jueves, 3 de julio de 2014

ASTROPUERTA JUNIO 2014

Ya me estaba atrasando en publicar este informe que nos envía desde el planetario de Bogotá Don Germán puerta Restrepo. 

 Este es el informe astropuerta correspondiente al mes de junio de 2014 que nos envía mes a mes Gemán puerta desde Bogotá, Colombia.

El octavo Star Party en el Desierto de La Tatacoa, Huila, se realizará del 27 al 30 de junio próximos. Toda la información y la agenda en fésbook. grupo Tatacoa punto, Astronomia.

En seguida los eventos y las efemérides históricas del mes de Junio.

Saludos

Germán Puerta.
Bogotá, Colombia.


Estos son los Eventos celestes principales de Junio 2014.

•             Jueves 5 – Luna en cuarto creciente.
•             Domingo 8 – Conjunción de la Luna, Marte y la estrella Spica.
•             Martes 10 – Ocultación de Saturno por la Luna visible en Sur Africa y el Sur del Atlántico y el Indico.

•             Viernes 13 – Luna llena.
•             Martes 15 – Conjunción de la Luna y Venus.
•             Jueves 19 – Luna en cuarto menguante.
•             Sábado 21 – Solsticio.
•             Martes 24 – Conjunción de la Luna y Venus.
•             Miércoles 25 –Conjunción de la Luna y la estrella Aldebaran.
•             Viernes 27 – Luna nueva.

Ahora veamos las Efemérides históricas principales de Junio 2014.

•             Domingo 8 – 1625: Nace Giovanni Domenico Cassinni, descubridor de la verdadera forma del anillo de Saturno.
•             Lunes 9 – 1812: Nace yójan galé, astrónomo alemán, codescubridor del planeta Neptuno.
•             Viernes 13 – 1983: La nave páioner 10 cruza la órbita de Plutón.
•             Lunes 16 – 1963: Valentina Teréshkova, primera mujer en el espacio.
•             Sábado 21 – 2004: spais chip uan, primera nave privada en alcanzar el espacio exterior.
•             Domingo 22 – 1675: Fundación del Observatorio Real de Greenwich.
•             Domingo 22 – 1978: yéims Cristy descubre a Caronte, luna de Plutón.
•             Martes 24 – 1915: Nace Fred jóil, astrofísico y matematico inglés.
•             Martes 24 – 1947: Kenneth Arnold inventa el término platillo volador.
•             Jueves 26 – 1730: Nace chárls Mesíer, astrónomo francés.
•             Lunes 29 – 1868: Nace yorll jal, fundador de la astrofísica solar.
•             Lunes 29 – 1961: Lanzamiento del primer satélite impulsado por energía nuclear, el Transit cuatro.
•             Lunes 29 – 1971: Los cosmonautas Dobrovolski, Patsaiev y Volkov mueren en la nave Soyuz 11 durante la fase de reingreso.
•             Lunes 30 – 1908: El fragmento de un cometa o asteroide explota en Tunguska, Siberia,  y arrasa 2500 km2 de bosques.


miércoles, 25 de junio de 2014

UNA LLAMADA AL AMANECER

El miedo es algo inherente al ser humano, tal vez nos viene como heredad genética desde tiempos inmemorables, cuando los primeros homo sapiens se desplazaban por las llanuras en busca de alimento acechados por las fieras.

Tengo muchos retazos de mis miedos infantiles, cuando en la noche apagaban la lámpara y mi cuarto quedaba en tinieblas sentía que levitaba en medio de la nada, pues todo dejaba de ser.

Al rato mis ojos se iban acostumbrando a la oscuridad y el negro se iba convirtiendo en gris mientras los grillos daban su frenético concierto nocturno en el solar de la casa. Las cosas se iban transformando mágicamente, mi ropa que reposaba en una silla que estaba junto a mi cama se convertía en una bruja acurrucada lista a saltar sobre mí para asfixiarme sentada sobre mi pecho, así  lo había escuchado en las conversaciones a media voz que sostenían las sirvientas en la cocina.

Después de mucho mirar ese bulto tan miedoso sobre la silla, lograba discernir que solo era un atado de ropa. Pero luego llegaban unas extrañas sombras que se desplazaban por el aire ondulando velozmente  sin hacer ningún ruido. Me metía bajo las cobijas en esas horribles  noches que solo terminaban cuando me dormía.

Pero con los años también entendí que no había tales espectros, que solo eran remanentes lumínicos que persistían largo rato en la retina. Ya no había brujas ni espectros voladores y la oscuridad no me atemorizaba, solo al miedo había que temer.

Y pasaron muchos años en los que el miedo no existió para mí, hasta que una vez, rayando la media noche ocurrió algo que me sacó de de mi idílico estado. El concierto de los grillos fue interrumpido por el repique del teléfono que me despertó de forma incómoda, queda uno en un lamentable estado entre el sueño y la vigilia. Extendí  torpemente mi brazo y casi no acierto a tomar el auricular del teléfono que reposaba en la mesita de noche.

Me senté rápidamente en el borde de la cama y encendí  la lamparita, solo entonces dije alargando la palabra: - Aló…

Por qué será que casi todas las cosas malas nos llegan al amanecer:  Que se murió tu madre, que se murió tu amigo, que se accidento tal o pascual, fultanito o sultanito. Y uno como un zombie, medio dormido, medio despierto, indefenso escuchando aquellas noticias. Peor estos nuevos miedos que la bruja de mi infancia, que al fin y al cabo nunca se decidió a saltar para sentarse sobre mi pecho, y mejor aún que dejó de espantarme  cuando entré a la pubertad.

Nada peor que esas llamadas a la media noche, mensajeras de males y tragedias, repiques tenebrosos que llegan cuando el lucero del alba se apresta a salir temprano y el firmamento se pinta de azul lapislázuli.

Llamadas que a veces presentimos, que a veces esperamos y que nos  recuerdan que somos viajeros efímeros. Cuando pasa mucho tiempo sin recibir tan desagradable sorpresa comenzamos a barruntar, porque sabemos que es inevitable y que por algún designio misterioso la parca parece tener la incómoda manía de trabajar antes de que el sol despunte.

Ahora mismo suena mi teléfono, miro el reloj y veo que son las doce y treinta y seis de la madrugada, dejo el teclado y contesto angustiado: - Aló…


lunes, 9 de junio de 2014

DESECHANDO LO DESECHABLE

ACLARACIÓN.

Este texto que publicamos el día 2 de febrero de 2010 lo extraje de varios correos electrónicos, estaba en todos atribuido al escritor y periodista Eduardo Galeano y así lo consigné en esa oportunidad.

El 10 de marzo de 2010 recibí un amable mensaje del escritor, también Uruguayo, Marciano Durán en el que me aclara que este hermoso texto es en realidad suyo y que por motivos desconocidos alguien lo hace circular por la red atribuyéndoselo a Galeano, incluso con variantes en su discurso original.

El mismo Eduardo Galeano se pronunció sobre el tema en una entrevista: En una parte del reportaje el estimadísimo Galeano dice:
- ” Por ejemplo, mi trabajo más felicitado, más laureado, que circula por Internet no me pertenece, y desconozco quién me lo atribuyó. Se llama Por qué no tengo DVD, que además no es cierto, porque yo sí tengo DVD. Pero ocurren cosas desopilantes cuando algunas personas maravilladas con ese texto me felicitan. A mi me da cierto pudor incluso defraudarlas y suelo no aclararles nada (risas)…”

El título no es "Me caí del mundo", como originalmente lo publiqué, es "Desechando lo desechable". Atendiendo la aclaración que nos fue hecha por el mismo escritor Marciano Durán, procedo a publicar su versión original y reiterar que es excelente.

