
Este año la Semana Santa tuvo un ligero sabor a la de mis tiempos de infancia, fué un retorno a la piedad y a la liturgia de antaño, los niños madrugaron para tomar y cargar la imagen que los esperaba en la esquina de su cuadra para la procesión del viacrucis que fué acompañada por miles de fieles, multitudes visitaron en la noche el Santo Sepulcro.

Volví a percibir ese olor a incienso que ya había olvidado, rugió el audio con truenos y vimos luces de rayos y centellas, la voz de un narrador comenzó a describir la escena del evangelio que cuenta este momento único de la historia cristiana, finalmente se rompió el telón del altar central y emergió luminosa la figura de Cristo vencedor, la tecnología y la liturgia unidas en este siglo XXI, sonaron coros con himnos jubilosos y todos se abrazaban llenos de gozo.
Aún no sé como estaba allí, pués no frecuento estas ceremonias, pero ahí estaba, presenciando un gran grupo de seres llenos de esperanza y alegría, renovando esa parte de la historia que nos insta a morir en el mundo y renacer en la gracia de Señor.
Felices Pascuas.