lunes, 23 de marzo de 2020

LA MUERTE VIAJA EN ESCALERA

La muerte tenía veinte años cuando llegó al pueblo en un carro de escalera. Y no tenia guadaña, sino un machete que amolaba a su manera. Era el machete más filudo que habían visto en La Pradera. No era un esqueleto de negra túnica vestida; esta muerte era distinta, joven, melancólica y agorera.





Simón salió esa mañana del año cuarenta y cuatro a revisar sus cafetos luego de tomarse los tragos que le preparó su esposa. Apenas comenzaban a verse los destellos del sol que pronto saldrían sobre los verdes cerros del oriente. La neblina aún flotaba sobre el pastizal cuando tomó el camino que conducía a los cafetales.

Su hijo Jorgito resolvió seguirlo ese día, según él para ayudarle en sus tareas. Su padre se detuvo por un momento, y sonrió mientras le chantaba al niño su sombrero. Cuando llegaron al cultivo, Simón comenzó a retirar la mala hierva con su azadón, mientras Jorgito se internaba en los sembrados, comenzando a coger los granos más rojos, y echándolos en el sombrero.

Todo marchaba bien en esos parajes que ya se llenaban con los trinos de los sinsontes y los turpiales.

El silencio se rompió con el estruendo de una detonación. Jorgito corrió a buscar a su padre y antes de llegar al sitio, aterrado y escondido entre las ramas, pudo ver a su papá tirado en el piso con su camisa manchada con sangre; mientras un hombre lo remataba con otro balazo. 

El malvado miró hacia el sitio donde estaba el niño, pero no pudo verlo, pues este pudo contener el grito que se atoraba en su garganta.

Los años fueron pasando y Jorgito fue creciendo al lado de su amorosa madre. Con solo trece años era ya un muchacho alto y fornido que hacía los trabajos de la finca a las mil maravillas.

Pero ese grito aún seguía atorado, y el odio que sentía por el asesino, crecía día a día. por eso amolaba su machete hasta dejarlo como una navaja de afeitar. Ya sabía el nombre del infame, donde vivía y el motivo de su vil acto.

Resulta que el tipo quería, bajo amenazas, comprarle la finca a su padre por chichiguas. Ante tantas negativas se llenó de rabia y resolvió matarlo.

Ese grito quiere salir cada que recuerda esa triste mañana, pero sigue reprimiéndolo mientras lija su machete sobre la piedra de amolar. Toño Morales se llama el infame.

Averiguó por él. Dicen que desde ese día se fue del pueblo y vendió sus tierras. Pero ya tiene algunas pistas sobre su paradero.

Todos los domingos Jorge viaja en buses de escalera al pueblo vecino y recorre sus calles buscando entre el gentío al criminal. Han pasado veinte años desde el triste suceso, y paciencia es lo que le sobra. Él piensa que tarde o temprano se lo topará, para pasarle el filo del machete por la garganta.

Tenia Jorge veinte años cuando un domingo, desde el capacete del camión de escalera distinguió al objeto de su venganza. Se veía algo envejecido, peo sin duda era él. Se lanzó a la calle y corrió hasta alcanzarlo y cerrarle el camino. El hombre palideció, como  presintiendo que algo muy malo pasaba. Se dio vuelta e intentó huir, pero nada pudo hacer, pues el sol se reflejó un instante en el filo del machete que le rebanó la cabeza, 

En aquel pueblo aún recuerdan el grito feroz que se escuchó ese domingo.                             

 

domingo, 22 de marzo de 2020

PRECOGNICIÓN

Entretenimientos de cuarentena.


fotografía de una cocina caótica que se ha hecho viral en Facebook

Ahora nos enteramos de la cantidad de cosas que hay por hacer en una casa. En este tiempo de confinamiento decretado para desterrar al virus COVID-19, debemos colaborar y escoger entre tantas actividades, como barrer, trapear, sacudir, limpiar baños y persianas, cocinar, lavar los trastos sucios, regar el jardín, o ir de carreras a la tienda si se acaban el quesito o las arepas, exponiéndonos al contagio. 

Y la lista aún no termina para muchos, a los que se les agregará, bañar, cambiar pañales, entretener y atender a los niños. Entrar a las redes sociales y escribir en el blog es otra opción interesante.

La decisión era difícil en mi caso, pero al fin resolví  el asunto  al elegir las dos últimas alternativas. He aquí el resultado que espero les guste. Ahora, en verdad hay que sacar tiempo para todo, y hacer otras tareas de la casa.

Déjà vu, déjà vécu, Precognición, Médiumnidad.


Tendría 15 o 16 años cuando tuve una extraña experiencia que ahora no sé si llamarla déjà vu, déjà vécu, precognición o médiúmnidad. Pensándolo bien, el nombre del hecho en realidad  no importa mucho. 


Recuerdo aún el número: 340 62

Era un domingo en la mañana cuando desperté y no quise levantarme, pues no había colegio. 

Decidí quedarme en la cama otro "ratico" haciendo pereza, mientras escuchaba los agradables sonidos que llegaban desde la cocina. Oía el chirrido metálico de la máquina de moler, el batir acompasado del molinillo en la chocolatera; y los deliciosos aromas del cacao y de las arepas que se asaban. 

Escuchaba la conversación de mi madre y mi hermana cuando el timbre del viejo teléfono de pared sonó fuertemente. La curiosidad me invadió y puse especial interés para enterarme de quien sería esa llamada tan tempranera.

Mi hermana contestó y agucé mis oídos:

- Hola querida, ¿como estás, que hay de nuevo?
- ¿Cómo así?, ¿María Emilia se quebró un brazo?
- ¿Y como está?, bien, que bueno que ya está en casa. "Saludes" a todos. Esta tarde iremos a visitarla.
- Hasta luego.

Satisfecha mi curiosidad volví a dormirme por un rato. Un poco más tarde me levanté y fui directo a la cocina a preguntar sobre la novedad de la prima Maria Emilia. La respuesta que me dieron me hizo pensar que me estaban tomando el pelo.
- ¿Maria Emilia?, no sabemos nada de ella hace algún tiempo, seguramente soñaste eso.

En ese momento el viejo teléfono Ericsson negro volvió a timbrar; me quedé expectante mientras mi hermana lo atendía así:

- Hola querida, ¿como estás, que hay de nuevo?
- ¿Cómo así?, ¿María Emilia se quebró un brazo?
- ¿Y como está?, bien, que bueno que ya está en casa. Saludes a todos. Esta tarde iremos a visitarla.
- Hasta luego.

Mi hermana regresó a la cocina y nos quedamos pasmados sin entender lo que había pasado.

domingo, 15 de marzo de 2020

UN ADIOS AL TEATRO JUNÍN

Se vende la mejor esquina de Medellín. 1964


A los medellinenses no les dolió la desaparición del edificio Gonzalo Mejía; a lo mejor a algunos músicos, arquitectos, poetas, locutores, gente que todavía hoy es minoría. La nostalgia vino después con las generaciones posteriores, las redes sociales, la idealización.

No son elogios a la nostalgia, la idea es hacer un cuestionamiento a qué se va y qué se queda en esta ciudad; una ciudad donde hace tiempo no hay espacio para construir, y por nuestro espíritu, de la industria y la plata, lo primero que se va es lo más antiguo, el patrimonio, sin entender que todo lo antiguo sea patrimonial.

Un jueves de abril de 1964 los medellinenses leyeron la noticia en El Correo:

- Doctor, ¿es cierto que el viejo Teatro Junín va a ser vendido en remate?

- El lote donde está el Teatro Junín, el Hotel Europa y otros establecimientos comerciales pertenece a la denominada Comunidad del Junín, explicaba Alberto Isaza, abogado. Algunos de los comuneros no quisieron continuar en la indivisión y solicitaron a esta oficina procediera liquidar oficialmente. Como esta comunidad no es susceptible de dividirla materialmente, pedimos al señor juez 19 civil del circuito la división por venta”.

Según la nota de prensa, los peritos Paulino Londoño y Bernardo Penagos avaluaron la propiedad en 8.281.298 pesos.

