lunes, 1 de septiembre de 2014

¿QUE ES LA ARQUITECTURA?

Aprender versus enseñar… 
¿Qué coño es eso de la arquitectura?
- Alberto López -


Un análisis con conocimiento de causa.
(Nota del blog)

Será que la arquitectura ha ido perdiendo su esencia hasta acabar diseñando edificios faltos de esa estética que por ejemplo le imprimieron en la antigua Grecia a sus edificios. O en tiempos modernos arquitectos como Frank Owen Gehry, Antoni Gaudí, Richard Meier, Frank Lloyd Wright, Ludwig Mies van der Rohe, Le Corbusier, William Morris, Philip Johnson, Walter Gropius, Norman Foster, por mensionar a los más destacados arquitectos del siglo XX. 

Y si la arquitectura es como dicen algunos arquitectos estrella, la poesía de la construcción… ¿se puede enseñar, como algunos pretender enseñar a hacer versos o a escribir novelas, en esos cursos de creación literaria que imparten escritores de segunda con aires de primera…

La arquitectura se dice tiene su propio lenguaje y se pone como ejemplo el lenguaje (los lenguajes) clásico (Sumerson) pero ese lenguaje no va más allá de un simple repertorio de formas o de elementos (columna, friso, etc.) que se combinan entre sí como un repertorio decorativo más.
Otros hablan de un lenguaje del espacio pero solo es retórica, pues el espacio como concepto es algo muy reciente, y es igualmente reciente el entendimiento de la arquitectura como espacio.

No se puede pues enseñar arquitectura como se enseña un lenguaje porque no tiene reglas, y porque la arquitectura como hecho artístico, si las tiene, siempre pretende romperlas. Solo es posible hablar de lenguaje en sentido académico, cuando una academia lo sistematiza desde la institución, esto es desde el poder, como cuando la academia de san Fernando aprobaba los dibujos de los edificios públicos.

Enseñar y aprender son procesos diferentes. Para enseñar hay que saber y para aprender, hay que estar en posición de aprender, además de tener unos conocimientos básicos para comprender algunos rudimentos de la materia tratada. Para enseñar arquitectura no solo hay que saber de arquitectura, sino también de cómo enseñar arquitectura.

Es verdad que la materia condiciona en parte el campo del enseñar, pero queda todavía una parte, sustantiva, propia, de conocimientos específicos del hecho general del enseñar, que se hace preciso dominar para proceder a transmitir los conocimientos de una materia.
Toda disciplina tiene un objeto sustantivo que la define, y tiene también un método propio que la caracteriza para poder ser trasmitida. Objeto y método de enseñanza son indisociables. La disciplina se convierte en tal, en la medida en que puede enseñarse. Una disciplina que no puede mostrarse, que carece de método para enseñarse, es inviable, se vuelve invisible, inexistente. Y si hace falta además de dominar la disciplina, un método para poder enseñar, no es menos cierto que hace falta también un método para aprender.

Todo esto y lo que a continuación expondremos parecen obviedades, y probablemente lo sean, pero es que el mundo académico, la universidad y su cerrado circulo de intereses, unido a la organización de la profesión de arquitecto en nuestra sociedad, con todos sus mitos artísticos y sociales, con su vertiente espectacular de los stars system y de los medios de comunicación, han desvirtuado todos los contenidos, hasta los mas obvios, pretendiendo mantener este mal llamado mundo de la arquitectura dentro del espíritu de lo sagrado, cuando en la realidad, enmarcado dentro del sector de la construcción, resulta de lo más prosaico.

Por otra parte, aunque estas reflexiones tienen por objeto la arquitectura, pueden ser de aplicación a otros quehaceres artísticos, tales como literatura. Así que pienso que estas reflexiones pueden ser de interés para un ámbito de lectores que va más allá de los arquitectos.
La primera pregunta que se alza ante nosotros es ¿cómo se enseña arquitectura? Y la duda que se nos plantea de inmediato es si nos referimos a la arquitectura o a las arquitecturas, esto es a una disciplina ¿científica o artística?)…o a una práctica social resultado de la síntesis de diversos conocimientos o quizás al resultado de esta práctica… a los edificios… a las arquitecturas. Porque… ¿de qué se trata… de enseñar arquitectura o de enseñar arquitecturas?).

