miércoles, 27 de julio de 2011

ARQUEÓLOGOS DEL FUTURO ll

Después de una búsqueda por las tiendas de libros usados logré localizar la revista Selecciones del Readers Digest de julio de 1980, esta es la que trae el artículo que comentaba en la anterior entrada.

Como lo prometido es deuda aquí lo transcribo acompañado de las magníficas ilustraciones originales. Queda comprobado que la memoria después de tanto tiempo no es muy fiable, basta con comparar las dos historias.

CUANDO PASEMOS A LA PREHISTORIA

Corre el año 4022 y cierto arqueólogo acaba de descubrir las ruinas de un hotel del siglo XX. ¿Cuáles serán sus conclusiones acerca de esta civilización perdida?

En 1985 coincidieron dos cataclismos que eliminaron todas las formas de vida en el continente Americano.
El 29 de noviembre en la mañana, una reducción fortuita en las tarifas postales sepultó a los Americanos bajo toneladas de folletos y volantes; y en la tarde del mismo día las impurezas suspendidas en el aire cedieron a la fuerza de gravedad y cayeron sobre lo que quedaba de población. Así, una de las civilizaciones del mundo antiguo pereció en menos de un día.

Las capas de pollutantus literati y pollutantus gravitas que cubrieron el continente se endurecieron hasta convertirse en roca ocultando el conocimiento de la civilización “perdida”. La información sobre esta fascinante cultura era muy incompleta hasta que hace cuarenta años, cuando el arqueólogo Howard Carson descubrió el Hotel de los Misterios en un lugar del continente Americano.



Antes de cumplir 42 años, Carson no había hecho nada de importancia, como no fueran algunos fallidos intentos de aumentar la productividad de las gibas de los camellos. En el año 4022, este inquieto hombre participó en el 116 Maratón Transcontinental, conmemorativo de la catástrofe Americana. Muy a la retaguardia del grupo de corredores, Carson se encontró cruzando los escombros de una excavación abandonada. De pronto cedió el suelo bajo sus pies y Carson cayó al fondo de un pozo antiguo que daba a una tumba.

La luz que se filtraba desde la boca del pozo le permitió ver la manija de la puerta del sepulcro y comprobar que el sello sagrado, colocado por tradición en la puerta una vez terminados los ritos funerarios, todavía estaba en su lugar. Carson comprendió que se hallaba en los umbrales de la historia y que finalmente se iban a revelar las misteriosas prácticas funerarias en las postrimerías del siglo XX.

Poco después, el y un grupo de voluntarios comenzaron los preparativos para entrar en la tumba. El chirriar de las viejas cerraduras rompía el silencio y al disiparse el manto de sombra que cubría los tesoros del interior Carson quedó boquiabierto.
El plástico resplandecía por doquier.

- ¿Puedes ver algo Howard?, preguntaron al unísono sus compañeros.
- Si, si, cosas maravillosas.

Así empezó Howard sus siete años de fatigas arqueológicas en el Hotel de los Misterios y en la remoción de los tesoros y de la documentación de la tumba número 26. Todo, en la Cámara Exterior, miraba hacia el magnífico Gran Altar (Ver 1), incluso el cadáver que yacía aún sobre la Plataforma Ceremonial (Ver 4).
El muerto tenía en su mano el Comunicador Sagrado (Ver 3) y en su muñeca una banda flexible de oro con una imagen similar a la del altar superior. (Ver 1).

La comunicación se hacía al golpear la superficie, a juzgar por ciertas marcas en las partes superior y laterales del altar, debajo del vidrio de este había varios espacios sellados para recibir las ofrendas. Por todas partes había elementos del antiguo ritual de ceremonias (Ver 2), dos pares de zapatos (Ver 5), desparramados por la cámara, varias vasijas en el altar y en torno de la plataforma, que alguna vez se usaron para libaciones y ofrendas, una estatua de la diosa Vatio (Ver 9) símbolo de la camaradería eterna y la ilustración.

Para asegurarse la máxima comodidad durante la vida eterna colocaban en la habitación muebles de hermosa manufactura. La pieza más valiosa era tal vez la HIELERA (Ver 10), este recipiente se destinaba a preservar de manera simbólica los órganos de los muertos. Los cielos rasos (Ver 8) estaban cubiertos de complicados mosaicos decorados con una serie de perforaciones paralelas a las que se les daba color aplicándoles ocasionalmente, pero de forma sutil, marcas de agua.

Consciente de que los dos pares de zapatos eran indicio de un entierro doble, comenzó a buscar otra cámara y no tardó en descubrir lo que llegó a conocerse como Cámara Interior, (Véase el gráfico siguiente), aún más deslumbrante que la primera.

Como Carson lo había profetizado, allí había otro cadáver, al parecer sepultado con más cuidado y ceremonia que el primero. Se encontraba en un resplandeciente sarcófago blanco (Ver9), sellado tras una cortina (Ver 10) y ostentando un extraordinario tocado ceremonial (Ver 8) que es hasta hoy un ejemplo sin paralelo de la mano de obra en plásticus flexible.

Las proporciones del sarcófago habían sido calculadas para evitar que el cuerpo se deslizara. Carson concluyó, debido a la posición similar de ambos cadáveres, que era un requisito del ceremonial que el difunto descansara la barbilla sobre el pecho. Aunque la superficie exterior del sarcófago no tenía adornos, se veían marcas ceremoniales en su interior, entre ellas diez filas paralelas sobre de discos con ligero relieve sobre el piso del sarcófago.