Esa es otra característica del antioqueño: le encanta demoler para después comprar nostalgias.

A mediados de los cincuenta “moscas de todos los colores” llegaron a Medellín. El sueño burgués de un solo tipo de gente, de cine y de música empezó a extinguirse. Aparecieron los ídolos musicales, la radio, el fútbol y surgieron los otros. La violencia bipartidista y los años dorados de la industria textil fueron las dos caras de una moneda llamada explosión demográfica y la élite medellinense abandonó el centro de la ciudad.

El Junín se convirtió en un teatro popular, con pulgas y trifulcas, en reinados de belleza al que ni los hermanos Doménico pudieron salvar. El Hotel Europa había desaparecido de las noticias de prensa, casi con la misma construcción del Nutibara.

- El teatro no duró ni cuarenta años, dice Agudelo mientras vigila a Apolo, su perro: - El edificio estaba en ruinas, pero eso tiene otro problema: ¿por qué una ciudad no lucha por conservar su teatro más importante? 

Demolición del Edificio Gonzalo Mejía. Foto de Digar, 1968.

La demolición del Hotel Europa fue una cosa tristísima: "los obreros apostaban a ver quién rompía más vitrales; unos vitrales, suntuosos, traídos desde Europa".

- Yo digo que ya deberían estar demoliendo el Coltejer. La afirmación un arquitecto en ese entonces parece temeraria, pero tiene su explicación: La casa de Los Jaramillo, que estuvo antes en esa esquina, había sido levantada en 1880 y fue demolida antes de 1920; y el Gonzalo Mejía, ese edificio imponente, fue construido en el 24 y demolido en el 68. Medellín antes tiene algo de memoria, antes no se ha autodestruido.
Fuente: Centro de Medellín. Mapa ilustrado.


Teatro Junín. Digar, 1964

Si hubieran existido la internet y las redes sociales en ese tiempo, seguramente otro sería el cuento. 

Era muy poco lo que los ciudadanos de a pie podíamos hacer entonces. Estuve el la última función que hicieron en el teatro Junín como despedida. Con aforo completo, hubo, tríos musicales, bailarines, magos y otros artistas, Fue una presentación muy regularcita y larga; tanto que me retiré por literal agotamiento. 

Pero fue bueno despedirse del querido y hermoso teatro Junín.

La demolición comenzó en el año 1968, y cuando uno pasaba y veía esto, era impresionante. Solo quedó un gran agujero que hicieron, según decían, para anclar un sistema de deslizadores en los que irían las bases del rascacielos que levantarían allí.

Edificio Coltejer. Juan Fernando Ospina


miércoles, 11 de marzo de 2020

TEATROS DE MI BARRIO

Teatro Santander.
Fundado en 1940.

Calle San Juan con carrera 88

En el año de 1940 la fracción del barrio La América tuvo un gran desarrollo. La carretera que la unía con "Medellín", fue arborizada y comenzó a llenarse de casas. Las calles del Barrio Cristóbal fueron pavimentadas con un costo de seis mil novecientos ochenta pesos, (6.185 metros asfaltados). y contaba con alcantarillado.

Cine Colombia en este mismo año construyó el Teatro Santander, con capacidad para 1.500 personas. 

Con el paso del tiempo se fue especializando en cierta clase de público. El Santander quedaba en la entrada del barrio Cristóbal, y se fue convirtiendo en el cine popular por excelencia, en donde sus clientes más fieles eran los estudiantes del liceo Salazar y Herrera fugados de sus labores escolares. 

Ellos armaban un despelote en el "gallinero" (Balcón del teatro), fumaban cigarrillo y arrojaban pepas de mango, escupas y mamoncillo a los espectadores. 

En cierta ocasión, en la que yo estaba, prendieron las luces mientras el padre Damián Ramírez, rector del Liceo Salazar y Herrera, entró al teatro y sacó a todos los alumnos que estaban "capando clase". Los llevó entonces en fila india hasta el colegio. Ahora funciona allí un depósito de materiales.

EL TERREMOTO

Estando aún muy pequeño, mis hermanos me llevaron a ver una película al teatro Santander que quedaba cerca de nuestra casa. Todo marchaba bien y disfrutábamos comiendo crispetas cuando las sillas comenzaron a moverse y se sentían ruidos en el techo. Todos salieron corriendo en la oscuridad de la sala saltando sobre los asientos en medio de una gran algarabía, mientras la película seguía proyectándose en la inmensa pantalla.

Comenzaron a caer pedazos del cielorraso, y por los boquetes que quedaros penetró la luz del sol formando columnas de luz amarillentas en el polvo que invadió el sitio. Quedé solo en medio de la penumbra cuando la tierra se aquietó, sin entender que había pasado. 

Entonces sentí que mi hermana, que había regresado, me jalaba fuertemente de la mano para sacarme del lugar. 
Al llegar a casa supe que había sentido el primer terremoto de mi vida.

LAS VISTAS



En mis tiempos escolares estaban de moda "las vistas", que eran los fotogramas de las cintas de las películas. Como las cintas eran de celuloide, a veces se reventaban o hasta se quemaban en el proyector, interrumpiendo la película. El operador tenía que arreglar el entuerto en el menor tiempo posible ante la protesta de los asistentes que le gritaban en medio de la silbatina: "Operador, soltá al muchacho"...

Los recortes de cinta inicialmente iban al cesto de la basura, pero al terminar la función el proyeccionista del teatro Santander nos vendía o hasta regalaba los pedazos de película. 

Entonces corría a casa para recortar los fotogramas para clasificarlos y ordenarlos según el tema que mostraran. Los que contenían la presentación del film, los protagonistas, paisajes, los cuadros, que eran las que mostraban las imágenes más bonitas. Los que presentaban el nombre de la película y el The End final, eran muy valiosos; y las vistas deterioradas o que no mostraban algo interesante, eran llamadas: "reques".

Pero el caramelo escaso eran las vistas que mostraban el beso que siempre se daban al final de la película. El que tuviera esta vista la podía intercambiar por varias que considerábamos de menor valor; y éramos expertos en el tema.

Teníamos un cuaderno destinado para guardar nuestra colección. Con una cuchilla hacíamos cuatro pequeñas muescas para empotrar cada vista, por categorías, como dije antes.

Los más avezados construíamos un proyector con una caja de cartón, un bombillo y una buena lupa. Si quedaba bien hecho, obteníamos una proyección de calidad muy aceptable que atraía una buena audiencia. Nos divertimos mucho con ese pasatiempo.

Lamentablemente al llegar la adultez cambiamos nuestro gustos, y el álbum quedó en el olvido. Al recordar esto me doy cuenta que añoro mi bello cuaderno y mis hermosas vistas.

domingo, 8 de marzo de 2020

EL BOBO DEL PUEBLO

En todos los pueblos de Antioquia se cuentan historias de "bobos", que dejaron su huella indeleble con sus divertidos dichos y ocurrencias. Muchos de ellos vivieron en Medellín; cuando era un pueblo grande.

Iré recopilando estas historias, de las cuales algunas surgen de las que he oído o leído, y que me parecen que se deben preservar para que las generaciones más jóvenes y las venideras las conozcan.

MARAÑAS


Fotografiado por Benjamín De La Calle en 1906

Foto de Nemesio Mejía Montoya, Marañas en sus 34 años.

El nacimiento de un dicho y una regla de prudencia al tomar decisiones.

Lo oí por ahí.

Dicen que Marañas iba por la calle cuando lo llamó una señora por la ventana: - 
Vení Marañas, entráte a mi cocina que te voy a dar un regalo muy bueno. Marañas entró con recelo y la doña le empacó en una totuma grande un poco de arequipe. (Resulta que la señora había visto que una cucaracha había caído en la olla) No era pues cierta su generosidad.

Marañas rechazó el regalo, y la señora extrañada le preguntó: 
- ¿Por qué no querés el arequipe Marañas? Si yo sé que te gusta tanto. Marañas le respondió: 
- "Muchas gracias mi doña, es que de eso tan bueno no dan tanto".
De bobo no tenía un pelo.

