domingo, 26 de octubre de 2014

TEOLOGÍAS DEL MAS ALLA

1ª PARTE
 EL PURGATORIO Y EL INFIERNO
Alberto López



 Quien ha pasado por los campos de exterminio nazis en Europa.
 Quien ha sufrido los bombardeos israelíes en Gaza.
 Quien ha pasado por manos de la DINA de Pinochet.
 Quien ha estado encerado en la cárcel de la base de Guantánamo.
 Quien ha sido deportado a Siberia por el estalinismo.
 Quien ha sufrido la lluvia de fuego del napalm, en los arrozales de Vietnam
 Sabe que el purgatorio y el infierno existen y que están en este mundo.

Durante el periodo del nacional catolicismo español en el que me adoctrinaron, las cosas estaban bien amarradas. Los buenos iban al cielo, los malos al infierno y los que se habían comportado así…así… se pasaban una temporada en el Purgatorio penando por sus pecadillos veniales. Con una Iglesia que lo sabía todo, con un Papa infalible y con unos libros dictados por el mismísimo Dios, nadie se hacía preguntas, y al que se les hacía, acaba llevándoselo la policía. Sin embargo yo, que según mi familia, siempre fui un chaval un poco raro, no lo tenía tan claro, y asuntos como los de El Limbo, El Purgatorio y El Infierno, nunca dejaron de suscitar mí interés, incluso ahora, que ya no soy creyente, le sigo dando vueltas a estos asuntos. Marcas indelebles de una infancia traumatizada por el Franquismo.

Mi primer interrogante era sobre cuánto tiempo se pasaba en el Purgatorio. Los curas decían que dependía del número y gravedad de los pecados. Pero quien era el encargado de juzgar e imponer la pena ateniéndose a la entidad de los mismos. Donde estaba por así decirlo el Código Penal donde se fijaban pecados (delitos) y en correspondencia, las consiguientes penas. Los curas contestaban que Dios, que todo lo ve, es el único juez. Pero… y nosotros… los juzgados ¿cómo sabíamos medir la gravedad de nuestros pecados?... ¿Dónde estaba el baremo para saber a qué atenernos?... Cuando le metíamos mano a la novia en la oscuridad de las últimas filas del cine de barrio, ¿dónde estaba la raya entre lo venial y lo mortal cuando la mano subía por la pierna acercándose al sexo? Si era por encima de las bragas el asunto era más probable que fuera venial, pero si era por dentro, la seguridad de mortal estaba garantizada.

En fin que, si al salir del cine te caía un ladrillo del tejado y te mataba, la habías jodido, porque te habías condenado para toda la eternidad.

Así que, cuando yo salía de la confesión, nunca me quedaba vacío del todo y me poseía la duda de si lo habría contado todo con el detalle necesario para que el cura calibrara bien lo que me estaba perdonando. Pero quien era el valiente de contarle a Don José Luís, el temible párroco trentino, con pelo y señales, como le habías metido mano a Rosita en el cine o como te la cascabas frente a un cromo de Ava Gardner. Y eso a pesar de su insistencia en sacarnos información: ¿”Hasta donde hijo… hasta donde han llegado los tocamientos?... ¿Ha habido eyaculación?... ”No le entiendo padre”… ”¡Coño! que si te has corrido hijo, que si te has corrido”… Más tarde nos enteramos que, el cochino aquel, se excitaba con aquellos diálogos y se la cascaba sin compasión dentro del confesionario.

Y si Dios nos juzgaba para mandarnos a un destino u otro… ¿Para que servía un segundo juicio? Me refiero al famoso Juicio Universal, que al final del mundo se iba a producir de nuevo ante Dios con la presencia multitudinaria de todos los hombres, desde que los echaron del Paraíso Terrenal?... ¿Y dónde encontraría Dios un local para celebrar el macro juicio y juntar a tanta multitud que podría cubrir varias veces la superficie de toda la tierra?... Y si como dicen las escrituras nos iría llamando de uno en uno para darnos el resultado, ¿cuántos siglos se tardaría en aquel juicio?... Por cierto ¿acudirían también a aquel juicio los que ya estaban en el infierno y en el cielo?...¿ Pero para qué sacarlos y volver a meterlos de nuevo?... Ya digo que a mí las cosas no me encajaban.

Después de mayor he aprendido que un principio inalienable del derecho es el del “Non bis in ídem”… (No dos veces por lo mismo)… que impide juzgar a alguien dos veces por el mismo delito…Pero claro, la Iglesia, ya se sabe, es como Sevilla, tiene un color especial.