Marciano Durán autoriza esta publicación en el correo que me envió el 9 de marzo de 2010 y que dice:
"Gracias Danubio por escribir y por elegir el texto para publicarlo en tu página.
Te mando un abrazo desde Punta del Este".
Marciano

Marciano Durán resume en esta frase el salto entre esa sociedad que habitó los años cincuentas y sesentas, libre de todo mal y peligro, más inclinada al Ser que al Tener. Hoy la sociedad de consumo nos esclaviza trastrueca la sabia fórmula de antaño, ahora vale más Tener que Ser.

El “genial” uruguayo nos abre los ojos con su letra y nos ayuda a descubrir la rapiña y el dominio de las industrias que nos incitan al consumo desaforado.


DESECHANDO LO DESECHABLE.

Seguro que el destino se ha confabulado para complicarme la vida. No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos.

O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al “use y tire” ni al “compre y compre” ni al “desechable”.

Ya sé, tendría que ir a terapia o pedirle a algún siquiatra que me medicara.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los gurises.

Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos… nuestros nenes… apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales).

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!

Sí, ya sé… a nuestra generación siempre le costó tirar.

¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!

Y así anduvimos por las calles uruguayas guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.

¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor.

Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.

Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.

Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plast de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.

¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza.

Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

¡Nos están jodiendo!

¡¡Yo los descubrí… lo hacen adrede!!

Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo.

Nada se repara.

¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?

¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommier casa por casa?

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

Todo se tira, todo se deshecha y mientras tanto producimos más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.

El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!

¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años!

Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon.

La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.

De por ahí vengo yo.

Y no es que haya sido mejor.

Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo” pasarse al “compre y tire que ya se viene el modelo nuevo”.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya sí era un nombre como para cambiarlo)

Me educaron para guardar todo.

¡Toooodo!

Lo que servía y lo que no.

Porque algún día las cosas podían volver a servir.

Le dábamos crédito a todo.

Sí… ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.

Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas de jardinera… y no sé cómo no guardamos la primera caquita.

¡¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?!

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.

El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.

Y guardábamos.

¡¡Cómo guardábamos!!

¡¡Tooooodo lo guardábamos!!

¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!

¡¿Cómo para qué?!

Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares.

Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.

¡Tooodo guardábamos!

Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.

Y las cosas que nunca usaríamos.

Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.

Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.

Cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.

Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraran al terminar su ciclo, los uruguayos inventábamos la recarga de los encendedores descartables.

Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de paté o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.

¡Y las pilas!

Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa.

Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.

No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables… eran guardables.

¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque del Banco de Seguros para hacer cuadros, y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.

Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posamates, y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal.

Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos.
Así como hoy las nuevas generaciones deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada… ni a Walt Disney.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron “Tómese el helado y después tire la copita”, nosotros dijimos que sí, pero… ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos.
Las primeras botellas de plástico -las de suero y las de Agua Jane- se transformaron en adornos de dudosa belleza.

Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.

No lo voy a hacer.

Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.

No lo voy a hacer.

No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.

De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo que la bruja me gane de mano … y sea yo el entregado.

Y yo…no me entrego.

Marciano Durán
2006 Enero


sábado, 7 de junio de 2014

LA ANTICUARIA

La magia de los libros leídos.


Libreria La Anticuaria en 1964 foto de Digar

LA ANTICUARIA 

Eran las cuatro de la tarde cuando llegué al sitio donde queda la librería La Anticuaria en la plazuela de San Ignacio. Ya no está en el mismo local que conocía y que ahora ocupa una peluquería, ahora está en el segundo piso del mismo edificio y se accede por unas escalas que conducen a ella. No sabía si aún encontraría ese ambiente que percibí  cuando aún Don Amadeo Pérez, su fundador,  la atendía.

Toqué entonces el timbre pues la puerta estaba cerrada en ese momento, pensé que a lo mejor había perdido el viaje.

Mientras  esperaba que alguien abriera la puerta organizaba mis ideas para que en mi entrevista no quedara por fuera ningún detalle y recordé lo que había leído la noche anterior sobre la anticuaria en la página de la red de bibliotecas de la fundación EPM:

“Cómo entonces no hablar de la librería Anticuaria, quizás la más representativa de Medellín, habrá quien diga no saber qué es, pero sé que muchos compramos nuestros primeros libros allá, fue la primera librería de libros usados de Medellín, la primera librería “de viejo” como diría Luis Alberto, una librería pensada para quienes no podían comprar libros nuevos, una librería que se abrió espacio en la Medellín de 1960, una Medellín conservadora y prejuiciosa, donde sólo los ricos tenían acceso a los libros y los compraban nuevos porque las señoras pensaban que los libros usados transmitían la tuberculosos, por eso don Amadeo Pérez fundador de la Anticuaria y librero hasta su muerte, se inventó una historia; puso un horno en la librería y decía a las señora que los libros habían pasado por el horno para ser desinfectados, y estaban listos para ser vendidos y así ellas los tomaban con tranquilidad. No era cierto pero con ellas funcionaba. Nunca se ha sabido de alguna enfermedad respiratoria que haya sido transmitida por un libro de segunda.

Cuando Don Amadeo muere en el 2000, Daniel Pérez, su hijo, se hizo cargo de la librería que continúa con sede en San Ignacio y Belén Miravalle, él heredo de su padre el amor por los libros, es un hombre sumamente inteligente que da la sensación de saberlo todo, para sus cliente no es sólo un librero, es médico, sicólogo, botánico y gracias a la práctica se puede decir que adivino, pues no sólo llegan preguntado por la medicina que deben tomar, las terapias que deben hacer, y los problemas que quieren que les ayude a resolver sino que preguntan por libros que de no ser por el vasto conocimiento que tiene don Daniel de los libros,  no darían con ellos, piden “Ese librito de inglés el Popul Vuh”, “Un marcador de parte de quien” por “un marcador Pertenece a” , “El coloso estreñido” por “El celoso extremeño” , “El último de los mojicones” por “El último de los mohicanos” , “El catecismo del padre azteca” por “El Catecismo del padre Aztete” y así cada vez más van llegando con títulos muy creativos pero que en muchas ocasiones tienen poco que ver con lo que realmente están buscando”.
reddebibliotecas

Luis Amadeo Pérez Hernández
Estaba recordando esto cuando  abrieron la puerta y me atendió un señor que luego de contarle el motivo de mi visita me invitó a pasar. Resultó ser el  hijo menor de Don Amadeo Pérez, Luis Amadeo Pérez Hernández. Luis Amadeo es un hombre amable y acogedor que no duda en contarme la historia de La Anticuaria, esa librería que inició la etapa de los libros leídos o de segunda mano en Medellín. Sin mayores preámbulos Luis Amadeo comenzó a narrarme la historia de su padre.

La historia se inicia en Ponferrada, España, capital de la comarca de El Bierzo, en la provincia de León, comunidad autónoma de Castilla y León, al norte de la península.

Don Amadeo fue poeta y periodista, un hombre muy culto y adelantado para su época. Contó entre sus amigos a personajes como los poetas Rubén Darío, Barba Jacob (Miguel Ángel Osorio Benítez), Ciro Mendia (Carlos Edmundo Mejía Ángel) y otros intelectuales de entonces.