De Marañas, tanto hay para decir. Patisucio, gago y desgarbado, con su sombrero alón, una jíquera llena de herraduras, ruana en hilachas como el pantalón y niguas a granel, para mucha gente no era tan loco ni tan bobo como aparentaba sino el sujeto astuto y cauteloso, chistoso además y mal hablado en ocasiones. 

Envigadeño, sin dejar de ser estúpido hacía gala de ser talentoso y genial, se recuerda de él que era su especialidad recoger las herraduras que se soltaban de los cascos de las bestias para venderlas a los mismo dueños de éstas o a los herreros”. 
(Octavio Vásquez Uribe en su libro “Guayaquil por dentro”).




La noche que encendieron el primer alumbrado público en Medellín, había luna llena. Al iluminarse todo el parque, Marañas miró la luna y gritó esto a todo pulmón: 
- "Te jodites luna, andáte a alumbrar a los pueblos".


El día de la inauguración del alumbrado público fue el día 7 de julio de 1898 a las siete de la noche. se prendieron las primeras 150 bombillas de arco en el parque de Berrío.


“En cierta ocasión le preguntó un riquito de Palacé si tenía novia y pensaba casarse y le contestó: 
- “Ni que yo fuera bobo, pa’ qué novia y pa’ que mujer si con yo mismo tengo.”

Nemesio Mejía Montoya, más conocido como “Marañas” es junto con Cosiaca, otro legendario personaje de la picaresca paisa. Contemporáneo de Cosiaca (siglos XIX y XX. Cosiaca murió muy anciano en Medellín en 1910), quizá hasta se pudieron haber "topao" en algún paraje o camino antioqueño, el uno sin tener noción del otro, Marañas nació en 1872 en Itagüí Antioquia.

Este famoso personaje antioqueño llenó con sus dichos y ocurrencias la picaresca del siglo XIX y principios del XX. De ropas viejas y raídas, a pie limpio y con jíquera terciada en lugar de carriel.

Hombre de corta estatura, piel morena, cargado de espalda en su vejez, gago y sucio, tan sucio que tal vez no conoció más agua en su vida que la del bautismo, aunque paradójicamente sentía una enfermiza afición por los perfumes. Era analfabeta y le dio por vivir como un patojo desgreñado recorriendo a pie los caminos detrás de las recuas de mulas para recoger herraduras, las que vendía en las fraguas.

Andaba de un sitio para otro bien acogido y celebrado por la gente. Era señalado como “el bobo del pueblo” más característico de su tiempo. Todos lo querían y le daban para vivir. Por habitación tenía un arruinado trapiche a orillas del río Medellín, a donde llegaba de noche, pasado de copas que la simpatía general le brindaba, a dormir “la mona” al arrullo del mismo “Aburrá” (que así se conocía también en aquella época el río Medellín). Nunca trabajó porque, según decía, “el hombre es de barro y se rompe fácilmente”.

Se dice que don Tomás Carrasquilla (1858, Santo Domingo Antioquia – 1940, Medellín Antioquia) pudo conocerlo personalmente, y fue tanto el cariño y aprecio que le tuvo, que se inspiró en él para crear el personaje de Peralta en el cuento “En la diestra de Dios Padre”.

Cosiaca no fue el único avispado que logró vivir de la caridad en la antigua Medellín. Sus ocurrencias convivieron con aquel muchachote que a su paso largaba una estrepitosa carcajada que con frecuencia hizo avergonzar a la élite local. Con dotes de bobo y filósofo Marañas demostró tener la inteligencia suficiente para comprender su realidad. Durante la crisis económica producida por la guerra civil de los mil días aquel sabio vagabundo argumentó que no había crisis alguna, ya que no desaparecieron ni ricos ni tampoco los pobres. Algunos de los primeros cambiaron los puestos con algunos de los segundos. No más. Así transcurrió su vida, tranquila y feliz.


MAJIJA


José Antonio Ramírez, Majija.
Fotógrafo: Gabriel Carvajal Pérez. 1957
Majija ¿quién es bobo de tu casa?: 
- "el bobo de mi casa es mi hermano, que es el que trabaja".

De Majija se recuerda entre muchas, esta anécdota:

Estaba en los años cincuenta un señor, llamado Alfredo, haciendo “cola” para ingresar al cine con su novia y se le acercó Majija a pedirle una limosna, mi tío sacó de su monedero un billetico de los de 50 centavos, los que llamábamos “Lleritas”. Ante tal generosidad la expresión del “bobo” de Majija fue precisa: 
- “¡Ah, vos tan bobo, con cinco centavos hubieras quedado bien!”. Los personajes no eran pues tan bobos o tontos.

Fue el bobo de la época moderna, amigo del cine, los deportes y hasta de la televisión. Su indumentaria hecha de remiendos necesarios, urgentes y necesarios al principio, estuvo finalmente lleno de "remiendos" en colores vivos, bien definidos para llamar la atención. Usaba un sombrero de copa alta y de anchas alas; estilo mejicano, que sobresale entre la concurrencia de la calle Junín. Allí en la tarde entre la concurrencia de pipiolos ociosos, conocidos como "Los titinos", le hace la corte a las niñas que transitan. 

Gozó Majija de gran simpatía. Alguna vez alguien le dijo que lo estaban buscando para actuar en una película de cine, pero él contestó que no dejaba su vida en la calle Junín por ninguna plata. En alguna ocasión que viajó a Bogotá, de donde regresó a los pocos días; le preguntaron la causa de su rápido regreso, dijo que en Bogotá  la profesión estaba muy desgraciada, pues había mucha competencia.


Una vez un médico se ofreció a operarlo gratis de la nariz y curarle la tartamudez. pero Majija le respondió: - ¿Y entonces que hago yo con mi profesión dotor? Suponía que sin esos atributos perdería su personalidad y de la simpatía de la que gozaba; y de su bobada, que explotaba con la fuerza y cálculo de un antioqueño de tuerca y tornillo.

Estuvo varias veces en el Club Unión como invitado especial, vestido de smoking, donde se paseaba por los lujosos salones disfrutando los platos y vinos de los ricachones de la ciudad y divirtiendo a los presentes con sus ocurrencias.

Estaba Majija en una reunión en el Club Unión, vestido de frac y descalzo. Cuando un rico bogotano que no lo conocía, preguntó quién era ese exótico personaje, a lo que un paisa le contestó:
- Es un bobo que siempre traemos a las fiestas, venga mire como es de bobo. El paisa saca un billete de 10 pesos, uno de 5 y otro un peso y le dijo a Majija: 
-  Escoja un billete. y el bobo escoge el de uno. El rolo no se quedó con la intriga y le dice a Majija, que por qué escoge el de peso, si los otros valen más. Majija responde: 
- Ah, vos si sos bobo, si escojo el de peso, no me vuelven a preguntar.

Majija se sirvió a las mil maravillas de su profesión de tonto aparente. No trabajaba, se emborrachaba sin pagar y comía hasta hartarse por igual y cómodo sistema. 
Fuente: Libro "Moscas de todos los colores" de Jorge Mario Betancur Gómez.
Editorial Universidad de Antioquia.

A Majija lo acusaban de ser “jujujú”, o sea de mirar con ojos golosos a los muchachos, cosa que lo sacaba de quicio. Fue el frenillo de su labio leporino el que lo hizo acreedor al apodo, cuando algún guasón al verlo pasar por la calle le gritó: “¡Maricaaaaaa!”, y él contestó: “¿Majija io? Maj majija ej ujté. ¡Majijaaaaa!”. 

Ahí le quedó el apodo como un sombrero, y nunca más volvió a quitárselo de la cabeza. No sabía yo que él hubiera estado en México y participado en la filmación de alguna película, seguramente como extra. 

No sería raro, puesto que no solo se dice que él era de una familia adinerada de Sonsón, sino que sus extravagancias eran patrocinadas por la alta sociedad de Medellín que lo había adoptado como bufón oficial en sus tertulias del Club Unión y en ceremonias de fuste, para lo cual le alquilaban un traje de etiqueta de cola de pato como decir frac, levita, sacoleva, smoking, y sombrero de chistera; o lo que estuviera estipulado para la respectiva ceremonia de corbata negra, que decían. 

