” aunque todos sabíamos que de descansar en paz nada de nada, pues nos mandaban a sufrir al Purgatorio, ahora con lo que se han inventado los últimos papas, lo de descansar en paz ni antes ni después de muerto, porque con la nueva doctrina, los vivos las vamos a pasar canutas con unas depresiones por arrepentimiento, de tomo y lomo. Yo supongo que por ahí debe ir la actual crisis económica, donde los bancos, han tomado, por delegación divina y con la intermediación de la Iglesia, el lugar de los funcionarios del Purgatorio para jodernos la existencia.

¿Y que dice de todo esto el moderno y liberal papa argentino?... Pues poco…casi nada. En realidad parece que deja las cosas donde las dejaron los dos anteriores. Yo pienso que, se ha dado cuenta que esto es un lío monumental, y que mejor es dejarlo pasar confiando más en que el tiempo lo aclare que en la sabiduría de la blanca paloma que ya debe estar muy vieja para estos menesteres. Mientras ha tenido una ocurrencia a la altura de las de su presidenta, la señora Kirchner: incorporar la adquisición de indulgencias plenarias, a sus seguidores de las redes sociales. Normalmente, un acto de este tipo estaba reservado para quien sostenía una entrevista en persona con el Papa, pero ahora, Francis, lo quiere extender a los que lo siguen virtualmente.

Los seguidores (los followers) del Papa que hayan confesado sus pecados, que vayan a misa y hayan sido absueltos por el sacerdote de su elección, pueden seguir los eventos por el sitio de microblogging y recibir el perdón especial.

O sea estimados colegas de face book, que ahora, se puede sacar a las almas del purgatorio a través de internet, rezando por el Papa en Facebook, Twitter y demás inventos internaúticos. En otros términos menos teológicos pero no menos claros: que si las putas cobran ya en tarjeta de crédito por sus servicios, porque no va a hacerlo la Iglesia para cubrir los suyos. Es simplemente un asunto práctico…que nadie se molesta…nada más que practico.

Todo este fregado en que se han metido últimamente los Papas, está trayendo una profunda crisis de identidad y valores en el mundo católico, porque, si ni el purgatorio ni el infierno (con mayúsculas) existen… ¿qué queda a los predicadores del más allá como el lugar donde son premiados eternamente los justos y castigados los pecadores?...Tomando conciencia de este peligro que se avecinaba, el alemán, dando un paso atrás en abril de 2007, y dibujando la figura de un Dios "de justicia" y castigador dijo que, el infierno, del que se habla poco en este tiempo, existe y es eterno"

En todos estos dimes y diretes sobrevuela el dogma católico de la “Infalibilidad pontificia en ‘ex cathedra’ “ ( según el Concilio Vaticano I, 1869, y rubricado por el famoso y progre Concilio Vaticano II, 1962-1965, que siguió manteniendo lo de la infalibilidad) una infalibilidad que en asuntos relacionados con la fe, la moral, el más acá y el más allá, resulta, según la Iglesia, incuestionable para cualquier católico por presentarse como una “revelación divina. Pero la realidad y la historia van por otra parte y una y otra vez la doctrina cambia y se desdice. En fin, que como diría un vasco, lo de la infalibilidad del Papa es una cosa que es la ostia y en ella ya no cree ni Dios.