domingo, 31 de agosto de 2014

LA TOMATERA



Encontré en la calle hace una semana una minúscula mata de tomate, aferrándose a una grieta y luchando por su vida. Maltrecha pero llena de optimismo en su labor de afincar sus raíces en la poca tierra donde por algún motivo cayó su semilla madre.

La tomé y la sembré en el patio de la casa. No había visto antes tanto deseo de vivir, sus hojas no se marchitaron a pesar del proceso de un trasplante poco ortodoxo, al contrario se irguieron como tomando aire para reponerse.

Al día siguiente el redrojo que había rescatado se había transformado en una vigorosa y verde planta que casi se podía ver crecer. Pero la sorpresa fue cuando pocos días después ya estaba floreciendo y hoy muestra una hermosa fruta, como si estuviera retribuyendo mi desinteresada acción. Pronto estará maduro su fruto, cual regalo envuelto en su ya tupido follaje. La naturaleza nos habla, y solo espera que nos demos la oportunidad de escucharla.