Los caballeros iban con calzado encharolado de impecable brillo, pero Majija usaba la indumentaria descalzo, porque decía que los zapatos lo maltrataban. Cuando no vestía de etiqueta, algunos lo recuerdan vestido de arriero antioqueño con un poncho doblado a lo largo que colgaba del hombro izquierdo como una estola, y con una paruma o delantal de tela gruesa por delante que colgaba de la cintura a las rodillas.



Majija murió en Medellín el 19 de mayo de 1973.


MASATO




Manuel José Jaramillo Quiceno, personaje antioqueño de Titiribí. Dueño de cierto grado de conocimientos como autodidacta, posaba de “filósofo” ante la masa ignorante. Una de sus expresiones de esa índole era la siguiente:

- "¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?" Y al instante contestaba como un maestro: 
_ "El nido”. 

En la plaza de mercado de Guayaquil o de Cisneros, tuvo un espacio comercial o cómoda con un aviso que rezaba: "El Tonel de Diógenes”, desde donde esparcía su sabiduría popular.

El Tonel de Diógenes: "Antro de sabiduría para el bien de la humanidad. Yo estoy aquí y el huevo nació parao".  Aseguró hasta el cansancio que el poema Anarkos se lo había robado Guillermo Valencia. Gracias a Liliana Jiménez por brindarnos estos nuevos datos.

Esto contó el periodista Gildardo García Monsalve en una entrevista:

- "Donde viví experiencias inolvidables fue en el café Madrid. Allá si hubo anécdotas: ¿Has oído hablar de Masato?, él tenía una venta de sirope en Guayaquil, tenía un barril grande con Diógenes y se le había metido en la cabeza que la poesía de Guillermo Valencia se la habían robado a él. 

Este tipo hablaba de los griegos, era un hombre gordo que una vez entró al café Madrid vendiendo tinto; él siempre iba por que le dábamos pesitos; una vez llegó jodiendo bastante y llegó un policía para retirarlo y él no se quería ir. Hasta que el agente lo sacó. Masato se volteó y le dijo: 
- ¿Hijo de puta, ¿no te das cuenta que estás sacudiendo a Grecia?.


CUSTODIO. 

Por Guayaquil se pasaba este hombre que fue sacristán en la Iglesia de La Veracruz; hasta que el padre Henao lo sorprendió robando  las limosnas que dejaban los fieles. Desde entonces anduvo por la Plaza de Cisneros cantando esta tonadilla:

Custodio cantaba así: 

"Y de la iglesia me echaron
dizque porque era ladrón;
calumniadores malditos
que Dios no les dé perdón".

Los ladrones brotaron por miles durante este período en Medellín, a pesar del sino de tragedia que rodeó a los amantes de lo ajeno y de la persecución estrecha y vigilante de las autoridades."No hurtar" predicaban obispos y sacerdotes. Con persistencia condenaron la violación del séptimo mandamiento.
Fuente: Libro "Moscas de todos los colores" de Jorge Mario Betancur Gómez.
Editorial Universidad de Antioquia.



COSAS DE GUAYAQUIL.

Corría el año del no me acuerdo cuando en la antigua Plaza de Cisneros, sitio que hoy ocupa un monumento a las jeringas y en honor a la penicilina que en ese entorno se usó para combatir la blenorragia, un puesto de comerciante de verduras tuvo como dueño a un admirador de la trova. 
Fiel a su gusto se leía en una cartulina bien cuidada la siguiente:

“Bendito sea Noé
que le dio la cresta al gallo
goligotico al caballo, 
y pico al diostedé. 
A la mujer le dio por dónde 
y al hombre le dio con qué.”
Autor: Jaime Jaramillo Panesso



LA MUÑECA MODERNA


Foto de Jairo Betancur Álvarez

”La Muñeca”, apodo de María Ortega, oriunda de Jardín (Ant.), que enloqueció a raíz de la muerte de su esposo.

Llegó a Medellín y se hizo célebre por los vestidos mañés y vistosos y por sus escándalos amorosos. Jorge Negrete, el actor y cantante mexicano, su héroe y amante platónico. Luego lo cambió por el General Gustavo Rojas Pinilla. 
Así le cantó Jorge Robledo Ortiz:

“La ancianita vencida se murió sin reproche
mientras en las canecas recogía la noche”. 


LA PIRAGUA

Fue célebre “La Piragua”, una graciosa y vulgar loquita del centro, cuya diversión favorita era agarrarle los genitales a los hombres que se atravesaban a su paso, mientras emitía una sonora carcajada de bruja. Dice la leyenda que este personaje tenía dos hijas profesionales que estudiaron en el exterior en medio del lujo y la comodidad. 

Cuentan que un día, ya cincuentona,  de minifalda y escote, greñuda y mueca, entró a la alcaldía de Medellín y recitó su programa de gobierno y gritó con certeza: 
-"¡Yo soy la alcaldesa!".

Antes de que la callaran y la sacaran a la fuerza, la verdadera alcaldesa salió de su despacho, sonrió y exhortó a los policías para que no le derrocaran la ilusión ni le dieran un golpe al estado de ánimo que proclamaba con tanta efusión. 
-Suéltenla que no nos está haciendo daño.


Era La Piragua, famosa en el parque de Berrío, donde perseguía a los funcionarios para tocarles sus partes íntimas. Justo un día cambió su repertorio de bromas y, en vez de agarrar las nalgas y echar piropos, alzó su voz con decoro y declamó un discurso jocoso inspirado en la primera mujer de la historia de Medellín que había llegado a la alcaldía, Sofía Medina de López Villa.


COSIACA


Cosiaca. Foto de Melitón Rodríguez. 1898

Este personaje si duda es el que más historias ha aportado al país Paisa. Desde nuestra infancia los abuelos y muchachas del servicio nos contaros las aventuras de este hombre, que se las ingeniaba para conseguir bebidas y comida sin pagar un peso. Aventurero y parrandero, andaba de pueblo en pueblo, y de fiesta en fiesta.

José García, ese era su nombre,  no era precisamente como se le conocía. Cosiaca es el nombre con que todos recuerdan a este popular personaje del siglo XIX y principios del XX. Para ningún antioqueño es desconocido Cosiaca, un simple vagabundo que deambuló por las calles de Medellín y algunos municipios de Antioquia y que se hizo popular por las ocurrencias con que siempre contestaba, a veces divertidas y otras vulgares.

No se precisa el lugar donde nació, unos dicen que en Envigado, otros, que en Heliconia o Jericó. Tampoco se conoce su fecha de nacimiento. Su fama la hizo debido a su forma de ser y de responder a lo que le dijera la gente. 

Alrededor de Cosiaca giran muchas historias que lo han mitificado. Sus cuentos son muy conocidos y no hay testamento del paisa que no los cite. Murió muy anciano en 1910 en la casa de los pobres, donde lo atendieron las religiosas.


Cosiaca en el ancianato
Cuenta Javier María en la revista La Hoja de Medellín, que como último deseo antes de morir, una monjita le preguntó a Cosiaca que si quería alguna cosa o alguna petición. Cosiaca le pidió que le llevara un médico y un abogado. Cuando llegaron los dos personajes al asilo, los hizo sentar cada uno al lado de la cama, pero Cosiaca permaneció en silencio. Ante la tensión del cuarto, la monja le preguntó que para qué los había hecho llamar y él contestó: “como yo me estoy muriendo, quiero que sea como Jesuscristo, en medio de dos ladrones”.
Fuente; Foto y parte del texto: Biblioteca Pública Piloto de Medellín.


En Heliconia Antioquia, entra Cosiaca a un restaurante y pidió que le sirvieran un almuerzo como se lo daban en la casa, cuando terminó de almorzar, salió del restaurante sin pagar la cuenta, cuando el dueño del restaurante fue trás él y le dijo enojado que le pagara la cuenta. Cosiaca respondió: 
- Señor yo le pedí que me diera un almuerzo como me lo daban en mi casa y bueno en mi casa no me cobran”; y se fue dejando al dueño del restaurante sin palabras.

