viernes, 6 de mayo de 2016

RECUERDOS DE LOVAINA

Cuando los recuerdos se vuelven relatos espectaculares

Simón Posada Tamayo plasma sus recuerdos en Universo Centro, fantástico periódico de Medellín. Nos habla de Lovaina, ese sector prohibido del que solo se hablaba entre susurros en el Medellín de antaño. Me pareció tan buena esta historia que la traje al blog sin permiso de los amígos de "El Guanábano", Pascual Gaviria y Juan Fernando Ospina.


Fotos: Juan Fernando Ospina
Lovaina, merengues y preservativos.
Simón Posada Tamayo. 
Fotografías: Juan Fernando Ospina

Uno de los recuerdos más antiguos que tengo proviene de cuando tenía tres o cuatro años. Estaba acostado en una cama y mi mamá y mi abuela me ponían algún remedio en la uña del dedo pequeño del pie derecho. Mi abuela me había pisado con su tacón y me había roto la uña por la mitad. También tengo otro recuerdo de esos días, que no sé si ocurrió antes o después del de la uña. Yo estaba sentado en un triciclo al borde de unas escaleras, y mi abuela me decía que no me fuera a lanzar. Y creo que me lancé. Pero no lo recuerdo con claridad. Y mi abuela tampoco.

Pero hay algo que sí tengo claro de mis dos recuerdos más antiguos: ambos ocurrieron en una casa de la calle Barranquilla, en Medellín. Y esa casa tenía un pasillo largo, donde yo jugaba con mi primo Andrés a estrellarnos en moto, y las motos no eran otra cosa que los cojines de los muebles de mi abuela. En ocasiones los cojines se abrían por los golpes y la espuma se regaba por el piso, como las tripas de una fruta que cae de un árbol. Y en esas ocasiones, mi abuelo Próspero siempre nos decía:—Dejen de joder. Más bien tengan esta plata y vayan a comerse una puta de doscientos pesos a Lovaina.

A mis tres, cuatro o cinco años de edad, esa frase me daba mucha felicidad, porque con esos doscientos íbamos a la tienda de la esquina y nos comprábamos una Sprite helada con papitas de limón, o un Bon Bon Bum que me comía untándolo con Quipitos. A esa edad, yo no sabía qué era una puta. Pero sí sabía qué era Lovaina: un lugar prohibido, al que yo nunca debía ir, que quedaba al pasar la calle Barranquilla y que olía a jabón. Desde el balcón de la casa de mi abuela podía oler y ver el jabón y el agua que los lavadores de carros echaban todo el día. Y los miraba con envidia, porque para mí ser lavador de carros era el mejor trabajo que alguien podía tener. ¿O quién no habría querido jugar con agua todo el día en su niñez?

En una ocasión, con los doscientos pesos que mi abuelo me dio compré un paquete de merengues. Me gustaban tanto que miré los ingredientes para intentar hacerlos yo mismo y hubo un ingrediente que no conocía: preservativos. Le pregunté a mi abuelo qué eran los preservativos y me llevó a su cuarto, abrió el cajón de las medias y sacó una tira de condones de colores. —Mire mijo, cuando usted vaya a comerse una puta de Lovaina, tiene que ponerse esto en el pipicito para que no le den enfermedades de esas que llaman de transmisión sexual.

Desde entonces, donde sea que esté, cuando veo un merengue, me acuerdo de mi abuelo, de Lovaina y fantaseo con que ese merengue lo prepararon batiendo unas claras de huevo con azúcar y unos cuantos condones.

Así, todos los caminos llevaban a Lovaina, un lugar que yo no entendía dónde quedaba. A veces hablaban de Lovaina como una calle y, otras, como un barrio. —Próspero, ¿dónde queda Lovaina? —le preguntaba yo a mi abuelo, al que siempre llamé por su nombre. —Es esa que está allá —me dijo una vez que estábamos en la esquina de la calle Barranquilla con la carrera Balboa, es decir, calle 67 con carrera 50A.

La calle que me señaló no era Lovaina, sino la carrera 50A más adelante, donde se convierte en una calle lúgubre, gris, porque en ella se alza el muro oriental del Cementerio de San Pedro. Y siempre que subía por la calle Barranquilla para visitar a mi abuela, miraba al fondo de las calles para ver, con morbo y curiosidad, a Lovaina, aunque no fuera la Lovaina de verdad.

Y sí que sentía morbo y curiosidad, porque fue allí, en esa esquina de la calle Barranquilla, donde me sentí atraído por primera vez por una mujer. Fue a los cinco o seis años de edad, y no fue por una mujer en el sentido más estricto de la palabra, sino por las decenas de travestis que desfilaban por toda la calle semidesnudos, mostrándoles una que otra teta a los hombres que pasaban a toda velocidad conduciendo por allí.

Pero sería a los ocho o nueve años cuando mi mamá me explicó qué era un travesti. Pasamos en el carro por allí, me quedé mirando a los travestis, en especial a uno que se vestía como la Mujer Maravilla. Mi mamá me dijo que eran hombres que les gustaba vestirse de mujeres, y que se amarraban el pipí con un caucho para que no se les viera. Así ha sido toda la vida mi mamá, sin ningún filtro para decir las cosas. Recuerdo que me quedé pensando en esa imagen por días. Incluso miraba mi propio pipí y pensaba cómo lograban amarrárselo con un caucho.

La primera vez que fui a Lovaina debió ser a finales de enero o principios de febrero de 1991. Lo sé bien porque por esos días todo Medellín visitaba el Cementerio de San Pedro para conocer, quizá, la tumba más excéntrica que haya tenido la ciudad: la de los hermanos Armando Alberto y David Ricardo Prisco Lopera, de los sicarios más sanguinarios al servicio de Pablo Escobar, que fueron dados de baja en un operativo con cerca de cien policías el 22 de enero de ese año. La tumba tenía una particularidad: contaba con un equipo de sonido que, cuando lo visité, tocaba música de Los Panchos.

—Camine mijo, vamos a ver el mausoleo de los Priscos —me dijo mi abuelo. En el camino me habló de cada una de las calles por las que pasábamos. Atravesé Barranquilla por primera vez, luego Lima, Italia, Venecia y, por fin, Lovaina, que corresponde a la calle 71. Más allá la 72, de la que ninguno de mis tíos ha sabido nunca el nombre, y después Turín y Revienta.

La calle Lovaina era atravesada por las carreras Bolívar, Neiva, Popayán, Santa Marta, Balboa, Palacé y Venezuela, y todo este amasijo de países nació como extensión del barrio Pérez Triana. Y yo, que en ese entonces ya tenía siete años y más o menos sabía dónde quedaban algunas ciudades del mundo, no entendía cómo en tan pocas calles se podía pasar de la blanca Popayán a la calurosa Santa Marta, y de la nublada Lima al país que un año antes, en 1990, había celebrado el primer mundial de fútbol del que tuve plena consciencia.

Lovaina era para mí, entonces, un lugar perdido, esquizoide, un lugar que era, a la vez, calle y carrera, calle y barrio, olor a jabón e indigentes, drogadictos y ladrones, putas y cementerio. ¿Por qué las prostitutas se fueron a vivir y trabajar al lado del cementerio más tradicional de Medellín? Quizás porque los vivos nunca han querido vivir al lado de los muertos, y las mujeres que ejercían la prostitución en esa época estaban muertas en vida: habían quedado embarazadas, habían perdido la virginidad antes del matrimonio y, por eso, no podían casarse y hacer familia. Y eso, en esa época, era toda la vida a la que tenía derecho una mujer.

De hecho, las leyes urbanísticas de principios de siglo en Medellín no permitían que los prostíbulos estuvieran a menos de 160 metros de distancia de escuelas, hospitales e iglesia. Más o menos a partir de 1925 —existe registro de cuatro burdeles en Lovaina en 1927—, muchas de las mujeres embarazadas y que perdieron la virginidad antes del matrimonio de todos los pueblos de Antioquia y otras ciudades del país — Cali, en especial—, llegaron a Lovaina. Y viudas con hijos, como María Duque Villegas, que viajó con sus dos hijas desde Yarumal, Antioquia, a la casa de Lola, ‘La Polla’, uno de los burdeles más famosos en los años cuarenta. Fue allí donde le quitó la virginidad al pintor Fernando Botero y él, en homenaje, pintó la obra La casa de María Duque, que tenía un apodo memorable, el ‘Alma meter’, porque hay varios universitarios de la época que han dado fe de que perdieron la virginidad gratis con ella. Y hasta expresidentes.