Ahora retrocedamos a la infancia y juventud de Amadeo Pérez Pérez. En España las mujeres eran las que decidían el futuro de sus hijos, ahora entiendo de donde nos llegó el matriarcado a nuestros hogares de Antioquia. Decidió pues la madre de Amadeo que el hijo mayor, como heredero,  administraría los negocios de su padre, el del medio, debería ser ingeniero y Amadeo, el menor, tendría que ser cura y cuando llegó el momento lo enviaron al seminario.

Resulta que luego de algún tiempo Amadeo no quería continuar en el seminario y así se lo hizo saber a su padre: - No tengo vocación, le dijo. Su padre, más condescendiente y comprensivo que su madre le dijo que el lío sería la forma de hacerle saber a ella tal noticia. Y razón no le faltó, fue tal su disgusto que al saberlo no volvió a dirigirle la palabra durante varios meses. Que vaina, parece que olvidé mi bolígrafo y lo buscaba afanosamente en todos mis bolsillos, al notarlo Luis Amadeo amablemente fue a buscar uno para prestármelo. Mientras tanto recordé mi primera compra en la vieja anticuaria.

Corrían los años sesentas cuando pasé por la librería La Anticuaria, en la vitrina exhibían un libro de tecnología que llamó mi atención: (Maravillas del siglo XX), metí  mi mano al bolsillo y concluí que de seguro lo que llevaba no me alcanzaría para comprarlo, apenas estaba comenzando mi bachillerato y la mesada que recibía para el colegio era exigua. Sin embargo me animé y pregunté por el libro, por suerte su valor estaba a mi alcance y sin dudar lo compré inmediatamente. Fue mi primer libro de La Anticuaria que aún guardo en mi biblioteca con especial cariño.

Luis Amadeo me entregó un bolígrafo y continuó su narración:

Ponferrada, España años 50s
En la España de los primeros años del siglo XX se hablaba mucho de América, ese paraíso lleno de oportunidades allende el mar. Amadeo no fue ajeno a ese sueño y un buen día le reveló a su padre sus intenciones de viajar a la nueva tierra.

Para evitarle un nuevo disgusto a su progenitora este tomó sin que ella se enterara un tren hacia el puerto donde abordaría el barco que lo llevaría a América. Atravesando el Atlántico desembarcó en Cuba, en la isla encontró un gran movimiento cultural por lo que cayó como pez en el agua y pronto estaba ocupando la secretaría del Sindicato  de la oposición, había democracia en Cuba. Pero lo bueno no dura y comenzaron los problemas durante el gobierno de Batista. Acosado por la situación viajó a Nicaragua.

Allí conoció a Rubén Darío (Félix Rubén García Sarmiento),  Uno de los grandes poetas universales,  y a otros personajes muy destacados. Pero Amadeo no se acomoda y viaja a México D.F., la gran urbe.

En ciudad de México crea una empresa de venta de libros por correo y consigue a varias mecanógrafas  entre las cuales estaba Julia Hernández, que sería su futura esposa.

Tenía cuarenta años cuando Amadeo Pérez contrajo matrimonio con Julia Hernández, de esa unión llegaron sus dos primeros hijos, Daniel, el mayor y Julio, Q.E.P.D.
Eran los tiempos de la segunda guerra mundial y para bien o para mal los problemas volvieron a atacar, esta vez gracias al disgusto que provocó una publicación suya que fue tomada como una injerencia extranjera en los asuntos del estado, eran quisquillosos lo mexicanos.

Eso le acarreó la deportación y tuvo que dejar a su familia en México y viajar a Nueva York sin un peso en sus bolsillos. Afortunadamente la empresa aérea que lo transportó corrió con sus gastos de sostenimiento mientras se acomodaba.

Amadeo era inquieto y decidió luego viajar a Francia y después a su tierra natal, España. Conoció allí a Guillermo León Valencia que era el embajador de Colombia en Madrid con el que cultivó una buena amistad. Un día el doctor Valencia, que también era poeta, le recomendó viajar a Colombia. Dicho y hecho Amadeo no se hizo rogar y en un dos por tres estaba en la puerta de oro de Colombia, Barranquilla.

La conversación se interrumpe un momento mientras Luis Amadeo atiende a alguien que ha tocado el timbre. Aproveché para tomar algunas fotos de la librería mientras  percibía el extraño encanto de los libros leídos, ese olor indescifrable de papel viejo, de libros usados y en palabras paisas de libros de segunda mano, que digo, de hasta tercera o décima mano. Es que lo que se lee en un libro no es el libro en sí, es el espíritu de su autor que perdura y se inmortaliza en las letras de sus páginas. Heme aquí, de repente, solo, en medio de los cientos de almas de escritores de todos los confines del mundo. Y no me asustó eso, solo me hizo sentir el impulso de tomar un libro y sentarme a leerlo en una silla antigua de madera, como en los tiempos de la vieja anticuaria en la que se veían personas sentadas leyendo en medio de los arrumes de libros…

Luis Amadeo regresa y me saca de mi ensimismamiento. Es que había llegado una joven para tomar una clase de tango, si, así como se los cuento, Luis Amador también tiene allí una academia de baile. Aún así accede a contarme otros detalles más, ahora sobre los inicios de la librería La Anticuaria en la Bella Villa, Medellín, la ciudad en que nació Luis Amadeo, hijo.

No duró mucho Amadeo Pérez en Barranquilla y decidió partir para Medellín, ciudad de la que le habían dicho ofrecía muchas oportunidades. Y así fue, desde que llegó la encontró muy semejante en clima y paisaje a su tierra natal, fue amor a primera vista. Estaba decidido, aquí se quedarían el y su familia para siempre. Prontamente su esposa e hijos vinieron desde México e igual quedaron encantados, Alquiló una casona donde abrió la primera librería de libros usados de la ciudad, que pronto se convirtió en un negocio exitoso.
Entonces estaban cerca de la catedral de Villanueva, un sector habitado por gente de mucha alcurnia.

Comenzó a notar que algunas señoras muy encopetadas que iban a comprar libros los tomaban muy prevenidas con los dedos índice y pulgar con cara de fastidio, Don Amadeo le preguntó en una ocasión a una señora que por que los cogía así, y ella le respondió que por temor a contraer alguna enfermedad contagiosa, hasta de pronto tuberculosis.

Al día siguiente madrugó Don Amadeo al sector de Guayaquil, que era donde vendían cacharros de toda clase y al entrar a un local atinó a ver en el fondo un viejo horno Westinghouse. Preguntó por su precio pero le dijeron que estaba inservible. No importa, mucho mejor, me lo llevo.

Pues sí, ese viejo horno fue a parar a un lugar muy visible de la librería y cada que algún cliente mostraba temor de contagio por tocar los libros él les aseguraba que todos los artículos que allí vendían habían pasado por un riguroso proceso de desinfección en ese horno especial importado directamente desde Los Estados Unidos. Los dos reímos ante esta original ocurrencia de Don Amadeo, y yo agregué: - Se volvió paisa desde ese día tu papá.

Mi padre publicó unos diez u once libros, casi todos de poesía, me dijo Luis Amadeo,  en otra visita te busco algunos que conservo.

Don Amadeo Pérez Pérez nació en el año de 1903 y falleció en Medellín en el año 2000. Me asegura Luis Amadeo que atendió la librería hasta sus setenta y ocho años. La librería ha funcionado en varios sitios de la ciudad, Luis Amadeo recuerda: Palacé, entre Perú y Caracas – Niquitao, entre Pichincha y Bomboná – y Bomboná, entre Sucre y San Félix. Su hermano Daniel también tiene actualmente otra librería La Anticuaria en el barrio Belén.