Cosiaca tenía la costumbre de meterse en el confesionario de la iglesia de Heliconia, todas las viejitas se empezaban a confesar tranquilamente, pensando obviamente que era el sacerdote de la iglesia, en cualquier momento Cosiaca salía del confesionario y a las viejitas solo les quedaba insultarlo, pero él ya se les sabía los pecados.

Una noche se fue a merendar a un restaurante;
– Vea, señora: sírvame un chocolatito.
– Sí, señor, Demás.
– Pero en una tacita grandecita y bien parviao.
– Sí, señor.

Entonces Cosiaca se sentó en una fonda a beber  chocolate y a comer. Y así que ya terminaba, sacó del bolsillo unas cucarachas que había lleva’o y las echó en la taza, con harto disimulo y comienza a gritar de esta manera:
– ¡Gas!; virgen ¡gas!

Y haciendo arqueadas. Haciendo arqueadas.
– ¿Qué le pasó, señor? ¿Qué le pasó?
– ¿Qué clase de fonda es ésta? ¡Gas! ¡Auf! Vea las cucarachas que me encontré. ¡Gas!
– Haga silencio, señor – Suplicaba la señora -¡Calle la boca! ¡Mire que está mirando todo el mundo!
– ¡Gas! ¡Gas!
– Ay, señor. Mire; bien pueda váyase y no le cobro la merienda.

Y Cosiaca, que esto ero lo que esperaba s lió satisfecho. Comió y merendó y nada le costó.

Oí una historia que ocurrió en Medellín. Resulta que el párroco de la Iglesia de La Candelaria le prestó una piecita que había en el fondo del templo. Cosiaca dizque cogió la costumbre de sacar al atrio los calzoncillos mientras se secaban.

La gente cuando pasaba comenzaba a gritarle:
-- Cosica, cochino... cochino.
Entonce el se embejucaba y les descargaba madrazos.


EL BOBO DEL PUEBLO

Cañasgordas es un pueblo situado en el occidente de Antioquia. Tuve la suerte de cursar mi primero de bachillerato allí, y por eso pude conocer las costumbres, palabras y paisajes de esta bella tierra paisa. En ese tiempo había varios personajes, de esos que llamábamos los bobos del pueblo. Recuerdo a La Chamaca, Tuco, La Yipeta y Pun.


LA CHAMACA

La Chamaca era una mujer ya entrada en años que recorría las calles podiendo limosna y cargando montones de trapos viejos. Vivía en una diminuta piecita que le prestaban en el teatro El Dorado. Aunque su aspecto causaba miedo, era respetuosa y nunca la vi haciendo nada indebido.


LA YIPETA

La Yipeta era un hombre delgado y de baja estatura, pero con una fuerza descomunal. Se ganaba la vida haciendo acarreos con una silleta en las espaldas, que ceñía en su frente. Lo vi cargando cosas tan pesadas como muebles, neveras y materiales de construcción. Aunque no parecía loco ni bobo, a simple vista su aspecto desarreglado podía confundirnos.


TUCO


Tuco, era ya un hombre muy anciano que
vendía el periódico El Correo. Vestía un traje deshilachado, y un sombrero raído. Tenía grandes ojeras y andaba descalzo. Su aspecto se me asemeja mucho al del personaje Suso el Paspi. No sé si Dany Alejandro Hoyos se inspiró en Tuco, o fue pura casualidad.


PUN

Pun era el tío de mi cuñado. Integrante de una familia Marinilla muy distinguida en el pueblo. Seguramente tenía algún problema mental. Andaba bien vestido y su aspecto no revelaba que tuviera alguna afección.

Aún no entiendo porqué algunas personas gozaban molestando a personas con alguna discapacidad; y esto era lo que pasaba con Pun.

Pun era un hombre calmado, calmado hasta que alguien le indilgara su apodo. Nunca había visto a alguien tan bravo. Cierta vez un chistoso apostó con un amigo a que le decía tres veces Pun a Pun, en su propia cara, sin que este se enojara. 

Acordado esto, todos salieron a buscarlo, hallándolo en la calle Santander, cerca de donde vivía. Los curiosos se fueron acomodando en las aceras y en los balcones hasta que el apostador se le acercó discretamente y comenzó a decirle en voz alta: 

- Imagínese que ayer tuvimos una fiestota... pum lo miraba calmado y curioso, interesado en la historia.

- Entonces... (continuó el hombre) sacamos la pólvora y repartimos voladores... pun se veía ciertamente interesado y la asistencia contenía el aliento, porque si pun se emberracaba los agarraba a
todos a piedra. 

- Que si vieras que voladores tan buenos de tres tacos, yo prendí con cuidado la mecha del mío y voló zumbando así: 

- ZZZZ. El loquito asustado se le alejó un poquito y luego recogiendo una piedrota se le acercó amenazante al tiempo que le decía:

- ESTALLÁ GRAN H.P. estallá y verás...

sábado, 7 de marzo de 2020

FOTOCUENTOS

Inicio aquí una serie de cuentos cortos adaptados a imágenes afines que iré editando y trayendo a esta entrada. Trataré de que la mayoría sean de mi autoría, aunque a veces encuentro algunos muy buenos que adaptaré a este formato; dándoles el respectivo crédito a sus creadores. De no saberlo, los pondré como anónimos  hasta que alguien nos aporte el nombre de su autor. Para agrandar la imagen, haga click sobre ella.

Fotocuento: ¿Pesadilla?
Autor: Darío Zapata Restrepo, "Danubio".





Fotocuento: Catalepsia.
Autor: D.Z.R. "Danubio"





Fotocuento: El monstruo en el bosque.
Autor: Juan Andrés Velásquez.
Tiene solo 9 años, vive en La Estrella, Antioquia y fue ganador en un concurso de cuentos en Medellín. "Medellín en 100 Palabras”
Es un concurso de cuentos breves que invita a escribir sobre la vida en Medellín en un máximo de 100 palabras, y que en 2019 celebró su segunda versión en la capital antioqueña por iniciativa de la Caja de Compensación Familiar de Antioquia, Comfama; con el respaldo de la Fundación Plagio de Chile.
Este es el cuento ganador categoría infantil. Me pareció excelente, por eso hice este fotocuento.






Fotocuento: La novia ausente.
Autor: Anónimo.





Fotocuento: El niño en el armario.
Autor: Abydonkor.





Fotocuento: La bruja.
Autor: D.Z.R. "Danubio"





Fotocuento: Debajo de la cama 
Autor: Zaith Ismael.
(Del blog: Historias de terror muy cortas.)



viernes, 6 de marzo de 2020

Manuel Uribe Ángel y la contaminación atmósferica de Medellín

La inversión térmica y Don Manuel Uribe Ángel.

No hay pico y placa que valga, este es un fenómeno recurrente que se presenta en Medellín dos veces al año. El mejoramiento de los combustibles que ahora nos suministran, muy bajos en plomo, azufre y otros componentes dañinos, si han incidido en el mejoramiento de la calidad del aire de la ciudad.

Otra solución, que está en mora, y que todos esperamos, es la construcción de nuevos puentes sobre el río; y vías que conecten el oriente con el occidente; que permitirían un flujo constante de los automotores. La solución pues, no es desmotivar el uso de automóviles, y más bien agilizar su desplazamiento y evitar los atascos. Igualmente ampliar las autopistas y eliminar los semáforos.

Manuel Uribe Ángel (1822-1904)

Ya en 1885, Don Manuel Uribe Ángel, en su “Geografía general y compendio histórico del Estado de Antioquia en Colombia” hacía una descripción del fenómeno. Se lee:

“Con bastante frecuencia la tierra despide copiosos vapores de agua, sobre todo durante las noches y las mañanas, y esto especialmente en los terrenos bajos, húmedos, cubiertos de bosques y atravesados por ríos y torrentes. Esos vapores se elevan pesadamente, se extienden por las llanuras, coronan las cordilleras, giran luego en diferentes direcciones de la atmósfera y causan una opacidad transitoria, hasta que bien pronto son disueltos por los rayos ardientes de un sol tropical” 

Geografóa General del Estado de Antioquia de Manuel Uribe Ángel 1885.

