jueves, 19 de junio de 2008

El avaluador

Nota para el blog:

Como el compromiso es ir revelando a los protagonistas de algunas de las historias, este es otro oncemetrista, Humberto Giraldo "Humgiro", quién por esa época fué concejal de Medellín y estaba por publicar un libro "Los bobos de pueblo", en los que haría una recopolación de esos personajes tan especiales que viven en todos nuestros municipios.


EL AVALUADOR.

Humberto es un avaluador de catastro departamental que por motivo de sucargo viaja constantemente conociendo casi todos los más de cien municipios de la región, obviamente conversar con él es una maravilla por las innumerables experiencias que ha vivido, sin exagerar es un Marco Polo paisa.


Cuenta que cierta vez que visitó a Santa Fé su viaje coincidió con las fiestas del pueblo, por lo que le fué imposible encontrar alojamiento, todos los hoteles y pensiones estaban abarrotados de turistas, anduvo con su equipaje de arriba a abajo sin hallar nada, resolvió entrar a un bar a tomarse una cerveza para mitigar la sed, inevitable en esa tórrida ciudad y entabló conversación con un policía que había allí, este le recomendó que fuera a la casa cural, pues a veces en casos como el actual el cura le daba alojamiento a algunas personas, así lo hizo el avaluador cuando ya comenzaba a entrar la noche, pero lamentablemente no había espacio, pues la familia del clérigo lo estaba visitando y se había hospedado en el sitio, cuando ya se retiraba el padre lo llamó, recordando la casa juvenil que aunque en obra negra podía ser habitable para el preocupado peregrino, -Es un poco incómoda, pero hay un cuartico con cama y colchón, electricidad si no hay todavía, le aclaró el párroco.

Humberto respiró tranquilo y aceptó la oferta recibiendo las llaves de la casa. En el camino compró velas, algo de comer y una botella de aguardiente, en la tienda encontró al policía que había conocido y lo invitó a acompañarlo mientras se
instalaba.

Era una casa de ladrillo aún sin revoque, pero de agradable arquitectura, entraron alumbrándose con una de las velas hasta hallar el cuarto, como Humberto cargaba siempre sábanas no tuvo problema para preparar de forma agradable la pequeña cama, compartió con su nuevo amigo las viandas y se tomaron poco a poco la sabrosa botella de licor. -Yo si no sería capaz de amanecer aquí, le dijo el policía, en esta soledad tan oscura no faltarán los espantos, los dos rieron al unísono por la ocurrencia y brindaron con el último trago de la botella, acto seguido el amable agente se despidió y el avaluador quedó totalmente solo. Dejó abierta la puerta del cuarto para refrescarse un poco, se acomodó boca arriba en el camastro y claramente vió la figura de una viejita que cruzaba frente al cuarto por el corredor, sobresaltado se tiró de la cama y salió a buscar a la señora alumbrándose con la vela, pero por más que buscó por todos los vericuetos no halló a nadie, seguramente el cura le había dado la llave a alguien más que se había marchado tan rápido que no le dió tiempo de alcanzarla. Después de hechar el cerrojo a la puerta principal se recostó de nuevo algo preocupado y dejó la vela encendida, estaba por quedarse dormido cuando la misma anciana de pelo cano se paró frente a su puerta mirándolo con curiosidad.


Humberto volvió a tirarse de la cama y siguió a la extraña señora a través del largo corredor que enmarcaba un patio lleno de malezas. Esta vez la viejecita llegó hasta el fondo frente al último cuarto y mirándolo le hizo un ademán para que la siguiera, ingresando a la oscura habitación, Humberto sacando valor del terror entró
lentamente al saloncito donde había arrumada una cantidad de tejas de asbesto y unas tablillas de roble, pero de la viejita nada de nada, revisó otra vez la casa sin encontrar ninguna otra salida, salvo una reja en el patio que estaba bien cerrada con una gruesa cadena y un candado.