El periodista Reinaldo Spitaletta, en su crónica La nostalgia de Lovaina, relata que el expresidente Belisario Betancur visitaba la casa de Esperanza Restrepo y participó en algunas peleas a puño limpio; que el escritor Manuel Mejía Vallejo quedó en calzoncillos apostando su ropa jugando a la botella; que el periodista Enrique Santos Montejo, conocido como ‘Calibán’, visitó la casa de Ligia Sierra y le dedicó una de sus columnas de prensa, y que Marta Pintuco, quizá la puta más famosa de Medellín, prestó su casa para crear las bases del Frente Nacional en una reunión política. Por cuenta de ese desfile de intelectuales, se dice que la calle recibió su apodo por la Universidad de Lovaina, una de las más antiguas del mundo.

Leyendo archivos históricos y crónicas sobre Lovaina, me encuentro con un nombre que me es familiar: Aura Cardozo, conocida como ‘La Pipí’. Recuerdo que iba de visita los domingos a la casa de mi abuela, con blusas de flores, faldas de seda que le llegaban a la pantorrilla, sombras púrpuras en los ojos y fumaba cigarrillo con una elegancia de película: usaba sus dedos como pinzas, como si los cigarrillos fueran palitos untados de mierda. En una ocasión, peleé con mi papá porque no me quería dar cuatro mil pesos para comprar un libro de Indiana Jones y fue ella, minutos después, sin que nadie se diera cuenta, quien me puso en la mano un billete enrollado de cinco mil pesos. —Le pagó la universidad en España a un muchacho del que se enamoró —me cuenta mi abuela, pero no sabe qué pasó con ella. La última vez que la vio, habitaba una casa enfrente de Policlínica. Vivía de arrendar habitaciones a inquilinos que le robaban cosas de su cuarto.

Esta vez recorremos Lovaina y las calles aledañas en el carro de mi tío Diego. Hoy, el sector está repleto de talleres de carros, y las calles son una sola mancha de aceite. En medio de una calle, veo a dos jóvenes de no más de dieciséis años. Uno está sentado en una silla Rimax y el otro está apoyado en una pared, con la camiseta subida por encima de su gran panza. En un parpadeo de ojos, veo cómo se estira hasta un contador de luz, saca un paquete, se acerca a un carro, entrega algo, vuelve a la pared y cuenta el dinero. A principios de 2014, los combos se disputaban siete plazas de vicio en el sector. El 22 de agosto, la policía incautó cincuenta mil dosis de marihuana, veinte mil de base cocaína y más de 29 millones de pesos en efectivo.

Pasamos por Revienta, una callejuela angosta que está tres calles al norte de Lovaina. Mi abuela ha vivido en más de cincuenta casas en toda su vida, y una de ellas fue allí. Nos detenemos en la casa, que tiene una fachada amarilla. En ella, mi mamá vivió cuando tenía seis años. Entre las tapias —las paredes todavía son de bahareque— mi mamá atrapaba alacranes, o escorpiones, no sabe muy bien, y con mi tío William los ponían en el centro de una hoja de papel periódico, que quemaban por todos los bordes. Cuando las llamas llegaban casi al centro, los escorpiones, o alacranes, se envenenaban con su propio aguijón.

—Y en la casa de enfrente —recuerda mi mamá— vivía un señor que era joyero, y en la pared de su taller de trabajo tenía montones y montones de escorpiones clavados en la tapia con alfileres. Ahora vamos por Turín, una calle al norte de Lovaina. Allí, en una casa de fachada verde, todavía está la ventana por la que mi mamá y mis tíos vieron, empinándose entre la multitud, la transmisión por televisión de la llegada del hombre a la Luna.

—En esa casa vivía un niño al que le decíamos ‘Garrincha’. Sus padres tenían mucha plata. A veces me dejaban entrar a ver televisión, y el maldito de Garrincha se sentaba al lado mío a intentar quitarme el lunar con la uña —dice mi mamá refiriéndose a un lunar que tenía debajo de las clavículas–. Una vez me emputé, me le monté encima y lo agarré a puños. Después, él era todo enamorado de mí.

Mi abuela recuerda que hace cerca de cuarenta años, las casas de Lovaina tenían bombillos rojos, azules y amarillos. Así reconocían los clientes a los prostíbulos. A su alrededor todo lo que había eran potreros, donde la abuela salía a tender la ropa y donde mi mamá cazaba mariquitas y escarabajos dorados y en las noches se oían los grillos. Eran buenos tiempos.

Spitaletta cuenta que las prostitutas bañaban a los hombres antes del sexo, con agua con alcohol y permanganato de potasio, y la cuenta a pagar la dejaban de manera discreta bajo la almohada. “Implicaba una total falta de respeto exigirle a la mujer extravagancias en la cama. Nada podía hacerse por fuera de los conductos regulares”, escribe Spitaletta.

Algo similar me dice Alfredo, un amigo de la familia. Después de cumplir una condena por narcotráfico en Estados Unidos, regresó a Colombia sin un peso en el bolsillo. Una mañana de domingo de 2013, se encontró con mi abuela en un concierto de música clásica en el Teatro Metropolitano.

Alfredo llegó tan pobre de Estados Unidos que vive en un hogar de paso de la Alcaldía. Cuando le contó su historia a mi abuela en el teatro, ella le dijo que pasara todos los viernes a la casa. Siempre le da un plato de sopa de pasta o fríjoles, y cinco o diez mil pesos.

Me siento a almorzar con Alfredo. Siempre lleva consigo un bolso negro, en el que mete un libro, un cepillo de dientes, una billetera, un pastillero, un lápiz, un borrador y un lapicero, todo empacado en perfecto orden en bolsas Ziploc. Me cuenta que la policía siempre ha sido corrupta, pero que no se acuerda el nombre del policía corrupto de esa época en Lovaina. Recuerda también que veía a Pablo Escobar caminando con ‘La Kika’.

—Ese tipo fue el que se tiró Lovaina, porque ese sector era elegante, y todo se hacía con discreción y elegancia —dice—. Él empezó robándose las lápidas del Cementerio de San Pedro, después se metió al contrabando, después vendía marihuana y ahí fue como aprendió y se metió a la coca. Ese tipo era un gamín.

Además, me cuenta la historia de Emilio Pompis, un ladrón que conoció en Lovaina y con el que se encontró años después en Nueva York. —Íbamos en el metro de Brooklyn, y yo veía cómo le metía la mano en el abrigo a un hombre, sacaba la billetera, sacaba la plata y volvía a meter la billetera en el bolsillo del abrigo. Las cosas en esa época se hacían muy bien, no como estos matones de ahora que hablan “uuuujuuuuentoncesqué ujuuuu” —dice, y pone la boca como un chimpancé.

Fue en ese tiempo, a finales de los años setenta, que llegó el primer secador de pie al Salón Mariela, una institución de la peluquería en Medellín, donde Omar y miles de peluqueros estudiaron los últimos gritos de la moda. Con el secador de pelo, murieron los peinados recogidos y las cebollinas, y llegó la influencia del glam rock, con David Bowie y Alice Cooper como los modelos a seguir.

Las casas de prostitutas dejaron de ser los lugares de encuentro de intelectuales para ser barras de show de striptease, con mujeres con pelos cepillados y mullets. Se impuso la era de la “teta voleada”, como le dice el historiador Carlos Andrés Orozco. Ya Marta Pintuco y María Duque estaban en decadencia; llegó el reinado de los travestis y de lugares como ‘La cueva del oso’, un sitio con paredes pintadas de negro, que en un balcón tenía un oso gigante de peluche en el que los jíbaros escondían la marihuana; y los primeros gramos de coca y bazuco que se empezaron a tomar la década de los ochenta.

—Nunca he trabajado con travestis, porque ellos mismos se arreglan. Pero después de las prostitutas, llegaron todos los pillos y matones. A esos les gustaba el siete —dice Omar, sentado en su silla de peluquería.

Hoy en día cobra cinco mil pesos por un corte de pelo, pero ya trabaja muy poco. Se queja de que hay peluquerías que cobran dos mil pesos por un corte, que el oficio va para abajo y que la gente prefiere arriesgarse a que les corten las orejas en las academias por un corte gratis a dejarse tratar por un profesional con experiencia como él.

