martes, 14 de abril de 2015

LA REUNIÓN

“Un arma y una mala intención se parecen”



Era una noche lluviosa cuando todos los invitados comenzaron a llegar al rancho. Algunos con sus guardaespaldas en sus camionetas blindadas y otros, solos, montando sus finos caballos. Dos cosas los unían, todos eran hombres de negocios, ganaderos, industriales y comerciantes que estaban pasando por una crítica situación de seguridad. Varios de ellos habían sufrido el secuestro de familiares, otros estaban siendo extorsionados o les habían asesinado a sus mayordomos. También su ganado venía siendo víctima del abigeato e Ir a sus fincas se había convertido en pena de muerte.

En un caso puntual uno de ellos recibía sin falta en su casa la visita semanal de un emisario de los delincuentes, al que tenía que transportar en su propio vehículo hasta un gran centro comercial donde el bandido escogía a sus anchas,  pantalones costosos, zapatos tenis de marca, jamones, enlatados importados, etc. Un mercadito cuyo costo no bajaba de un millón de pesos de esa época.

Estaban cansados de esto, máxime cuando en muchas ocasiones habían solicitado protección al estado sin ninguna respuesta.

En su mayoría eran hombres de bien, que aportaban a la economía del país, generaban empleo y pagaban impuestos. No encontraban explicación a tal abandono de un sistema de justicia que se alejaba del espíritu de las leyes, sobre todo de esa que garantizaba la protección de su vida, honra y bienes.

Así que mientras la lluvia golpeaba el techo del rancho ya estaban todos listos para buscarle una solución a sus tormentos, y a fe que la encontraron.

Pronto los grupos de muchachos que habían conseguido y armado desterraron a los bandoleros. Los ganaderos pudieron regresar a sus ranchos sin correr los anteriores riesgos y sin perder más a sus hombres y ganado.

Los comerciantes vieron sus negocios de nuevo florecer libres de las amenazas y extorsiones, mientras que las industrias recuperaron su producción y volvieron a enganchar a sus empleados cesantes.

Los ataques a las poblaciones fueron reducidas casi a cero, y cuando por desgracia sucedían los atacantes llevaban del bulto.

Lo que el estado no quiso hacer, lo hicieron ellos de forma exitosa.

Lamentablemente el poder corrompe y varios de estos grupos se unieron auto otorgándose el derecho a manejar a su manera el sistema de defensa de esos territorios, cobrando por ello una costosa tarifa. Los salvadores ahora convertidos en nuevos villanos.

Así es muchas veces la condición humana cuando es tentada por la ambición que otorgan el poder y las armas. “Cría cuervos y te sacarán los ojos”.

Han pasado muchos años y el estado ha resuelto que todos aquellos que trataron de auto defenderse deben ir a la cárcel, sufriendo la humillación ante una sociedad manipulada por los medios desinformativos.

Se ha perdido la perspectiva de las cosas y ahora el villano es el rey y el prohombre el bandido. El bandido en La Habana y el buen hombre en la cana. Se olvida la historia y por ello se repite, somos una ponzoñosa serpiente devorándose a sí misma por los siglos de los siglos.