martes, 19 de mayo de 2015

EL COPYRIGHT EN ACCIÓN

Por poco me botan de youtube. 


Todavía no me pasa el susto, es que ese asunto del copyright  es una cosa muy complicada. Resulta que no todo lo que está en la red es público y es susceptible de reclamaciones. Lo difícil para un usuario del montón es distinguir que se puede usar y que no, que música y videos son distribuidos libremente y se pueden incluir en nuestros videos familiares y cuales no.

Si edito un video familiar de una primera comunión y le pongo un trozo del Danubio azul, tal vez esté infringiendo algún derecho de autor sin saberlo, aunque esa obra fue compuesta por Johann Strauss (hijo) en 1867, y dudo mucho que en ese año existiera el copyright. Tal vez los reclamantes puedan entonces decir que están protegiendo los derechos de la orquesta X o a tal o cual sello discográfico que lo grabó, me pregunto entonces a quién ampara el copy, ¿al autor, al intérprete, al grabador, o a todos los anteriores? O será que los que reclaman el derecho son los “tatatatatataranietos” del señor Strauss, entre los que tal vez  se podría incluir a Doña Hilda Strauss, quien sabe.

Cosa complicada esta. Incluso se puede ser infractor si se comparte un video casero en el que se cante, silbe, tararee o baile un tema musical, como La Cucaracha, por ejemplo.

Pareciera que hay un ejército de videoescuchas monitoreando a los millones de usuarios que suben sus videos a youtube y a otras plataformas diariamente, o tal vez sea un sistema robotizado que detecta automáticamente tres o cuatro compases de los trabajos protegidos y atienda a los chivatos que denuncian nuestro video.

No niego que me asusté algo cuando al abrir la página encontré a este gatico pirata al lado de la notificación de la reclamación hecha por una empresa con nombre elegante. Además recibí una pequeña reprimenda por mi gravísima falta, hasta insinuación directa de demanda hubo si repetía mi imperdonable delito.

Yo opino que cuando alguien se usufructúa con sus ediciones de video o música tendría sentido la aplicación del copyright, pero no cuando se comparte un bautizo para que lo vean la familia y los amigos. Y menos cuando un despistado saca a su abuelita bailando graciosamente el ras tas tas tas, el asunto no debería ir más allá de la vergüenza de la pobre señora al verse haciendo el oso y con un millón de visitas.

Lo cierto es que todo esto no es más que mi percepción de este asunto, sabrán ellos como manejan el tejemaneje. Mientras tanto dejaré de subir videos hasta que aprenda a componer mi propia música y a tocar todos los instrumentos de una orquesta sinfónica para grabar en mi propio estudio. Entonces tal vez me haga rico cobrando mis derechos de autor.