domingo, 1 de noviembre de 2015

NI QUÉ OCHO CUARTOS

Cosas como estas las decimos sin saber por qué se dicen. Hoy  he buscado  y encontré la respuesta.


Las palabras parecen planas, en el papel muestran un largo y un ancho; pero en una dimensión que no se ve guardan una profundidad en donde se ocultan deliciosas historias esperando a ser contadas...

Cuando queremos enfatizar un desacuerdo, muchas veces lo hacemos agregando la expresión “… ni qué ocho cuartos”. El paso del tiempo ha oscurecido la situación que le dio origen y a veces,  nos desconciertan esos “ocho cuartos”, que lleva a pensar a algunos que hacen referencia a los cuartos de un hotel. No sé si alguna vez la curiosidad por saber el origen de esta expresión  te haya quitado el sueño, de ser así, quizá esta historia te evitará futuros insomnios:

Por muchos años, en España existió “el realillo”, era la moneda de uso corriente que equivalía a ocho cuartos de peseta. Por eso también era conocido como “realillo de a ocho cuartos”. Para muestra, va una antigua copla española:

Tengo que empedrar tu calle
con realillos de a ocho cuartos,
para que vayas a misa
sin romperte los zapatos.

Cuando el precio de artículos de primera necesidad superaba los ocho cuartos, la economía popular se veía amenazada y el descontento popular se manifestaba con grandes revueltas. En un fragmento de la obra Granada la Bella, que Ángel Ganivet escribió en 1896, hallamos noticia de este hecho:

En lo antiguo, el pan era caro en pasando de  ocho  cuartos la hogaza mejor o peor pesada; se sufría refunfuñando a los nueve y diez cuartos; se insultaba al panadero al llegar a los once o doce, y en subiendo de ese punto, venía la revolución”.

La expresión, probablemente apareció en la primera mitad del siglo XVIII en España. La documentación más antigua conocida está en los diálogos de un entremés llamado “La avaricia castigada”, escrito en 1761 por Ramón de la Cruz (aportación de un lector, ver comentarios). De ahí estas líneas:

 ¿Ayala amigo? 
- Qué amigo, qué Ayala, ni qué ocho cuartos
Ya es otro tiempo, señores.
¡Que hasta aquí me han atisbado!

 A mi entender, la expresión “ni que ocho cuartos” tiene origen en una antigua formula coloquial para enfatizar un desacuerdo o desprecio por algo, que en origen fue “que … ni qué nada”, donde ese nada lleva una carga de menosprecio. Al paso del tiempo, el “nada” se ha substituido por otras palabras o expresiones con tintes desdeñantes. 

En textos de diferentes épocas encontramos “que … ni qué calabazas”, “que … ni qué embeleco (cosa inútil)”, “que … ni qué *haca (caballo de poca talla)”, “que … ni qué demonios”, “que … ni qué narices”, “que … ni qué niño muerto”… en fin, de esta familia es el “que … ni qué ocho cuartos”, que hace referencia a la moneda de ocho cuartos, en tiempos en que, por su bajo valor adquisitivo, era tan despreciable como el demonio, un embeleco, una haca o unas mocosas narices.
Haca: s. f. Pic. Bidet, courteaud. Caballo pequeño que no llega á la marca designada para el servicio de la caballería.

Fuente; Cápsulas de lengua Historias de palabras y expresiones castellanas