miércoles, 16 de julio de 2014

LLEGA LA LUZ A MEDELLÍN

A propósito de esa maravillosa superluna que pudimos ver en Medellín en las noches del 12 y 13 de julio pasado, y que coincidió con su perigeo (Punto más cercano de su órbita con la tierra), recordé la historia de la inauguración del alumbrado público de la ciudad.

Puente sobre la quebrada Santa Elena. 
Cerca estuvo la primera planta eléctrica de Medellín

Hay que aclarar que me refiero al alumbrado público eléctrico, pues desde 1851 Medellín ya tenía alumbrado público con lámparas de grasa y en horario restringido, la luna aún era muy importante pues en las noches de luna llena no se encendían las lámparas y se le dejaba a ella el trabajo de iluminar a la ciudad.

En Medellín la gente alumbraba las noches con velas y lámparas de petróleo o gasolina, cosa que percibieron como atraso los señores que viajaban con frecuencia a Estados Unidos y a Europa y habían conocido la iluminación eléctrica de ciudades como Nueva York y Paris. Así fue que se inició un largo camino para traer esa tecnología a la Bella Villa. El asunto era algo complicado por las dificultades que implicaría transportar las bases de los dínamos y otros aparatos necesarios por los caminos de herradura de entonces.

La propuesta llegó al concejo y poco a poco empezaron a analizar los detalles de una obra tan importante. Se trató por ejemplo el costo que tendría para los usuarios, el valor de las bujías conveniente, si las de cuatro o cinco centavos, los horarios de servicio nocturnos y el corte del alumbrado en noches de luna.

Poco a poco idea marchaba pero no sin cierto escepticismo, dados los pobres resultados de las empresas de alumbrado de Bogotá y Barranquilla.

El 7 de febrero de 1895 se le dio prioridad al proyecto y ese mismo mes se creó la "Compañía de Instalaciones Eléctricas del Distrito de Medellín", ahora era una obra sin reversa, tanto así que pronto se compraron varias máquinas a la Pelton - Water Weel y siete generadores General Electric, para obtener inicialmente 250 kilovatios, así: tres de de 50Kw AC (Corriente alterna) y cuatro de 25Kw CC (Corriente continua). El costo total de esta planta fue de $350.000 para encender 150 lámparas de alumbrado público y 2.500 luces incandescentes particulares contratadas por 280 suscriptores.

Esa planta aprovechaba el caudal de la quebrada Santa Elena y sus afluentes La Castro y la Santa Lucía  en el paraje Las Perlas, sector del barrio La Toma.

Las máquinas tras un largo viaje en barco desde Nueva York recorrieron tramos en tren, carros de bestias y hasta hombres reclutados de la cárcel. Se inauguró la casa de máquinas de la naciente empresa bajo la dirección de Don Marceliano Vélez.

La casa Pelton - Water Weel envió para que hiciera el montaje hidráulico a Charles Grooel, mientras que la General Electric mandó a José María Zapata, un ingeniero eléctrico español para el montaje eléctrico.

Antes que Medellín ya se habían hecho intentos de iluminación en Colombia en las ciudades de Bogotá (1890) y Panamá (1889), recordemos que entonces Panamá formaba parte de Colombia y su separación ocurriría más adelante, el 3 de noviembre de 1903.

Fue en 1895 cuando las bombillas brillaron por primera vez en Medellín, no como alumbrado público sino como servicio para algunos ciudadanos privilegiados y gracias a la creación de la Compañía antioqueña de instalaciones eléctricas, empresa  mixta con capital público, departamento, municipio, y privado, todos con una tercera parte de participación.

Con la crisis económica de comienzos del siglo XX, luego de la guerra de los mil días, la compañía pasó a manos de la familia Echavarría, fundadora de la textilera Coltejer en 1907. Esta empresa llegó a consumir hasta el 48% de la energía generada. Este hecho  generó protestas callejeras y acalorados debates en el concejo. En el sitio que ocupaba Coltejer en el sector de la Plaza de Flórez se construyó una unidad residencial llamada Villas del Telar.

Como la demanda de electricidad creció tanto a pesar de las continuas adiciones de máquinas, el municipio quedó con la empresa el 18 de octubre de 1918, entre otras cosas para atender el sistema de tranvía eléctrico. El 20 de julio de 1921 se inauguró la planta de piedras blancas con dos máquinas de 500 Kw e igual se reemplazaron las máquinas de la quebrada Santa Elena por una nueva planta de 500KW.

Ahora retomemos el tema. Se fijó el día de la inauguración del alumbrado público para el día siete de julio de 1898 a las siete de la noche. Como era de esperarse comenzaron a llegar a Medellín personas de muchos municipios cercanos y lejanos.


