martes, 15 de octubre de 2013

BRIXTON

LA FABRICA DE CAMISAS



BRIXTON

En este sitio una hábil costurera fabricaba camisas de gran variedad, era parte del paisaje del viejo barrio de La América, no supe su nombre, ella siempre estaba allí.

Ayer por la tarde bajé por San Juan, pensé que era tiempo de comprarme otra camisa, era bueno ir a ese sitio que parecía detenido en el tiempo, sus ventanas conservaban sus  rejas de hierro forjado, su piso de baldosa roja, su techo alto con vigas a la vista, las dos viejas máquinas de coser Singer con el carácterístico sonido que producían cuando accionaban sus pedales. Las hermosas puertas de madera pintadas de blanco habían sido cambiadas por dos feas persianas de metal.

En una de las máquinas cosía ella sus hermosas camisas, en la otra su marido hacía pantalones y chaquetas sobre medida.

En una canasta de mimbre iban tirando los retazos de los cortes de tela, retazos multicolores que emulaban las experiencias y recuerdos de una vida que viaja por el tiempo. Recuerdos felices y ratos amargos, retazos de la vida.

Ya las máquinas de coser habían dado las últimas puntadas, la gente de ahora no acostumbra mandar a hacer sus trajes sobre medida, ahora los compran en las grandes superficies o en elegantes boutiques. Solo unas pocas personas mayores de las generaciones de los treintas a los cincuentas sabían de la calidad de estas confecciones personalizadas, pero ya muchos de esos también han cerrado las puertas de su vida. Ya no están los finos paños sobre la mesa de Brixton, ni el viejo metro ni la tiza de costurero, todo pasa y ahora le correspondió el turno a la vieja sastrería del barrio.

Nunca supe sus nombres ni ellos el mío, pero eso no importaba, nos conocíamos muy bien y de alguna forma nos teníamos afecto.

El sitio estaba cerrado y sentí  que había perdido un retazo de mi vida. Ya no estaban ahí, tal vez habían muerto o se habían retirado a pasar su último tiempo en otro lugar, quien sabe, tal vez nunca lo sabré.

Brixton ya no está, solamente sobrevive su logotipo en letras amarillas pintado sobre el muro verde de su fachada, seguramente construirán un enorme edificio, otra colmena para albergar una colonia humana, las cosas se van y nosotros con ellas, todo cambia, todo muda.

Aún uso algunas camisas de Brixton, ahora mismo, mientras escribo esto, tengo una de cuadros azules. Muy pronto estas camisas estarán raídas por el tiempo y terminarán en la basura, todo acaba, todo cambia, todo muda.

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