lunes, 13 de julio de 2015

MI MÁQUINA DE ESCRIBIR

Para la nueva generación acostumbrada a los teclados y a las impresoras, para esos que digitan velozmente sus mensajes en las redes sociales y en WhatsApp, la máquina de escribir puede ser una herramienta exótica o hasta desconocida.

Relativamente hasta no hace mucho, este artefacto era el aliado de escritores y oficinistas. Herramienta de tinterillos, esos que se apostaban en las inmediaciones de las oficinas públicas para asesorar los trámites de sus ocasionales clientes, aún se ven algunos cerca de La Alpujarra.

Don Hernán y su máquina de escribir, 40 años en la carrera carabobo
Máquinas obsoletas arrumadas en los cuartos de rebujo de los abuelos o como decoración en vitrinas y anticuarias. La máquina de escribir fue compañera de grandes escritores y periodistas de todo el mundo. De ellas salieron obras como, Cien años de soledad.

Cuantas cartas de amor salieron de ellas, cuantos poemas. Cartas familiares en los tiempos del correo aéreo, antes del advenimiento de los correos y mensajes electrónicos. Máquinas de muchas marcas, tamaños y épocas. Las hubo enormes y pesadas, livianas y portátiles. No había que conectarlas a la corriente eléctrica, ni mucho menos a la red. Eran autónomas e independientes y solo respondían al llamado de los dedos de su usuario.

En casa siempre hubo una que con el correr de los años ya debe ser una valiosa pieza de museo. Es una Remington de los años cincuentas de la que salieron muchas cartas y trabajos escolares. Hoy la desempolvé para sacarle una foto y hacerle un reconocimiento público por sus años de servicio.

Mi máquina de escribir.
Mi vieja máquina de escribir, aún escribe.

Algunos escritores no resistieron escribir poemas a sus máquinas de escribir.

UNDERWOOD GIRLS

Quietas, dormidas están,
las treinta redondas blancas.
 Entre todas
 sostienen el mundo.
 Míralas aquí en su sueño,
 como nubes,
 redondas, blancas y dentro
 destinos de trueno y rayo,
 destinos de lluvia lenta,
 de nieve, de viento, signos.

Despiértalas,
 con contactos saltarines
 de dedos rápidos, leves,
 como a músicas antiguas.
 Ellas suenan otra música:
 fantasías de metal
 valses duros, al dictado.

Que se alcen desde siglos
 todas iguales, distintas
 como las olas del mar
 y una gran alma secreta.

Que se crean que es la carta,
 la fórmula como siempre.
 Tú alócate
 bien los dedos, y las
 raptas y las lanzas,
 a las treinta, eternas ninfas
 contra el gran mundo vacío,

blanco en blanco.
 Por fin a la hazaña pura,
 sin palabras sin sentido,
 ese, zeta, jota, i…

Pedro Salinas.


(Pedro Salinas - Madrid, 27 de noviembre de 1891 – Boston, 4 de diciembre de 1951)
Juan Hincapié, librero de libros leídos (Los libros de Juan), publica en Facebook una interesante serie de autores con sus máquinas de escribir. Esto me motivó a hacer este video que recrea este bonito tema..


LOS ESCRITORES Y SUS MÁQUINAS DE ESCRIBIR from dario zapata on Vimeo.

No podía faltar la sinfonía de la máquina de escribir.
Leroy Anderson 1950.