Esta ha sido otra historia que surge por unas fotos antiguas de Medellín, publicadas en el grupo Historia fotográfica de Medellín que nos deleita diariamente con sus publicaciones. Igualmente queda una visita pendiente a La Anticuaria, pues Luis Amadeo también me prometió algunas fotos inéditas.

Mis agradecimientos a Luis Amadeo Pérez Hernández por su atención, ahora debo retirarme para que atienda su academia de Baile.

Otro librero de libros leídos.

Alonso de J. Bedoya
Al salir encontré el local de Don Alfonso de J, Bedoya, otro vendedor de libros leídos. Muy curioso es que allí también funciona un parqueadero de motocicletas: "Parqueadero de motos y librería Plutón". Me cuenta Don Alfonso que lleva más de cuarenta años en el oficio, tiene libros en estantes que cubren todas las paredes de lugar, y hasta en el piso tiene algunos arrumes de ellos, un lugar de esos que también nos despiertan gran curiosidad, tanta, que al despedirme llevaba algunos libros que escogí, y a unos precios muy módicos, igual que en la Anticuaria.





Se me quedaban por fuera estas fotos de los inicios de La Anticuaria.

Librería La Anticuaria en 1964 foto de Digar (BPP)

Carta de Amadeo Pérez P. A Ciro Mendía (BBP)

Amadeo Pérez fundador de La Anticuaria.
Publicada en Facebook, por la
                      La Anticuaria Medellín.

jueves, 29 de mayo de 2014

LOS ARRIEROS

La historia de Antioquia no se puede desligar de estos hombres que a lomo de mula y entre los barrizales de los viejos caminos transportaban las mercancías hacia y desde todos los pueblos. Pies descalzos y encallecidos, con manos hábiles y brazos de fortaleza descomunal hicieron que el café se convirtiera en nuestro producto de exportación. Todo nuestro agradecimiento y admiración a estos hombres que crearon una de las más activas e importantes  profesiones de nuestro pasado.

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Orgullo Antioqueño con Gustavo Ospina y Santa Fe de Antioquia
De Sangrero a Caporal: Otros Pormenores del Oficio de la Arriería en Antioquia (Siglos XVIII – XX):

Los arrieros generalmente trabajaban en “muladas” grandes de las cuales no eran propietarios. Allí aprendían el oficio, que comenzaban desde muy jóvenes como “sangreros”, el cual iban perfeccionando hasta ser unos experimentados veteranos de la arriería. Vivían todo un proceso de ascenso: de sangreros pasaban a arrieros y de estos a caporales. En sí los tres eran arrieros, pero con diferentes roles jerárquicos.

Muchos arrieros que lograban ganar y reservar dinero para comprar algunas mulas y trabajar de manera independiente en asocio con otros arrieros y conformar así una mulada, terminaban convirtiéndose en acaudalados comerciantes dueños de varias muladas. Para estos trabajaban ya sangreros, arrieros y caporales.

El sangrero era un muchacho aprendiz y ayudante de arriería, que mientras realizaba tareas menores y de apoyo, iba aprendiendo todos los pormenores del oficio de un experimentado arriero, quien era su mentor hasta que le encomendaban sus primeros viajes. Muchas veces este arriero era su padre.

“En el ejercicio del oficio, el arriero se fue perfeccionando y aprendiendo todos los trucos necesarios para hacer un trabajo práctico y eficaz. Este oficio se transmitió de generación en generación. El abuelo le enseñaba al hijo, y este a su hijo. Pero no le enseñaba solo un saber técnico. A través del trabajo y la institución familiar se fue transmitiendo una forma de ser y hacer las cosas que con el tiempo se transformó en unos valores, unas costumbres, una mentalidad y unas actitudes específicas” (*Germán Ferro Medina).

Ahora, el caporal era un arriero con vasta trayectoria en el oficio y que hacía las veces de capaz o mayoral de la mulada, la cual estaba compuesta por varios arrieros y un gran número de bestias de carga. A su vez, el caporal respondía al comerciante propietario de las muladas; es decir, habitualmente estaba al servicio de algún comerciante pudiente, a quien tenía que responder por todo: por las mulas y la carga. Sin embargo, había caporales independientes dueños de sus propias muladas.

Una sola mulada podía tener entre 20 y 50 mulas, unas cuantas remudas, varios caballos cargueros y algunos bueyes de arriería según los requerimientos del viaje. En cuanto a estos últimos animales de carga, se puede decir que en Antioquia coexistieron dos tipos de arriería: de bueyes y de mulas. El buey se usó al principio porque era un buen animal carguero y por su gran capacidad para andar por caminos precarios y pantanosos; pero, como era muy lento, el camino le rendía menos, por lo que se optó por la mula, ya que era más rápida y de gran resistencia para jornadas largas y soleadas. Entonces el buey solo se usó para jornadas cortas (ver Arriería de Bueyes, Orgullo Antioqueño, 2014: --> http://on.fb.me/19IaBaE).

De este modo, las jornadas de arriería eran muy largas y exigentes en medio de caminos “riales” y de herradura, a veces malos y fangosos, empotrados en las escarpadas montañas de Antioquia, en donde los comerciantes encomendaban sus mercancías y demás cargas a los arrieros.

“En caso de que los productos no llegaran a su destino, siempre había por quién preguntar. En su nombre el arriero depositaba la honradez y calidad de su trabajo. Esto lo sabía el sangrero, pero primero tenía que pasar la prueba, conocer bien todos los trucos del oficio, realizar un rito de iniciación como ayudante, que lo llevaría a alcanzar ese grado de independencia, autonomía y prestigio que tenían los buenos arrieros” (*Germán Ferro Medina).

Varios eran los quehaceres del sangrero en su rol de ayudante mientras aprendía todos los secretos de la arriería y adquiría las destrezas propias de esta labor: preparar la comida para las mulas era una de ellas. Esta tarea la comenzaba desde el día anterior al viaje, dejando reposar panela machacada en agua para luego hacer una especie de aguadulce a la que le añadía salvado, así como cortar pasto, picar caña y mezclar melaza con miel para darles de comer y beber antes de partir. La importancia de este encargo radicaba en que a las mulas había que consentirlas y cuidarlas muy bien, pues de ellas dependía en gran parte el éxito de una jornada.

Además, el sangrero se ocupaba de organizar el caballo que cargaba el bastimento con los alimentos necesarios para preparar en el camino, como fríjoles, arroz, tocino ahumado, “bizcochos de teja”, “estacas de maíz” (arepas de arriero), panela, chocolate y café. Básicamente provisiones de alimentos que duraran algún tiempo sin dañarse. Entretanto, cada arriero armaba su "catre", o sea una cobija y una muda de ropa, todo bien "envueltico" y amarrado con un rejo o lía sobre un caballo o una mula.

Una vez en la posada, el sangrero también ayudaba a los arrieros a descargar las mulas para luego llevarlas a pastar a los potreros y darles más melaza, mientras estos se iban a comer y a tomarse unos tragos bien conversados con otros arrieros que se topaban allí y que venían de otros pueblos. Era el espacio nocturno de la tertulia, la charla, la anécdota y los versos cantados al ritmo de tiples, liras y guitarras. “La tradición oral de los caminos se recrea en estas noches de reposo y esparcimiento, donde se hacen amigos y enemigos” (*Germán Ferro Medina).