Pero quizás debiéramos de preguntarnos antes que nada por el lugar donde se enseña tal disciplina o práctica y por la institución encargada de ello. La pregunta de entrada parece ociosa, pues cualquier ciudadano medio contestaría que la arquitectura se enseña en las escuelas de arquitectura. ¿Pero esto es en verdad así?... En las escuelas de arquitectura solo he visto, (desde que se abandono el clásico sistema de las escuelas de beaux arts, dentro de las que se incardinaba la arquitectura, la ingeniería, la pintura, la escultura etc.) enseñar disciplinas aisladas (las llaman cátedras) que no se cruzan entre sí, más allá que cuando los catedráticos se saludan en el pasillo entre una clase y otra. Disciplinas como dibujo y geometría descriptiva, matemáticas y física, técnicas de construcción, estructuras y su cálculo, resistencia de materiales, instalaciones, algunas máquinas como los ascensores y cosas así.

También enseñaban algo de las leyes y códigos vigentes en la construcción, y como se calcula lo que valen algunos materiales y las cosas que se emplean para hacer un edificio. Por ultimo como detritus de la época anterior todavía quedaban en mi época de estudiante, historia del arte y de la arquitectura, estética, con unas pinceladas de filosofía (el arquitecto, se nos decía, tiene que saber de todo porque la arquitectura es síntesis generalista y el arquitecto desde el Renacimiento requiere de una visión universal) y composición de edificios, una disciplina ya residual que desde la geometría adquirió gran protagonismo a partir del siglo XVIII francés , como armazón de la enseñanza de la arquitectura a lo largo del periodo beaux arts, pero que se mantenía con el solo título de composición, sin el epíteto “de edificios”, incorporando las experiencias abstractas herederas de la escuela Bauhaus.

¿Pero esto es enseñar arquitectura?... ¿La suma de estas cosas (no sé cómo llamarlas) es la arquitectura?, o todavía mas sencillamente ¿pueden dar juntas como resultado un edificio? Parece que evidentemente no, que la suma de lo que se consideran las partes, una vez más, no dan un todo y la arquitectura se escapa entre ellas como el agua, por un cesto de mimbres.

Pero si las escuelas de arquitectura no enseñan arquitectura, entonces ¿que enseñan?... Pues ya lo hemos dicho, una serie de técnicas y disciplinas que se emplean de manera cambiante según el momento de la organización productiva del sector de la construcción, un sector que se transforma o se estanca en cuanto a su organización y tecnologías, dependiendo de sus intereses económicos, que no son otros que los que crea la demanda inducida por las grandes empresas de la construcción y el capital financiero. En todo esto la arquitectura no aparece por ningún sitio, con la lógica excepción de la presencia manifiesta de los edificios construidos. Y es que en las escuelas de arquitectura se enseña, todo lo más, construcción o mejor dicho técnicas de construcción…Pero construcción no es sinónimo arquitectura, por eso los arquitectos académicos se oponen a que las escuelas de arquitectura se llamen de construcción.

Esta disgregación en partes de la arquitectura en cuanto a enseñanza, se ha intentado conjurar, en sustitución de la antigua asignatura de composición de edificios, con la enseñanza del “Proyecto” en tanto que disciplina sintética integradora de las distintas partes y disciplinas (convertidas en asignaturas en términos académicos) esto es, de cómo se hace para proyectar un futuro edificio. Este cambio de objeto de la enseñanza en las escuelas de arquitectura resulta relevante, ya que se ha pasado de intentar enseñar arquitectura a intentar enseñar a proyectar arquitectura (¿arquitectura, arquitecturas, edificios?) lo que se ha hecho, sin cambiar el nombre a la escuela que sigue siendo de arquitectura.