Mi abuelo Próspero murió, la peluquería ha cambiado y yo empiezo a perder el pelo en la coronilla. Lovaina no es ni sombra de su pasado. Se destruyó.








 Periódico Universo Centro Número 66, junio 2015
Enlace a la publicación original: 

martes, 3 de mayo de 2016

HOGAR Y CASA

Hogar y casa, dos cosas tan diferentes como decir tratado de paz o acuerdo con parte del conflicto.

La huella de un ave en un círculo es el símbolo de la paz

¿Qué es un hogar?

La palabra hogar se usa para designar a un lugar donde un individuo o grupo habita, creando en ellos la sensación de seguridad y calma. En esta sensación se diferencia del concepto de casa, que sencillamente se refiere a la vivienda física. La palabra hogar proviene del lugar donde se encendía el fuego, a cuyo alrededor se reunía la familia para calentarse y alimentarse. (WikipediA)

Un cuento casi de terror.

Hubo un hogar en el que sus hijos comenzaron a tener conflictos entre ellos y  a tener diferencias con sus padres. Dejó de ser un hogar para convertirse en una casa que albergaba a padres e hijos desunidos.

Esto comenzó cuando algunos hijos no reconocieron la autoridad de su padre y quisieron usurpar su posición de poder para someter al resto de la familia.

Sus motivaciones podrían validarse cuando el que ostenta el poder olvida el bienestar de los hijos y se dedica a derrochar el presupuesto aportado por todos los miembros de la casa.

Pero sucedió que algunos solo querían disfrutar las monedas de la alcancía familiar y obtener otras más amenazando a sus hermanos para que les entregaran las suyas.

Entonces se agruparon otros que querían lo mismo, atraídos por esta actividad que rendía tantos beneficios.

Así entonces quedó la mayoría de los convivientes de la casa entre la espada y la pared.

Algunos padres habían intervenido tratando de mantener el orden de la casa, muchas veces más por mantener su poder y el bienestar de sus hijos preferidos, por cierto pocos, que por acto de justicia.

Un padre decidió dialogar con el hijo más rebelde, dando a entender que de concretarse un acuerdo con él, la paz retornaría al hogar.

Y todos los hijos que se habían atrincherado en sus cuartos se alegraron, aplaudiendo y gritando vítores.

Padre y malos hijos se encerraron en la sala principal y comenzaron  negociar las condiciones, o sea la forma en que se repartirían la alcancía y el poder, hay para todos, decía el padre, mientras les obsequiaba almendras.

Afuera en el patio los otros malos hijos se sentían excluidos, vociferaban y golpeaban de nuevo a sus otros hermanos exigiéndoles monedas a cambio de no pegarles más. Rompían las porcelanas de la casa haciendo pataletas y hasta amenazaron con quemar la casa. Todos se encerraron de nuevo en sus cuartos llenos de miedo al ver que la paz seguía siendo una utopía, pues la paz más que una firma o una palabra es un sentimiento.

sábado, 30 de abril de 2016

EL EXTRAÑO VISITANTE


A veces pienso que ya he contado todo lo que considero que pueda ser interesante de contar. Pero de repente, cuando menos lo espero, surge un recuerdo que hasta a mí me sorprende.

Es que no olvidamos las cosas, solo las guardamos en algún lugar de nuestro misterioso archivo de recuerdos.

Recién nos habíamos pasado a la casa y aún no me acostumbraba a ella, Era más grande que la anterior vivienda, y eso es decir mucho. Tenía siete habitaciones, sala principal, cocina con despensa, un cuarto de lavado y otro de planchado, dos baños y un solar inmenso con naranjos, fresas, matas de plátano y un mandarino. No exagero al decir que al principio me costaba ubicarme geográficamente en ella.

Extrañaba mucho mi anterior vivienda, esa en la que crecí y albergó mi niñez y adolescencia. Pero sabía que los cambios no solo son inevitables sino necesarios.

El cuento que les narraré ocurrió un mes de diciembre, estando solo en esa casona. Cuando llegó la noche, me senté a ver la televisión, todas las luces estaban apagadas, excepto la del baño contiguo. Acomodé la silla en el espacio de la entrada del cuarto en el que estaba un televisor grande a color, recién había comenzado la emisión a color en el país y todavía nos descrestaba esa novedad.

De pronto sentí  la necesidad de girar la cabeza para mirar hacia atrás, hacia el punto donde están las escalas que llevan al primer piso. Lo hice movido por esa sensación indefinible que nos indica que alguien nos mira desapercibidamente.

Y en efecto, al mirar a ese sitio vi a un hombre que parado en el descanso de la escalera me miraba fijamente. Solo pude verlo de su cintura hacia arriba por el normal efecto de la perspectiva. Tenía pantalón negro y camisa blanca. Era una persona mayor, tal vez entre los sesenta y setenta años, robusto y de baja estatura. Era de piel blanca y rostro redondo, cabello entrecano en sus parietales y calvito en el resto de su cabeza. Nos quedamos mirándonos un rato, inmóviles y sin cruzar palabra. Yo analizaba la situación y no pude pensar cosa distinta a la de que tenía que ser un ladrón que tal vez se había colado por el solar de la casa.

Sentí una mezcla de miedo y asombro. Me incorporé rápidamente dejando de mirarlo por un instante, y al girarme ya no estaba allí. Estaba solo y tendría que medírmele a un extraño que no sabía cómo había entrado a la casa. No tenía armas y solo pensé en el machete que estaba en el cuarto de la lavadora en el primer piso.

Recordé el asta de la bandera que había colocado detrás de la puerta y le eché mano. Bajé sigilosamente las escaleras con ella en la mano hacia la oscuridad de la primera planta. Casi podía oír el tun tun de mi corazón acelerado. Ya en la sala principal encendí la luz y escudriñé el lugar sin encontrar nada. Continué mi búsqueda en la cocina y su despensa y nada de nada. Solo me quedaba mirar en al cuarto de ropas que en la oscuridad me pareció una tétrica caverna. Encendí la luz y tomé el machete que pendía de un clavo en la pared. Debía ir al cuarto de baño que había allí y que por descarte era el único sitio en el que podría estar el intruso.

La bombilla de ese baño estaba fundida y el lugar estaba en penumbras. El baño tenía la cortina cerrada, y no miento cuando les digo que recordé la escena Psicosis, la película de Hitchcock. Rememoraba la parte en la que el asesino se acercaba con un cuchillo enorme a la cortina del baño, donde una hermosa mujer se bañaba tranquilamente. Solo que ahora el presunto asesino era el que estaba tras la cortina y yo era el que lo asediaba con un machete en la mano.

Fue difícil decidirme a correr la cortina, pues por mi mente habían pasado mil posibles situaciones que tendría que enfrentar, pero recordé la cita que dice: Al mal paso, darle prisa.

Aunque ahora no parezca, en ese momento ocurria una de las situaciones en la que más valentía tenía que sacar no sé de donde. Y lo hice, corrí la cortina de un tirón blandiendo el viejo machete “Corneta”. “Pa las que sea”..`
ESTA HISTORIA CONTINUARA

Era broma, ahora mismo continúo. Estaba al borde de un síncope, aunque halé la cortina de un tirón, yo la veía correrse como en cámara lenta, y la música de Psicísis era el fondo de la escena…. Me enfrentaba a lo desconocido, todo era penumbra y adrenalina. Lo que había tras la cortina se fue develando poco a poco. Yo imaginaba a ese hombre agazapado como una fiera presto a saltar sobre mí para destrozarme… Yo quería abandonar tan incómoda empresa y salir corriendo, pero todo estaba hecho, ya había corrido la cortina y al fin pude ver lo que allí había, o sea nada; Nada.

Nunca quise contarle a nadie lo que me había sucedido esa noche, es que era una historia increíble que de revelarla me pondría en dos posibles posiciones: Mentiroso o loco.

Meses más tarde, una amiga y vecina me comentó que el propietario anterior de nuestra casa había muerto de un infarto. Le pregunté que si ella lo había conocido y me dijo que sí.