"Muy buenos amigos todos, nos conocíamos todos, gente de arriba y del valle, arrieros que nos juntábamos, salíamos con carga y todo eso, por todas partes andábamos bueno. Muchas veces nos largábamos a tomar trago, bastante, porque eso daba mucha brega emborracharse, y entonces de pronto, peleábamos, nos sacábamos hasta sangre, y todo por cualquier pendejada de borrachera, y después, hombre, pero vea, nosotros anoche con ese pereque, hombre. ¡Ah! ¡Brutos que somos, no, no! Vamos ayudarnos a trabajar, muchachos, caminen a ver” (Gerardo Osorio alias "Primo", nacido en Jericó en 1897 y entrevistado en Fredonia Antioquia, agosto de 1984, por Germán Ferro Medina para su trabajo de investigación titulado “El arriero: una identidad y un eslabón en el desarrollo económico nacional”).

Para los arrieros lo mejor era llegar a un buen sitio para apear, donde les sirvieran, pudieran reposar para continuar el camino y hallaran buenos potreros o pesebreras para las mulas; pero, muchas veces los cogía la noche lejos de un fonda caminera, entonces los arrieros buscaban potreros para poder entoldar. El caporal señalaba el lugar y entre todos armaban una tolda a la vera del camino para poder pernoctar.

Es así como en estas tiendas los arrieros hacían improvisados dormitorios, cocinaban, comían bizcochos de teja y estacas de maíz, preparaban café, fumaban tabaco, tomaban aguardiente de anís, jugaban tute y dados, relataban anécdotas y contaban historias de espantos; entre tanto, otros se extraían niguas de las plantas y dedos de los pies con la "pico e' loro", pues su cuidado era fundamental, a tal punto que cuando estos quedaban resentidos en los escabrosos caminos, sacaban las velas que traían en sus carrieles para derretirlas con el yesquero y frotarles el cebo caliente junto con limón.

Cerca al mediodía, los arrieros toldaban al lado del camino en una parte plana, con facilidades para conseguir agua y generalmente cercana a una casa.

Descargaban las mulas y con los bultos organizaban su sitio para dormir alrededor de la enjalma que les servía de cama.

El Sangrero organizaba el fogón con tres piedras y dos palos en forma de horqueta sobre el que se ponía otro que servía para colgar las ollas.

Todos se arrimaban a la hora de comer, Frijoles, chicharrones, plátano, chocolate y queso era generalmente el menú común en estos viajes, sin olvidar el famoso "Bizcocho de Arriero", llamado por algunos en Aguadas "Bizcocho de Teja" y que era el acostumbrado manjar en el "hatillo", una bolsa o "jíquera" que llevaba el arriero junto con la carga.

El "Bizcocho de Teja" duraba hasta un mes, era una masa de maíz que, finamente molido y después de amasar la harina con agua, manteca, sal y un huevo se iba adelgazando como para hacer arepas hasta quedar como una tela delgadísima que asaban en una especie de cayana de barro de donde quizás provenga ese nombre dado en Aguadas a este alimento. En las noches, al son del tiple, se reunían todos los arrieros a cantar sus trovas y canciones y a contar los larguísimos cuentos de "Cosiaca" y "Pedro Rimales".

Igual de importante era hacer las curaciones a las bestias en estas paradas, para lo cual cargaban leche de sandio envuelta en un pedacito de capacho de maíz; había que mantenerla para curar el polvillo en los cascos e inflamaciones en las patas de los machos de carga y para tapar gusanos en los bueyes. Todas estas experiencias se convertían en un aprendizaje para el sangrero y en parte de su anecdotario.

Mientras el sangrero ayudaba, observaba con atención y preguntaba con interés a un curtido arriero para aprender de él. El sangrero sabía que el oficio de la arriería se aprendía durante varios años y que implicaba dominar tareas básicas como preparar los bultos, cajas de madera, zurrones y petacas de cuero donde irían las mercancías; aparejar bien las mulas, montar la carga y requintar; saber cuidar y arrear las bestias durante la travesía, así como saber herrar y hacer curaciones.

"Se venda el animal con la mulera, se carga por el lado derecho, se le coloca la enjalma asegurada por la retranca para que no se corra para adelante, y asegurada por delante por el pretal para que no se corra para atrás. Luego se le coloca la lía al primer bulto, que es una soga de cuero bien fina, se le abre un bozal; se alza el primer bulto con la lía, después el otro sostenido por el sangrero y se amarran juntos; luego se amarran los dos bultos con la sobrecarga, que es una soga más larga, la cual tiene un cinchón de cabuya que se le pasa al animal por debajo del vientre; al final del cinchón está el garabato, que es como un gancho de madera fina, generalmente de guayabo o de arrayán. Por medio del garabato se asegura la sobrecarga y se aprieta bien fuerte con un nudo corredizo llamado nudo de encomienda.

El sangrero pide que repita el nudo, pues sabe muy bien que arriero que no sepa hacer este nudo no es arriero, ni puede llegar a serlo” (*Germán Ferro Medina).

Sin embargo, el aprendizaje del sangrero no terminaba ahí. También era propio del saber arriero que los bultos, cajas, zurrones y petacas debían pesar cerca de 75 kilos cada uno. Estas cargas parejas, de igual peso y contenido, se llamaban “mellizas”, y se hacían con la intención de darle estabilidad a las mulas; aunque eso dependía de cuántas “tumbadas” tenía que hacer el arriero por ciertos pasos y "canelones" del camino, es decir, cargar más un lado la carga para que esta no trompicara contra los barrancos.

Así mismo, debía saber que la carga se cubría con el ‘encerado’ (lienzo o cuero recubierto de cera impermeable que protegía la carga de la intemperie) y que según la mercancía, esta podía ser redonda, redonda en zurrones, cuadrada, angarillada, de rastra y en turega, y que para cada tipo de carga era menester tener los aperos apropiados como enjalmas, garras y angarillas

Esta última forma de carga, también llamada “tureguiada”, por su complejidad y el valor de la mercancía, requería de toda la pericia y destreza del arriero, pues:

“En la antigua arriería era práctica corriente para transportar grandes y pesadas cargas utilizar la modalidad de turega, consistente en llevar una carga compartida entre dos mulas, haciendo como un tren, una adelante de la otra y la carga en medio, sostenida por unos largueros paralelos uniendo los dos animales.

Esta forma de transporte tenía su gran dificultad y peligro, poniendo a prueba la sabiduría y habilidad de los arrieros en su oficio, considerando los riesgos que ofrecían los difíciles y escarpados caminos antioqueños, con sus precipicios y ríos que había que bordear y cruzar, puesto que si una de las mulas rodaba por ellos, arrastraba a la otra, con todo y carga. Así fueron traídas las enormes maquinarias para el montaje de las grandes industrias que forjaron el progreso de Antioquia.

Es de saberse además, que había recodos tan cerrados en el camino, que la turega no podía girar, por tanto, el arriero se alzaba él la carga para voltear en las curvas” (Arrieros Antioqueños en 1920 con Carga en "Turega", Orgullo Antioqueño, 2014: --> http://on.fb.me/1aELZLp).

Otro asunto que no era menos importante en el entendimiento de la arriería, es la forma como debían organizarse las muladas, ya que estas eran regularmente grandes y tenían que atravesar caminos de herradura con tramos estrechos, fangosos, muy pendientes y llenos de curvas cerradas dada la topografía abrupta y montañosa de Antioquia.