Pero un proyecto evidentemente tampoco es arquitectura, y aprender ha hacer proyectos, lo mismo que a hacer planos, no es aprender arquitectura .Es algo productivista, con el que se trata de elaborar de antemano, una herramienta guía para hacer o producir (fabricar) algo: un coche, una carretera, una plantación de árboles un edificio... Producción que es cosa cambiante, pues depende de lo que en cada momento sea o requiera la industria de la construcción en tanto que sector productivo, en el que los profesionales del proyecto son una pieza más y cada vez, por cierto, menos relevante, pues la organización de la producción, la mecanización y la informática acaban llegando (a pesar de la reticencia de los propios arquitectos) a todas partes.

Algunos sitúan el aprendizaje de la arquitectura constriñéndolo al aprendizaje del arte de la arquitectura, para el que, precisan, no todo el mundo esta dotado. Estos son los que diferencian, arquitectura de construcción y edificio de arquitectura. Claro esta, aunque el mundo esta plagado de edificios, para ellos la arquitectura es algo puntual, cosa que se da en este o aquel edificio y no en otros. La arquitectura es para ellos arte grande. Entre la escritura y la literatura los que así opinan se quedarían con la poesía. En sus escuelas no se enseñaría a escribir ni siquiera a redactar, sino a hacer versos. Por todo esto quizás, la arquitectura se esta convirtiendo en nuestra sociedad en algo tan prescindible como la poesía. .

A la vista de lo expuesto, enseñar arquitectura parece una algo complejo, incluso de definir y por tanto de transmitir su conocimiento. Sin embargo, resulta algo evidente si nos situamos frente a las cosas y a los objetos con una mirada limpia, sin la interferencia del sistema académico y profesional…es decir, frente a las cosas tal cual son. En este sentido, lo primero que sería preciso enseñar y aprender es a mirar… ¿Pero cómo se enseña a mirar?... Pues mostrando simplemente la arquitectura. Lo que se hace como siempre se ha hecho, esto es, poniendo al alumno delante del edificio y señalándolo con el dedo a la vez que se le dice: “he ahí la arquitectura”. Pero claro está, para esto, no hace falta escuelas, ni cátedras especializadas en todas aquellas disciplinas que más arriba hemos mencionado. Para eso solo hace falta saber escoger lo que se mira y enseñar a mirar, lo que obviamente solo se aprende con entrenamiento, esto es… mirando.

Las escuelas hoy en día, son centros de capacitación profesional, producen proyectistas de edificios o especialistas en partes de estos, y técnicos en construcción para encargarse de la ejecución de las obras. Esto responde lógicamente a lo que requiere la actual organización administrativa y el sector de la construcción, que ha dividido definitivamente la producción de un edificio, en una primera fase de planificación, el proyecto, y una segunda de desarrollo, la construcción. Que en la confección de los proyectos haya una intencionalidad estética (conseguida o no) nada cambia desde la óptica del aprendizaje de la arquitectura (que es otra cosa) ni convierte por ello a los alumnos en conocedores de arquitectura.

Y es que a las escuelas no se va a aprender arquitectura si no a aprender a hacer proyectos. A las escuelas se va a formarse como profesional para trabajar en el sector de la construcción haciendo edificios. Pero no es verdad que se requiera aprender a hacer edificios para aprender arquitectura, ni que aprender arquitectura sea sinónimo de aprender a hacer proyectos. Aprender para entender de arquitectura estudiando la disciplina de hacer proyectos, parece tan disparatado como tener que aprender solfeo o composición musical para comprender, entender y disfrutar de la música. Según esta visión, solo los arquitectos profesionales pueden entender de arquitectura ya que en ella no cabe el diletantismo…

El problema es cómo explicar a un diletante ilustrado como Alberti que nunca proyecto ni construyó nada y sin embargo escribió un tratado de arquitectura que se convertiría en un clásico, o a Piranesi, quién por una parte, se limitó a dibujar edificios y ruinas romanas y por otra desató su imaginación en grabados con visiones de cárceles imposibles.
Sin embargo, el asunto es mucho más sencillo. Solo se requiere mirar edificios con alguien entrenado en verlos, sea o no arquitecto. Solo hace falta que el profesor sepa arquitectura y que la sepa mostrar. Y para aprender solo hace falta entrenamiento.

