lunes, 13 de abril de 2020

COVID-19

Un virus que llegó para quedarse.


Paul Fürst, grabado de un médico de la plaga de Marsella. 1721.

El Coronavirus, ahora llamado COVID-19 nos cayó de sorpresa como un baldado de agua fría. Sobre su origen todo lo que se dice hasta ahora es mera especulación. Lo cierto es que ya sabemos que su propagación ha sido vertiginosa y que ha alcanzado a casi todos los países del mundo convirtiéndose en una verdadera pandemia.

En las noticias y en general en todos los medios no se habla de otra cosa. Los gobiernos han ido tomando medidas y controles que han alivianado, pero aún no detenido, su propagación. No existe la vacuna para evitar esta enfermedad que afecta más gravemente a los ancianos y a las personas con problemas preexistentes.

Muchos laboratorios alrededor del mundo trabajan arduamente para desarrollar la vacuna que nos libere de este mal, pero ese será un proceso que no lograrán en menos de un año, por tener que cumplir las estrictas normas que evalúan su seguridad y eficiencia. Solo después de que se logre esto y se aplique la vacunación universal, las cosas empezarán a normalizase.

Mientras tanto debemos prepararnos para convivir con el coronavirus, guardando estrictamente las recomendaciones que se impartan. La vida debe continuar, aún sea en medio de un riesgo, que afortunadamente podremos menguar con un responsable comportamiento y un efectivo control que garantice esto.

La cuarentena terminará, pero las cosas serán muy distintas. Estaremos de la casa al trabajo y de trabajo a la casa; igual será para los estudiantes. Quien sabe por cuanto tiempo no habrá bares, discotecas y conciertos. Los amantes del fútbol se tendrán que conformar con ver repeticiones de viejos partidos y más tarde, tal vez, el reinicio del torneo oficial en estadios con puertas cerradas a través del canal pago de la Federación. La internet, la radio y la televisión serán nuestras ventanas al mundo exterior. Los tapabocas evolucionarán a artilugios más duraderos y efectivos.

Ojalá no pase mucho el tiempo para salir de esta situación, pero igual debemos aceptar que el asunto puede alargarse mucho. Podemos, eso sí, aprovechar para estrechar los lazos familiares y fraternales, dedicar tiempo para leer o escribir, cuidar el jardín y repartirnos las tareas del hogar, incluyendo en esto a los niños y jóvenes; en la medida de sus capacidades. Regresarán los juegos de mesa y las tertulias familiares.

Aunque para nosotros esto es una novedad, el mundo a pasado por graves epidemias anteriormente. Recuerdo en especial una que leí en una vieja historieta que con ilustraciones mostraba el importante papel que tuvo Nostradamus para controlar la peste bubónica en el renacimiento, y que quiero contarles ahora de memoria:

Cuando llegó a la Francia del Renacimiento el azote de la peste bubónica, que arrastró con su guadaña de la muerte a miles de personas entre los que se incluiría a la propia esposa e hijos de Michel de Nostradamus, este se dedicó a combatirla con relativo éxito, al asociar su propagación con la lamentable situación higiénica de la sociedad en ese tiempo.


Por ejemplo, luego de enterrar o incinerar a las víctimas de la peste, los sobrevivientes heredaban y usaban sus trajes contaminados y seguían viviendo en las casas sin ni siquiera limpiarlas. Nostradamus, que era médico, intuyó que estas malas prácticas eran las que atizaban la dura epidemia de la peste bubónica y comenzó a pedirle a la gente que quemaran las ropas de los difuntos y asearan los muros y pisos de las casas.

Viajó por muchos pueblos en esta dura campaña, aportando sus importantes consejos que fueron de gran utilidad para evitar tanta mortandad.

Ahora, médicos, enfermeras y especialistas de la salud han comenzado esta lucha para ayudar a controlar lo más pronto posible esta pandemia que nos ha hecho conscientes de nuestra fragilidad y vulnerabilidad.

Pero pase lo que pase, una cosa si es segura, el COVID-19 llegó para quedarse y convertirse en una enfermedad endémica.

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