- Era un señor muy apreciado por los vecinos, era blanco, de baja estatura y medio calvito. En los meses de diciembre hacía asados en la acera de la casa e invitaba a los vecinos. Luego de vender la casa se fue con la famila al barrio El Estadio, pero en el diciembre pasado no pudo celebrar con su tradicional asado pues murió de un infarto. Se llamaba Hernando, que en paz descanse.

Me quedé mudo al escuchar esto. No tenía dudas de que mi extraño visitante era don Hernando y que había regresado a su vieja casa a deshacer sus pasos

miércoles, 27 de abril de 2016

QUE NO MUERA EL AMOR

No permitiré que muera el amor que mora en mí, ese que un día encontré y que atiza mi alma. Ese que se acomodó en algún lugar que desconozco, en mi cerebro, corazón o mis entrañas. Solo sé que vive en mí y me reconforta, cual huésped grato.

Dulce sentimiento es el amor que ahora albergo, que me ha hecho suyo, o lo he hecho mío. Ese que me acompaña siempre, que mira por mis ojos, siente por mi piel y escucha en mis oídos.

Hace tanto que lo llevo, que llegué a asumir que en todos iba. Pero no, hay tantos que aún no lo reciben ni desean. Son los que odian y maldicen. Que desprecian a los que vibran y lo sienten.

No permitiré que muera el amor ni en esos días, en que reciba desprecios y maltratos.

Deberé tener presente que el insulto es aire que se va en el viento. Que el odio y la envidia la sufre quien la  siente.

Amor, divino sentimiento, nunca, nunca tú me dejes.


sábado, 23 de abril de 2016

TRES EN UNO

Alberto López


En 1894 George W. Cole, un vecino de Asbury Park, New Jersey, inventó una fórmula genial que, reunía tres características relacionadas con el cuidado y mantenimiento general de la bicicleta: lubricante, limpiador e inhibidor de la oxidación. La fórmula resultó ser el famoso aceite lubricante 3 -EN-UNO que reunía estas tres funciones en una sola aplicación y que hoy consumimos en nuestras fábricas, talleres y hogares casi tanto como la Coca Cola, que por cierto además de su principal vertiente refrescante, es competencia más económica para soltar los tornillos enroñecidos que el 3- EN- UNO.

El éxito no le vino al producto solo por su efectividad, versatilidad y oportunidad, (era en un momento en que la construcción americana había optado por las estructuras de acero) sino que también contribuyó a ello la acertada elección de su nombre comercial 3- EN - UNO que remitía nada menos que, a la Santísima Trinidad.

Si el listo de Cole hubiera vivido unos siglos antes, seguro que hubiera ardido en la hoguera, por tomar no solo en nombre de Dios en vano, equiparándolo a un simple aceite por muy efectivo que este fuera soltando tuercas, sino por tomar nada menos que a las tres personas consustanciales que componen (nadie sabe cómo) al único Dios verdadero de la cristiandad.

Más tarde vendrían los jugos tres en uno, el Nescafé tres en uno, las bebidas energizantes tres en uno, y no sé cuántos productos trinitarios más. Y es que el número tres es importante en muchas culturas. Se necesitan tres puntos para sostener un trípode; tres puntos no alineados para formar un plano; el tres es la clave para la famosa regla del tres; tres son los mosqueteros de Dumas; tres grandes del fútbol español, Barsa, Real Madrid y Atlético de Madrid; tres las hijas de Elena, que ninguna era buena, y claro está, y sobre todo, tres Personas forman la Divina Trinidad cristiana, que es de lo que quiero ocuparme ahora.

Osiris, Isis y Horus
Aunque la noción de una Tríada o Trinidad Divina es característica de la religión cristiana, no es exclusiva de esta, ya que encontramos grupos Trinitarios en la antigua religión egipcia (Osiris, Isis y Horus) en la griega clásica (Zeus, Hera y Atenea) en la romana capitolina (Júpiter, Marte y Jano, al principio, después Jano fue sustituido por Quirino, y después vino la tríada clásica, formada por Júpiter, Juno y Minerva) y otro tanto sucede con los lejanos dioses de la India (Brahma, Siva y Visnú) o los antiguos nórdicos, mayas e incas.

Sin embargo, el Dios de Israel, el Dios de la Biblia, a diferencia de toda la antigüedad, era un dios solitario, que no admitía que ningún otro dios le hiciera sombra. Un dios absoluto y absolutista, cruel, arbitrario y vengativo, que se las hacía pasar canutas a su pueblo elegido, a nada que este moviera un poco un ojo para ver como andaba el asunto de los dioses por otros lares. Un dios tan despiadado, como los reyes a cuya imagen fue por ellos mismos creado. Pero cuando el dios judío se hace romano con Constantino, quien convierte a esta religión en la oficial del estado, las cosas cambian.

Para un ciudadano romano la idea de un dios único resultaba absurda. Pudiendo tener muchos dioses, incluso uno para cada asunto ¿porque tener uno solo para todo? El romano, que es un ciudadano práctico, que sabe de la necesidad de la división del trabajo para hacer circos, acueductos o puentes, piensa que un dios único siempre estará ocupado y no podrá atender la multitud de las demandas que se le plantean.

Pero el apóstol Pablo y los suyos lo saben, y deducen que para llevar su nueva religión adelante, hay que salir de los límites restringidos del territorio y del pensamiento del pueblo judío. Un pueblo de pastores trashumantes, inculto y atrasado, encerrado sobre sí mismo que, no quiere repensar para nada sus viejas y ancestrales creencias que, no son solo una religión, sino que definen además su identidad como pueblo. Se dan cuenta que es peor ser cabeza de ratón que cola de león, y se lanzan a la conquista de los gentiles hasta hacerse poco a poco con el imperio y con el estado.

Para ello se filtraran en los entresijos del poder, buscando adeptos entre las gentes ricas poderosas e influyentes, en el convencimiento de que la mejor manera de ganar a la gran masa de pobres, esclavos y artesanos, era convencer a sus amos. En fin, más o menos como hace el OPUS ahora. En este sentido, el apóstol Pablo fue un lince, un adelantado de Maquiavelo sin duda alguna.

Y no le cabía otra, pues para los judíos, el Dios de Israel era único y excluyente con el resto de los dioses conocidos y no conocidos. Ningún otro podía hacerle sombra. Por eso cuando alguien dijo que era su hijo, fue motivo de anatema para los guardianes del templo, que lo llevaron a la muerte en la cruz para demostrar que era un impostor que no podía sobrevivir a su propia muerte.

El radical monoteísmo judío era incompatible con el politeísmo de los gentiles, incluso con el monoteísmo politeísta de los cristianos, fueran estos judíos, griegos o romanos.

Para hacer aquel discurso presentable, teniendo en cuenta las características de un público educado en el politeísmo, no se les ocurrió nada mejor a los jefes del partido cristiano que, dando un salto en el vacío, rizar el rizo proponiendo tres dioses en uno. Así compatibilizaban el monoteísmo de la Biblia judía con el politeísmo de las masas romanas. La manera de vencer a la antigua religión oficial del estado se hizo, refundiendo todos sus dioses en una clásica triada que a su vez, aunque nadie lo entendiera, era un solo Dios.

La superación se hizo no por exclusión, si no por acumulación. Una triada de Padre, Hijo y Espíritu Santo, bajo la cual se extenderá una masa informe de pequeños dioses que serán los santos cristianos, y que como los antiguos dioses menores romanos, se especializaran en intermediar, canalizar y solucionar las demandas y los problemas de los creyentes.

Es lo mismo que hará el catolicismo español en la conquista americana, creando un sincretismo con las deidades precolombinas, o con los dioses africanos que vinieron en los barcos esclavistas y que tomando, como en Cuba, el cuerpo de las estatuas de yeso y cartón de los santos cristianos entronados en los templos católicos, dieron nacimiento al sincretismo santero que aún pervive en aquella isla.

Así que en mi modesta opinión, hay también un sincretismo en el origen de las creencias de la iglesia cristiana, que viene de la fusión entre el Dios de Israel, su Hijo y el siempre inasible Espíritu Santo, con los dioses del panteón romano.

Después vendría la elaboración del discurso de los padres sabios de la iglesia para explicar lo inexplicable. A eso lo llamarían teología y se atreverán a enseñarla, con un soporte meta lógico, en sus universidades.

