martes, 5 de mayo de 2020

EL ROBO DEL METEORITO


No me había enterado.



Solo hasta hoy conocí esta fascinante historia sobre un meteorito que cayó en el municipio de Santa Rosa de Viterbo, Boyacá. La fecha del hallazgo de este meteorito ocurrió en un momento especial, 20 de abril del año 1810, año de la independencia de Colombia y para ajustar un viernes santo. Fue una niña, Cecilia Corredor quien descubrió el meteorito, llamado aerolito, mientras perseguía una gallina clueca en busca de sus huevos. 

La gallina se refugió en un pequeño hoyo y la niña se apoyó en una roca para hurgar en ese sitio. Notó que la roca era muy fría y tenía un aspecto raro. Entonces corrió asustada hasta su casa para contarles sobre su extraño hallazgo. Todos los vecinos fueron al sitio y arrastraron la pesada piedra hasta el pueblo para que la viera el alcalde. Los aldeanos arrastraron la roca de 750 kilogramos a la ciudad, donde durante años encontró uso como yunque de herrero. El 8 de septiembre de 1877 al alcalde de la ciudad se le ocurrió el exponer el inmenso meteorito en una columna estriada en el parque central de la ciudad. 

Santa Rosa meteorite. 1906 American Journal of Science and Arts

En 1823, dos naturalistas lo reconocieron y lo compraron como primera pieza del Museo Nacional, pero por su peso no pudieron transportarlo a Bogotá y se quedó como orgullo local durante casi cien años. En 1906, Henry A. Ward, de 72 años cazador de meteoritos y profesor de Historia Natural de Rochester (Nueva York), supo de la existencia del aerolito y decidió adquirirlo como fuera. Entonces viajó a Colombia, una travesía que le tomó a Ward diecinueve días de vapor, mula y carro hasta llegar a Santa Rosa. 

Llegó al anochecer, pero tan pronto como miró por la ventana de su hotel, a la mañana siguiente, vio el gran meteorito 612.5 kilos en lo alto de una columna estriada en medio de la plaza del pueblo. Ward se dio cuenta que el meteorito era muy venerado por la gente del pueblo, y comprendió que sería extremadamente difícil, si no imposible, apropiarse de él. Pero tenía un plan muy interesante; hablar con el Gobernador de entonces y proponerle cambiar el aerolito por un busto del General Rafael Reyes, presidente de la época, con el argumento de que este se vería mejor en la plaza. 


Henry A. Ward

Como ocurrió en la película, El embajador de la India, los Santarrosanos se embelezaron con el gringo, que los invitó a una gran cena, con licor incluido. Mientras todos estaban cenando, Ward, el gobernador y una tropa de 50 los soldados volcaron la columna en silencio y colocaron el meteorito en un carro, para llevarlo lejos. Pero exportar una gran roca no es fácil, física o políticamente. Colombia todavía estaba doliendo por la pérdida de Panamá, que había sido cortada e independizada por el presidente estadounidense. Theodore Roosevelt. ¿Debería un gringo ser capaz de llevarse una reliquia nacional? "Ese meteorito es mío, por todos los derechos humanos y divinos", escribió Ward a un amigo estadounidense. 


Los hombres de Ward arrastran la roca.

Ward se fue a Bogotá al día siguiente, pero poco después de llegar escuchó que el jefe de la policía colombiana había enviado un grupo que había detenido su carro, recuperado el meteorito y encarcelado al conductor. Aunque Ward insistió en que tenía autorización para el meteorito. Se produjo una acalorada batalla legal y la decisión del Ministro de Instrucción Pública fue prohibirle salir del país con el meteorito, pero se le permitió cortar de un extremo grande un trozo de 147 ,5 kg por sus esfuerzos. 


El meteorito se está cortando, un proceso de 14 días.

Ward muy maliciosamente cortó 300 kilos y partío a Nueva York con su trofeo. Meses después murió trágicamente después de su regreso, al ser atropellado por un carro cuando cruzaba la Avenida Delaware en Buffalo, convirtiéndose en la primera fatalidad relacionada con el automóvil de esa ciudad. 

 La historia bajo la lupa de la ciencia. 
 LOS METEORITOSDE SANTA ROSA DE VITERBO 

Freddy Moreno Cárdenas Director CEAF. 
Gimnasio Campestre Correspondencia para el autor: ceaf@campestre.edu.co 

Muy interesante resultó para la comunidad científica europea la noticia sumistrada por Humboldt en 1823 a la Academia Francesa a través de la misiva enviada por el naturalista francés Jean Baptiste Boussingault anunciando el descubrimiento y análisis de unas masas meteóricas en la Nueva Granada (Ramírez, 1950). Boussingault y Mariano Rivero habían sido contratados por Francisco Antonio Zea, quien tenía la misión especial de enviar a Colombia jóvenes instruidos para fundar en Santafé de Bogotá un establecimiento científico y una escuela particularmente destinada a formar ingenieros civiles y militares (Boussingault, 1892). 