SE ILUMINA MEDELLÍN

Y como se planeó se hizo, el 7 de julio de 1898 se prendieron las primeras 150 bombillas de arco en el parque de Berrio, no es difícil imaginar como sería la curiosidad y la aglomeración que esto produjo, todo el parque y sus calles adyacentes eran un hervidero de gente, en la que había ancianos y niños. seguramente las principales autoridades, civiles, militares y eclesiásticas estuvieron en una tarima de honor, acompañadas de prominentes  hombres de la industria y el comercio. Aunque ni lo vi, ni me consta ni me lo han contado ni he leído, los voladores y la pirotecnia no debieron faltar, igualmente seguro estuvo alguna banda musical animando la fiesta. Sobre el jolgorio y el exceso de licor el día de esta celebración, como cosa rara, si hay reseñas muy serias. El encargado de esta instalación fue el ingeniero José María Zapata, del que se narrará mas adelante una graciosa anécdota.

Casualmente esa noche brillaba sobre Medellín una luna esplendorosa que iluminaba a toda concurrencia, después de los acostumbrados y aburridos discursos se se fue llegando el momento: 10-9-8-7-5-4-3-2. La multitud gritaba el conteo a todo pulmón... 1- 0...

Y se hizo la luz, y las tinieblas se separaron de ella. Todos quedaron boquiabiertos, estaban contemplando la octava maravilla de mundo, era increíble que de aquellas esferas de vidrio surgiera tan luminoso portento, estaban mudos extasiados, casi me siento allí transportado por mi imaginación, viendo tal maravilla.

De pronto la luna ya no era la reina, cosa que aprovechó un pintoresco personaje que estaba en medio de la multitud para gritar con todas sus fuerzas:

“¡Luna, te jodites! 
De hoy en adelante tenés que ir a alumbrar a los pueblos”. 
Esa frase quedó para la historia y fue pronunciada por Marañas, un personaje típico de la vieja Medellín.

Pronto comenzaron a hacerse comentarios negativos sobre el alumbrado, que dizque era por ejemplo el que había provocado una epidemia de gripe que se produjo días después de la inauguración, cosa que no era cierta pues lo que pudo pasar fue que las personas tan emocionadas con el nuevo servicio salían a caminar hasta altas horas de la noche y el sereno, al que no estaban acostumbrados les produjo la enfermedad. Desde entonces muchos se acostaban más tarde y se fue terminando la costumbre que decía el dicho: Acuéstate con las gallinas y levántate con el sol.

La atracción luminosa que hacía que volaran muchos insectos alrededor de las lámparas también creó mucho recelo. Pero esos comentarios, desvirtuados con el tiempo, no impidieron el desarrollo de la gran industria hidroeléctrica de Antioquia.

Marañas: Nemesio Mejia Montoya - Foto Benjamín de la calle BPP
Marañas, personaje típico de la ciudad de Medellín del siglo XIX recordado en la inauguración del primer alumbrado público de la ciudad en el Parque Berrío, al mencionar cuando se encendieron las luces: "Ahora si luna, a alumbrar a los pueblos"

Recibo de la Compañía Antioqueña de Instalaciones Eléctricas  alumbrado incandescente con 10 lámparas. Medellín 


MARAÑAS Y DAR LORA

Sobre como comenzó el dicho "Dar lora"
Autor: Hernán Cárdenas Lince
Publicado en el periódico el mundo de Medellín.
19 de Junio de 2009

Para comprendernos mejor y poder planificar un futuro próspero en lo cultural y social es necesario conocer las historias y cuentos sencillos del Medellín de fines del siglo XIX.

Podemos iniciar estas curiosidades contando lo relacionado con la inauguración de 150 faroles de luz eléctrica en Medellín la noche del 7 de julio de 1898. Una enorme multitud se congregó en el Parque de Berrío para poder apreciar esa modernísima novedad.

Tal noche también brillaba una espléndida luna, circunstancia que fue aprovechada por un sencillo personaje conocido como “Marañas” quien utilizó el momento para pararse en el atrio de la iglesia de La Candelaria y en voz muy alta decir el siguiente discurso: “Luna, te jodites! De hoy en adelante tenés que ir a alumbrar a los pueblos”.

Al día siguiente unos amigos de la literatura inventaron una fiesta en honor del doctor José María Zapata,
evento que incluía una animada cabalgata en la que el señor Javier Vidal improvisó el siguiente cuarteto: “Por
festejar a Zapata que iluminó nuestra tierra, hubo una gran cabal-gata que terminó en cabal-perra”.

En Antioquia se ha usado mucho el término “dar lora”, por lo que vale la pena repasar la historia y el origen de tal término. Por allá en 1877 vino un curioso personaje de Guasca, Cundinamarca llamado José Ignacio Lora Vargas quien en una exclusiva tertulia literaria leyó sus extraños poemas que entre otros ridículos versos tenía el siguiente:

“La mirla se sacude, bostecea y gruñe. El turpial le baila con dengue de cariño".

Erguióse el cardenal, revuela el pico al suelo. Tiende ala a la mirla, vacila y le hace guiño”. Un nutrido grupo de literatos asistentes opinaron que las poesías leídas por “Lorita” eran absolutamente espantosas e inauguraron el dicho de “dar lora” por decir que Lorita había hecho el ridículo con esos versos tan horribles.