Pero en ninguna parte de la Biblia del Antiguo o Nuevo Testamento se hace la más mínima referencia a la Trinidad de Dios. En otras palabras, la idea de “tres seres en un Dios” no se originó con la Iglesia del Nuevo Testamento. Ni Jesús, ni los doce apóstoles originales, ni tampoco Pablo la enseñaron. La doctrina de la Trinidad se fue cociendo a fuego lento, en las mentes dirigentes de los cristianos profesos, por casi tres siglos y para el siglo cuarto, se convirtió en la doctrina oficial de la gran iglesia universal.

Resumiendo, que en un intento por hacer más presentable y aceptable su religión para las masas, los padres de la iglesia (cuyo entendimiento bíblico fue contaminado por las filosofías paganas de su tiempo) hicieron el intento complicado de explicar la relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en términos de filosofías griegas, no estando precisamente guiados por lo recogido en las Escrituras, sino por la persuasión del sentimiento religioso dominante. Pero el asunto trajo cola.

A muchos cristianos les costaba comulgar con aquella nueva configuración divina que trajo de cabeza al cristianismo durante los siglos III, IV y V de nuestra era. Así surgirían lo que la iglesia oficial llamaría desviaciones heréticas como el arrianismo (con presencia masiva entre visigodos, vándalos, y alanos) condenado en el primer Concilio de Nicea del año 325, convocado, no por los obispos, sino por el Emperador Constantino, para dominar la pelea de gallos en que se estaba convirtiendo la (su) iglesia, y que en cierta manera percibía que, podía hacer peligrar su trono.

Después, el año 387, en el Primer Concilio de Constantinopla continuarían las condenas del Macedoniarismo, el Apolinarismo o el Priscilianismo, hasta llegar al de Éfeso del 431, donde se condenaría a los nestorianos, que tras las persecuciones a que fueron sometidos por el estado, acabarían por marcharse a Irak y Persia para crear su propia iglesia cristiana.

Y todo esto no se hizo precisamente dialogando, sino que, con el apoyo de los emperadores Constantino y su hijo Teodosio, se hizo con tormento, sangre y fuego. Ejemplo de ello fue la decapitación del obispo Prisciliano, cuyas enseñanzas, por cierto, prendieron de manera especial en nuestra entrañable tierra gallega.

Hoy por hoy, casi todos los teólogos y eruditos bíblicos han acabado por reconocer que la doctrina de la Trinidad fue un producto del siglo cuarto, aceptado por la iglesia cristiana universal, nada menos que tres centurias después de la muerte de Cristo. Y claro está, el asunto, resulta cada día más candente, pues muchos creyentes en Jesucristo no acaban de entender esto del TRES EN UNO.

La verdad es que, lo ven más como algo obsoleto, como una antigualla, parecida a lo del Limbo de los Infantes, el Infierno de las Calderas de Pedro Botero o el Cielo de algodón, a lo que no contribuye precisamente el despendole en que se mueven los sucesivos Papas cuando se ponen a discursear sus teologías.

Quizás por eso, en su infalibilidad, pienso que ya no creen ni ellos mismos.

viernes, 22 de abril de 2016

EXPO ÁRABE 2016

El renacimiento del palacio egipcio.


Estuve en la ceremonia de lanzamiento de este importante evento que se organizó en el palacio egipcio de Medellín. Después de llevar cerrado tantos años, un grupo de admiradores de la cultura egipcia, apoyados por la Fundación Arte Global Internacional, crearon este bello evento en este lugar que ya es patrimonio cultural.

El evento fue una prueba piloto gestada por Luisa Fernanda, esperando la repuesta y aceptación del público.

Es por esto que es muy importante apoyar el enorme esfuerzo de este grupo de personas que está rescatando este bello palacio para nuestro disfrute.

Muy amena la reunión de lanzamiento de Expo árabe. Vimos danza, cultura y disfrutamos de la gastronomía árabe.

Muy interesante la charla que nos brindó don Aníbal Arcila, uno de los descendientes de Fernando Estrada, a quien le debemos tan bello edificio. (Ver: El palacio egipcio, una historia de amor). Don Anibal nos compartió datos inéditos sobre la historia de la construcción del palacio, al igual que intimidades de la familia Estrada, que vivió en ese precioso lugar. Nos comentó que está preparando la edición de su libro sobre este tema.

EXPO-ÁRABE 2016

Evento que pretende poner en primer plano el trabajo que particulares, instituciones, comunidades y artistas, colombianos, árabes y colombo-árabes realizan en el territorio colombiano con el fin de fomentar el intercambio, aceptación, disfrute y reconocimiento a la contribución que la cultura árabe ejerce en Colombia.
Durante el evento, los asistentes vivirán una experiencia innolvidable y se sentirán realmente viajando por Egipto gracias a emblemático Palacio Egipcio.
Se realizará un recorrido por diferentes expresiones como historia, arte, danza, música, comercio, gastronomía, política, literatura y personajes.

FECHA
Abierto al público los días viernes 22, sábado 23 y domingo 24 de mayo de 2016, se estarán presentando tres bloques temáticos en Expo Árabe. El ingreso a los bloques de la mañana y la tarde tiene un costo de 10.000 pesos, mientras que en la noche, cuando se incorporan ensambles y shows musicales, tiene un costo de 40.000 pesos.


Luisa Fernanda es la gestora del evento, y por algún tiempo estuvo buscando un lugar adecuado para ello. En sus palabras el día del lanzamiento me hizo un reconocimiento al mencionar la forma en que logró conseguir el contacto con el actual dueño del palacio egipcio, gracias Luisa, y felicitaciones por tan buena idea, a la que le auguramos muchos éxitos.

Como llegar

Palacio Egipcio Medellín Cr47 59-54Telefono 301 4078954 info@palacioegipcio.com

EL LUGAR

El Palacio Egipcio fue construido en 1932 por el arquitecto Nel Rodríguez luego de un pedido del médico Fernando Estrada, un apasionado por la egiptología. El optómetra Estrada encargó la edificación de un templo egipcio que estuviera coronado por un busto de Nefertiti, la representativa reina esposa de Akenatón.
Más informes expoarabe

EL LANZAMIENTO
Abril 21, 7 P.M. Palacio egipcio.
























lunes, 18 de abril de 2016

EL RESUCITADO


En la casa de Jorge todo era confusión, llevaba más de tres días de haber desaparecido luego de salir de rumba. Su mamá lo había reconocido en el anfiteatro, hasta los más mínimos detalles correspondían a su hijo, el lunar en la espalda y la pequeña cicatriz en su rodilla izquierda..., ¿o derecha?, producto de una caída en bicicleta. Gastaron todos sus ahorros y contrataron los servicios funerarios de una costosa empresa. Alquilaron veinte automóviles, tres buses y diez niñas acompañantes, de esas cariacontecidas y vestidas de riguroso luto. El entierro del negro, como le decían a Jorge, tenía que ser un acontecimiento que no olvidara el barrio.

Las vecinas elaboraron cadenetas de papel de globo blanco y negro que atravesaron de lado a lado de la calle en toda la cuadra. Sus amigos compraron voladores y aguardiente para el velorio y Anita su novia empezó a practicar ataques desde antes que llegaran con el féretro a la casa. Su tía Domitila no se olvidó de hacer los riegos con ruda y caléndula para que ni de riesgo fuera a quedar su espíritu en la casa . Cuando lo trajo finalmente la funeraria la calle hervía de gente que se apretujaba, lloraba y daba gritos lastimeros.. En los balcones y azoteas otros batían pañuelos blancos y lanzaban voladores al tiempo que destapaban las botellas de licor.

Acomodaron el sarcófago en la salita principal en medio de cuatro cirios y frente a un enorme crucifijo de base cromada, Nando, su mejor amigo, le llevó una corona de flores rojas y azules haciendo alusión al escudo del DIM, equipo de fútbol al que era aficionado el difunto. Su hermana Luisa, que terminaba de hacer un curso de arreglos navideños, enredó una instalación de bombillitos intermitentes de colores alrededor del cajón, que aunque muy bonitos, con su prende y apague hacían ver el rostro del muerto como haciendo muecas.

Todos hicieron una larga fila frente a la pequeña vivienda y pasaban para contemplar por última vez a su vecino y amigo. Los voladores tronaban afuera y desde el balcón del frente unos enormes parlantes dejaban escuchar la canción:- NADIE ES ETERNO EN EL MUNDO.., al tiempo que todas las señoras recitaban: - Brille para él la luz perpetua... Otras pasaban las copas de aguardiente y los pasantes.

