sábado, 18 de abril de 2020

CEMENTERIO DE SAN PEDRO

CEMENTERIO DE SAN PEDRO
Camposanto y museo.


Fotografía Rodríguez. BPP.1990

Ana Clarisa Ruiz Quintero

Bueno me llegó el turno a mi.

Les cuento que el cementerio San Pedro es un lugar espectacular. Es el cementerio museo más hermoso que tenemos en Antioquia. Tenemos recorridos guiados gratuitos. Los martes de luna llena, en los cuales se hace un performance, para contar la historia de algunos de los mausoleos y de las esculturas que hay.

Mi papá me llevó pequeña a ese cementerio y me lo mostró con mucho orgullo. Pasados 40 años, volvió a invitarme al cementerio, me contó la historia de cada una de las personas que moran en ese lugar, con orgullo único me contaba a quienes conoció él
personalmente o por referencias del periódico El Colombiano. Porque él decía que el que no conoce su historia está condenado a repetirla. 

Me indicó porque el cementerio es como una ciudad de los muertos, en la cual existían clases sociales, al centro los ricos con sus hermosos y grandes mausoleos, hermosas esculturas, con espacios abiertos, hermosos jardines y alrededor del cementerio las galerías, donde moran las personas de menos recursos económicos. 

También visitamos la capilla, hermosa y enigmática. Lo que más admiro fuera de las esculturas, fueron los hermosos jardines y los epitafios, qué decían cosas tan hermosas como: 
Aquí yace un padre amoroso, esta es la madre más abnegada, sigue soñando en la eternidad, no te has ido te adelantaste, espéranos pronto te seguiremos, todos vamos para allá así estemos acá.

En fin epitafios que tú escuchas que tú lees y te parecen increíbles, epitafios que te dan tranquilidad, epitafios que ensalzan a los muertos, por ahí dicen que no hay niño feo ni muerto malo y a la hora de la verdad es cierto.


Coche fúnebre Funeraria Betancur. Años 40s.

Allá pude encontrar desde el rico más rico, hasta la persona más humilde, escuché de algunos guías interpretativos, la forma como enterraban a los muertos en la época de la violencia de los años 80, les llevaban mariachis, les llevaban papayeras, les llevaban  grupos vallenatos y duetos para despedir a sus seres queridos. También me llamó la atención ver cómo había familias que le pagaban a unas señoras para que lloraran a los muertos, porque ellos no eran capaces de derramar una lágrima en público, y a esas señoras se les pagaba por su servicio. 

Pero más raro fue ver que una costumbre propia de la costa se estuviera haciendo aquí en Medellín. 

Entonces los cementerios cuentan la historia con cada uno de sus muertos.

El cementerio San Pedro es un lugar turístico por excelencia. Muchas personas vienen a ver la historia contada desde la muerte.

Un abrazo virtual para todos especial para el señor Dario Zapata Restrepo, mil Gracias por podernos documentar, actualizar, aprender y a veces hasta evocar el pasado.


Fotógrafo Gonzalo Escovar. BPP.


Esta historia fue tomada del grupo Medellín viejito en Facebook, con autorización de su autora.

PANDEMIA

Poco a poco los vendedores ambulantes regresan.
La necesidad tiene cara de perro.



"Pueden pasar millones de años más de evolución y las decisiones que toman los humanos estarán basadas en dos conceptos, lo correcto y lo necesario, que generalmente están en contraposición"

La situación de esta cuarentena está obligando a que cada vez más personas renuncien a comer. No se trata de renunciar a la merienda a media mañana o media tarde como en muchos hogares, eso es vivir en el lujo. Se trata de saltarse una, dos, o todas las comidas principales. De engañar al estómago con un mango o una gaseosa con pan… Y luego dormir para no sentir más hambre y poder soñar con una mesa llena. Hay ayudas estatales, pero a muchos no le han llegado.

Esa necesidad está llevando a mucha gente a jugarse la vida corriendo el riesgo de contagiarse con el virus, o de trasmitirlo. 

