sábado, 24 de septiembre de 2016

EL ROSARIO EN CASA

Quiero compartir esta historia que muchos vivimos para que recordemos esos tiempos de nuestra niñez, y para presentársela a los que no la conocieron. 


Familia antioqueña rezando el rosario. Dibujo de Horacio Longas
Como olvidar ese tiempo en que sin falta rezábamos el santo rosario en la casa. Se hacía siempre esto a las seis de la tarde lloviera, tronara o relampagueara.
Antes de esa hora generalmente los niños estábamos en la calle haciendo nuestro trabajo, jugar. Las niñas jugaban a la cocinita con sus muñecas, y nosotros, los varones, casi siempre jugábamos fútbol, guerra libertada, pipo y cuarta, con bolitas de cristal. La vuelta a Colombia con tapas de gaseosa llenas de parafina para darles peso y posteriormente, siguiendo el respectivo turno, irlas empujando con el dedo pulgar por una carretera pintada en el suelo con tiza.

Jugábamos también “bate”, una especie de beisbol usando como bate un palo de escoba y como bola una pequeña pelota de letras. Lo más cercano a un dispositivo electrónico que en ese entonces muy pocos teníamos era la maquinita View-Master, con la que podíamos ver las fotos estereoscópicas que traían sus discos, Era de baquelita, ya que aún no se había inventado el plástico. Una maravilla que no requería pilas ni cables USB. La buena noticia es que todavía se consigue.

* Como dato curioso acabo de ver que ahora el precio oscila entre los $177.000 y los $309.000, tengo dos guardadas con varios discos que me costaron $20.000 cada una.

Y agárrense de la silla, la View-Master 65 aniversario se consigue por $508.300. otra buena noticia para los que tengan una view-master entre sus chécheres.

View-Master de baquelita con sus discos.

La golosa (Rayuela en otros países), era un juego unisex, para niñas y niños. En época de viento elevábamos las cometas (Papalotes), eso era muy emocionante.

Pero todo esto paraba de repente cuando empezábamos a escuchar las voces de todas las madres, que desde puertas, ventanas y balcones  gritaban:
- Luis… Pedro…. María… José… A rezar el rosario.
No había tutía, nadie eludía el llamado y solo se veían niños y niñas corriendo en todas direcciones. Ese era el mejor reloj que teníamos a esa hora, sin duda eran las seis de la tarde.

Al llegar a la sala, con el rostro sudoroso, ya mi mamá estaba acomodada en el sofá empuñando la camándula y mi padre medio con cara de aburrido a su lado bostezando. Mis hermanitos se habían acomodado, unos en el piso y otros alrededor de mamá, todos esperando el comienzo del  rosario.

- Los misterios que vamos a contemplar hoy son los gozosos. Decía mi madre. Y luego continuaba, Santa María madre de Dios….
Todos contestábamos medio adormilados: - Dios te salve María, el Señor es contigo…

Cuando terminábamos mi mamá nos mandaba a lavar las manos para ir al comedor a esperar a que la señora del servicio, que en ese tiempo se la decía sirvienta, nos trajera la comida. No miento, y lo digo a los que no vivieron esos años, que todos los días comíamos frisoles con coles, arroz, chicharrón, tajadas, papitas fritas, pero hechas en casa, aguacate y arepa. La sobremesa era leche con dulce de mora o brevas. A mí nunca me gustó la mazamorra, pero tampoco faltaba con un pedazo de dulce macho.

¿Creyeron que era todo?, pues no, diariamente poco antes de acostarnos se acostumbraba la merienda: Chocolate, arepa con mantequilla y quesito, si se atravesaba un pandequeso no se despreciaba.