En la cocina las matronas preparaban en una enorme olla un sancocho carnudo para servir a la media noche. Todo aquello enorgullecía sobre manera a la familia del negro, que aunque algo endeudada con tanto gasto había superado en mucho al velorio de Ananías, el abuelito de los Gonzos que era la familia mas fulera y encopetada del barrio.

Los ataques de Anita comenzaron en serio y se robaron la atención de la concurrencia que por poco los aplaude. El tío Ernesto ya borracho comenzó a recitar el trisagio del:- No somos nada, Se empezó a desgranar la mazorca, ay... Mi muchachito como era de bueno, ¡Muerte llevame a mí, muerte!.

Así llegó la media noche y luego de consumirse el sancocho se animó de nuevo el velorio, se recogió dinero entre los asistentes para comprar mas licor y cigarrillos, para voladores si no alcanzó.

Las tías del negro se sentaron en un rinconcito de la cocina y en voz baja comentaban sobre la mala crianza que les estaban dando a sus sobrinos:- Si ves querida, ahí están los resultados de la falta de rejo, decía Inés a sus hermanas.

El tiempo fué pasando y cuando menos pensaron ya eran las diez de la mañana, el velorio había terminado y los de la funeraria llegaron para llevarse al negro a su última misa, cuatro muchachos encorbatados y de traje oscuro tomaron el cofre de sus dorados anillos y comenzaron a sacarlo lentamente entre la guardia de las diez niñas que cabizbajas y portando ramitos de flores blancas los miraban pasar en silencio.

El bafle del balcón volvió a tronar: NADIE ES ETERNO... Alguien que había guardado voladores para el último momento los empezó a lanzar y Anita, pálida de muerte caminaba tras su desaparecido amor sostenida por las compañeras de su colegio.

Estando en este clímax llegó un taxi que detuvo el triste desfile, la puerta de atrás se abrió y se bajó un hombre que aterrado preguntó:- ¿Dios mío quién se murió en mi casa?, todos voltearon a verlo y oh sorpresa, era el mismísimo negro el que estaba parado allí frente a todos, con las piernas temblorosas, esperando angustiado una respuesta.

El baile del retorno duró hasta el otro amanecer en la casa de Jorge, desde entonces más conocido como EL RESUCITADO.

A propósito del tema, lamentamos el fallecimiento del compositor Guillermo González Arenas, autor de ‘El muerto vivo’, popularizada en España por Peret, falleció ayer (17 de abril del 2016), en la ciudad colombiana de Medellín, a los 92 años.


Enlace relacionado: Los cazafantasmas de la Funeraria Betancur

domingo, 17 de abril de 2016

EL MAR DE LA MEMORIA

Aberto López.

Foto: Manuel Álvarez Bravo. (México DF, 1902-2002) 


Abatida por las tempestades del alma
la memoria es un mar profundo
de aguas oscuras y procelosas
donde los recuerdos se confunden
con el recuerdo de los recuerdos
y los olvidos naufragan
en el olvido de los olvidos.

Mar de la memoria
donde guardamos 
los recuerdos soñados
que creemos recordar.
Mar del olvido
donde ocultamos
los sombríos olvidos 
que soñamos olvidar.

Recuerdos que beben tanto de la memoria
como de la imaginación y de la ensoñación
que son los filtros de los recuerdos
que añaden poesía a la memoria.
Porque cuando la memoria imagina
se carga de poesía
y revive con nuevos brillos.
Mientras que cuando la poesía se ausenta 
se ahueca…se hace el vacío 
y como sucede con los sueños
se adocena y muere.

Porque no existe la memoria como algo abstracto
como una caja o almacén de recuerdos.
En última instancia 
toda memoria es memoria imaginante
de sueños reimaginados
de efímeras sensaciones
de miradas huidizas 
de voces entre susurros
del olor de tu cabello mojado por la lluvia.

Recuerdos de tu piel de melocotón
que después de tantos años
todavía erizan la mía
retoñando mi cansado corazón.
Porque la memoria de la piel
también es memoria
que imagina y sueña sueños de amor.

Y es que no hay memoria sin ensueño
ni sueños sin imaginación.
Todo y nada puede ser memoria.
Todo y nada puede ser un sueño.
Sueños que son…y no son.

viernes, 8 de abril de 2016

ASTROPUERTA ABRIL 2016

Agradecemos a don Germán Puerta por su informe Astropuerta del mes de abril de 2016.

El evento celeste del mes sucede en la región de la constelación Scorpio, Escorpión. Los planetas Marte y Saturno realizan su espectáculo en una zona poblada de nebulosas, cúmulos de estrellas y otros objetos. Hace más de 29 años esto no sucedía en esta región del cielo. Los noches del 24 al 26 la Luna se une al programa.

En seguida los eventos y las efemérides históricas del mes de Abril 2016.

Saludos
Germán Puerta
Bogotá, Colombia
Astropuerta
@astropuerta


1. Principales eventos celestes de Abril 2016
Jueves 7 – Luna nueva
Domingo 10 – Ocultación de la estrella Aldebaran por la Luna visible en Norteamérica.
Jueves 14 – Luna en cuarto creciente
Lunes 18 – Elongación máxima Este de Mercurio
Viernes 22 – Luna llena
Sábado 30 – Luna en cuarto menguante

2. Principales efemérides históricas de Abril 2016
Sábado 2 – 1845: Primera fotografía del Sol
Domingo 3– 1966: La sonda Lunik 3, primera nave en orbitar la Luna
Martes 12 – 1961: Yuri Gagarin, primer hombre en el espacio
Martes 12 – 1981: Lanzamiento del Columbia, primer Transbordador Espacial
Jueves 14 – 1629: Nace Christiaan Huygens, descubridor de la verdadera forma del anillo de Saturno                
Lunes 17 – 2007: Lanzamiento de Libertad 1, primer satélite colombiano.
Lunes 17 – 2014: Se confirma el descubrimiento del exoplaneta Kepler-186f, el primero similar a la Tierra en tamaño, composición y distancia a la estrella
Miércoles 19 – 1971: La Unión Soviética lanza la primera estación espacial, la Salyut 1
Domingo 23 – 1967: Accidente mortal del cosmonauta Vladimir Komarov en la naveSoyuz1      
Lunes 24 – 1970: China lanza su primer satélite artificial
Martes 25 – 1990: Lanzamiento del Telescopio Espacial Hubble
Viernes 28 – 2001: Dennis de Tito, a bordo de la Estación Espacial Internacional, primer turista en el espacio        

sábado, 26 de marzo de 2016

NO ERAN SUS OJOS

Alberto López

Viernes Santo.1971 Foto de Rafael Sanz Lobato +

No eran sus ojos
oscuros como la noche
sino su mirada
profundamente misteriosa
lo que traslucía la intimidad inquietante
de la trastienda de su espíritu.

No eran las suyas unas manos perfectas y frías
como las de una escultura en mármol
sino que animadas por el movimiento de la vida
sabían dibujar el argumento en el aire.

No eran sus labios finos, delicados y carnosos
sin duda sugerentes y bellos
sino la sonrisa que los acompañaba iluminando su rostro
lo que arrastraba la mirada de los hombres.

No eran las proporciones ideales de una escultura clásica
las que definían su belleza
ni su reluciente cabello azabache que
lucía al aire en melena suelta
sino su estilo … su forma de moverse
de caminar, de dominar el espacio
su garbo, como antes se decía
lo que la revelaban como única
en su ser y en su belleza.

Era la conjunción de un todo inexplicable
lo que le hacía desprender aquella gracia
que hechizaba a todos
porque bien mirado
no era extraordinariamente bella.

Cuando los domingos cruzaba la plaza
camino de misa mayor
se hacía el silencio en los corrillos de hombres
que se volvían y salían de los bares para verla pasar.
Después llegaban los comentarios…muchos obscenos
con los que desnudaban aquel oscuro objeto de deseo
con el que todos soñaban.

Porque con la casta Susana soñaba Don Federico, el Alcalde
y Doña Brígida su mujer que, era lesbiana y no lo sabía.
Don Jacinto el médico, el sargento López de la guardia civil
Don Eulalio el boticario, Juana la sacristana, apodada la Machorra
el jefe de Falange al que llamábamos Malasangre
Don Pedro el cacique, Manolo el tonto del pueblo
Fermín el carnicero, Don Eladio el secretario del ayuntamiento,
Crisanto el pregonero…
y el resto del ganado ibérico que rebullía por el pueblo.

