sábado, 17 de enero de 2015

FOTO LIA 60 AÑOS

Quieto pa la foto

Don Darío Molina. + Junio de 2016

El estudio fotográfico Foto Lía llega este año a sus sesenta años fotografiando los momentos más destacados de los habitantes del barrio La América y sus alrededores. Su propietario don Darío Molina comenzó su labor en el año 1954 en un local situado en el costado sur de la calle San Juan, esquina con la carrera 88. Contiguos a su local estaba la recordada farmacia Santander y la heladería Noches de luna. Con el ensanche de la calle San Juan los locales de esa franja fueron demolidos y ahora está en el costado norte, exactamente en la carrera 87 x 44, sector antiguamente conocido como barrio San José.

Recuerda don Darío que entonces aún pasaba por allí el tranvía de La América, cuya terminal estaba en la carrera 90, antes de que llegara el tranvía hasta San Javier.

Don Darío nació en Barranquilla y su familia se trasladó a Medellín cuando él tenía ocho años. Su padre, Emilio Molina, era fotógrafo y les enseñó el oficio. Su tío Manuel Molina, fundó "Foto Molina" en Junín con La Playa.

Llegaron a vivir al barrio Loreto y poco tiempo después se pasaron al barrio Manrique. Creció entre cámaras y elementos de laboratorio fotográficos y aprendió el oficio naturalmente, desde revelar en el cuarto oscuro hasta iluminar fotos con pincel y acuarela.

Su primera cámara fue una de cajón y fuelle con lente Schneider, usaba películas de 4x5 y 5x7 (Pulgadas), ya se imaginarán la calidad de fotos que obtenía. La foto de mi primera comunión me la tomaron allí con esa cámara, pero ahora ya están usando el formato digital.

Don Darío recuerda que entonces a sus veinte años montó en el tranvía, visitó los billares de Los Cárdenas y fue a Noches de luna, donde amenizaban las noches con buenas orquestas.

Todas las fotos tomadas desde el año 1954 están debidamente guardadas con su nombre día y año en que fueron tomadas. Le di los datos de la foto de mi primera comunión e inmediatamente consultó en su libro, y Eureka, allí estaba el dato y el número guía.
- Se la tengo, me dijo satisfecho.

Allí en su archivo hay miles de fotos de matrimonios, bautizos, primeras comuniones, cumpleaños etc. En fin retazos de recuerdos de tiempos idos inmortalizados en sus fotos.

Su colaboradora Luz Elena Arango, también fotógrafa, nos cuenta que revisando los archivos encontró fotos de personas destacadas que posaron ante la cámara de Foto Lía. Una curiosidad es la foto del expresidente Álvaro Uribe en su niñez. También vimos fotos de modelos famosas como Ana Sofía Henao y Geraldine Zivic. En los archivos también está la foto del conocido periodista Juan Ignacio Velásquez.

En una ocasión que visitaba la ciudad Suor Monique Colrat, Superiora General de las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación, esta llegó a Foto Lía para tomarse la foto oficial que sería distribuida en todos los conventos del mundo. Llegó vestida con ropa informal, como acostumbran las religiosas en Europa, por lo que hubo que ir a traerle un hábito desde el convento, que afortunadamente estaba muy cerca.

Muchas son las personas que han pasado por foto Lía y seguramente serán muchas las que con el tiempo han ocupado destacadas posiciones en la vida política, cultural, militar y social del País, don Darío no lo recuerda, pues el solo se ocupada de ajustar su cámara y decir: “Quieto pa la foto”.

Cuando se me ocurrió hacer esta nota no sabía que don Darío Molina estaba llegando a sus sesenta años de labor, otra casualidad en estos retazos de la vida.
Feliz aniversario Foto Lía.



viernes, 16 de enero de 2015

EL ENCARTE DE GARDEAZÁBAL

Cuadro de Wikipedia
Gustavo Álvarez Gardeazábal, el famoso escritor de Cóndores no entierran todos los días y otros éxitos editoriales es noticia luego de haber sido despedido del famoso programa radial "La luciérnaga". Sobre su salida se tejen muchas hipótesis, entre las cuales no faltó la de que había sido por petición del presidente Santos, cosa que luego el mismo Gardeazábal desmintió al asegurar que el único responsable de su salida era el nuevo director del programa Gustavo Gómez. Sea cual fuera la razón de su desvinculación del programa lo cierto es que su salida e igual que la de su director, Hernán Peláez ha dejado un hueco grande en La luciérnaga, cuyas consecuencias solo las dirá el tiempo y los oyentes, a los que no les gustó mucho este movimiento de la cadena radial.

