domingo, 6 de septiembre de 2015

SOLO

Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso, ¡qué soledad errante hasta tu compañía!
Pablo Neruda (1904-1973) Poeta chileno.



Fui el primero en llegar a tu casa. Quería felicitarte, hacerte saber que recordaba tu cumpleaños y que aún vivías en mis recuerdos. Que te deseaba las mejores cosas en tu vida. Quería agradecerte los buenos y los malos momentos que vivimos.

Te llevé un regalo, que si no costoso si era significativo. Lo empaqué yo mismo y en verdad no lo hice muy bien, pero pensaba que eso era lo de menos. Tantos años sin verte, sin oír tu voz. No podía evitar sentir una gran ansiedad. 

Aún no había llegado nadie, la noche era joven. Vi la luz de tu ventana encendida y me decidí a tocar el timbre. Mientras bajabas a abrir la puerta traté de enderezar el arrugado moño del regalo. 

Cuando te vi mi corazón amenazaba taquicardia, pero tu rostro al verme ahí parado fue como de piedra. Solo entreabriste la puerta, levantaste una ceja y me dijiste: Hola.

Recibiste mi presente sin ninguna emoción y después de explicarme que no harías ninguna celebración cerraste la puerta, sin ni siquiera dar las gracias. Comenzaba a lloviznar y la calle se convirtió en un espejo que reflejaba las pálidas luces del alumbrado público. 

Baje las escalas del pórtico y me senté en el primer escalón, justo cuando llegaba un alborotado grupo de personas que reían y hablaban a todo pulmón. La puerta se abrió para ellos en medio de abrazos efusivos. Y así llegaron más en medio de gran jolgorio.

Yo estaba allí, solo, invisible; escuchando la música y el tintineo de las copas de vino. Siluetas chinescas en las ventanas, risas y alegría en el aire. 

Y yo allí, solo, invisible, cubierto el rostro por las gotas de la lluvia que bajaban como hilos plateados por mi rostro confundidas con mis lágrimas.