domingo, 23 de noviembre de 2014

CABOS SUELTOS – 1

Doy comienzo hoy, a la publicación de una serie de pequeños textos cortos, sobre temas diversos, que a lo largo del tiempo han ido poblando como cabos sueltos, mis libretas de notas. Espero contar con la aceptación de mis amigos lectores. 
(Alberto López)


CONFESIÓN

Ilustración de William Blake

 El mío es un talento malogrado por la falta de un empeño sostenido, la necesidad sicológica del reconocimiento social, la falta de cariño familiar en la infancia, mi escaso éxito con las chicas, la poca paciencia y la prisa por triunfar… ¿Complejos?...probablemente. Después vendrían las obligaciones sociales, las responsabilidades familiares, los compromisos económicos y todo eso. Y era difícil saber distinguir entre lo importante, lo que tenía consistencia, de lo prescindible. Y como otros tantos, yo mismo me amarré las alas con unas cargas sociales que, me condenaron a un vuelo rasante entre las brumas de la mediocridad.

 Me he tenido que hacer mayor, casi llegar a la vejez, para reconocer y aceptar esto. Algo que, por otra parte, desde hace tiempo, intuía. Pero tenía miedo a mi medianía y me fui engañando con justificaciones cobardes. Me decía: sitúate, acepta, asiéntate y después tendrás tiempo para hacer lo que siempre has querido hacer, sin ceder ante nada ni ante nadie. Y hubo bastante gente próxima, que decía quererme, que me animaba y empujaba por este camino.

 Y era más fácil aceptar esto, dejarme llevar por el entorno, que hacerle frente y romper con el. Pero el tiempo transcurría y me fui acomodando aun trabajo profesional bien hecho, pero que no brillaba con luz propia. En ocasiones, cuando lo hacía, era con las luces prestadas de otros. Y me consolaba diciéndome que, copiar o relaborar una idea, haciéndolo bien, no era nada fácil. Y es verdad, no es fácil, pero no era lo que el cuerpo venía pidiéndome desde que comencé a estudiar. Y ahora sé, que tenía talento para ello, pero me faltaban cojones y que si hacemos lo que hacen los demás, al margen de nuestras intenciones, acabaremos siendo como ellos. Y es que no hay manera de oponerse a la retórica del discurso del sistema empleando su sintaxis.

 La arquitectura, la literatura y las artes en general, requieren de una dedicación tan decidida. que solo es posible sustentarla desde una manera de ser y de vivir, que yo no tuve el valor de asumir. Quise hacerlo compatible con la idea del ejercicio profesional, pero reconozco que fue una cobardía y un error. Porque el arte no es una profesión que permita pactos ni mediaciones con el mundo, a no ser que sea a través del diablo, y cuando en alguna ocasión fui a visitarlo siempre estaba ocupado.