miércoles, 11 de marzo de 2020

TEATROS DE MI BARRIO

Teatro Santander.
Fundado en 1940.

Calle San Juan con carrera 88

En el año de 1940 la fracción del barrio La América tuvo un gran desarrollo. La carretera que la unía con "Medellín", fue arborizada y comenzó a llenarse de casas. Las calles del Barrio Cristóbal fueron pavimentadas con un costo de seis mil novecientos ochenta pesos, (6.185 metros asfaltados). y contaba con alcantarillado.

Cine Colombia en este mismo año construyó el Teatro Santander, con capacidad para 1.500 personas. 

Con el paso del tiempo se fue especializando en cierta clase de público. El Santander quedaba en la entrada del barrio Cristóbal, y se fue convirtiendo en el cine popular por excelencia, en donde sus clientes más fieles eran los estudiantes del liceo Salazar y Herrera fugados de sus labores escolares. 

Ellos armaban un despelote en el "gallinero" (Balcón del teatro), fumaban cigarrillo y arrojaban pepas de mango, escupas y mamoncillo a los espectadores. 

En cierta ocasión, en la que yo estaba, prendieron las luces mientras el padre Damián Ramírez, rector del Liceo Salazar y Herrera, entró al teatro y sacó a todos los alumnos que estaban "capando clase". Los llevó entonces en fila india hasta el colegio. Ahora funciona allí un depósito de materiales.

EL TERREMOTO

Estando aún muy pequeño, mis hermanos me llevaron a ver una película al teatro Santander que quedaba cerca de nuestra casa. Todo marchaba bien y disfrutábamos comiendo crispetas cuando las sillas comenzaron a moverse y se sentían ruidos en el techo. Todos salieron corriendo en la oscuridad de la sala saltando sobre los asientos en medio de una gran algarabía, mientras la película seguía proyectándose en la inmensa pantalla.

Comenzaron a caer pedazos del cielorraso, y por los boquetes que quedaros penetró la luz del sol formando columnas de luz amarillentas en el polvo que invadió el sitio. Quedé solo en medio de la penumbra cuando la tierra se aquietó, sin entender que había pasado. 

Entonces sentí que mi hermana, que había regresado, me jalaba fuertemente de la mano para sacarme del lugar. 
Al llegar a casa supe que había sentido el primer terremoto de mi vida.

LAS VISTAS



En mis tiempos escolares estaban de moda "las vistas", que eran los fotogramas de las cintas de las películas. Como las cintas eran de celuloide, a veces se reventaban o hasta se quemaban en el proyector, interrumpiendo la película. El operador tenía que arreglar el entuerto en el menor tiempo posible ante la protesta de los asistentes que le gritaban en medio de la silbatina: "Operador, soltá al muchacho"...

Los recortes de cinta inicialmente iban al cesto de la basura, pero al terminar la función el proyeccionista del teatro Santander nos vendía o hasta regalaba los pedazos de película. 

Entonces corría a casa para recortar los fotogramas para clasificarlos y ordenarlos según el tema que mostraran. Los que contenían la presentación del film, los protagonistas, paisajes, los cuadros, que eran las que mostraban las imágenes más bonitas. Los que presentaban el nombre de la película y el The End final, eran muy valiosos; y las vistas deterioradas o que no mostraban algo interesante, eran llamadas: "reques".

Pero el caramelo escaso eran las vistas que mostraban el beso que siempre se daban al final de la película. El que tuviera esta vista la podía intercambiar por varias que considerábamos de menor valor; y éramos expertos en el tema.

Teníamos un cuaderno destinado para guardar nuestra colección. Con una cuchilla hacíamos cuatro pequeñas muescas para empotrar cada vista, por categorías, como dije antes.

Los más avezados construíamos un proyector con una caja de cartón, un bombillo y una buena lupa. Si quedaba bien hecho, obteníamos una proyección de calidad muy aceptable que atraía una buena audiencia. Nos divertimos mucho con ese pasatiempo.

Lamentablemente al llegar la adultez cambiamos nuestro gustos, y el álbum quedó en el olvido. Al recordar esto me doy cuenta que añoro mi bello cuaderno y mis hermosas vistas.

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