sábado, 8 de noviembre de 2014

EL RETORNO DE LA MÁQUINA DE MOLER

EL REGRESO DE LA MÁQUINA DE MOLER


Hace mucho tiempo llegó a mi casa la primera máquina de moler.

Sin duda se convirtió en la reina de los artefactos de cocina, pues no había más en su categoría.

Sus compañeros de trabajo eran medievales utensilios: ollas, pailas, la chocolatera con su molino de madera, la cayana, cucharas de palo, cuchillos, cucharas y tenedores, ah, y el viejo pilón de madera.

La máquina de moler se convirtió en el más avanzado aparato de cocina con tecnología de punta de ese tiempo. Reemplazó al viejo pilón de madera donde se pilaba el maíz cocido para hacer la masa de las arepas. También esta supermáquina permitió moler la carne para hacer deliciosas albóndigas. En él se podía triturar el arroz para elaborar suculentos postres como el arequipe, el cofio,  la natilla y los bocadillos de arroz. Igual molía el coco para hacer estupendas panelitas.

La máquina de moler hacía tantas cosas que llegó a ser la mano derecha de las amas de casa, tanto así, que durante muchos años fue un miembro importante de la familia. Era tal el apego que sentían las señoras por ella que nunca quisieron reemplazarla. Que si el tornillo de la manigueta se rodaba, un pedazo de trapo comenzaba a ser parte del ensamble para ajustarlo.

La máquina de moler sobrevivió siendo un aparato imprescindible y pasó a ser herencia de abuelas a hijas, nietos y biznietos.

Pero, un día arribaron a nuestra vida los procesadores de cocina eléctricos. Hacían lo mismo, más rápido, y según algunos, mucho mejor. Entramos al mundo de las maravillas tecnológicas como la licuadora, que también ocupó un sitio de honor en el mesón de la cocina, mientras que  la tiznada olla de arroz le abrió paso a la novedosa y elegantísima olla arrocera eléctrica.

Muchas cosas cambiaron, pero vuelvo a centrarme en la vieja máquina de moler. Reconozco que llegamos a mirarla con algo de compasión, y que no quisimos botarla por un sentimiento de gratitud. Pasó desde entonces a un rincón bajo el mesón de la cocina, oxidándose y hundiéndose en el olvido.
Pero hoy ocurrió algo inesperado, el procesador eléctrico se descompuso mientras comenzaba  moler la carne, el eje de su poderosa cuchilla se partió y quedó inutilizado.

Recordamos entonces a esa vieja máquina de moler de la que no recordábamos su paradero. Finalmente al mirar un oscuro rincón bajo el pollo de la cocina pudimos descubrirla.

Rescatada de su escondite pasó al proceso de lavado y desinfección. Aunque algo oxidada, sus partes principales aún relucían y se veía bastante bien. Una vez armada sobre su soporte  nos sorprendió al comenzar a moler la carne con mucha efectividad.

Mientras hacía girar la manivela recordaba esas mañanas en que le ayudábamos a nuestra madre a moler el maíz para las arepas del desayuno, volvimos a escuchar ese sonido característico que emitía, muy diferente al fastidioso ruido del procesador.

La máquina de moler había regresado para quedarse, reclamando el lugar que por derecho propio había sido suyo. Ahora es el procesador el que de seguro irá a parar al camión del chatarrero.

Estoy seguro que desde hoy esta máquina será tema de conversación en la familia, y que los niños se turnarán para darle manivela a esta novedad, sorprendidos al ver como funciona lo que para ellos es un curioso gadget que trabaja sin pilas o corriente eléctrica.

Buscando la historia de la máquina de moler encontré que esta había llegado entre finales de los años cuarentas y comienzo de los cincuentas, importada y distribuida por Jesús Mora, representante de Richard L. White, de Landers Fray & Clark, de Estados Unidos, fabricante de los productos Corona y Universal.

Finalmente se fundó una empresa en Medellín para fabricarla. Exactamente la firma comenzó el  6 de octubre de 1951 (Landers Mora & Cia) Limitada, en compañía con Carlos Duplat. El primer producto fabricado fue la olla atómica (a presión) Universal (1954) y en 1956 el famoso molino para granos Corona, protagonista de nuestra historia.

Desde el año 2003 la fábrica cambió su razón social a Landers y Cia. S.A.S, que aún sigue vigente. Esta máquina de moler ún se fabrica aquí y su calidad sigue siendo tan buena que se descubrió que en China la están fabricando copiada y con la misma marca y logo.

2 comentarios:

Juan Ortiz dijo...

Así es, este artilugio es de los mejores testigos de nuestra historia reciente. Y renace con fuerza, entre todos los aficionados a la cocina y parece ser que entre los aficionados a hacer su propia cerveza.
Un abrazo solidario y humanista. ¡Viva la arepa!

danubio dijo...

Hola Juan, muy interesante su comentario. Igualmente reciba un salido cordial.
Larga vida a la arepa.