Son muchas son las anécdotas que hay sobre el escritor, esta es una que fue publicada hace poco que nos muestra como se mueven algunas cosas chuecas en Colombia y la ingeniosa forma en que Gardeazábal las sorteó en su momento.



Publicado en "La otra cara", diciembre 5, 2014
Por Pedro Luis Barco Díaz CARONTE.



Esa noche del verano de 1980, Gardeazábal leía sentado en un taburete de madera, en su casa de alquiler del barrio El Lido de Cali Colombia. Lo acompañaban sus incontables libros y un par de perros diminutos con nombres de mastines fieros: Caifás y Barrabás.

A diario escandalizaba a la pacata sociedad caleña con sus “Notas Profanas” del periódico El País, oficiaba como diputado de la Asamblea Departamental del Valle del Cauca, ya había publicado su gran novela “Cóndores no Entierran Todos los Días,” y también había sido concejal de Cali por el “Movimiento Cívico” que regentaba José pardo Llada, el mítico periodista que se le había volado a la revolución cubana y al mismísimo Che Guevara.

Horas antes, en la Asamblea, había participado en un debate tenaz, negando la incorporación a las rentas del departamento, de una nueva lotería que era, en verdad, un juego de azar de aquellos que el Código de Policía prohibía y sólo dejaba jugar durante las fiestas patronales de los municipios. El debate había sido tan intenso y veintijuliero que un diputado del norte del Valle, había comparado al inventor del juego con Tomas Alba Edison, con Alexander Graham Bell y con Alexander Fleming.

Y el inventor del juego era Don Eleazar de Jesús Agudelo Arango, un paisa nacido en plena Plaza de Berrío en Medellín, pero con un dejo tan montañero, que parecía que se acabara de quitar las alpargatas y el carriel. Mientras estuvo en el Valle del Cauca, siempre vistió de saco café -medio arrugado- y de sombrero Barbisio. Ah, y tenía una edad indescifrable, indeterminada, de la cual, según me cuentan, aun goza.

El juego, que denominó “el 24,” se jugaba en una mesa de billar con dos bolas talladas como dodecágonos. Los parroquianos depositaban previamente la apuesta en una lona con los números, el garitero tacaba otra bola, ésta movía los poliedros y el número que salía, ganaba 24 veces el valor apostado.

Ese juego se había regado -de manera ilegal- por el Valle del Cauca y otros departamentos, por lo que la policía decomisaba los trebejos. Don Eleazar, para legalizarlo, contrató a un habilidoso abogado, quien valiéndose de argucias, hizo el trámite ante el ministerio de Desarrollo y patentó la genial idea del paisa montarás, con el pomposo nombre de “Lotería de Precisión.” Es decir, como un juego de habilidad o destreza.

El problema era que los vagos, quienes fueron los que más se aficionaron al juego, cuando la garita los dejaba sin un peso, se iban a robar por los alrededores y volvían a que “la casa” los volviera a pelar. Muchos alcaldes, incluso, llegaron hasta a contratar ladrones para que se robaran las bolas, con tal de no dejar a la juventud de ese entonces a merced del temible “24.”

En la Asamblea esa tarde se habían enfrentados dos bandos: por una parte Gardeazábal y el “pantalonudo” Alfonso Ossa Jaramillo, el papá de Carlos Ossa escobar, quien era el presidente de la Duma; y por la otra, un buen número de diputados, que sin pudor juraban que don Eleazar era Cristo revivido. Pero el debate no concluyó y quedó postergado para la tarde del día siguiente.

Como dije al principio, Gardeazábal, esa noche, se encontraba leyendo, cuando percibió que desde la calle, le llegaba una fragancia masculina exquisita, la cual identificó de inmediato. Segundos después tocaron la puerta de manera educada, o mejor, delicada.

Cuando el escritor abrió la puerta, no pudo creer que en la vida real existiera un joven tan delicado, bello y bien vestido. Y que oliera tan rico. El jovencito, con voz de querubín celestial le dijo:
-Escritor, de parte de don Eleazar.- Al tiempo que le entregaba una champagne “Veuve de Cliequot,”precisamente la bebida predilecta del “Bon Vivant” tulueño.