Cuando Don Félix, el párroco
contemplaba desde el pórtico de la iglesia
aquel espectáculo de machismo autóctono nacional
solía murmurar para sus adentros:
“El que tiene hambre, con pan sueña”
…y en la España de aquel entonces
había mucha hambre… y casi de todo.

Decían que, con la crisis
su novio se había ido a trabajar a Alemania
y que nunca regresó.
Que nunca se le conoció otro hombre.
Que vivía sola, con una vieja criada que la había visto nacer
desde que sus padres fallecieron en un accidente.
Que además de la casa que habitaba
había heredado algunas rentas con las que iba tirando.
Que su soledad la deseaban llenar todos
pero que no daba pie a nadie.

Las viejas comehostias decían que era
una golfa, una descarada y una calienta pollas
y los hombres que no la conseguían, despechados
que una puta.

Los chicos de la escuela la seguíamos de lejos
en su ir y venir por el pueblo
atraídos por aquel imán erótico que
encendía nuestro incipiente libido
y ella, bondadosa, sabiéndolo
aparentaba no darse cuenta de nuestro marcaje.

Fue para muchos de nosotros
el primer e imposible amor platónico
que marcó el inicio de nuestra adolescencia
y con cuya ensoñación, nos masturbamos por vez primera.

En cierta ocasión, comprando en el almacén de coloniales
en un momento en que la observaba embelesado.
su mirada se cruzó con la mía.
Yo me sonrojé.
Ella se dio cuenta y me regaló una sonrisa.
Hoy tengo sesenta y siete años
y desde entonces
aquella sonrisa me sigue acompañando.

lunes, 21 de marzo de 2016

LA VOZ DE LAS AMÉRICAS

Esta historia es otra de esas que tenía guardada hace muchos años en uno de los cajones de mis recuerdos. Un retazo de la historia de la radio antioqueña.


La voz de las Américas hizo parte de la vida de muchos de nosotros, y a pesar de que ya no existe la seguiremos recordando con nostalgia. 

Fue la emisora que más promocionó la música que gustaba y gusta a nuestros campesinos

La inolvidable Voz de las Américas fue fundada el 6 de enero de 1946 por el señor José Nicholls Vallejo quien fue el que le dio más empuje a la música campesina y montañera a través de su programa Guasquilandia, transmitido de lunes a viernes de 10 a 12 del día y que tenía como cortina el corrido que interpretaban Las Palomas titulado Ojitos verdes; este programa era patrocinado por Laboratorios Galia que producía la cotizada Crema Linda.

Otro programa que dio impulso a la música guasca en esos viejos años fue Amanecer campesino, que locutaba Lubín Álzate Arbeláez "Lubinete", quien se destacaba como banderillero en las corridas de toros de La Macarena. También en La Voz de las Américas se emitía el programa De pueblo en pueblo que era presentado por Octavio Tobón Latorre, conocido artísticamente como "Tínguaro".

No podemos olvidar el programa La hora costeña, de EduardoVillalba, que estuvo varios años en la emisora y que luego trasegó por otras hasta llegar a 53 años emitiéndose. Me contó el historiador Alberto Burgos que un día Eduardo Villalba le dijo en una entrevista: "Ahora debo irme a la emisora que tiene el nombre más hermoso del mundo", se refería, claro, a La Voz de las Américas.

Con todos estos programas La Voz de las Américas fue la líder en el impulso a la música guasca y campesina nuestra; fue la primera que sacó la bandera de esta música hasta entonces desdeñada por muchos; en aquel tiempo a las demás emisoras les daba pena poner esta música, pues eso era un descrédito.

La Voz de las Américas era muy sintonizada en pueblos, veredas y en barrios muy populares de Medellín, ya que estos fueron formados por personas que habían sido desplazadas del campo.



Encontré en el libro de Alberto Burgos Herrera: “La música parrandera paisa” datos muy interesantes sobre la música guasca y su origen. El doctor Burgos amablemente me autorizó para compartir esta parte de la historia de la música en Antioquia.


Introducción
El origen de la música guasca.

Cuando en Colombia se dio la violencia partidista de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, cuando a uno lo mataban por liberal o conservador, mucha gente abandonó el campo y llegó huyendo hasta las ciudades cabeceras de departamentos. Aquí en Antioquia particularmente llegaron a Medellín y como pudieron, estos nuevos habitantes de la ciudad se ubicaron en sus laderas.

Todos los desplazados de ese entonces que venían del norte se asentaban en Bello, los que venían del sur se ubicaron en Itagüí y Guayabal y los de Dabeiba, Mutatá, Frontino y pueblos vecinos, llegaban a Medellín por el occidente y lo primero que encontraban era el barrio Robledo y por lógica muchos se quedaron en Robledo, pues hasta temor les daba penetrar en ese misterio que para ellos era la gran ciudad.

Estos nuevos pobladores se ubicaron en sectores de Robledo como La Cuchilla, El Pesebre y Blanquizal. En ese entonces nosotros vivíamos en la calle 63 con la carrera 84 de dicho barrio, que era paso obligado para los habitantes de estos sectores. A todo el frente de nuestra casa, don Alejandrino Pulgarín montó un negocio llamado Tienda Mixta Sinfonía, que en realidad era una cantina, pero que hábilmente, con yucas y papas Alejandrino disfrazaba de tienda.

Sobre todo los sábados, este señor que procedía de Frontino, atendía a los paisanos que se habían desplazado por la violencia. Ese día se reunían allí veinte, treinta y hasta más contertulios, todos con sus ruanas, sombreros y machetes terciados; todos tomaban cerveza y aguardiente y en muchas oportunidades resultaban peleando y sacando a relucir sus utensilios cortantes de trabajo.

La música que se escuchaba en la tienda de Alejandrino, a nosotros nos tocaba oírla quisiéramos o no, pues como ya les dije ésta quedaba a todo el frente de nuestra residencia. Allí escuchábamos a Ray y Lupita, Lydia Mendoza, las Hermanas Padilla, Los Madrugadores, Los Relicarios, Los Trovadores de Cuyo, el Conjunto América y muchos cantantes y grupos más; allí fue donde supe, siendo apenas un niño, que a esto se le llamaba música guasca, que guasca quería decir montañero y que esta era la música que escuchaba el campesino total, en este caso, Alejandrino y sus contertulios.

En esos años cuarenta y cincuenta, nuestro campesino que vivía perdido en las montañas, sólo recibía comunicación con el mundo a través de un radio que existía en todas las casas de campo. En ese entonces la música que dominaba en los discos y en las emisoras, era la música mexicana con todos sus corridos, huapangos y rancheras; y por ende, nuestro campesino eso era lo que escuchaba.

Como el corrido y la ranchera son géneros musicales relativamente fáciles de interpretar, cuando nuestro campesino llegaba en las tardes a descansar, en el radio de su casa escuchaba la canción mexicana y enseguida bajaba la guitarra o el tiple y trataba de interpretarla. Así empezaron muchos de nuestros músicos campesinos y con seguridad ninguno pensó que estaba creando el estilo antioqueño de la música mexicana.

Como decía, todos nuestros campesinos en sus radios comenzaron a escuchar las rancheras, los corridos y los Huapangos de Los Madrugadores, de la familia de Lydia Mendoza, a la propia Lydia como solista, Chicho y Chencha y una agrupación acompañante y famosa llamada Los Costeños; esto ocurría iniciando los años treinta del siglo pasado, pero dice el hombre de radio Gustavo Escobar Vélez, que en 1938 ya se escuchaban las Hermanas Padilla, Lorenzo Barcelata, Los Trovadores Tamaulipecos, Tito Guizar y luego Jorge Negrete, el Trío Calaveras, el Dueto Azteca, Las Palomas y todos, absolutamente todos, cantaban rancheras, corridos y huapangos.

Una historia cercana.

