domingo, 2 de noviembre de 2014

DÍA DE DIFUNTOS.

La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.
(Antonio Machado)

Tumba de José María Amador - Cementerio de San Pedro, Medellín

A diferencia de otros países Latinoamericanos, en Colombia no se hacen grandes ceremonias este día. Todo se limita a visitar los cementerios y criptas y a celebrar misas en memoria de los difuntos.


No se preparan comidas especiales, como los fiambres de Guatemala, que son consumidos en su visita al cementerio.  Tampoco hacemos en la casa los altares con las viandas preferidas del difunto. Tampoco tenemos los panes con forma humana de Bolivia..

Los matrimonios en honor a los muertos que se hacen en Ecuador tampoco los acostumbramos en Colombia, ni los “Tanta Wawas”, panetones en forma de bebes envueltos que elaboran ese día en Perú.

En México sí que celebran el día de difuntos a lo grande, es que han heredado muchos ritos y costumbres milenarias de sus ancestros Mayas y Aztecas. Para ellos el 1 de noviembre regresan las almas de los adultos muertos, y el 2 los de las niños difuntos. Las calaveras son un símbolo que no falta ese día representando la muerte y el renacer.

Lo que sí recuerdo es que hace tiempo ese día era algo tenebroso, entonces se hablaba de las ánimas benditas del purgatorio como si fueran entidades que interactuaran con sus familias, en especial en ese día de difuntos. Se les pedían favores y se les pagaban responsos  y sufragios para acortar su estadía en las llamas del purgatorio.

Todos creímos ciegamente en esas cosas, “Se conceden indulgencias plenarias, aplicable sólo a las almas del purgatorio, a los fieles cristianos que visiten piadosamente un cementerio (aunque sea mentalmente) y que oren por los difuntos”.

Al llegar al atrio encontrábamos a varios sacerdotes dispuestos a cantar o recitar los responsos a cambio de una pequeña o grande contribución, según fuera la voluntad de los fieles. Una vez que el sacerdote tenía  una lista razonable de nombres de difuntos para iniciar los rezos ingresaba al templo por el pasillo central seguido por los familiares y amigos de los muertos e iniciaba su inteligible recitación: V. “Ne recordéris peccáta mea, Dómine”. / R. “Dum véneris iudicáre sæculum per ignem”.  

Y así continuaba su oración el cura mientras caminaba muy lentamente hasta el presbiterio para salir nuevamente al atrio y recibir a otros deudos.

Esa  noche en los templos se celebraba la misa de difuntos y la gente asistía sin falta con el corazón compungido. Las mujeres iban de riguroso traje negro y sus reglamentarias chalinas; a lo mejor muchos no saben que a las damas no se les permitía entrar a los templos con la cabeza descubierta.

Tal vez no sea muy preciso en lo referente a los trozos de la oración que publico, pero de seguro si es algo muy aproximado a lo que se decía, es que esto fue hace buen tiempo cuando aún yo estaba muy pequeño.

Retazos de la vida que solo quedan en la memoria de los que los vivimos y que ya como tantas otras cosas se esfumaron en las nubes del tiempo.

Los animeros también hacían su agosto el primero de noviembre:
Del programa "Testigo directo" (Publicado el 22 abr. 2012): En Puerto Berrío (Antioquia), vive "El animero", un hombre que desde hace 12 años, se ha dedicado a ayudar a las almas sin pena para que puedan tener un descanso en paz. Estuvimos con él y algunos devotos en un ritual, a la medianoche...y en el cementerio.



Obviamente no voy a desearles un feliz día de difuntos, solo espero que en esta fecha recuerden y conserven los bonitos recuerdos de todos los que se nos han adelantado en este viaje, a veces corto, a veces largo de la vida.