
En el separador central de la calle San Juan se eguía la estatua de Francisco Javier Cisneros, un famoso ingeniero que tuvo que ver con grandes obras para el desarrollo de Antioquia. En el costado sur la imponente estación del ferrocarril resplandecía con sus muros blancos de una arquitectura maravillosa. Ahora solo se conserva una pequeña parte muy bien restaurada. Eran tiempos en los que aún se escuchaba el pito de los trenes que entraban y salían de Medellín hacia las ciudades del norte y del sur.
El centro comercial arriba en junin con la playa era muy bonito y las vitrinas exhibían los productos con gran gusto y elegancia, los autos marchaban a velocidades moderadas y la gente andaba por las aceras sin afanes. Ahora se que la población de la ciudad no llegaba entonces a los cuatrocientos mil habitantes.

Un dato curioso me lo contó en estos días mi amigo Humberto Arango, me dijo que en 1953 despues de salir del colegio de La Pontificia Bolivariana, en el cruce de la calle Barbacoas con Palacé estaban probando un robot con forma humana que movía los brazos y dirigía el tránsito de ese sitio. Obviamente la gente se arremolinó a ver tal adelanto tecnológico que lamentablemente fracasó al formarse tremendo enredo vehicular.
Los primeros semáforos en Medellín los instaló la empresa Alemana Siemens a comienzos de los años cincuentas, probablemente en 1953, con tecnología electromecánica, Siemens se encargó de su mantenimiento hasta el año 1975, cuando se retiraron por incumplimiento en los pagos del contrato, bueno, eso me contaron. Desde entonces se capacitó personal local para hacer su mantenimiento.

Ese teatro relativamente hace poco desapareció como otros muchos para convertirse en desabridos centros comerciales.

En la esquina de la Primero de Mayo con Palacé estaba ubicada una salsamentaria llamada El Colmado, tenía una maravillosa máquina que al introducirle una moneda entregaba botellas de Coca Cola, el destapador estaba adosado a la máquina y al terminar de beberla la gente dejaba las botellas en los cajones de madera en las que se distribuía esa bebida. Fue el primer dispensador de gaseosas que tuvo la ciudad. Igualmente en El Colmado se vendieron los primeros perros calientes en la ciudad, los perros originales, pan, una salchicha y mayonesa, muy distintos a los de ahora que rellenan de cosas.
Al caer la noche Medellín se vestía de color con sus montones de avisos de neón. Avisos parecidos algunos a los que vemos en Las Vegas, grandes y con movimiento.
Aquí iré agregando más historias de esos tiempos idos.