viernes, 29 de junio de 2012

EL MAIL QUE NUNCA ENVIÉ

Basado en el poema: la carta que nunca envié quise hacer esta adaptación más acorde a nuestros tiempos. Realmente esa carta ahora difícilmente podría ser enviada por los medios acostumbrados en el siglo pasado, cuando un mensaje escrito en papel, metido en un sobre con la correspondiente estampilla podía tardar en llegar a su destino de tres o cuatro días a varias semanas. El correo electrónico es ahora el portador de esas misivas de amor y desamor al instante.


La carta que nunca envié parece ser un poema anónimo, es atribuído a Gonzalo Ayala seguramente por ser el quién lo hizo conocer a través de su magnífica voz.


El mail que nunca envié.


Ignoro tu mail y donde estás ahora, esto que lo escribo no por ti ni por lo que eres, tal vez si por ese pasado que vive en mis recuerdos, por esos ratos de locura en que me entregaste el corazón como deshojando una flor, pétalo a pétalo en medio de furiosa pasión.

Tal vez solo escribo para mí, para mi corazón y mi alma, para que conste que no fue solo un sueño o el confuso invento de mis deseos. Que quieres que diga, ¿Qué te amé como nadie jamás amó?, no hace falta pues eso bien lo sabes, aunque todo fue poco para ti que corriste tras la vanidad y las conveniencias.

También es cierto que el creador te premió con todos los encantos terrenales y ahora rondas cual fantasma por mi vida y tu vida vaga cual fantasma por el mundo, que pena saber que mi alma fue para ti demasiado grande.


¿Sabes acaso que es el alma?, ¿Sabes de ese lugar donde se sufre o goza con el dolor y la esperanza?. No lo sabes, te lo digo, pero piensas que lo sabes todo y que por haber navegado en las ideas de Sócrates, Platón y Shopenhawer tu alma se ensacha y vibra como la mía. Te digo que no, cosas como esas solo se aprenden en las entrañas de la madre que nos concibió, y la mía me dio una esencia tan desaforada que para amarte me sobró mucha alma. 

Perdóname este mail, aunque sé que nunca lo enviaré, primero porque no conozco el tuyo y segundo porque después de haberte amado tanto, esta alma que te escribe y te recuerda no te quiere ofender.