-Pasa. -Le respondió el también joven novelista. Y lo invitó a sentarse en una de las tres poltronas de la sala principal.

Empezaron a degustar el fino champagne. El joven, que resultó además encantador con su charla, de manera sutil se le acercaba hasta rozar al escritor, para que éste advirtiera cuan arqueadas y perfectas eran sus pestañas. Gardeazábal, haciendo esfuerzos heroicos, se pasaba a la otra poltrona, y el jovenzuelo lo perseguía sin desfallecer. Así le dieron más de 10 vueltas al ruedo, hasta que agotaron la última gota de champaña.

Cuando el jovenzuelo se puso de pie para retirarse, se podía notar en sus ojos una sutil súplica para que no lo dejara marchar derrotado, pero Gardeazábal –inflexible- sólo le dijo antes de despedirlo:

-Entrégale esta esquela a don Eleazar.

Garrapateó una nota de forma rápida, humedeció el sobre con su lengua, lo cerró y se lo entregó al muchacho, que se marchó cabizbajo.

Al otro día, don Eleazar abrió la tarjeta y leyó, con estupor, el contenido que decía: “¡Eleazar ¡ Ahí te devuelvo ese cul* envenenado!”

EL MATONEO DE CHARLIE HEBDO

Con todo respeto.




Nos guste o no el estilo de la revista francesa nada justifica la barbarie que se cometió contra sus caricaturistas. Aún no es claro quiénes están detrás de esta barbaridad y solo esperamos que algún día salga a la luz la verdad. Mientras tanto, se tejerán muchas versiones de conspiración cercanas a una novela.

Lo que si es cierto es que ellos ejercían de algún modo el matoneo o bullying. En Colombia muchos no conocíamos su estilo editorial, hasta ahora. La verdad viendo sus dibujos uno no entiende la razón de ser de estos. No parece correcto mofarse de las ideas y creencias religiosas de otros, ser agnóstico o ateo no da derecho a ridiculizar a los creyentes. Los temas que tocaban eran muy sensibles y jugar con candela es peligroso. ¿Hasta donde debe llegar la libertad de expresión?. hasta donde comienza el respeto que merece la opinión del otro. Se puede debatir sin herir.

Historia
(De WikipediA)

Charlie Hebdo es un semanario satírico francés de izquierdasa fundado en 1992, que tomó su nombre de una publicación satírica que existió entre 1969 y 1981 (primero como Hara-kiri y Hara-kiri hebdo). Según Charb, director de la publicación hasta 2015, su redacción refleja a «todos los componentes de la izquierda plural, incluso de los abstencionistas».Con sus publicaciones consiguió la indignación de musulmanes, judíos y cristianos por igual.

Su labor fue motivo de juicios, debates por la libertad de expresión, acusaciones de provocaciones a facciones religiosas y atentados; uno de ellos, con cócteles Molotov, en 2011).

El más grave fue el 7 de enero de 2015, en su sede parisina, en que dos encapuchados asesinaron a doce personas además de herir de gravedad a otras cuatro. Entre los fallecidos se encuentran los dibujantes Charb, Cabu, Wolinski y Tignous; además de dos agentes de policía.

Paz en la tumba de las víctimas.

jueves, 15 de enero de 2015

EL INCENDIO Y LA MACUÁ


No recuerdo el año, pero sí el día. Era un domingo siete de diciembre, aproximadamente eran las once de la mañana cuando me dirigí al supermercado del barrio y vi caer un globo en una fábrica de muebles y colchones ubicada frente a una bomba de combustible. Acaté a advertirle a uno de los empleados lo sucedido para que estuviera pendiente mientras yo ingresaba al supermercado a conseguir lo que buscaba.

No tardé mucho en hacerlo, y al salir vi al empleado haciendo retirar todos los vehículos después de suspender el servicio en la gasolinera.

Ya se veía salir humo negro  de la mueblería que estaba cerrada por ser día festivo. Los globos en esa temporada de navidad son peligrosos y causan incendios, como ese que estaba comenzando en ese momento.

