miércoles, 25 de mayo de 2016

EL AGUADUCHU

"Da gusto leer escritos como este, que contiene una gran fuerza narrativa. Alberto López nos describe el aguaduchu de Bilbao, nos transporta a ese momento en el que la fuerza de la naturaleza nos hace recordar nuestra pequeñez en el universo". 

Bilbao, Aguaduchu de 1983

Alberto López

El ambiente cargado de humedad
espesaba el bochorno de la noche
mientras la gente volcada en la calle
celebraba las fiestas patronales
entre gritos, música y fuegos artificiales.

De pronto un solitario estruendo seco
retumbó en la noche de la Ría
como si fuera el grito de un monstruo en celo
que ascendiera de las profundidades marinas
haciendo temblar como un junco a los hombres y a las cosas.

Al poco, una sinfonía de truenos
se derramó sobre los tejados
acompañada de relámpagos que
desgarrando el cielo
se filtraban por sus grietas
Iluminando las aguas pardas que
impulsadas por la marea viva
subían encabritadas y amenazantes hacia la ciudad vieja.

Alguien comento:

Es el aguaduchu…ya viene… ya viene…

Despeinando la ciudad
un viento racheado comenzó a bramar
hasta convertirse en una furiosa galerna
que acompañada por el ruido de cristales rotos
arrastraba todo lo que encontraba a su paso.

Los paraguas volaban como cometas
las sillas y las mesas de las terrazas de los bares
corrían por las calzadas
acompañadas por carros de basura
y coches de niño.

En su loca carrera hacia sus casas
buscando donde guarecerse
las gentes se pegaban como lapas contra las paredes
para evitar ser arrastradas por la ventisca.
Nadie se atrevía a cruzar la calle.

La plaza desierta se había cubierto
de restos de banderitas, farolillos, guirnaldas y gallardetes.
El tambor de la banda, rodaba hacia un lado y otro
en busca del músico que lo había abandonado.
La enseña nacional, humillada por la lluvia
yacía abandonada en el suelo
sin que ningún patriota se arriesgara a recogerla.

Las novias se abrazaban a los novios
los niños a sus padres
y los perros callejeros aullando a la muerte
corrían como condenados
en busca de algún agujero donde enjaularse.

Despegando de los tejados
las tejas planeaban como avioncitos de papel.
Los cables de la luz bailaban un vals
mientras las antenas de televisión se inclinaban
como caballeros corteses
y la veleta de la iglesia giraba enloquecida
olvidándose de señalar el norte.

Una luna chismosa
se asomaba a hurtadillas
entre los visillos de nubes
animando a las aguas a rebelarse
contra las barreras que encarcelaban su cauce.

Y el viento de pronto se paró.
Y como un mal presagio
se impuso un silencio amenazador.

Es el aguaduchu…ya viene…ya viene...

Unas gotas gruesas y calientes
como lágrimas de plomo fundido
llegaron bailando sobre los tejados
como vanguardia del temporal
rompiendo la efímera tregua.

El perfume a tierra mojada
se mantuvo unos minutos
hasta que el cielo comenzó a caerse sobre la tierra
con una cortina de agua
gruesa como el telón de un teatro
acompañada de canicas de hielo
que explotaban violetamente al llegar al suelo.

Es el aguaduchu…ya viene…ya viene…

Las luces de las farolas
Iluminaban la intensa lluvia
haciendo brillar el asfalto
como si fueran proyectores
de un campo de concentración.
Pero de pronto la energía cayó
y toda la ciudad, como boca de lobo
quedó a oscuras.

Algunos barcos, rompiendo amarras
dejaron de sufrir
y se lanzaban a la deriva, Ría abajo, en busca del mar.
Los pequeños gasolinos y pesqueros bailaban el rock
mientras algunos botes se soltaban de las boyas
haciéndose astillas contra los pretiles del cauce.

Con las narices pegadas al vidrio
de las ventanas bien aseguradas
los niños, a la luz de las velas
contemplábamos fascinados, como la borrasca
haciendo de las aguas del cielo y del mar una unidad
convertía a la orgullosa ciudad
en una comadreja acobardada enroscada en su refugio.

Es el aguaduchu…ya viene…ya viene…

Las viejas rezaban
los niños pequeños lloraban.
los viejos rememoraban en voz baja
el gran diluvio de aquel año
que cubrió los bajos de la ciudad vieja
hasta casi arruinarla.

La naturaleza en toda su magnificencia
clamaba venganza
lanzando rugidos de furia en la oscuridad
que aterrorizaban a los orgullos hombres que
como a Segismundo en la cueva
se habían atrevido a encadenar a la Ría
entre los pesados muros de la civilización.

Es el aguaduchu…ya viene…ya viene…