La arquitectura se enseña y se aprende por tanto, como siempre se ha hecho, con un profesor al que acompañan los alumnos para ver edificios .Y es que el gusto por el conocimiento de la arquitectura, es un gusto propio de mirones. El placer por la arquitectura se colma viendo buenos edificios y ¡hay tantos buenos ejemplos!

Resulta sin embargo sorprendente que, para saber de arquitectura, las escuelas obliguen a los alumnos a pasar por el calvario de aprender a proyectar edificios. Es como si para saber y gozar de la poesía hubiere que seguir un curso de aprender a hacer versos o conocer cuantas estrofas tiene un soneto, que es una onomatopeya, o de que tipo de oración se trata y cual es el predicado. Y es como si la institucionalización de todas las cosas fuera una obligación, algo a lo que en esta sociedad se esta abocado. De ahí, que se confunda arquitectura con proyecto, música con solfeo o literatura con análisis gramatical.

En las escuelas de arquitectura, al menos en mi época, solía haber una tienda en la que los alumnos se proveían de material de trabajo como lápices laminas y cosas así. Supongo que seguirá existiendo (con el predominio de las computadoras quizás no). Pues bien soy de la opinión de que si lo que se enseñara en las escuelas fuera en verdad arquitectura, lo que debiera de haber, antes que aquella tienda e incluso antes que despachos, laboratorios y cosas así, es una agencia de viajes, que pusiera a disposición de los alumnos todo tipo de rutas y visitas programadas para ver edificios, con circuitos de autores, de estilos, de épocas, de tipologías etc. Una parte importante del trabajo de los profesores seria el de maestros-guías de manera similar a la de los guías turísticos. A estos cursos de visitas guiadas podrían asistir todo tipo de personas, fueran estudiantes o no, orientados hacia el ejercicio profesional, a la cultura en general o a la simple afición diletante. La única condición estaría el de su interés por la arquitectura.

Estos viajes yo he empezado a hacerlos muchos años después de acabados mis estudios académicos, con el antropólogo e historiador Caro Baroja quien me enseñó las villas medievales vascas, con el arquitecto Feduchi quien me ayudo a entender la arquitectura popular de la cornisa cántabra o con el también arquitecto I.M.Pei con quien recorrí el Louvre.

Para el verdadero estudiante de arquitectura que quiere conocer y saber de arquitectura, hay en el mundo ya suficientes edificios y ciudades de interés, como para ni en diez vidas poder verlos y disfrutar de todos. Entonces desde la perspectiva del conocimiento de la arquitectura…¿quién necesita de más edificios si no tenemos ni el espíritu, ni el tiempo para mirarlos y mucho menos la paciencia para verlos y pensarlos.

Es algo parecido a lo que sucede con los libros y la industria editorial. ¡Hay tantos libros por leer, que carece de sentido seguir lanzando libros al mundo!
Solo al que en verdad no le gusta la arquitectura, al que se la toma como una profesión, se puede dedicar ha proyectar edificios, a no ser que se trate de un loco o un incauto que todavía persigue la disparatada ambición de echar otro edificio al mundo con la esperanza de que sea algo nuevo.
El que es sabio en arquitectura en lugar de proyectar mira y calla, porque sabe que todo nuevo edificio es siempre un edificio de más. Solo cuando esta acompañado por un estudiante en verdad interesado, levanta el brazo y señala con el dedo a un edificio, se pone en camino lo rodea y penetra en su interior para recorrerlo. Pero esto más que una profesión, es una afición como la de leer libros, subir a las montañas o coleccionar sellos. No tiene ninguna trascendencia social. Por eso no se enseña en las escuelas ni en las universidades. Por eso no interesa más que a algunos arquitectos jubilados y a algunos locos, a los que por cierto en ocasiones sucede que son detenidos cuando se pasan mucho tiempo delante de un edificio mirando sus ventanas. La policía suele tender a pensar, que se trata de observadores o informadores de alguna banda terrorista, o en mejor de los casos viciosos mirones enganchados al sexo.