Le propuse al empleado de la gasolinera que pasáramos la calle y forzáramos la puerta del local afectado para ver si podíamos hacer algo antes de que el fuego tomara fuerza. Así lo hicimos y pateamos la puerta varias veces a la voz de tres. Era una gran puerta de madera pintada de azul de una antigua casona con tejas de barro. Continuamos golpeando la puerta hasta que en el tercer intento se abrió de par en par dejando salir del interior grandes lenguas de fuego y una tremenda onda de calor.

Nos retiramos a una distancia prudente y vimos como ardían muebles e insumos en medio del crepitar de fuego. El sitio tenía un patio grande y corredores laterales techados. Las vigas comenzaron a caer y solo sentíamos impotencia ante el elemento fuego. El fuego es hermoso e implacable, es increíble la rapidez con que se propaga.

El sito se llenó en un abrir y cerrar de ojos de curiosos que se alineaban a lo largo del separador central de la calle San Juan. Estos eventos producen una extraña atracción y causan diversas emociones entre los observadores. Algunos gritaban, las señoras lloraban y otros sin duda lo disfrutaban. Por mi parte yo comenzaba a grabar en mi memoria todos los detalles para algún día escribirlos, no sabía cuando… Hasta ahora.

Las sirenas de los bomberos comenzaron a escucharse a lo lejos cuando partes del material liviano se elevaban sobre las grandes llamas.
De repente se comenzaron a escuchar risas y silbidos, algunos gritaban: Linda…, Mamita…, Macuá.

Macuá, Entonces entendí la causa del barullo. Corriendo por media calle hacia el sitio del incendio venía un hombre obeso vestido con una sudadera rosa, Sus brazos extendidos aleteaban como una mariposa mientras gritaba con voz aflautada: Incendio… socorro…. Llamen los bomberos.

Y los bomberos ya estaban llegando tras este hombre que les parecía abrir el camino y se robaba la atención de todos.

Nunca antes lo había visto, pero ya había oído muchas historias sobre este personaje. Como eso de que acostumbraba caminar por la famosa carrera Junín vestido a veces como un elegante lord inglés y otras como una despampanante mujer. Se decía que tenía fino humor y un gran corazón a la hora de ayudarle a los necesitados. Escuché varias llamadas suyas al programa radial Los Habitantes de la noche de Alonso Arcila en las que ofrecía dinero o materiales a personas pobres que hacían sus peticiones.

Los bomberos instalaron una larga escalera y prepararon las mangueras con la habilidad que los caracteriza y cuando iban a comenzar a subir la Macuá se les adelantó y subió primero reclamando que le pasaran la manguera.

Los bomberos casi se cayeron al piso de de risa. El protagonista ya no era el incendio, era la Macuá.

Cuentan que José Luis Villegas, La Macuá, era de una familia rica del barrio Laureles de Medellín. Su gran memoria quedó comprobada cuando estando en un restaurante vio entrar a un hombre, que resultó ser el famoso periodista Héctor Rincón, el del periódico La Hoja y el programa la Luciérnaga de Caracol. La Macuá se paró frente a él y le dijo: “Pará un segundito, no me digás nada todavía. Ahora sí hablá” y entonces Héctor dice incómodo: “Buenas tardes”, y ‘Macuá’, como un resorte, salta y le responde: “Rincón, tercero de primaria, Bolivariana”. Habían sido compañeros de colegio en la infancia y lo reconoció por la voz.

Ahora los habitantes de las casas vecinas, atemorizados y temiendo que las llamas se propagaran a sus viviendas salían con baldes de agua y mangueras de jardín en un inútil esfuerzo para controlar el gran incendio. Desde las largas escaleras los bomberos disparaban potentes chorros de agua que producían  grandes nubes de vapor que ascendían como nubes hacia el firmamento azul de ese día de verano.
Y en medio de ese vapor se esfumó La Macuá y el incendio cedió dejando ver el esqueleto humeante de la casa en ruinas.

Este retazo de la vida que parecía ser exclusivo de un incendio terminó siendo un recuerdo gracioso  de este célebre personaje, por lo demás muy querido.


