domingo, 15 de marzo de 2020

UN ADIOS AL TEATRO JUNÍN

Se vende la mejor esquina de Medellín. 1964


A los medellinenses no les dolió la desaparición del edificio Gonzalo Mejía; a lo mejor a algunos músicos, arquitectos, poetas, locutores, gente que todavía hoy es minoría. La nostalgia vino después con las generaciones posteriores, las redes sociales, la idealización.

No son elogios a la nostalgia, la idea es hacer un cuestionamiento a qué se va y qué se queda en esta ciudad; una ciudad donde hace tiempo no hay espacio para construir, y por nuestro espíritu, de la industria y la plata, lo primero que se va es lo más antiguo, el patrimonio, sin entender que todo lo antiguo sea patrimonial.

Un jueves de abril de 1964 los medellinenses leyeron la noticia en El Correo:

- Doctor, ¿es cierto que el viejo Teatro Junín va a ser vendido en remate?

- El lote donde está el Teatro Junín, el Hotel Europa y otros establecimientos comerciales pertenece a la denominada Comunidad del Junín, explicaba Alberto Isaza, abogado. Algunos de los comuneros no quisieron continuar en la indivisión y solicitaron a esta oficina procediera liquidar oficialmente. Como esta comunidad no es susceptible de dividirla materialmente, pedimos al señor juez 19 civil del circuito la división por venta”.

Según la nota de prensa, los peritos Paulino Londoño y Bernardo Penagos avaluaron la propiedad en 8.281.298 pesos.

Esa es otra característica del antioqueño: le encanta demoler para después comprar nostalgias.

A mediados de los cincuenta “moscas de todos los colores” llegaron a Medellín. El sueño burgués de un solo tipo de gente, de cine y de música empezó a extinguirse. Aparecieron los ídolos musicales, la radio, el fútbol y surgieron los otros. La violencia bipartidista y los años dorados de la industria textil fueron las dos caras de una moneda llamada explosión demográfica y la élite medellinense abandonó el centro de la ciudad.

El Junín se convirtió en un teatro popular, con pulgas y trifulcas, en reinados de belleza al que ni los hermanos Doménico pudieron salvar. El Hotel Europa había desaparecido de las noticias de prensa, casi con la misma construcción del Nutibara.

- El teatro no duró ni cuarenta años, dice Agudelo mientras vigila a Apolo, su perro: - El edificio estaba en ruinas, pero eso tiene otro problema: ¿por qué una ciudad no lucha por conservar su teatro más importante? 

Demolición del Edificio Gonzalo Mejía. Foto de Digar, 1968.

La demolición del Hotel Europa fue una cosa tristísima: "los obreros apostaban a ver quién rompía más vitrales; unos vitrales, suntuosos, traídos desde Europa".

- Yo digo que ya deberían estar demoliendo el Coltejer. La afirmación un arquitecto en ese entonces parece temeraria, pero tiene su explicación: La casa de Los Jaramillo, que estuvo antes en esa esquina, había sido levantada en 1880 y fue demolida antes de 1920; y el Gonzalo Mejía, ese edificio imponente, fue construido en el 24 y demolido en el 68. Medellín antes tiene algo de memoria, antes no se ha autodestruido.
Fuente: Centro de Medellín. Mapa ilustrado.


Teatro Junín. Digar, 1964

Si hubieran existido la internet y las redes sociales en ese tiempo, seguramente otro sería el cuento. 

Era muy poco lo que los ciudadanos de a pie podíamos hacer entonces. Estuve el la última función que hicieron en el teatro Junín como despedida. Con aforo completo, hubo, tríos musicales, bailarines, magos y otros artistas, Fue una presentación muy regularcita y larga; tanto que me retiré por literal agotamiento. 

Pero fue bueno despedirse del querido y hermoso teatro Junín.

La demolición comenzó en el año 1968, y cuando uno pasaba y veía esto, era impresionante. Solo quedó un gran agujero que hicieron, según decían, para anclar un sistema de deslizadores en los que irían las bases del rascacielos que levantarían allí.

Edificio Coltejer. Juan Fernando Ospina