sábado, 25 de abril de 2015

EL TURNO


Aún recuerdo cuando al llamar a una empresa contestaban operadores que atendían nuestras solicitudes. Amables o no, eran personas de carne y hueso con las interactuábamos y bien o mal resolvían nuestras inquietudes. Hasta para llamar telefónicamente a otra ciudad nos atendían personas que nos enlazaban con la línea solicitada, luego de preguntarnos: ¿Pagando aquí o pagando allá?

No olvido ese día en que ingresó al servicio telefónico la primera máquina contestadora de la ciudad. Era el 115, servicio de la hora exacta. Cuando alguien me lo contó, como buen novelero, marqué la línea y escuché la voz de una dama que me decía: “Son las tres, veinticinco y doce”. Miré mi reloj de pulso y constaté que así era. Gracias señorita, muy amable, le dije. Pero ella solo me contestó: Son las tres, veinticinco y veinte. Que bobo soy, estoy hablándole a una máquina.
Hasta ahí no hubo problema, hasta que les dio por reemplazar a los operadores por máquinas insensibles y antipáticas con las que no se puede tener ninguna conversación:

“Usted se ha comunicado con la funeraria Lloreda hermanos, esta llamada será grabada y monitorizada para garantizarle un buen servicio.
Si alguien murió en su familia marque el 1
Si necesita información de nuestros servicios marque el 2
Si está planeando morir marque el 3
Si usted es el muerto marque el 4
Si desea hablar con alguien vivo marque el 0
Los operadores están ocupados en este momento, por favor espere un momento.

Mientras, le contamos sobre nuestros estupendos planes de exequias familiares.
Dos por uno. Si fallecieron al tiempo dos de sus familiares le enterramos los dos por el precio de uno.
Si el difunto era parrandero le ofrecemos una banda papayera para amenizar el velorio.
Si no tiene muchos amigos le alquilamos llorones profesionales a bajo precio.
Si desea lloronas con ataque incluido tendrá un recargo extra.
Nuestras salas de velación tienen servicio de catering y Wi-Fi.
Igualmente tenemos zonas de guardería y suministro gratis de toallitas Kleenex para que llore a moco tendido.
Tenemos ataúdes temáticos con escudos de los equipos de fútbol.
Se incluyen en el plan, flores y velones finos.
Si lo que quiere es economía puede elegir velas y flores abandonadas en otras salas.
Como solo se muere una vez, tenemos de ñapa un predicador para que hable bellezas sobre su muerto, así haya sido un bueno para nada. Nuestra filosofía es: No hay muerto malo.

Esto es solo un ejemplo de esas endemoniadas máquinas que casi nunca logran ponernos en contacto con el servicio que deseamos. Es que en medio del dispendioso ir de una opción a otra se corta la llamada y tenemos que intentarlo muchas veces más.

Hablar con máquinas es desesperante, una falta de respeto. Si mucho me quedaría con la dama del 115, que hablaba tan bonito y a la que llamaba para preguntarle la hora, así tuviera mi reloj de pulso solo para escuchar su voz: Son las veintitrés, cincuenta y cuatro y cero. Y eso que no les he contado que el pito que se escuchaba entre su información servía para afinar la guitarra en do mayor, una maravilla.

Ahora todo está sistematizado, las empresas no pueden mover un dedo sin ser respaldadas por el sistema. Si vamos a hacer una consignación ya estaremos acostumbrados a que cuando nos toca el turno tiquete en mano, al otro lado del cristal una muchacha cariacontecida nos diga: El sistema se cayó.
¿Se cayó qué?. Esto me tiene embejucado, ya ni pueden hacer el asiento de una simple consignación en un formulario de papel. Nos fregamos.

Medio clarividente seré, pues he tenido visiones apocalípticas, si, de un día en que los sistemas de todo el mundo serán atacados por el virus perfecto, uno que será inmune a todos los antivirus, porque se  mimetiza  continuamente. Algo así como algunos virus y bacterias que se volvieron  inmunes a los antibióticos.

Entonces todo se convulsionará. Nada funcionará, será un caos global. No se podrá vender ni comprar nada, porque el ser humano no se había percatado que es un inválido sin el sistema, ciego, sordo y mudo.
Retrocederemos varias décadas, al punto de fractura, tratando de reconstruir lo que teníamos, lo más cercano a una sociedad de humanos, no de máquinas controladoras. Tal vez se reviva a la dama del 115 y a la operadora de larga distancia, o tal vez ni eso. Quién sabe.