UNA SERENATA DE LA "MACUA"
Publicada por Los romanceros de Colombia, sábado, 25 de octubre de 2014

Ya en la década de los setentas una noche Alberto esperaba afuera del restaurante El Escorial la llegada de algún cliente. Mientras tanto Tulio Parra y Jorge  Valle estaban adentro sentados en una de las mesas. Apareció de pronto un hombre manejando una motocicleta pequeña, y  con mucha pericia y delicadeza se bajó de ella, ahí en toda la puerta del restaurante. Este era un cliente muy particular, que les planteó a Los Romanceros una situación excepcional que no se les había presentado en los más de treinta años de vida artística del trío. Nunca antes Los Romanceros le habían llevado serenata a un hombre, y mucho menos si el cliente era hombre también.

La Macuá era un ganadero de la ciudad de Medellín muy aficionado, entre otras cosas, a las corridas de toros y al buen vestir. Después de explicarles de qué se trataba, Los  Romanceros salieron con él rumbo a  la casa del novio. Cuando llegaron a la vivienda de su amado, se abrió la puerta y salió un joven acompañado de su madre. Esa noche cantaron todas las canciones típicas de una serenata que se lleva a la novia querida, sólo que aquí se trataba del novio querido. A pesar de lo novedoso del acontecimiento, para el trío todo salió a las mil maravillas. De allí La Macuá llevó el trío a dar otra serenata. Esta era para su mamá de crianza. Fue muy triste lo que allí sucedió. El ganadero, recostado sobre su nana,  lloraba todo el tiempo y ella cariñosamente no cesaba de consolarlo. Todo fueron quejas, dolor, lamentos, lágrimas. ”En la familia no me quieren porque soy así;  me botaron de la casa, me botaron de la casa…”. Insistía en lo mismo una y otra vez. Con gran tristeza abandonaron el lugar Los Romanceros.

Dizque una vez, o seguramente varias, La Macuá se subió a una mesa de billar del salón Metropol y se puso a bailar flamenco. Pero los recuerdos más memorables sin duda son los de sus fiestas.
Aquí copio una de esas anécdotas que aparece en “De la Urbe” (periodismo universitario para la ciudad).

En algunas noches de farra en un bar de mala muerte que frecuentaba llamado "La arteria", se ufanaba contando que por una noche había sido la primera dama de la nación.

LAS FIESTAS DE LA MACUÁ

Dicen que a sus cumpleaños asistían famosos personajes de la política y la farándula nacional. 

"Una vez  hizo una fiesta de cumpleaños a la que asistió la crema y nata de la sociedad nacional. Se dice que personajes como Pacheco asistieron. El caso es que para esa fiesta se vistió como una reina egipcia, y apareció llevada por cuatro negros musculosos, sobre un trono portátil. Hizo dorar monedas de 50 pesos, las que yo mismo tuve oportunidad de ver después del evento, esas monedas las tiró ella a los invitados, como regalo. Pero La Macuá se enredó mal, con traquetos que aparecieron por todas partes en los 80. Murió en un accidente años después, en 1985, durante una semana santa, cuando regresaba de un viaje a Jericó. Algunas personas dicen que fue un asesinato, ordenado por un narcotraficante”. Quién sabe.

Sobre su muerte en el accidente que tuvo al salirse de la carretera en una curva y caer en un abismo le sacaron un chiste cruel: Que era tan dañado que se lo comió una curva.

lunes, 12 de enero de 2015

LA MUERTE DE UNA CERRADURA

Todo pasa y todo queda, 
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.
(Antonio Machado)



En mayo cumpliría dieciséis años, siempre fue la guardiana de la entrada principal del edificio, sin pedir nada a cambio, excepto un poco de aceite de vez en cuando. Se mantuvo impecable y prestando un excelente servicio durante los primeros doce años, para luego comenzar  a soportar un infame trato por parte de un nuevo usuario que por un motivo desconocido la golpeaba inmisericordemente. Accedía esta persona al edificio cuando le venía en gana sin utilizar la llave, pateando la puerta salvajemente hasta hacer saltar el pestillo.

Nuestra cerradura comenzó a verse acongojada, lastimada y triste, pero de alguna manera siguió funcionando bien unos meses más, hasta que tuvo su primer colapso.

Llevada de urgencia al taller se le diagnosticó rotura de cilindro y fractura parcial de la espiga del pestillo. Luego del cambio de las partes rotas retornó jubilosa a su lugar en la puerta principal ante la alegría de todos los habitantes del edificio, bueno no de todos, pues su injustificado enemigo decía que esa vieja chapa había que cambiarla definitivamente. Ahí me di cuenta que era un caso crónico de una especie de gerontofobia a las cerraduras viejas, que no sé si ya está clasificada o habrá que buscarle nombre y para lo cual yo propongo el de “Serraefobia” . (Del latín: Serrae: Cerrar).