Los Papas dicen que para entrar al Cielo hay que estar totalmente libre de todo pecado y que por eso para purificarnos hay que pasar por el Purgatorio. En fin más o menos como lo que me decía mi madre: Luis Alber si no te lavas bien las manos, no comes. O sea que de ir al cielo derechitos, derechitos, más bien pocos. Porque díganme ustedes, quien más quien menos ¿quién no tiene un pecadillo en la mochila? Conclusión: que al cielo solo van los santos.

Pero que yo sepa, gran parte de ellos también tuvieron su época de golferío y puterío, de la, justo es decirlo, más tarde se arrepintieron… ¿Pero yo me pregunto, estos, también pasaron por el purgatorio?...Y a los que ahora hacen santos, donde los tienen todo el tiempo, desde el momento en que se mueren hasta que los elevaron a los altares?... ¿En el Purgatorio?...¿En alguna residencia para posibles santos, como las salas VIP de los aeropuertos?

Los que parece lo tienen claro son los niños que, una vez bautizados, no han llegado a la edad de la toma de conciencia. Estos angelitos, si se mueren, como no han tenido todavía la oportunidad de pecar, si que van seguro derechos al cielo…Pero de los demás…pocos muy pocos. Esto me lleva a pensar que, desde la perspectiva de la Iglesia, es un chollo morirse de niño, porque sin necesidad de pasar por este valle de lágrimas, con sus crisis económicas, el paro, las estrecheces para llegar a fin de mes y tantos otros sufrimientos más que nos hacen sufrir y nos incitan al pecado de dejar de pagar la hipoteca al banco, se van al cielo a toda leche en AVE, en lugar de hacerlo, como en el caso de los adultos, en incómodos mercancías recorriendo todas las vías secundarias, en un viaje, a cuyo estación término parece no llegarse nunca.

En fin que, con salvadísimas excepciones, todos vamos a pasar a broncearnos (en el infierno no te bronceas te quemas) una temporadita al Purgatorio…Pero tranquilos, se sale… como de la cárcel, se sale.

Cada momento histórico ha tenido su propia valoración en el asunto de los pecados. Lo que en un momento fue mortal ha resultado después venial y al revés. Incluso en la misma Biblia (una suma de textos, de autores distintos, cuya redacción cubre un arco de más de mil años) se encuentran apreciaciones no solo diferentes, sino hasta opuestas, sobre el mismo concepto de pecado. Por poner un ejemplo. La homosexualidad para la Iglesia católica ha sido durante siglos un pecado nefando y abominable. Hoy sin embargo ser maricón ya no es pecado, como cantaba la famosa Otxoa de Bilbao.

El problema se plantea ahora con todos lo maricones que pueblan el Purgatorio o el infierno… ¿Quién les va a compensar de todos sus días de fuego?... ¿La Iglesia?... ¿Los Papas que, uno tras otro los condenaron?... ¿Se equivocó Dios al mandarnos al fuego temporal o eterno?... ¿Se va a revisar su causa en el momento del Juicio Final? … ¿Va ser éste una especie de casación ante el último Tribunal, como lo es en la vida civil el Tribunal Supremo?... Un principio jurídico de la justicia es que, si no es posible volver las cosas dañadas a su estado anterior, la compensación debe ser equivalente al daño causado ¿Cómo se van a compensar este daño y este sufrimiento?... ¿Con una nueva vida?... ¿Creando un cielo especial para los maricones?... ¿En metálico o con participaciones celestiales en la sociedad divina?

La verdad es que a estas alturas del partido del género humano, resulta sorprendente que cuando en cualquier sociedad mínimamente civilizada, las penas por delinquir han dejado de calificarse como castigos, abandonándose la pena de muerte, los trabajos forzados y la reclusión perpetua, la Iglesia, El Papa y el Dios de la Biblia, sigan manteniendo los castigos físicos (nunca he sabido si de los cuerpos o de las almas) y las condenas al fuego para toda la eternidad.

Por eso, siempre me he preguntado… ¿cómo una religión que predica la paz, la caridad y el perdón, puede seguir manteniendo la existencia de unos lugares como estos (donde se inspiraron las mazmorras de la Inquisición) destinados al ejercicio del sufrimiento (transitorio o eterno) y de una doctrina del castigo irreversible sin posibilidad de perdón?... ¿Qué madre sería capaz de castigar y condenar a su hijo criminal al sufrimiento para toda la eternidad?...¿Que aberración de madre sería esa?...¿Cómo, la auto titulada Santa Madre Iglesia, puede defender y proponer estas barbaridades para los que dice ser sus hijos?...¿Cómo puede argumentarlo diciendo que esa es la voluntad de Dios?...¿Está envileciendo su Santo Nombre o el envilecimiento es el del propio Dios, que convertido en juez burocrático, ha olvidado que su mayor virtud era, la de no dejar nunca de perdonar a sus propios hijos.