La enseñanza de la arquitectura, como la de la música o la de la literatura, cuando se centra en el mejor de los casos en la obra, ha venido en los últimos tiempos lastrada por el exceso en la interpretación. La experiencia única de la visita directa al edificio, percibiendo el espacio como totalidad, se ha sustituido por los planos, las perspectivas infográficas o el reportaje fotográfico de la revista especializada.


Susan Sontag
Susan Sontag (1964) ha advertido certeramente contra el exceso de interpretación que ha terminado por envenenar, domesticar y banalizar la complejidad de las obras de arte. Como en literatura, la lectura de la novela o del poema, en arquitectura nada sustituye a la visita directa al edificio. Por ello, para la enseñanza de la arquitectura, no se trata tanto de reforzar la interpretación como de olvidarse de ella bañándose directamente en las obras.
La crítica y el análisis arquitectónico, tendrían que centrarse en describir esta experiencia, advirtiendo que en cualquier caso nunca la sustituyen y que cualquier juicio es siempre algo limitativo y en ocasiones injusto.

El esfuerzo analítico de la arquitectura a partir de los sesenta derivo en dos caminos, uno critico que se relacionaba con las posiciones que ponían en cuestión el sistema y que hoy malvive en las cavernas esperando tiempos mejores, y otro más pragmático (más realista y disciplinar se decía) aunque aderezado con un gran y refinado bagaje cultural, que reforzaba la autonomía de la arquitectura entendida como disciplina pretendidamente ensimismada, pero que se acabaría orientándose, como no podía ser de otra manera, a fundamentar la enseñanza de la arquitectura, no en cuanto tal, sino como practica proyectual, legitimadora de la función social de la profesión de Arquitecto.

De entonces a hoy las cosas han cambiado mucho, aunque de enseñar y aprender arquitectura apenas si se sigue ocupando nadie. Pero el neoliberalismo reinante en los últimos años, ya casi como una nueva manera de ser y de vivir, ha llevado como en tantos otros aspectos, a una situación de total confusión en el mundo de la arquitectura, en donde todo vale si viene avalado por una firma reconocida del stars system, en donde es condición indispensable para el éxito de una obra su contenido en sorpresa y espectáculo. La arquitectura como parte de la sociedad del espectáculo, de la que hablaba a finales de los sesenta Guy Debord está más presente que nunca. Esto ha llevado a la reflexión teórica y a la crítica de las obras, a coincidir con la mera práctica profesional, en la que los textos explicativos fundamentales son los elaborados por los propios autores de los proyectos en la confección de estos, situación que ha convertido la critica, el análisis y la teoría, en algo casi inexistente. Del exceso en la interpretación, contra el que en los años sesenta advertía Susan Sontag, hemos pasado, en la mayoría de las actuales revistas de arquitectura, a la simple exposición de las imágenes de las obras sin otro texto que el pie de foto que referencia a la obra, y como no, al autor.

Casa de Le Corbusier 
De la arquitectura casi militante de autor de los sesenta, con la que se quería poner de relieve las obras ejemplares frente a la zafiedad de la mayor parte de la producción arquitectónica, gobernada por la mas rabiosa especulación inmobiliaria, se ha pasado al copyright del autor estrella, que pronto acabara cobrando derechos de imagen, no solo por su obra, sino también por su persona.
Así ha sido, hasta que ha llegado la crisis capitalista a los países desarrollados y se han implantado las políticas de ajuste y recortes económicos, que han considerado a la arquitectura del espectáculo como un gasto prescindible y ha mandado a la profesión de los arquitectos al paro. Ahora los cantos de sirena vuelven a llamar a la racionalidad en la construcción, a la sencillez, al ahorro, a acabar con el despilfarro inmobiliario. EL capital quiere ahora arquitectos responsables, modestos y buenos profesionales, alejados de las estrellas de los años recientes que empresas, bancos e instituciones encumbraron y ahora ponen en la picota y del que puede ser un ejemplo paradigmático el valenciano Calatrava.

Si en los últimos años en las escuelas de arquitectura se enseñaba a proyectar edificios brillantes y espectaculares (aunque fueran poco menos que inconstruibles)…si las escuelas estaban orientadas a producir genios…yo me pregunto… ¿qué enseñarán ahora?