Desde entonces, y hasta ahora que escribo esta historia, han pasado casi cuatro años de golpes, insultos y maltratos a esta desdichada cerradura, que sin quererlo se volvió el objeto de las furias de un mal usuario, que como es típico, lo hacía “sin testigos”, pero las paredes ven, oyen y hablan.

Sus visitas al taller cada vez eran más frecuentes y sus daños más graves, tuvo que someterse a antiestéticas soldaduras y a remiendos poco ortodoxos, pues las partes de repuesto ya no se fabrican . Aun así luego de cada reparación volvía a cumplir con su labor de guardián de nuestra puerta, sin faltar ni un solo día.

Viernes 9 de enero
La cosa fue más grave cuando recibió un daño fatal. Inmediatamente se le trasladó  al centro de atención de los hermanos Rojas, dos veteranos cerrajeros que llevan más de cuarenta años en el oficio. Desde que la pusieron en la mesa de trabajo me dieron pocas esperanzas, pero así y todo iniciaron una exhaustiva exploración interna. Le removieron la tapa dejando al descubierto todo el mecanismo que contiene su palastro, equivalente al tórax. Removieron sus resortes, el muelle,  el cilindro y otras cosas que no pude identificar. La idea era que al menos se le diera un día de vida para que la puerta no quedara sin chapa esa noche. Tal cosa sería impensable luego de quince años y ocho meses sin que le faltara la cerradura a la puerta.

La “cirugía” ajustó seis horas y media cuando el reloj marcaba las ocho y treinta de la noche y decidieron suspenderla hasta el día siguiente. La cerradura no estuvo en la puerta esa noche causando mucha inquietud y algo de temor entre todos los residentes, claro, menos en uno.

Sábado 10 de enero.
Los técnicos retomaron la intervención a las tres de la tarde, decían que veían una luz al final del túnel que les auguraba  una solución al problema. Me recomendaron volver a casa y que en un lapso de una o dos horas me llamarían para recogerla sana y salva.

Como mi segundo nombre es Optimismo, confié que esto sería así. Como pasaron hasta tres horas y no recibía noticias, opté por regresar al taller y encontré a estos dos señores, que cual avezados cirujanos continuaban sudorosos en su ardua labor. Me dijeron que habían perdido un pequeñísimo cilindro metálico con su respectivo mini resorte, que hacia parte de un par que activa la apertura eléctrica. Entonces comenzaron a fabricar su reemplazo, cosa que hicieron en una media hora, y eso que no era tarea sencilla pues debería tener el mismo largo y diámetro del original, además de tener un orificio en su interior para alojar el resorte.

Eran las nueve de la noche cuando la cerraron y pusieron el último tornillo. Ellos estaban agotados pero alegres, pues según me dijeron ya estaba trabajando de nuevo, que si tenía algún inconveniente no dudara llamarlos para acudir en mi auxilio.

Así fue que Don Optimismo partió hacia el edificio para instalar la chapa y evitar una noche más de inseguridad. Ya instalada cerré la puerta, para descubrir que el asunto se había complicado, la puerta ya no abría, se había bloqueado.

Cumplidos los cerrajeros llegaron al rescate e hicieron varios intentos, pero nada funcionó. Esa platica se perdió.

No me resigné a que la puerta estuviera de nuevo sin seguridad esa noche. Me instalé en el escritorio y con mucha paciencia descubrí  la causa del bloqueo y logré que trabajara, al menos las horas que faltaban para el nuevo día, que en verdad no eran muchas pues ya era media noche.

Domingo 11
Encontré la tarjeta de Vladimir y Lesley, unos amigos que recién habían abierto una cerrajería. A pesar de que era día festivo no tardaron en llegar y dar su mejor recomendación: Hay que instalar una nueva chapa, la vieja ha fallecido.

No sé como hicieron, pero en menos de una hora volvieron con la cerradura nueva y en tres horas ya estaba instalada con su respectivo juego de llaves.

Me volvió el alma al cuerpo, ya veremos cómo nos va de ahora en adelante. Al menos espero que no aparezca alguien con fobia  a las cosas nuevas, (Neofobia).  Este mundo  a veces es complicado.