“Con harta frecuencia, la lluvia viene acompañada de fuertes huracanes y borrascas, ocasionados por la perturbación del equilibrio en el aire embarazado en sus movimientos por los altos muros de cordilleras que lo encierran”

“Los meses de lluvia en Antioquia principian a mediados de marzo y terminan a mediados de junio, para comenzar luego hacia la mitad de septiembre y acabar en los primeros días de diciembre; pero esta regla está sujeta a numerosas variaciones, pues con frecuencia se invierten los tiempos, volviéndose lluviosos los días de verano, y viceversa. 


A veces el año es húmedo en su mayor parte, y en ocasiones notable por su excesiva sequedad. Muchos de los viejos habitantes del país creen haber observado, y aún lo afirman por la tradición de sus mayores, que los tiempos de lluvia abundante y de gran sequedad están divididos por períodos casi fijos de siete a ocho años. Nos parece que tienen razón”.

Las citas son tomadas de la edición de la obra “Geografía general del Estado de Antioquia en Colombia” de Don Manuel publicada en 1985 por la Gobernación de Antioquia en la colección Autores Antioqueños. 
Fuente: /Blog Palponiente de Luis Guillermo Vélez.)Álvarez.

Datos muy interesantes.


Vista aérea del valle de Aburrá. (Créditos al autor)

"La capital antioqueña está ubicada en un valle profundo y estrecho con una zona de apenas 1.000 metros de diferencia entre el punto más bajo y el más alto, en la cúspide de las montañas laterales. Además, las distancias entre las laderas orientales y occidentales no superan los 20 kilómetros, y en algunos sectores tiene escasos 10 kilómetros e incluso menos.

Este hecho provoca que el viento tome diversas rutas y que la aparición de la inversión térmica (más frío abajo y más calor arriba) dificulte la circulación del aire. Es como si el Valle tuviera una tapa que no lo deja respirar; como consecuencia la contaminación queda atrapada por más tiempo del normal.

“Se forma una atmósfera quieta que acarrea problemas en ambientes urbanos, pues los contaminantes se acumulan a ras de piso. Los registros de la Red de Monitoreo del Aire (Redaire) muestran que la concentración llega a un pico entre 8:00 y 9:30 a.m.”, explicó Andrés Ochoa, investigador de la Facultad de Minas de la UN en Medellín. A esa hora coincide la ocurrencia de la inversión térmica y un pico en la emisión de contaminantes, perjudicando la salud de casi cuatro millones de habitantes.
(Fuente: Agencia de noticias Universidad Nacional Medellín.)

Lecturas afines: Contaminación en Medellin parte 1 
Contaminación en Medellín parte 2
Contaminación en Medellín parte 3
Agradezco a mi amigo  Alberto Villegas Botero, que tuvo la gentileza de obsequiarme el libro de Don Manuel Uribe Ángel.

domingo, 1 de marzo de 2020

ASTROPUERTA MARZO DE 2020



Hola:

He preparado un portafolio con algunas de mis conferencias con diversos temas asociados a la astronomía. Pueden verlo en:

astropuerta conferencias

Enseguida los eventos del mes.

Saludos cordiales.

Germán Puerta

astropuerta
cel 315-3473859 
Instagram Twitter: astropuerta
Fbook: Germán Puerta Restrepo

1. Principales eventos celestes de Marzo 2020

Lunes 2 – Luna en cuarto creciente
Lunes 9 – Luna llena
Lunes 16 – Luna en cuarto menguante
Miércoles 18 – Conjunción de la Luna, Marte y Júpiter
Miércoles 18 – Ocultación de Marte por la Luna visible en la Antártida y el sur de Suramérica
Jueves 20 – Conjunción de la Luna y Saturno
Miércoles 20 – Equinoccio
Miércoles 20 – Conjunción de Marte y Júpiter
Martes 24 – Luna nueva
Martes 24 – Elongación máxima Oeste de Mercurio
Martes 24 – Elongación máxima Este de venus
Miércoles 27 – Luna en cuarto menguante
Miércoles 27 – Conjunción de la Luna y Júpiter
Lunes 31 – Conjunción de Marte y Saturno

2. Principales efemérides históricas de Marzo 2020

Domingo 1 – 1966: La sonda Venera 3, primera nave en impactar otro  planeta, Venus
Martes 3 – 1972: Lanzamiento de la nave Pionner 10
Miércoles 4– 1835: Nace Giovanni Domenico Schiaparelli
Miércoles 4– 1979: La nave Voyager 1 descubre los anillos de Júpiter
Sábado 7 – 1792: Nace el astrónomo inglés John Herschel
Domingo 8 – 1979: La nave Voyager 1 descubre volcanes activos en la luna Io de Júpiter
Lunes 9 – 1934: Nace Yuri Gagarin, primer hombre en el espacio
Viernes 13 – 1781: William Herschel descubre el planeta Urano
Viernes 13 – 1855: Nace el astrónomo estadounidense Percival Lowell
Sábado 14 – 1879: Nace el físico alemán Albert Einstein
Lunes 16 - 1926: El físico estadounidense Robert Goddard lanza el primer cohete con combustible líquido                     
Miércoles 18 – 1965: Alexei Leonov efectúa la primera caminata espacial
Lunes 23 – 1840: Primera fotografía de la Luna
Lunes 23 – 1912: Nace Wernher von Braun
Lunes 23 – 2001: Cae la estación espacial MIR
Miércoles 25 – 1655: Christiaan Huygens descubre a Titán, luna de Saturno
Sábado 28 - 1749: Nace el astrónomo y físico francés, Pierre Laplace
Domingo 29 – 1974: La nave Mariner 10 envía las primeras imágenes cercanas de Mercurio
NOTA: esta información puede distribuirse libremente.

miércoles, 5 de febrero de 2020

MEMORIAS DE CIUDAD

Fotografía de arquitectura en Medellín
1879-1960
Autor: Luis Fernando Molina Londoño.
Editorial Universidad de Antioquia.


Saludo cordial a todos los seguidores de la historia fotográfica e histórica de la Medellín de antaño, en especial a los del grupo Medellín viejito.

Aquí iré reseñando los libros que nos muestran fotos de esta ciudad que tanto amamos, y las curiosas historias que protagonizaron nuestros ancestros. Hoy comienzo presentándoles este bello libro de la editorial Universidad de Antioquia. 


126 Páginas

Pedro Nel Gómez.




Ahora les presento este otro libro de mi biblioteca, muy recomendado para los nos gusta la historia antigua de Medellín y sus personajes.

El maestro Pedro Nel nació en plena selva, al lado de ríos turbulentos. Su niñez la pasó entre los bosques, las montañas y los caminos, sumergido en el pleno furor de nuestro trópico. De allá viene su devoción, su reverencia casi mística por la naturaleza y los animales. La aparición de este libro revela el afán de presentar a obra de uno de los artistas con más facetas e Colombia. Mario Calderón Rivera, Gerente del Banco Central Hipotecario, congregó en esta empresa al Banco de la República y a la Compañía Central de Seguros. Además, utilizó a personas de fina sensibilidad para analizarla, fotografiarla, diagramarla e imprimirla, coordinadas por Inés Gutiérrez Gómez. Esta suma de factores explica la bella edición, a la cual nos enfrentamos con complacencia estética.
Dirección diseño y edición:
Benjamín Villegas Jiménez.

Textos:
Pedro Nel Gómez.
Carlos Jiménez Gómez.

Este libro ha sido creado, diseñado y desarrollado en Colombia con el apoyo institucional de:
Casa Museo Maestro Pedro Nel Gómez. Medellín.
229 páginas

COP$ 280,000



                               Una rápida ojeada al libro.