Por esos viejos tiempos el mejor medio de comunicación era el púlpito en donde toda la población se reunía los domingos y escuchaba atentamente lo que el sacerdote predicaba. Este maravilloso medio de comunicación está hoy sustituido por la televisión y los teléfonos celulares pero el problema radica en que ni los padres de familia ni los maestros están enseñando adecuadamente a utilizar estos modernos inventos que
con una buena preparación educativa nos podrían llevar a una vida más agradable, llena de nexos de convivencia para no seguir viviendo la soledad en medio de la multitud.


ALUMBRADO Y TIPOGRAFÍA
Autor: Hernán Cárdenas Lince
28 de Abril de 2012

En Medellín, por allá en el año de 1895, el Concejo autorizó a la “Compañía de instalaciones eléctricas” para que desarrollara todo el proceso para el alumbrado público, pero este fue solamente inaugurado en 1898 con la instalación de 150 lámparas en los parques y calles de Medellín. Quien dirigía todo el proceso de instalación de ese alumbrado era el señor José María Zapata y la inauguración se convirtió en una fiesta enorme en donde el señor Javier Vidal improvisó estos versos:

Por festejar a Zapata / que iluminó nuestra tierra / hubo una gran cabal – gata / que terminó en cabal – perra”.

Fue absolutamente sorprendente la cantidad de licor que se consumió en esa noche y muy de acuerdo a las costumbres paisas se cantaron rimas e improvisaciones como una que dijo el loco “Marañas”, dirigiéndose a la luna, que salía por Santa Elena: “¡Luna, te jodites… Te vas a tener que ir a alumbrar a los pueblos!”.

En Medellín, desde principios del siglo XVIII, sólo funcionaban dos prensas tipográficas de muy rancio estilo, las llamadas “Washington”, que necesitaban dos operarios y hasta cuatro minutos para imprimir una sola hoja. Pero luego, en 1822, aparece la imprenta “Balcázar” en donde se pudieron editar “El Antioqueño” y “El Eco de Antioquia”, ediciones mensuales de una especie de “periódico”.

Años después, Jacobo Lince trajo una modernísima imprenta y lo mismo hizo el señor Isidoro Isaza, mientras, por otro lado, apareció la imprenta de Gutiérrez Hermanos que eran los hijos del poeta Gregorio Gutiérrez González.

Ese negocio de las imprentas de grandes características intelectuales se desarrolló con gran fuerza en Medellín, siendo memorable la Imprenta Republicana, maravillosa tipografía comercial en donde laboró un estudiante llamado Félix de Bedout, quien luego se convirtió en director y propietario de esa gran empresa que pasó a llamarse Editorial Bedout.

Para terminar quiero narrar la historia que se le atribuye a la distinguida dama de Medellín, doña Sofía Ospina de Navarro. Llegó ella a la Editorial Bedout para ver si podía publicar un maravilloso libro de cocina. El señor Bedout la atendió personalmente y le dijo que si publicaba 100 ejemplares le saldrían a tal precio, pero que si mejor publicaba 500 ejemplares el precio por unidad sería muchísimo menor. Entonces doña Sofía le preguntó: “¿Cuántos tengo que publicar para que me salgan gratis?”

Por último, dejo constancia de que mucho de lo aquí narrado lo tomé de los libros“Cosas viejas de la Villa de la Candelaria”, del gran personaje Lisandro Ochoa. 

BIBLIOGRAFIA:

Libro: "Desde oriente llegaron buenos aires" de Carlos E. López Castro. Igualmente algunos datos salieron de la revista "Historias contadas", También de mi amigo López Castro. 
Alumbrado y tipografía. Autor: Hernán Cárdenas Lince. (Periódico El Mundo de Medellín) 28 de Abril de 2012.
Esta publicación puede compartirse libremente estrictamente para usos pedagógicos y no comerciales citando la fuente. De hecho así lo hizo la página Diseño Electrónico 

4 comentarios:

Martalucía dijo...

Muchas gracias por su entretenido y significativo aporte. ¿podría usted informarme dónde encuentro relatos sobre los primeros electrodomésticos hogareños en medellín?

danubio dijo...

Gracias a usted por el comentario. No tengo idea, muy buena la pregunta, voy a tratar de encontrar algo sobre ese tema, sería una buena historia para el blog.

danubio dijo...

Martalucia, encontre algo, que aunque muy breve, habla de el tema. http://www.dinero.com/caratula/edicion-impresa/articulo/electrodomesticos/29806

Johanna Rendon dijo...

Buscando algo para mi trabajo de grado me encontré con esto que me ha servido de mucho y aparte me reído mucho imaginándome estas escenas. Quería preguntarle si tiene algún referente de ¿cómo eran los materiales con los que se fijaron estas bellas 150 bombillas?