Dos trompetas de agua, una metro y medio más arriba que la otra, salían de la pared del fondo, de frente al muerto. Parte de la música, de rigor en la ceremonia final, la producía el agua del manantial sagrado al pasar por las trompetas y salir por un pequeño agujero en el piso del sarcófago. También contaban con una caja de música (Ver 6), instalada de ordinario sobre la Urna Sagrada (Ver 2).

Los objetos 1 y 4 se empleaban en la preparación del cuerpo para la jornada final, y el número 5 era el Pergamino Sagrado, fragmentos del cual se arrojaban en la urna durante la ceremonia previa al cegamiento de la tumba.

La Banda para la Cabeza y el Collar Sagrado (Ilustrado en la otra gráfica), estaban todavía sobre la urna, La primera se empleaba primero para mantener el Collar Sagrado en su sitio. La inscripción que lucía en su parte delantera era un salmo ceremonial; el lenguaje era atonal y las palabras se pronunciaban más o menos así: “Es-te-ril-iz-ado-par-a-su-prot-ec-ci-ón. Según los peritos el collar data del año 1979 de la era Cristiana y es uno de los más antiguos hasta hoy descubiertos. La calidad del trabajo es insuperable.


Poco a poco, la agitación la de los primeros días cedió a la monótona tarea de catalogar y dibujar cada hallazgo. La noticia del descubrimiento corrió de boca en boca y atrajo a muchos jóvenes arqueólogos, científicos e historiadores a trabajar con el admirable Howard Carson. Gracias a su ayuda la labor de la tumba 26 se completó al terminar la tercera temporada e incluso se trazaron planes para excavar los alrededores.


Un comentario de el drummondvillano nos trajo esta perla como anillo al dedo, una canción de Silvio Rodriguez que nos recuerda que seremos prehistoria, que bueno compartir esto aquí. Gracias Daniel.

AL FINAL DE ESTE VIAJE EN LA VIDA

Al final de este viaje en la vida quedarán
nuestros cuerpos hinchados de ir
a la muerte, al odio, al borde del mar.
Al final de este viaje en la vida quedará
nuestro rastro invitando a vivir.
Por lo menos por eso es que estoy aquí.

Somos prehistoria que tendrá el futuro,
somos los anales remotos del hombre.
Estos años son el pasado del cielo;
estos años son cierta agilidad
con que el sol te dibuja en el porvenir,
son la verdad o el fin, son Dios.
Quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte, en plena luz.

Al final de este viaje en la vida quedará
una cura de tiempo y amor,
una gasa que envuelva un viejo dolor.
Al final de este viaje en la vida quedarán
nuestros cuerpos tendidos al sol
como sábanas blancas después del amor.

Al final del viaje está el horizonte,
al final del viaje partiremos de nuevo,
al final del viaje comienza un camino,
otro buen camino que seguir
descalzos contando la arena.

Al final del viaje estamos tú y yo intactos.
Quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte, en plena luz.



11 comentarios:

el drummondvillano dijo...

Esto dice Silvio a proposito:

''Somos prehistoria que tendrá el futuro,
somos los anales remotos del hombre.
Estos años son el pasado del cielo;
estos años son cierta agilidad
con que el sol te dibuja en el porvenir,
son la verdad o el fin, son Dios.''

Me hace acordar de aquel documental que tal vez ud paso en el canal, una simulacion de lo que ocurrira con las grandes ciudades, a proposito mucho mas perecederas que la arquitectura de la antiguedad. saludos

danubio dijo...

Que bonito eso de Silvio Rodriguez, si señor no había pensado en ese documental "La tierra sin humanos". De seguro en algún momento seremos prehistoria.

Hasta pronto y saludos.

HUMO dijo...

Te felicito por haber sitado este contenido tan maravilloso me hiciste regresar a mimentos especiales cuando tenia 12 años y llegue a ver este articulo.

Gracias

danubio dijo...

Muchas gracias por el comentario, igualmente había disfrutado mucho ese artículo en mis tiempos de infancia y es muy grato poder compartirlo en el blog.

Anónimo dijo...

Gracias por tu investigación. Yo también leía esa revista que enviaban a mi madre y me fastidiaba no recordar bien los detalles de esta historia.
Gracias a gente como tú Internet es un antídoto contra el olvido.
¡Gracias!

danubio dijo...

Saludos, lo hice con mucho gusto pues a mi igual me quedó marcada esa lectura y siempre desee volverla a tener. Que bueno que a través de este medio pude compartirla.
Gracias por su mensaje.

Anónimo dijo...

Gracias por la publicacion.Mucho tempo intentando dar con la historia que me fascino en la niñez

danubio dijo...

Hola. Parece que muchos coincidimos por el gusto de estas historias de la vieja revista selecciones, me alegra que la haya encontrado aquí.

Mária dijo...

Ahhh, llevaba tiempo intentando localizar este artículo, que me encantó hace más de 30 años! Gracias!!!

danubio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
danubio dijo...

Hola María. Que bueno que lo encontrara aquí. Igual tuve el deseo de leerlo de nuevo, hasta que conseguí la revista en una librería de libros leídos.