Visita a la biblioteca:


domingo, 2 de febrero de 2020

CRÓNICAS DEL OLVIDO

SEGUNDA PARTE
EL OJO VAGO

Alberto López



Mi madre había organizado un pequeño corral en el balcón trasero, donde tenía tres o cuatro gallinas, criaba pollitos y recogía diariamente la ración de huevos. Habían pasado mucha hambre en la guerra y en la posguerra, y era una manera de tener una cierta reserva alimenticia. Muchas familias lo hacían, adecuando cualquier rincón de sus casas. Yo había puesto nombre a todas las gallinas. La más vieja se llamaba Marcelina.

Aquella vivienda fue nuestro primer hogar como tal, porque hasta entonces, y durante los tres años de la guerra, mis padres, ya con tres críos pequeños, vivían en los bajos de un edificio, donde compartían vivienda y taller. Cuando la familia aumentó, y los dos primeros chicos se fueron incorporando al trabajo, el taller expulsó a la vivienda, y mi padre alquiló un piso en el edificio situado justo en frente, a la otra parte de la calle. 

Allí nací yo, en la misma habitación, donde abandonaría el mundo mi hermana. Tras su muerte, la habitación se cerró, se fumigó y todas sus cosas fueron quemadas. Supongo, que se hizo, para eliminar los bacilos que hubieran podido quedar escondidos en algún rincón. Era lo que se hacía normalmente por entonces, para combatir la llamada plaga blanca. 

Sin embargo, y no sé el porqué, se salvaron de la quema sus libros, que quedaron olvidados en un viejo librero, lleno de polvo, que había en el taller, y que yo, sin decir nada a nadie, recupere: había un atlas del mundo, medio comido por las ratas, un diccionario de latín, otro de francés, una gramática de griego, un manual de teneduría contable y alguno más que no recuerdo, libros que, junto con una foto de mi hermana, es lo único que conservo de ella, en la biblioteca de mi casa de Altea.

Desde que falleció, al menos delante de mí, en casa, nunca se volvió a hablar de ella. Lo poco que se, lo he conseguido haciendo preguntas a mis hermanos, a una de mis cuñadas, a alguna prima, y a gentes del pueblo, que la conocieron o fueron sus amigas. Sobre ella se extendió un manto de silencio, para ahogar el dolor. Durante años, pille en muchas ocasiones a mi madre, conteniendo las lágrimas en cualquier rincón de la casa. 

Por cierto que aquella habitación, volvió a tener, tiempo después, otro inquilino, mi hermano Edu, el tercer varón, con el mismo padecimiento, aunque en un estadio menos acusado. La plaga no nos daba tregua.

Raquel tenía un novio que se llamaba Evaristo, un buen chico que trabajaba de dependiente en alguna tienda de Bilbao, y que a diferencia de mis hermanos, que siempre iban vestidos de obreros, cubiertos de aserrín y portando el correspondiente olor a sudor, lucía, como correspondía a un dependiente de una tienda importante del Ensanche: americana, pantalón con la raya bien sacada, camisa blanca, corbata, zapatos relucientes y una boina azul típicamente bilbaína. 

A mí me llamaba la atención, porque cuando me agarraba y me levantaba al aire (era muy cariñoso) siempre olía bien. Estaba enamorado de mi hermana hasta las cachas, y ella le manejaba y le llevaba al huerto, como han hecho todas las mujeres de la rama de mi madre, las Fernández, con sus respectivos maridos, mis tíos, incluido mi padre. Parece que las Fernández, escogían a propósito, hombres buenos y trabajadores, pero manejables, pues en cuanto a carácter, todos respondían al mismo rasero. Recuerdo que, a diferencia de mis tres cuñadas, que no lo hicieron hasta unas pocas semanas antes de casarse, entraba en casa, como un hijo o un hermano más. 

Entre las telarañas de mi memoria, le veo sentado en una silla en la oscuridad de la sala, llorando amargamente, como una Magdalena, la noche del fallecimiento. Estuvo muchos años sin casarse, y ya con una edad avanzada, se presentó un día en casa, para pedirle permiso a mi madre para hacerlo. Mi madre se lo dio, y al de unos días llego con su prometida, para presentarla a la familia de su antigua novia. Así de largo era el brazo de mi hermana.

Cuando los pollitos se hacían pollos y estaban bien gordos, mi madre los mataba para preparar el menú en fechas señaladas. El pollo por entonces era un manjar, casi como la merluza. En la cocina actual, hoy ninguno de los dos representan nada, entre otras cosas, porque los pollos de pollos, solo conservan el nombre y las merluzas, no pasan de pescadillas. 

Cuando los degollaba en la fregadera de la cocina, haciéndolos sangrar hasta su última gota (la sangre la guardaba para cocinarla, porque en aquella casa no se tiraba nada), yo tenía que salir de allí porque casi me mareaba de dolor y de horror al ver aquella degollina. El día en que, para una Nochebuena, sacrifico a Marcelina, lo hizo a mis espaldas. Cuando la vi cocinada al horno en una fuente, en medio de la mesa, me negué a participar en aquella antropofagia y me fui a la cama sin cenar. A nadie le importó mi ausencia.

Por las tardes, en aquel pequeño balcón, que cumplía la función de tendedero, daba un sol risueño y agradable sol, así que mi madre se sentaba en su pequeña silla de mimbre, adaptada a su pequeña estatura, y se ponía a repasar la montaña de bombachos, camisas de trabajo y calcetines de los hombres de la casa. Yo le solía hacer compañía, leyendo algún tebeo o entretenido con alguno de los juegos que inventaba con cualquier cosa que tuviera a mano, ya que nunca supe lo que era un juguete. 

En cierta ocasión, observando a Marcelina, que se sostenía sobre una de sus patas, como suelen hacer las de su especia, a la vez que dormitaba cerrando uno de sus ojos comente:

– A mí me pasa como a Marcelina, que solo veo por un ojo.
Mi madre, como casi siempre, no me hizo en mínimo caso y siguió a lo suyo, mientras yo miraba a la gallina, alternativamente con un ojo y otro. Cuando lo volví a repetir, paro de zurcir, levantó la vista y me soltó:
– ¿Qué bobadas dices?... ¿qué es eso, de que solo ves por un ojo?
– Pues eso, que solo veo por el derecho – y le pregunte – ¿tú ves por los dos?
Entonces se dio cuenta de que hablaba en serio. Me tapó uno y luego el otro, poniendo varios dedos y preguntándome cuantos veía. 

Entonces se dio cuenta que con el izquierdo a cierta distancia no acertaba.
– ¡Ay Dios mío! – dijo casi gritando
Se puso de pie, dejó la labor, me agarró de la mano y corriendo escaleras abajo cruzamos la calle y entramos en el taller. Al ver a mi madre tan azorada y pálida, todos se aproximaron para ver qué pasaba:
– Jacinto… ¡que este hijo dice que no ve por un ojo!
– ¿Qué dices mujer?
– ¡Pues que es tuerto!
– ¡Qué coño va a ser tuerto! – dijo mi padre – A ver ven aquí, mira que si esto es una broma de las tuyas, te voy a dar una paliza que te vas a arrepentir.

Y me volvieron de nuevo a hacerme las pruebas, poniéndome los dedos delante y claro a todos se les quedó la boca abierta, hasta que mi padre rompió el silencio y dijo:
– Lo que nos faltaba para el duro…ahora resulta que este idiota también es tuerto.
Entonces intervine yo:
– Ya os lo había dicho, pero nunca me hacéis caso… yo solo veo por un ojo – y dirigiéndome a mis hermanos les pregunte – ¿pero vosotros, de verdad, veis por los dos?
Entonces me di cuenta, que los raros no eran ellos, que veían por los dos ojos, si no yo. Y es que estaba plenamente convencido, que Dios nos había dado dos ojos, tan solo para tener uno de repuesto, como la quinta rueda de los coches.

A la semana siguiente, mi madre me llevo a Bilbao a la consulta de un médico oculista de mucho prestigio, un tal Castiella, que al parecer era hermano de un ministro de Franco. El doctor me hizo varias pruebas con unas gafas muy raras, me miro con una linternita cada ojo, me hizo mirar para un lado y para otro, para arriba y para abajo, y no sé, cuantas cosas más. 