De este modo, en una mulada iban el caporal, 5 o más arrieros, dependiendo del tamaño de la mulada, y 2 o más sangreros. Entre los animales que componían una mulada estaban: 20 o más mulas cargadas y varias remudas, que eran bestias de carga que se llevaban para remplazar a las mulas que se enfermaban o morían en el camino; el “guión” o caballo guía de la mulada, que generalmente era montado por un sangrero, y la “mula colera”, que podía ser una remuda o una mula enferma que colocaban de última en la recua; varios caballos cargueros, los cuales llevaban las provisiones de alimentos y los catres de los arrieros.

Lista y dispuesta la mulada para partir y emprender el largo y duro periplo de arriería: alimentadas, curadas, herradas, aparejadas y cargadas las mulas; montada y requintada la carga, redonda, en zurrones, cuadrada, angarillada, de rastra y/o tureguiada, cubierta con el encerado según el clima; cargados con los avituallamientos y catres los caballos; organizados los hombres, los mulares y caballares: el guión adelante, la colera tras la recua, las remudas y caballos cargueros cabestreados por otras mulas, porque los arrieros iban a pie arreando, atentos y prestos a todo, salvo el sangrero que en ocasiones iba montado en el guión cuando no lo cabestreaba, o el caporal cuando debía adelantar para hacer una inspección o atender algún requerimiento. Y el perro andariego detrás de su amo entre la mulada.

Entonces, el caporal pasa lista, revisa las cargas y da instrucciones: “Cinco arrieros, veinte mulas: quince con café y el resto con maíz, fríjol y panela para las fondas del camino. Irán por el camino de Islitas y si todo sale bien pasarán la noche en la posada de Juanita Cano.

El caporal era como el jefe: pagaba los fletes a los arrieros, hacía la lista de la población a la que había que llevar y traer mercancías, señalaba rutas, sitios de hospedaje y duración de las jornadas. Era también el responsable de la entrega de la carga, con sus recibos y remisiones” (*Germán Ferro Medina).

El caporal, al igual que los demás arrieros, iniciaba su ardua jornada temprano organizando los arreos y utillajes necesarios para arreglar la carga, además revisando la mercancía encomendada para embalarla en bultos, zurrones, petacas y cajas de madera, y montarla en angarillas o en turegas cuando no era de rastra, porque legalmente se transportaba de todo, desde delicados espejos, hasta pesadas ruedas Pelton.

Los arrieros acarreaban pues todo tipo de mercancías, especialmente aquellas que les dejaran buenos fletes: maíz, café, panela, granos, miel, caña de azúcar, vivires para surtir las fondas, licor, oro, muebles, pianos y los más refinados artículos de lujo importados de Europa, vigas de madera y demás materiales de construcción, pesadas campanas de bronce para las iglesias, plantas eléctricas, entre otras.

“Sin embargo, dos productos mantuvieron un transporte continuo por parte de los arrieros: el oro y el café, porque lograron superar la razón valor/peso y fueron los dos grandes productos de exportación que tuvo Antioquía” (*Germán Ferro Medina).

Ahora, por fuera de estas cargas legales, la arriería participó en el contrabando de mercancías como licores y tabaco. Se contrabandeaban también los productos de prohibida importación, como telas y aquellos que se estaban comenzando a fabricar localmente. Este resultó siempre muy rentable para ellos debido al alto costo de los fletes.

Ya, en el transcurso del viaje, el sangrero cumplía una sencilla pero vital tarea para la mulada: “Cuando el muchacho que iba en el caballo veía de lejos que venía una recua de mulas, tocaba la corneta -pito de cacho-: ¡Ta, ta, ta! avisándoles a los que venían y a los que iban, pa’ que los arrieros se dieran cuenta y se alistaran por el asunto de que esos caminos eran muy estrechos y si una mula con otra se encontraban cerquita, un bulto le daba a otro bulto y se echaban a pelotiar” (Juan Ciro, nacido en Ciudad Bolívar en 1907 y entrevistado en Medellín, noviembre de 1983, por Germán Ferro Medina para su trabajo de investigación titulado “El arriero: una identidad y un eslabón en el desarrollo económico nacional”).

Al mismo tiempo, “los arrieros, siempre pendientes de que las mulas no se fueran a resbalar o a caer por un abismo, requintando la carga, ajustándola cada vez que se aflojaba, cuidando celosamente de que no se fuera a perder o a dañar, pues de la calidad de su trabajo dependía que hubiera más” (*Germán Ferro Medina).

El sangrero, siempre laborioso, muy atento a lo que hacían los arrieros y empeñado en aprender y conocer de ellos todos los vericuetos del oficio, quería verse y sentirse desde el principio como un arriero de verdad, entonces “se fijó que todos llevaran su carriel, incluso él, que llevaba el que había sido de su abuelo. Quería ser buen arriero, y sin carriel no se podía. Llevaba la aguja de arria para remendar algún aparejo que se rompiera, o su ropa, pues nadie estaba libre de accidentes. Había echado un rollito de cabuya, clavos de herrar, martillo y tenazas” (*Germán Ferro Medina).

Tampoco se podía ser un verdadero arriero sin la indumentaria y aperos adecuados para las extensas y exigentes jornadas: sombrero de iraca; poncho o ruana, dependiendo del clima; tapapinche o paruma, que es un delantal grueso de cuero o lona, utilizado para proteger el pantalón y cubrir el “pinche” (nombre dado por los arrieros al pene); mulera, que es un retazo de tela rectangular usado para cegar la mula y evitar que se arisque durante el amarre de la carga; zurriago o perrero para azuzar las mulas; alpargatas o quimbas de fique, tela burda o cuero. Y el machete o peinilla.

Es así como después de iniciarse como sangrero, asimilar todo este aprendizaje, desarrollar todas las capacidades y pericia exigidas en la arriería y acumular años de experiencia como arriero, se podía ascender a caporal, el arriero mayoral de la mulada.

[Documento basado en las lecturas de la obra *A Lomo de Mula (1994) de Germán Ferro Medina; el trabajo de investigación “El arriero: una identidad y un eslabón en el desarrollo económico nacional”, Universidad de los Andes (1985) del mismo autor. Y otros relatos documentados de arrieros de Antioquia]

[En la fotografía antigua Sangrero y Arriero en 1920, Santa Fe de Antioquia]

Texto: © Arepa Antioquia

Fotografía: © Alejandro Mrt-z Duke-z
Cortesía: http://www.misantafedeantioquia.com/

lunes, 26 de mayo de 2014

HERENCIA DE TIMBIQUÍ

Lo bueno y lo bonito hay que compartirlo, por eso les dejo aquí este hermoso tema del grupo Colombiano Herencia de Timbiquí. Te invito es más que una canción un poema que narra la historia de un hombre que flota en medio de la nostalgia de los retazos de su vida.



Te regalo la primera planta que en mi vida yo sembré en la tierra,
te regalo el cofrecito que antes de morir me regalo la abuela,
te regalo la emoción que sentí al nacer a mi primer hermano,
la sonrisa de mama al verme deletrear y mis primeros pasos

mi primer amor de infancia y mis primeros zapatos,
mi primera travesura y el desorden de mi cuarto (bis)...

Mi primer día del colegio mi peinado mi primer cuaderno
mis amigos de secundaria mi pasado todo eso (bis)...

Te invito a vivir conmigo las lunadas que realizan en mi pueblo,
las noches de luna llena y los aguaceros cuando ya es invierno.
Nuestras fiestas patronales a ver los arrullos en cada diciembre
y juntos en año nuevo tratar de cumplir los años que se tienen.

