jueves, 25 de agosto de 2016

EL PODER DEL ESPÍRITU

Este, aunque parezca increíble fue un hecho totalmente cierto que salió en todos los medios informativos y merece ser recordado. 


Foto de www.proclamadelcauca

"Noviembre 12 de 2001, Puracé, Coconuco (Cauca), decenas de habitantes entre campesinos e indígenas enfrentaron a 300 guerrilleros de las Farc e impidieron que se llevaran a 5 de los 23 policías que completaban 12 horas defendiendo su cuartel". 
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Puracé es un caserío situado en el departamento de Cauca, habitado por gentes pacíficas y trabajadoras . Allí el tiempo parece no transcurrir, pues la tranquilidad de ese lugar bucólico lo asemejan más a un pueblo fantástico estilo Macondo.

Pero el diablo persiste en entrar al paraíso, por tercera vez un frente guerrillero movido por algún interés en la región irrumpió agresivamente al sitio blandiendo sus diabólicas armas y tomando posiciones estratégicas, dispuestos esta vez a arrasar el poblado si fuera necesario. Estaban entrenados para combatir cualquier reacción de defensa que encontraran y de verdad que  lo habían demostrado en otros lugares con cruel saña. Pero aquellas gentes aparentemente inofensivas les tenían preparada una sorpresa inigualable, el poder del espíritu.

Marcharon por las calles llevando velas encendidas entonando villancicos y canciones de paz, todos en interminable procesión como un solo cuerpo ante la mirada atónita de los guerrilleros, que por primera vez veían entre aquella gente a sus hermanos, a sus madres, a sus amigos, seguramente se miraron entre ellos con una comunión de pensamientos, avergonzados y con el alma desgarrada.

Salieron en silencio hacia el monte con la alegría íntima de haber sido derrotados por tan digno rival: El poder del espíritu.

"Nosotros pensamos que lo que sonaba era pólvora navideña. Pero cuando nos dimos cuenta que los guerrillos se nos habían metido, empezamos a tocar bien duro bambucos y cumbias y decidimos rodear a esos manes", recuerda Ricardo Cerón, integrante de la chirimía.

La rebelión pacífica de los campesinos e indígenas de Coconuco surgió espontáneamente, aunque sus pobladores aceptan que están siguiendo el ejemplo de los otros municipios caucanos.

Cuando anoche decidimos enfrentar a la guerrilla, nos dividimos en grupos, unos rodearon a los subversivos y otros nos fuimos a proteger a los policías para decirles que no les iba a pasar nada, porque estamos con ellos", dijo Dolly Valencia, una campesina que en medio del fuego cruzado, les llevó a los uniformados aguapanela caliente con pan, como gesto de solidaridad.

El agente Jesús Ortíz, comandante de la estación de Coconuco, quedó asombrado con la manera como el pueblo unido los rodeó y protegió, por primera vez en muchos años.

Publicado en el blog el 16 de junio de 2008