Cuando el hambre aprieta, cualquier cosa es buena para calmar los gritos de una barriga vacía.

lunes, 13 de abril de 2020

COVID-19

Un virus que llegó para quedarse.


Paul Fürst, grabado de un médico de la plaga de Marsella. 1721.

El Coronavirus, ahora llamado COVID-19 nos cayó de sorpresa como un baldado de agua fría. Sobre su origen todo lo que se dice hasta ahora es mera especulación. Lo cierto es que ya sabemos que su propagación ha sido vertiginosa y que ha alcanzado a casi todos los países del mundo convirtiéndose en una verdadera pandemia.

En las noticias y en general en todos los medios no se habla de otra cosa. Los gobiernos han ido tomando medidas y controles que han alivianado, pero aún no detenido, su propagación. No existe la vacuna para evitar esta enfermedad que afecta más gravemente a los ancianos y a las personas con problemas preexistentes.

Muchos laboratorios alrededor del mundo trabajan arduamente para desarrollar la vacuna que nos libere de este mal, pero ese será un proceso que no lograrán en menos de un año, por tener que cumplir las estrictas normas que evalúan su seguridad y eficiencia. Solo después de que se logre esto y se aplique la vacunación universal, las cosas empezarán a normalizase.

Mientras tanto debemos prepararnos para convivir con el coronavirus, guardando estrictamente las recomendaciones que se impartan. La vida debe continuar, aún sea en medio de un riesgo, que afortunadamente podremos menguar con un responsable comportamiento y un efectivo control que garantice esto.

La cuarentena terminará, pero las cosas serán muy distintas. Estaremos de la casa al trabajo y de trabajo a la casa; igual será para los estudiantes. Quien sabe por cuanto tiempo no habrá bares, discotecas y conciertos. Los amantes del fútbol se tendrán que conformar con ver repeticiones de viejos partidos y más tarde, tal vez, el reinicio del torneo oficial en estadios con puertas cerradas a través del canal pago de la Federación. La internet, la radio y la televisión serán nuestras ventanas al mundo exterior. Los tapabocas evolucionarán a artilugios más duraderos y efectivos.

Ojalá no pase mucho el tiempo para salir de esta situación, pero igual debemos aceptar que el asunto puede alargarse mucho. Podemos, eso sí, aprovechar para estrechar los lazos familiares y fraternales, dedicar tiempo para leer o escribir, cuidar el jardín y repartirnos las tareas del hogar, incluyendo en esto a los niños y jóvenes; en la medida de sus capacidades. Regresarán los juegos de mesa y las tertulias familiares.

Aunque para nosotros esto es una novedad, el mundo a pasado por graves epidemias anteriormente. Recuerdo en especial una que leí en una vieja historieta que con ilustraciones mostraba el importante papel que tuvo Nostradamus para controlar la peste bubónica en el renacimiento, y que quiero contarles ahora de memoria:

Cuando llegó a la Francia del Renacimiento el azote de la peste bubónica, que arrastró con su guadaña de la muerte a miles de personas entre los que se incluiría a la propia esposa e hijos de Michel de Nostradamus, este se dedicó a combatirla con relativo éxito, al asociar su propagación con la lamentable situación higiénica de la sociedad en ese tiempo.


Por ejemplo, luego de enterrar o incinerar a las víctimas de la peste, los sobrevivientes heredaban y usaban sus trajes contaminados y seguían viviendo en las casas sin ni siquiera limpiarlas. Nostradamus, que era médico, intuyó que estas malas prácticas eran las que atizaban la dura epidemia de la peste bubónica y comenzó a pedirle a la gente que quemaran las ropas de los difuntos y asearan los muros y pisos de las casas.

Viajó por muchos pueblos en esta dura campaña, aportando sus importantes consejos que fueron de gran utilidad para evitar tanta mortandad.

Ahora, médicos, enfermeras y especialistas de la salud han comenzado esta lucha para ayudar a controlar lo más pronto posible esta pandemia que nos ha hecho conscientes de nuestra fragilidad y vulnerabilidad.

Pero pase lo que pase, una cosa si es segura, el COVID-19 llegó para quedarse y convertirse en una enfermedad endémica.