La experiencias de mis viejos y dolor de sus ancestros
los poderes de sus Dioses sus odios y sus anhelos (bis)...

Mi futuro mi vos mi aliento solo quiero ponerlos en tus manos
y a medida que pase el tiempo que comprendas que te amo.
Mi primer día del colegio mi peinado mi primer cuaderno
mis amigos de secundaria mi pasado todo eso.

Coro!

Con el tiempo entenderás que es amor puro amor
Con el tiempo entenderás que es amor puro amor
Con el tiempo entenderás que es amor puro amor

Sabrás que en la madruga voy a llenarte de amor
Con el tiempo entenderás que es amor puro amor
Solo para solo para ti yo compuse esta canción mi amor

Con el tiempo entenderás que es amor puro amor
Con el tiempo entenderás que es amor puro amor.

RESEÑA

El grupo Herencia de Timbiquí, toma su nombre del municipio del mismo nombre y está conformado por afrodescendientes orgullosos de sus raíces africanas y quienes se han dado a la tarea de retomar el conocimiento musical empírico del Pacifico Colombiano y mezclarlo con elementos de la música urbana contemporánea, para así producir una sonoridad de orden global pero centrada en la raíz negra de nuestro litoral.

2003 Inicios.

2004 Segundo puesto categoría libre festival de música del pacífico "Petronio Álvarez" - Cali

2005 Segundo puesto categoría libre festival de música del pacífico "Petronio Álvarez" - Cali

2006 Primer puesto categoría libre festival de música del pacífico "Petronio Álvarez" - Cali

2007 Invitados a cerrar el festival de música del pacífico "Petronio Álvarez" - Cali

2008 Participación festival "Colombia al parque" - Bogotá

2008 Cierre de la velada de los premios "India Catalina" - Cartagena

2009 Noche internacional festival de música del pacífico "Petronio Álvarez" - Cali

2009 Festival de la marimba: Rey de la matimba, rey del bombo, rey del cununo, mejor interprete vocal, mejor grupo. - Cali

2010 Primer foro zona de riesgo Shock, Ministerio de cultura y revista Shock - Bogotá

2010 Lanzamiento "Gran Concierto Nacional" - Bogotá

2010 Montreux jazz festival "primer grupo Colombiano en los 44 años del festival" - Montreux, Suiza. http://noticiasdeginebra.com/2010/07/18/festival-de-jazz-de-montreux-un-exito-de-asistencia-¿pero-la-musica/

2010 Programacion de Verano - Zurich, Suiza

2010 Sala Underground - Barcelona, España

2010 Gran Concierto Nacional - Cali

2010 Noche internacional festival de música del pacífico "Petronio Álvarez" - Cali

2010 Festival de Jazz "Ajazzgo" - Cali

2010 Festiafro - Medellín.

2010 Show case cámara de comercio - Bogotá

En este momento el grupo se encuentra trabajando en la tercera producción discográfica, en ella participaran grupos como Ojos de Brujo, el Cubano Kumar, Alexis Play, entre otros.

VUELO 730

A veces los cuentos pueden parecerse a la realidad o viceversa, al menos en este caso es así. Ahora publicando esta primera parte me veré obligado a terminar este cuento que ni aún yo sé como terminará.

Primera parte.


Huang recibió el regaño de su madre a regañadientes, que de malo tenía correr por el corredor del avión, era más aburrido quedarse sentado por horas en una silla, y ahora tenía que resignarse a terminar el viaje amarrado a ella.

En la silla que estaba atrás de Huang una pareja miraba las fotos de su paseo de luna de miel en una tableta mientras reían recordando esos momentos felices. El cupo de la nave estaba casi completo, 239 personas iban a lo largo de los más de 67 metros del tubo del avión.

A través de la ventanilla Tom Lewis miraba la turbina derecha de la nave para calmar sus nervios, a pesar de que viajaba con frecuencia por ser analista de nuevas tecnologías no terminaba de acostumbrarse y se llenaba de pánico desde que entraba a la nave, como no conseguía calmarse sacó su billetera y comenzó a ver la foto de su pequeña hija, eso sí funcionó pues solo recordarla le sacaba una amplia sonrisa.

En la cabina la cosa no estaba bien, los pilotos e ingenieros luchaban para que la computadora de abordo se reiniciara correctamente, el piloto automático extrañamente no se desactivaba y volaban sin control hacia el noreste cosa que los sacaba de su ruta original.

El copiloto trataba infructuosamente de comunicarse con la torre de control pero la radio tampoco funcionaba, solo el ruido de la estática se escuchaba en sus audífonos.

 A muchos kilómetros un grupo de científicos y militares trataban de resolver un problema mucho mayor, un virus letal que se había creado en un laboratorio de alto nivel había sido embarcado por error en el vuelo comercial 730. Lo peor era que los acomodadores de equipaje que habían manipulado el embarque habían caído enfermos y murieron en el hospital al que fueron trasladados.

No se descartaba que el mal manejo del empaque del virus habría generado algún escape, máxime cuando esos empleados estaban siendo investigados por posible hurto de menaje. Si la cosa era así estaban ante una situación muy grave y mientras encontraban la confirmación de la infección no podían permitir que ese avión llegara a su destino.

Algunos pasajeros comenzaron a inquietarse al percibir el nerviosismo y el cuchicheo de las auxiliares de vuelo e igual siendo viajeros habituales de esa ruta notaron que el paisaje era muy diferente al que conocían. Uno de ellos se atrevió a preguntarle a una de ellas: - Señorita, ¿Todo anda bien?

Segunda parte.

En la lejana base de operaciones la tensión subía a medida que el doctor Robert Winterhouse revelaba los terribles efectos del virus experimental M4-BDBV:
- Señores, nunca antes habíamos tenido algo así, este virus es una mutación que hemos desarrollado con carácter experimental a partir del virus del ébola, el virus original tiene una tasa de mortalidad del 90%, mientras que en el nuevo es del 100%, ha sido un terrible error transportarlo a través de un aeropuerto civil.

El coronel Smith levanta una mano para hacer una pregunta, mientras con la otra se seca el copioso sudor que corre por su rostro:

- Doctor, quisiera saber cómo se propaga este virus…
- Coronel, esa es una buena pregunta, ya estaba por mencionar ese asunto, el ébola conocido se propaga persona a persona por estrecho contacto con sangre, secreciones o líquidos corporales de animales o personas infectadas, este en cambio es más agresivo y llega a contagiarse por la vía aérea, como la gripe.

- Doctor, ¿Existe alguna vacuna?, pregunta otro de los asistentes a la reunión.
- Lamentablemente ninguna todavía.

El salón se llenó con el murmullo de los asistentes, que aterrorizados intercambian comentarios.

- Silencio por favor, debemos centrarnos ahora en las medidas que tendremos que tomar cuanto antes replicó Martin. El presidente del país de la nave implicada en este caso ya fue informado a través de la vía diplomática y está dispuesto a aceptar y colaborar con las decisiones que aquí tomemos, este es un asunto más que de seguridad nacional, de seguridad global, mientras tanto la Noval está a cargo del vuelo. No sobra decir que todo lo que aquí se diga o haga es secreto de estado.

Los operadores del radar de Duon Paing están confundidos pues repentinamente perdieron la ubicación del vuelo 730 a sus dos horas de vuelo, sin motivo aparente, simplemente el pequeño punto blanco ya no estaba en los monitores. Los operadores de radio igualmente luchaban por establecer contacto con la tripulación sin ningún resultado,

La reunión de emergencia proseguía y Jean Martin, director de la agencia central, comentaba que el presidente les había dado carta blanca para resolver el incidente.

