sábado, 19 de abril de 2014

LA MORDIDA DEL PERRO

Interesante lo que escuché esta mañana en un programa de televisión. El psicólogo Felipe Camacho hablaba de la analogía de las experiencias humanas.

Un hombre caminaba por la acera cuando vio un perro tras la cerca de una casa, como le llamó la atención y le pareció muy bonito se detuvo y extendió su mano para tocarlo. Intempestivamente el animal mordió su mano causándole un gran dolor y sufrimiento por lo que tuvo que ir urgentemente al hospital.

De alguna manera, decía el psicólogo, el hombre necesitaba de esa dura experiencia para trascender en el camino de su vida.

Días después este hombre volvió a pasar por esa calle y vio al perro que lo había mordido, prudentemente pensó  que debería o bien pasar por la misma acera sin tocar al animal, o cruzar la calzada para alejarse lo más posible de él. En este caso el hombre había aprendido la lección al elegir evitar el sufrimiento.

Pero en muchos casos otras personas no dudan en volver a tocar el perro y ganarse otra dura mordida, y así una y otra vez.

El psicólogo dijo que al contarle esta historia a un amigo, este se mostró en desacuerdo expresándole que esa no se la creía:
- ¿Quien va a ser tan tonto de volver a tocar al perro que lo mordió?

Y este le respondió: Te la pongo de otra forma, tú eres muy irascible y sabes que cada que tienes un ataque de ira te descompones, se te sube la presión, te da taquicardia. En conclusión, sabes que cada vez que te permites ese sentimiento puedes hasta morir de un infarto. ¿Y qué haces?, ¿tratas de evitarlo? Pues no lo haces y esta es otra forma de que te muerda el mismo perro, una y otra vez. Igual sucede en otras situaciones a las que nos enfrentamos constantemente. Sabes que los excesos arruinan la vida, pero tú te los permites y hasta los propicias: Exceso de alcohol, exceso de comida, exceso de drogas, etc. El mismo perro o mejor muchos perros te muerden constantemente porque tú extiendes tu mano para tocarlos y no aprendes a evitar el sufrimiento que te causan. Has elegido sufrir y eres tan terco que sabiendo que te daña, te duele y te lleva al sufrimiento, continuas haciéndolo, sigues tocando al perro que está tras la cerca, ¿Comprendiste?
El amigo bajando la cabeza no tuvo otra opción que reconocer la verdad que le habían traído estas palabras y decir:
- Ahí si me mataste.