Sus cabellos se erizaron y vistiéndose presuroso salió hacia el parque principal donde se tomó otro montón de tragos para calmar el susto, ya estando medio borracho regresó a la casa y durmió como un lirón hasta el día siguiente. Buscó en su maleta un destornillador y comenzó a levantar los tablones del misterioso cuarto, dicho y hecho, tal como lo imaginaba bajo el piso encontró una cajita de madera pulida que al destapar dejó ver el pequeño tesoro de la anciana, un paño de agujas, hilos de colores, viejas fotos de una familia frente a una mansión rodeada de palmas, unas tijeritas y un rosario de madera. “Donde está tu tesoro, está tu corazón”. Se dirigió a la casa cural para agradecer al padre su amabilidad y le contó lo sucedido, el padre lo escuchó atento y sorprendido, Humberto le enseñó su hallazgo y le pidió el rosario para tenerlo de recuerdo, el cura sonriente asintió a su petición mirando las fotografías, -Mira, le dijo, estas fotos son de una antigua mansión que quedaba en el sitio que hoy ocupa la nueva construcción, era la hacienda de las palmas, la más próspera de la región tiempo atrás, guarda el rosario como recuerdo para que te acompañe por todos estos caminos de Dios, seguidamente lo bendijo antes de despedirse.

Humberto ahora es jubilado del Departamento y aún conserva la bella camándula (rosario), que ya ha hecho examinar y que resultó ser una verdadera antigüedad.


AUSENCIA.

Partir es morir un poco, viejo dicho que es pura sabiduría popular. En verdad como duele la ausencia de los seres queridos que cuando se alejan por largo tiempo se llevan un pedazo de nuestro corazón y cuando somos nosotros los que nos alejamos, dejamos jirones de nuestra alma enredados en la angustia del ser amado. La única y fundamental diferencia con la muerte,es que siempre guardamos la sublime esperanza del retorno.

Algunos sabios en su discurso fundamental proponen el desapego afectivo a todo y a todos como principio básico de la paz interior. Aducen que el sufrimiento es la consecuencia de nuestros apegos y en verdad creo que así es. ¿Pero no será que este sufrimiento es el yunque donde se forjan las fortalezas del ser humano? ¿acaso la nostalgia que causa la lejanía de nuestros afectos no es la dulce sensación que corrobora nuestros mas nobles sentimientos?.

Definitivamente no quiero renunciar a mis apegos mas puros y sinceros, con el cobarde fin de evitar el sufrimiento. Claro que no todos los apegos son sanos, incluyendo algunas relaciones sentimentales que se basan mas en la posesión que en el afecto, o que tal aquellos apegos dirigidos a objetos y actividades abiertamente inconvenientes, a las drogas, la violencia y todo tipo de cosas que dañan a otros o a nosotros mismos. Quiero extenderme un poco sobre la diferencia entre la posesión y el afecto.



AMAR NO ES POSEER.

Uno jamás puede ser dueño de lo que ama, solo se puede poseer lo que se usa.

El amar y el tener son dos cosas muy diferentes.
El que ama siente, quien posee solo utiliza.

Quien ama entrega su vida sin temor al ser amado, el que posee solo trata de
llenar el vacío de su desamor.

El que ama se conmueve ante la presencia de su amor, quien posee alardea de
su adquisición.

El que ama disfruta plácidamente del amor, quien solo posee no haya placer
en el tener.

Quién sabe amar es amado, el que solo quiere poseer siempre estará solo con
sus tesoros.

Si amas, atrévete y dilo, porque el amor auténtico brilla con tal intensidad,
que si lo ocultas puede quemarte.

D.Z.R.



AMOR A MI CIUDAD.

También el amor que se siente por tu lugar en el mundo es hermoso, así como yo vivo en Medellín, mi bella ciudad habita en ese rinconcito de mi corazón reservado solo para mis afectos. Cuando me marcho siento que la dejo sola, a pesar de quedar en ella sus tres millones de habitantes menos uno. Cada día que paso lejos, la extraño como un hijo que añora a su madre lejana, y cuando regreso mi corazón salta de dicha al verla de nuevo, arropada entre sus verdes montañas.

¡ Como te quiero Medellín.!


EL REGRESO.

Hoy vuelvo ya a Medellín,
mi ciudad, como te extraño yo.

Cubierta de granito y hormigón,
mi ciudad, se creció.

Vuelvo a caminar tus calles,
Vuelvo a respirar tus aires...
Como te quiero yo.
D.Z.R.