Retrato de Alexander von Humboldt por Severin Worm-Petersen

Iniciada la travesía en suelo colombiano por Pamplona al llegar a Cerinza los expedicionarios relataron así su descubrimiento: “Nos aseguraban que en Santa Rosa (Boyacá) se encontraban menas de hierro excesivamente pesadas. Al pedir informes nos llevaron a donde el herrero para mostrarnos una gran pieza de esa mena, que le servía de yunque. Cuál sería nuestra sorpresa al reconocer en el dicho yunque, una masa de hierro metálico de forma bastante irregular con numerosas vacuolas en su superficie y recubierta de un barniz carmelita y que tenía, en una palabra, todo el aspecto de una masa de hierro meteórico” (Boussingault, 1892). 


Curiosa foto de un enano sobre la roca.

Esta masa de hierro había sido encontrada por una joven llamada Cecilia Corredor en la colina de Tocavita, a un cuarto de legua al este de Santa Rosa de Viterbo el sábado santo de 1810. Al parecer el fenómeno meteórico fue visto el día anterior, es decir el 20 de abril como nos lo relata el sabio francés quien visitó el sitio del hallazgo en 1823.). 

 “Todavía pudimos ver, al indicarnos el sitio, una cavidad no muy profunda, de donde el bloque había sido retirado; este objeto, evidentemente cayó en la noche que precedió al sábado santo, porque nadie lo había visto antes, aún cuando el punto de la loma en donde fue encontrado se halle cerca de un sendero que los habitantes de la población toman ordinariamente para ir a buscar leña en el bosque y lo que apoya esta opinión es que, esa misma noche, habían visto un globo de fuego que avanzaba a gran velocidad, a ras de tierra hacia el SO. ” (Boussingault, 1892). 

 La persona que más estudió este caso fue indudablemente el Padre Jesús Emilio Ramírez S.J. quien entre 1940 y 1968 indagó sobre el suceso y recopiló los numerosos documentos que son utilizados en esta investigación (Ramírez,2004). En uno de ellos se relata la historia de cómo fue encontrada esta roca, referida por el señor Jesús Rojas Montañés (1943) nacido en el año 1859: “Me refería mi abuela así: Cecilia Corredor iba tras una clueca que apareció sin más ni más junto a su rancho; la siguió y viéndola entrar en una cueva se apoyó en una piedra... que le pareció muy fría: miró y pensó que eso era hierro ... Cuenta a sus vecinos y la tienen por chiflada; el cura José Ignacio Holguín, probablemente, la examina y la encuentra cuerda... van vecinos con rejos, picos, herramientas y bueyes y traen al pueblo la piedra, ... distancia 10 kilómetros...”. El lugar exacto del hallazgo se desconoce hoy en día. 

El Padre Ramírez (1950) visitó la población en 1925 y para la fecha los habitantes escasamente conocían vagos detalles de la historia. Prieto (1936) sitúa el lugar del impacto a un cuarto de legua (1200 metros) del pueblo. Gil y Concha (2005) proponen el sitio a 6 kilómetros al este, muy cerca a la vía que va hacia la vereda de Tocavita. La descripción de Rivero y Boussingault dice que los habitantes se reunieron para bajar el meteorito y que quedó depositado durante siete años frente al Cabildo, tiempo después “ lo llevan a la herrería de Manuel Corredor,… no pudo servir de yunque porque no tenía parte plana” según cuenta Montañés (1943). 

 Los jóvenes científicos compraron el meteorito para el Museo de Bogotá a Cecilia Corredor y le pagaron el precio que pidió: 20 piastras (100 francos). “Tan pronto como corrió la noticia de nuestra compra, vinieron gentes a ofrecernos pedazos de hierro de los que compramos una docena de muestras. Todos los habitantes de Santa Rosa poseían minerales. 

En un país en donde el hierro es una rareza, se consideraban felices de haber encontrado algo que podían utilizar como un martillo. Los numerosos pedazos de hierro establecían, sin lugar a dudas, el origen cósmico del metal; en efecto, la mayor parte de ellos habían sido recogidos después del descubrimiento de la gran masa, sobre campos cultivados en donde antes del sábado santo, no existían” (Boussingault, 1892). 

Siguiendo la moda de la época de fundir armas blancas a partir de meteoritos metálicos, se forjó con el hierro de Santa Rosa una hoja de espada la cual se ofreció al Libertador Simón Bolívar, la dedicatoria decía: “Esta espada ha sido hecha con hierro caído del cielo para defensa de la libertad” (Boussingault, 1892). 

Mc Cosh (1984) tiene otra traducción: “Hierro enviado por Dios para la defensa de la libertad”. La hoja de metal no resultó muy buena en palabras del sabio francés y tampoco hay noticia alguna desde entonces sobre la suerte de dicha arma. La tradición de hacer armas con hierro meteorítico es antigua y quizás viene de los beduinos de la región del Sinaí, quienes pensaban que quien lograba forjar una espada con este hierro era invencible en la batalla. 