-Doctor Winterhouse, agradecemos su presencia, ¿En su opinión los pasajeros del avión pueden estar infectados?
- Sin duda, respondió el científico.

Martin retomó la palabra, mientras todos lo miraban expectantes.
- Señores, mientras sepamos que hacer finalmente no nos queda más que impedir que el avión toque tierra. Noval está a cargo de eso y lo mantendrá volando con el control automático al igual que bloqueando su sistema de comunicaciones gracias al uso de un satélite dedicado.

Jeison Charr, director de la confederación universal de empresas de aviación intervino:
Coronel  Smith, ¿Han considerado la posibilidad de derribar la nave?

- Si ingeniero, contestó este, para rematar diciendo: - Ese será nuestro último recurso.


Tercera parte.

En la cabina la tripulación luchaba sin éxito para recuperar el mando del avión, pero los comandos manuales, el radar y las comunicaciones estaban fuera de control, a pesar de eso la nave volaba con gran suavidad, como si de alguna forma estuviera siendo dirigida con algún sistema remoto que no conocían y que los llevaba a lo que parecía ser un punto remoto del océano.

Los aeropuertos de salida y llegada del vuelo 730 eran un manicomio, los familiares y allegados de los pasajeros reclamaban una explicación, pues el atraso del aterrizaje de la nave era inquietante. Los directivos de la empresa aérea les prometían que pronto darían un comunicado. Todos presagiaban lo peor…

Base de operaciones  aéreas.

Jean Martin le comunica a los asistentes de la reunión de emergencia que los presidentes  de los países involucrados en el incidente ordenaban que por ningún motivo se derribara la nave.

- ¿Entonces qué es lo que debemos hacer?, preguntó Paul Curtis, comandante de la fuerza aérea.

- El plan es dirigir el avión hacia la isla Dago Gracia donde la federación tiene una base aérea, es un lugar bastante inaccesible y de alta seguridad, allí todos los pasajeros y la tripulación serán confinados en un hangar donde quedarán incomunicados hasta nueva orden.


¿Por cuánto tiempo?, preguntó el coronel Smith.

- Depende de que  haya o no infección, de no haberla sería cuestión de uno a dos meses.

- ¿Y si hay infección?, replicó Smith.

- En ese caso estarán allí para siempre.


EL NUDO COMIENZA A DESATARSE

Lejos de allí, a una mansión situada en las afueras de Ginebra, una a una comienzan a llegar grandes limosinas escoltadas por grupos de seguridad. De la última en llegar desciende un anciano de cabello blanco y traje negro, debe ser muy importante pues todos los asistentes salen al porche y se sitúan a lado y lado de la entrada formando una calle de honor.

El hombre entra en silencio obviando saludos protocolarios, y tras él, en fila india, ingresan todos los del Grupo.

El anciano es el primero en tomar su lugar, y luego todos toman asiento en sus respectivos puestos. El sitio es un salón en forma de herradura coronado por una cúpula de la que pende una gran araña de relucientes cristales de Murano.

Con el viejo, el grupo es de quince hombres,oriundos de las 7 montañas del planeta. Ellos son los que manejan este mundo desde la sombra, los que deciden el acontecer del hombre, émulos de los dioses de la mitología griega.

El silencio se rompe cuando el anciano dice:

- Señores, el asunto que nos reúne es delicado y por ello hoy tendremos que tomar una crucial decisión que cambiará el rumbo de la historia dramáticamente. Bien sabemos que nuestro plan anterior fracasó debido a la intromisión de un laboratorista que con su acción bloqueó la propagación de virus H1N1. Pero eso no será óbice para que lo planeado no se cumpla, este planeta está sobrepoblado y esto pone en riesgo nuestra supremacía.

El doctor Yushiro nos ha entregado ahora la alternativa de oro, una variante del virus del  ébola. El problema es que alguien se infiltró y advirtió del envío de las cepas en el vuelo 730, nuestros agentes hicieron un continuo seguimiento y lograron el control del vuelo para conducirlo al sitio alternativo de nuestro plan B.

- La mala noticia es que luego del arribo del vuelo 730 a nuestro lugar elegido la letal carga fue transferida a un pequeño jet para llevarla al destino final, pero fue detectado por un satélite que no conocíamos y fue derribado cuando volaba sobre una zona boscosa entre Liberia y Guinea, así es que el asunto ha quedado fuera de nuestras manos.

Aquí no hay nada que tratar diferente a las acciones que hemos de tomar ante esta contingencia. De propagarse el virus de alguna forma, que es lo más probable, hay que distribuir las vacunas a nuestros aliados, ellos decidirán, como ya está acordado, a cuantos y a quienes, habrán de proteger para su fuerza laboral y de defensa.

Como no hay mal que por ben no venga, tal vez será esta la ocasión para equilibrar las cargas y comenzar esa nueva era que soñamos, la del gobierno universal.

Vayan pues y apresuren el plan, Aún sin saber que lo que presagiamos se haga realidad o no, infundan el pánico, a través de todos los medios posibles y de los agentes infiltrados en la sociedad de las naciones. Como el riesgo del nuevo virus está clasificado en el nivel BSL-4 los tendremos a nuestros pies, pues somos los únicos que tenemos la solución a sus problemas.


Cuarta parte

Los pasajeros fueron confinados en tres hangares guiados por hombres con trajes de protección que los hacían ver como astronautas. Como el pequeño Huang estaba presentando vómito y su madre mostraba una irritación en la piel fueron separados del grupo y trasladados  a la enfermería. Todos estaban aterrados y confundidos, no les habían dado ninguna explicación satisfactoria y comenzaban a sentirse en peligro. Sus teléfonos y equipajes fueron confiscados, según ellos, por seguridad.

A la base de operaciones comenzaron a llegar informes inquietantes, Al parecer unos niños de Boké, en Guinea, habían encontrado el contenedor en una zona boscosa y lo habían llevado a su casa, pocos días después los habitantes del caserío habían comenzado a sufrir fiebres y vómito por lo que inicialmente se pensó que era un brote de fiebre amarilla, cosa que luego se descartó al ver otros síntomas no presentes en la malaria.

El doctor Winterhose intervino entonces para puntualizar la situación:

- Señores, casi sin lugar a equivocarme, lo que vemos en Guinea es un brote de ébola. Los síntomas lo indican claramente.

- Doctor Winterhose, ¿Pero como se explica esa propagación tan rápida si esta infección solo se contrae por medio de fluidos corporales?, preguntó el coronel Smith.

Esa es la mala noticia coronel, dijo Winterhose, y luego prosiguió: Recuerden que la nueva sepa del virus M4-BDBV ha sido mutada y ahora puede propagarse por vía aérea, igualmente este virus se hace cada vez más resistente y por ende fuera de control. Toda la acción debe centrase en aislar esa región inmediatamente.

El director Matin interviene para notificarles que ya el gobierno había encargado 200.00 trajes de seguridad para proteger a la élite del país, mientras se termina de desarrollar la vacuna específica, y agrega:
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- Es un suceso desafortunado este que vivimos, se suponía que la liberación del virus solo se haría cuando la tuviéramos lista.

¿Y ahora que pasará con los pasajeros del vuelo 730?, pregunta Smith.
- Ese asunto ya está decidido, el coronel Curtis se encargará de ello con la mayor discreción.