El seis de enero de 1946, en una vieja casa situada a una cuadra de la plaza del barrio La América, adyacente al colegio de las Hermanas de La Presentación, se fundó la emisora que tomó el nombre de La Voz de las Américas. Su propietario y gerente actual, don José Nicholls Vallejo, en la foto, fue quien fundó la empresa junto con Julián Pérez Medina, Aurelio Calle y Azarías Arango.  El capital inicial de la compañía fue de 8 mil pesos. (El Colombiano: Un día como hoy, veinte años de la Voz de las Américas. Enero 6 de 1966).

Hablo de una historia cercana porque don José Nicholls vivió a pocas calles de mi casa, y fue allí desde donde emitió por primera vez nuestra recordada emisora. Por eso el nombre de la Voz de las Américas, pues nació en el barrio La América.

En mi tiempo de radioaficionado conocí a Iván Ramírez, yerno de don José Nicholls. Fue él quien me contó esta historia de los inicios de la emisora. Si  no recuerdo mal me dijo que don José vivió fue cerca del colegio de Las Teresitas y que desde su casa logró hacer su primera emisión gracias a un trasmisor de bulbos que él mismo había ensamblado.

Imagino la emoción que debió haber sentido, eran tiempos en los que los aficionados a la radioafición y a la electricidad construían sus propios equipos. Tiempos de la Hemphill Schools, una escuela de electrónica que entonces formó muchos radiotécnicos a través de correo.  

Don José llamó a su esposa y le enseñó su flamante transmisor de radio al que ya le había acoplado su antena, micrófono y tornamesas.

Le encargó a ella que fuera poniendo los discos de 78 revoluciones que había dispuesto en la mesa y que entre cada tema, accionando  el micrófono, le enviara saludos a él y a varios amigos que lo estarían acompañando en la heladería Noches de luna de la calle San Juan con la 88.

Hacia allá se encaminó con un radio que de seguro era de los primeros portátiles y con bulbos, alimentado por una batería que traían incluida. Los radios con transistores solo se inventarían en diciembre de 1947 y quién sabe cuanto tardaron para traerlos a Colombia.

Se sentaron en una mesa y prendieron el radio en el que escucharon esa primera emisión de La Voz de las Américas, con su esposa como operadora y locutora.

A bueno que les debieron saber esos anisados con los que celebraron tan importante acontecimiento.

Luego la emisora comenzó a funcionar comercialmente con un transmisor más potente en una casa antigua en el centro de Medellín.

Como olvidar esos programas maravillosos de navidad, en los que don José hacía complacencias con villancicos: “Para la niña Gloria Ospina y hermanitos”, y luego sonaba el villancico solicitado.

Todos los días al medio día pasaba “El Angelus”:

V. El Ángel del Señor
lo anunció a María.
R. Y concibió por obra
del Espíritu Santo.
    
Dios te salve, María…
Santa María…

Escuché en una ocasión a don José contando hasta donde llegaba el aprecio que le demostraban los campesinos. Decía que eran muchos los regalos que le traían hasta la emisora, gallinas, frutas, aguacates mangos, racimos de plátano, etc.

Una vez estaba hablando en su programa cuando atinó a pasar un avión sobre la casa, cosa que dificultaba la buena escucha de de su voz por el ruido de los motores. Sin perder la calma y descubriendo su gran don de la paciencia dijo: Esperemos un momento que pase el avión, fue así que dejó el micrófono abierto y escuchamos claramente el sobrevuelo del avión, luego de lo cual continuó su intervención como si nada.

Pero como todo tiene su fin, luego de muchos años la emisora fue vendida y operada por sus nuevos dueños y finalmente pasó a ser la emisora Minuto de Dios, 1230 AM. 

Nota curiosa:

En el periódico El Tiempo del 16 de febrero de 1972 salió la noticia sobre un intento de toma guerrillera a la emisora La Voz de las Américas para emitir sus consignas revolucionarias.


Red social:

Sin duda esta emisora sirvió como solución de comunicación entre el campo y la ciudad y se oían mensajes como este:

"Se avisa a la familia Tobón Ruiz de la finca Montañitas que doña Prudencia viajará a esa el próximo domingo en la tarde, que por favor le saquen mula".

Más de la historia del libro de Alberto Burgos


En la radio estaban las rancheras, en el cine las rancheras y fue de esa manera como los mexicanos nos convirtieron en el país, fuera de México, que más oye canciones mexicanas en el mundo, el país, fuera de México, que más composiciones con estilo mexi­cano tiene en el mundo y en el país, fuera de México, que más intérpretes de canciones rancheras tiene en el mundo; incluso hay gente colombiana que cuando hoy en día cantan Darío Gómez, El Charrito Negro o Luis Alberto Posada, creen que están escuchando música colombiana, cuando sólo se trata de música mexicana al estilo antioqueño o colombiano.

En los años cincuenta y sesenta, el cine mexicano era tan po­pular que en el Teatro Mariscal del barrio Belén, los lunes presen­taban un doblete de ese cine; la entrada era a treinta y cincuenta centavos y en la cartelera podían aparecer cintas como: El águi­la negra con Fernando Casanova, El Rayo con Tony Aguilar, Allá en el rancho grande con Tito Guizar, Juan Churras­queado con Jorge Negrete, Guitarras de media noche con Miguel Aceves Mejía y muchas, pero muchas más películas mexicanas.

El campesino nuestro pronto comprendió que él también po­día hacer sus propias rancheras y corridos; entonces se dio a la tarea de hacer canciones mexicanas. Fue precisamente cuando aparecieron duetos, tríos y solistas campesinos nuestros interpre­tando canciones rancheras que nadie conocía y que jamás se ha­bían visto en el cine mexicano.

Estos campesinos, como dije anteriormente, a causa de la violencia llegaron a la ciudad y muchos traían cargas de rancheras y corridos compuestos por ellos en la profundidad de la montaña, en el cafetal o en las horas de merecido descanso. Los explotado­res de la ciudad recibieron estas canciones, se las grabaron, las vendieron, por ellas recibieron mucho dinero y a los autores cam­pesinos nunca les pagaron nada o en el mejor de los casos, les pagaron lo mínimo. Los montañeritos por el solo placer de escu­char sus voces en un disco, muy tarde se dieron cuenta de que estos explotadores los estaban robando.

Hoy en día nos sorprendemos porque hay una invasión total de las músicas extranjeras y de cómo en nuestro medio hay emi­soras que las 24 horas del día pasan música norteamericana o de Puerto Rico; sin embargo esto no nos debe aterrar, pues en el barrio Guayaquil del Medellín de los años cincuenta del siglo pa­sado, había más de veinte cafés con el traganíquel lleno de tangos; y había bares donde sólo se escuchaban Los Trovadores de Cuyo y otros donde sólo se oían rancheras y corridos; sin contar algu­nos donde sólo había música con Margarita Cueto, Carlos Mejía, la Orquesta Internacional y Juan Pulido por ejemplo; y qué decir donde sólo había ritmo antillano; y absolutamente ninguna de esas músicas era colombiana.

En ese mismo tiempo algunas emisoras comenzaron a impul­sar la música mexicana al estilo antioqueño; y acompañadas de los mensajes a los campesinos en las veredas emitían las canciones de Los Relicarios, los Hermanos Palacio, Los Trovadores de la Vega, los Hermanos Valencia, Los Cuyitos, Los Dominicanos y todo lo que fuera de ese estilo, hasta llegar a la situación actual donde hay una emisora que se llama Guasca Stéreo y otra como Radio Paisa que casi todo el día emiten música campesina y guasca. Según el compositor y poeta Darío Montoya, la emisora que más promocionó la música que gustaba y gusta a nuestros campesinos fue la inolvidable Voz de las Américas, fundada el 6 de enero de 1946 por el señor José Nicholls Vallejo quien fue el que le dio más empuje a la música campesina y montañera a través de su programa famoso llamado Guasquilandia, transmitido de lunes a viernes de 10 a 12 del día y que tenía como cortina el corrido que inter­pretaban Las Palomas titulado Ojitos verdes; este programa era patrocinado por Laboratorios Galia que producían la cotizada Crema Linda.
Para comprar el libro MUSICA DEL PUEBLO PUEBLO de ALBERTO BURGOS HERRERA, puedes comunicarte con el autor al teléfono (57) (4) 332 4652 de Envigado, Antioquia, Colombia o al correo electrónico: albertoburgosh@hotmail.com


Alberto Burgos es médico y ahora se dedica a investigar la historia de la música en Antioquia. Ha publicado doce libros y ahora está preparando uno nuevo.