domingo, 20 de enero de 2013

EL PACIENTE

Por buena salud que tengamos se llega el momento en el que el sistema de salud nos clasifica en el grupo de hipertensos. Indefectiblemente comenzamos a descubrir palabras como colesterol, triglicéridos y sus niveles normales. Para muchos llega el primer electrocardiograma y la primera receta de medicamentos para controlar la presión arterial y el colesterol.

Algunos médicos nos pintan un panorama tan desolador que nos deja perplejos. La ingesta de las primeras pastillas a muchos nos produce preocupantes efectos secundarios y el médico nos tranquiliza en la siguiente cita asegurándonos que es normal.

No se si para bien o para mal consulté en google sobre los medicamentos que estoy tomando y me encuentro que en algunos casos el remedio es peor que la enfermedad, que producen calambres, cólicos o deterioran los riñones. No con esto quiero promover que no se deba asistir a la consulta médica, solo lo digo para que estemos seguros de que es lo que nos recetan, sus pros sus contras y sobre todo la posibilidad que tengamos de acudir a otras alternativas como un buen rágimen alimenticio y una apropiada actitud ante la vida.

Por que no probar con el yoga y con otras disciplinas que mejoran nuestro estado emocional, en fin habrá que aprovechar las facilidades que se nos brindan las nuevas tecnologías para encontrar las alternativas que más se acerquen a nuestra situación, estaré ampliando esta  columna con nuevos datos en la medida en que me vayan llegando.

De nuevo parece que las casualidades siguen ocurriendo, hacía tiempo que quería escribir sobre esto y me encuentro en la página de Armando Plata Camacho en facebook este texto que medio en serio y medio en broma toca este delicado asunto.

HISTORIA DE UN PACIENTE OBEDIENTE.



 Mi tío Poroto se encontraba bien de salud,
hasta que su mujer,
mi tía Porota, a instancias de su hija,
mi prima Tota,
le dijo:

-Poroto,
vas a cumplir 70 años,
es hora de que te hagas una revisión médica-

-Y para qué?,
si me siento muy bien-

-Porque la prevención debe hacerse ahora,
cuando todavía te senties joven-,
contestó mi tía.

Por eso mi tío Poroto fue a consultar al médico.

El médico, con buen criterio,
le mandó a hacer exámenes y análisis de todo lo que pudiera hacerse
y que la obra social pagase.

A los quince días el doctor le dijo que estaba bastante bien,
pero que había algunos valores en los estudios que había que mejorar. Entonces le recetó
Atorvastatina Grageas para el colesterol,
Losartán para el corazón y la hipertensión,
Metformina para prevenir la diabetes,
Polivitamínico, para aumentar las defensas.
Norvastatina para la presión,
Desloratadina para la alergia..
Como los medicamentos eran muchos
y había que proteger el estómago,
le indicó Omeprazol y
Diurético para los edemas

Mi tío Poroto fue a la farmacia
y gastó una parte importante de su jubilación
por varias cajitas primorosas de colores variados.

Al tiempo, como no lograba recordar si las pastillas verdes para la alergia,
las debía tomar antes o después de las cápsulas para el estómago,
y si las amarillas para el corazón,
iban durante o al terminar las comidas,
volvió al médico.

Este, luego de hacerle un pequeño fixture con las ingestas,
lo notó un poco tenso y algo contracturado,
por lo que le agregó
Alprazolal y Sucedal para dormir.

Esa tarde, cuando entró a la farmacia con las recetas,
el farmacéutico y sus empleados hicieron una doble fila
para que él pasara por el medio,
mientras ellos lo aplaudían.

Mi tío, en lugar de estar mejor,
estaba cada día peor.

Tenía todos los remedios en el aparador de la cocina
y casi no salía de su casa,
porque no pasaba momento del día
en que no tuviera que tomar una pastilla.

A la semana, el laboratorio fabricante de varios de los medicamentos
que él usaba lo nombró "cliente protector"
y le regaló un termómetro,
un frasco estéril para análisis de orina
y una lápiz con el logo de la farmacia.

Tan mala suerte tuvo mi tío Poroto,
que a los pocos días se resfrió y mi tía Porota lo hizo acostar como siempre,
pero esta vez además del té con miel llamó al médico.
Este le dijo que no era nada pero le recetó Tapsín día y noche
y Sanigrip con efedrina, como le dio taquicardia le agregó atenolol
y un antibiótico, Amoxicilina de 1 gr. cada 12 por 10 días.
Le salieron hongos y herpes y le indicacon Fluconol con Zovirax

Para colmo, mi tío Poroto se puso a leer los prospectos
de todos los medicamentos que tomaba
y así se entero de las contraindicaciones,
las advertencias, las precauciones,
las reacciones adversas, los efectos colaterales
y las interacciones médicas.

Lo que leía eran cosas terribles.
No sólo se podía morir,
sino que además podía tener
arritmias ventriculares,
sangrado anormal,
náuseas,
hipertensión,
insuficiencia renal,
parálisis,
cólicos abdominales,
alteraciones del estado mental y otro montón de cosas espantosas.

Asustadísimo, llamó al médico,
quien al verlo le dijo que no tenía que hacer caso de esas cosas
porque los laboratorios las ponían por poner.

-Tranquilo, Don Poroto,
-no se excite-
le dijo el médico, mientras le hacía una nueva receta
con Ravotril con un antidepresivo Sertralina de 100 mg.
Y como le dolían las articulaciones le dieron diclofenaco.

En ese tiempo, cada vez que mi tío cobraba la jubilación,
iba a la farmacia donde ya lo habían nombrado cliente VIP.

Esto lo hacía poner muy mal,
razón por la cual el médico
le recetaba nuevos e ingeniosos medicamentos.

Llegó un momento en que al pobre de mi tío Poroto
las horas del día no le alcanzaban para tomar todas las pastillas,
por lo cual ya no dormía, pese a las cápsulas para el insomnio que le habían recetado.

Tan mal se había puesto que un día,
haciéndole caso a los prospectos de los remedios,
se murió.

Al entierro fueron todos,
pero el que más lloraba era el farmacéutico.

Aún hoy, mi tia Porota afirma que menos mal que lo mandó al medico a tiempo, porque si no,
seguro que se hubiese muerto antes.-

!!!Ah, si no hubiera tomado nada y hubiese seguido con su regimen sanito con pollo sin piel, pavo, lentejas, porotos, aceite de oliva, frutas, verduras de todos colores, poca sal y nada de azucar (stevia o sucralosa, no aspartame, y con una copita de vino tinto cabernet sauvignon y caminando 6 mil pasos diarios estaría vivito y coleando..

CUALQUIER SEMEJANZA CON LA REALIDAD ES
" P U R A C O I N C I D E N C I A "