Cuando acabo nos sentamos frente a él, en su mesa de despacho y dijo:
– Señora, su hijo tiene un ojo vago.
– Ya – respondió mi madre – que es un poco vago en la escuela, ya lo sabemos, pero aun así no saca malas notas… ¿pero y el ojo?
– No señora, no, me refiero solo al ojo, no a él…es el ojo el que es vago.
– Y eso que es… ¿es una enfermedad?... ¿es malo?
– No es bueno – dijo el médico – pero tampoco muy malo. Es un defecto de la visión que intentaremos corregir, aunque ya es un poco mayor para ello. 

Pero bueno…veremos cómo va… Se llama ambliopía, y se da como consecuencia de que un ojo domina al otro y este se deja de utilizar y no desarrolla la visión. Por eso se llama comúnmente ojo vago. 

Pero en sí, al ojo no le ocurre nada, es un ojo absolutamente normal.
– Y que se puede hacer doctor – preguntó derrotada mi madre.
– Le pondremos unas gafas, tapándole el ojo bueno y le obligaremos a trabajar al vago con una lente especial, hasta que se consiga que ambos vean parecido, como para tener una visión estereoscópica normal. 

En fin, se trata de recuperar la capacidad que tenemos los humanos en el cerebro, para integrar en una sola imagen tridimensional, en relieve y con suficiente profundidad, las dos imágenes independientes, que nos llegan desde cada uno de nuestros ojos.
– ¡Dios mío!...o sea que el niño tiene mal la cabeza.
– No señora no…no se alarme, su hijo es normal, pero va a tener que hacer un entrenamiento para recuperar la visión binocular.

En aquella conversación tan científica, yo miraba de hito en hito, al médico y a mi madre y no pillaba nada. Al final, le dio a mi madre dos recetas, una para que en una óptica nos hicieran aquellas gafas con un cristal negro y otro normal, y otra con los honorarios profesionales, que había que cancelar, y que le dejaron helada. Como no tenía dinero suficiente, le dejo lo que llevaba a la enfermera, junto con el carnet de identidad, con la promesa de que la semana siguiente, cuando fuera a recoger las gafas a la óptica, pasaría a pagar el resto. Y eso hizo.

Cuando entramos por la puerta del taller, mi madre tenía el rostro demudado. Mi padre y mis hermanos nos rodearon, preguntando qué había dicho el médico. En el centro de aquel corro de hombres grandes, de pronto me sentí protagonista por primera vez en mi vida. Solo por aquella sensación, merecía la pena ser tuerto.
– Pues nada… que dice el oculista que tiene un ojo vago.
– ¡No jodas!... ¿Eso dice?... Bueno que es rarito y un poco vago, sin llegar a tonto, ya lo sabíamos, pero…
– No Jacinto, no…que tiene un ojo vago, con el que ve muy poco, porque se ha acostumbrado a ver solo por el otro.

Y dirigiéndose a mí, mi padre me soltó:
– Y a ti… ¿Cómo coño se te ocurre hacer eso?... ¿Quién te ha dado permiso para mirar solo por un solo ojo? – Y levantando la voz, le reprochó a mi madre – Y tu Eulalia, porque no le has dicho que tiene que mirar siempre por los dos.
– Es que el ojo no tiene nada…está bien…es cosa de la cabeza.
– Si ya lo decía yoooo – comentó para si mi padre – Si a este retal, le han caído todos los males juntos, el más bajo, el más débil, el más tonto, el más rarito, siempre leyendo tebeos, pensando en babia y tirado por el suelo, jugando con botones y cerillas. 

En fin un cacho de carne con ojos. Bueno, ni eso del todo, porque ahora encima, tuerto. Ya había dicho yo, que este iba demasiado al cine y se iba a joder la vista, de tanto mirar a oscuras.

Una semana después fuimos a la óptica para encargar las gafas. Era una tienda muy grande que se llamaba La General Óptica, donde había un montón de señoritas muy simpáticas y guapas con bata blanca. Una de ellas, nos sentó en una mesa frente a ella y mi madre le entrego la receta.
– Muy bien dijo la señorita – con una sonrisa que parecía que se le iba a salir de la cara – ahora escogeremos la montura.
Trajo varias, muy bonitas, y me las fue probando frente a un espejo movible que había sobre la mesa. 

En cuanto mi madre se enteró de los precios, pregunto cuál era la más barata que tenían. Entonces a la chica se le fue la sonrisa, se levantó y se fue a buscar la más barata. Trajo un aparato pesado, que estaba, entre las que usaba el arquitecto Le Corbusier y el escritor Sánchez Mazas. Un horror. Mi madre dijo que aquellas, que no se trataba de presumir, sino de corregir la vista y que para ello valían lo mismo, unas que otras. 

La chica las adaptó a mi cabeza, que ya empezaba a avisar de que acabaría siendo grande, o sea cabezón, y dijo que podíamos recogerlas la próxima semana. Pagamos y nos fuimos para casa.

Y así fue como acabe llevando unas gafas ridículas, con las que me pegaba contra todas las puertas y todas las esquinas, y que, a la menor ocasión, me las quitaba, porque no había dios que las aguantara. Tenía siete años, y como ya había observado el doctor, estaba en el límite de la edad, para hacer del ojo vago un ojo trabajador. Y claro, fracasé. 

Mi padre y mi madre, estaban además muy ocupados en el taller para sacar la familia adelante, como para perseguirme haciéndome que no abandonara aquella mascara, de la que por cierto, todos los chavales de la calle y de la escuela se descojonaban. 

Además, en clase me las tenía que quitar para atender al fraile y para leer y escribir. Tampoco podía jugar con ellas al fútbol, ni a la pelota vasca, porque no daba una a derechas. Incluso, caminar por aquellas calles y aceras, por entonces tan mal pavimentadas, era un problema y un peligro, porque podía tropezarme con algo, caer al suelo y abrirme la cabeza. 

Y así continué, dejando las gafas al margen, asumiendo que iba a ser tuerto de por vida, hasta llegar a la adolescencia, donde me habitué a jugar en la banda izquierda del campo, porque si lo hacía por la derecha nunca veía llegar el balón.

Desde niño, las distancias siempre las he calculado mal. Con el tiragomas, no le acertaba a nada y en la mesa solía tirar las botellas y los vasos situados a mi izquierda. Y así sigo, rompiendo vajilla con la desesperación de mi mujer. Otro problema suele ser, el de meter la llave por la cerradura. Si vengo un poco chispa de una cena, no suelo conseguirlo, y tras cuatro o cinco intentos, tengo que acabar por ceder, llamar al timbre, y aguantar la sonrisa socarrona de ella, cuando me abre la puerta. 

Con el tiempo, mi ojo listo se ha hecho más listo, y ha aprendido distintos trucos para medir las distancias, recurriendo a la luz y a las sombras, a los reflejos, a los brillos y a los colores, lo que tiene su mérito, especialmente, si se tiene en cuenta, que soy arquitecto.

Lo único bueno que me trajo el ojo vago fue, que me libre de la mili, porque me declararon inútil para hacer la guerra. El médico militar dijo en su informe, que:
… ¨si bien el mozo puede apuntar con el fusil, cerrando el vago y observando el objetivo con el bueno, si le viene un enemigo con una bayoneta por la izquierda, le degüella sin remedio¨…
Como mi madre a la gallina Marcelina, añadí yo.
Y como nunca he tenido un amor especial a la patria y soy de naturaleza pacifista, estoy encantado de que fuera declarado inútil para matar a nadie. 

Además, ya estaba acostumbrado a que mi padre y mis hermanos me valoraran más bien poco, o sea que no me causó el menor trauma, sino todo lo contrario. Así que estoy encantado de no haber perdido el tiempo haciendo la puta mili. Y ello, gracias, a que a mi ojo le diera por tumbarse a la bartola, mientras su compañero hacía todo el trabajo. La vida es así, concluí, siempre hay unos que se desloman trabajando y otros que se quedan mirando. (continuará)