 La masa principal del meteorito fue calculada inicialmente en cerca de 750 kg lo cual generó dificultades para su transporte y a pesar de todas las recomendaciones que hicieron sus descubridores al gobierno, para que esa bella muestra de hierro cósmico fuera colocada en el Museo de Bogotá, quedó olvidado por más de ochenta años en la plaza de Santa Rosa (Posada,1938). 

 Queda claro que en Santa Rosa y en sus alrededores cayeron numerosos cuerpos, algunos de los cuales fueron colectados por Boussingault y Rivero y posteriormente enviados a Europa a museos y colecciones privadas. A mediados del siglo XIX la Comisión Corográfica reconoce la importancia del meteorito, que permanece abandonado en el patio de la casa de la familia Solano y hacen notar la falta de recursos para enviarlo al museo y de un herrero para tomar una muestra (Ancizar, 1853). En 1875 el aerolito es puesto sobre una columna hecha por la ciudadanía siendo alcalde el Sr. Emilio Montañés (Montañez,1943). 

A finales del siglo XIX, Alfred Hettner (1892) recogió una anécdota interesante según la cual el meteorito era propiedad del emperador de Alemania y por lo tanto estaba protegido contra la destrucción. A principios de 1906 y después de haber enviado más de 18.000 comunicados a diversos países del mundo solicitando información sobre caída de meteoritos y de haber recibido sólo cuatro respuestas positivas, Henry Augustus Ward, profesor de Historia Natural originario de Rochester, N. Y., colector de piezas para museos y aventurero, decide visitar el corazón de Colombia con el objetivo de asegurar para la ciencia el gran meteorito de Santa Rosa e incrementar su colección o por lo menos recoger información que permita la confirmación de la propuesta de Cohen y establecer hechos que demuestren su inexactitud. Después de remontar el Río Magdalena y alcanzar la altiplanicie, Ward encontró el aerolito sobre una columna estriada junto a la fuente que suministraba el agua para la villa. Verificó su peso y vio que había sido sobrestimado pues sólo alcanzó 612 kilogramos. 


El meteorito de Santa Rosa de Viterbo y Heny A. Ward 1906.

Según palabras de Ward los habitantes apreciaban en grado sumo el siderito y sabía que era difícil adquirirlo, por lo tanto fraguó un plan y les propuso hacer una estatua del General Rafael Reyes, presidente de Colombia por esta época y quien había nacido en esta población, a cambio del meteorito de la plaza. Al gobernador de la región de Tundama le gustó la idea y en una tormentosa reunión con el alcalde y otros funcionarios forzaron la aprobación del plan. 

Tarde en la noche Ward invitó a los habitantes a una gran cena en el hotel donde se hospedaba y mientras ellos comían y bebían un piquete de 50 soldados silenciosa y rápidamente bajaron el meteorito y lo colocaron en un carruaje de bueyes (Plotkin, 2006). El profesor salió al siguiente día para Bogotá, pero al llegar a la estación de La Caro el 10 de marzo (El Mercurio, marzo 10/2006) un joven periodista (posiblemente Quijano Mantilla) denunció lo sucedido y el mismo General Reyes ordenó a la policía retener el carro y su carga (El Mercurio, marzo 22/1906). Ward entonces entabló una demanda para hacer respetar los derechos que tenía al haber hecho un negocio con las autoridades de Santa Rosa. 

 Al parecer se llegó a un acuerdo rápidamente pues el 14 de marzo el Ministro Cuervo Márquez le comunicó al Director del Museo Nacional que el Ministerio había acordado ceder al profesor Ward uno los aerolitos que existían en el Museo y darle una parte del que trajo de Santa Rosa de Viterbo, en fragmento obtenido por corte de sierra y en la cantidad necesaria para que se apreciara su contextura (López,1996). La roca fue llevada a la ferrería que operaba en la hacienda La Pradera del municipio de Subachoque (Cundinamarca) sitio que poseía un cepillo para realizar los cortes. 


Meteorito en el taller de corte.

Finalmente el profesor Ward logró parte de su cometido, una pieza de 150 kilogramos de parte más delgada del meteorito, la que había sido usada como yunque y una parte de la masa del de Rasgatá que pesó cinco y medio kilogramos y que había permanecido en el Museo. Posteriormente el Ministro envió 25 libras de virutas producidas durante el corte a la Facultad de Matemáticas e Ingeniería de la Universidad Nacional con el fin de que se hiciera un análisis científico de este cuerpo mineral (López,1996). Este estudio lo realizó Ricardo Lleras Codazzi (1916). En la actualidad el Fiel Museum de Chicago posee un bloque de 99,34 kilogramos del cortado por Ward (Nuñez,1998), el resto fue cortado y vendido.


Medio meteorito que permanece en el Museo Nacional de Colombia
Masa principal del meteorito en Santa Rosa de Viterbo. Tomado de Gil y Concha
Todos los días se aprende algo. Hoy fue uno de esos.

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