viernes, 12 de septiembre de 2008

Montecristo

Guillermo Zuluaga, Montecristo

Actor, presentador, humorista.

Esto no tiene que ver con mi libro, que temporalmente esta QAP, pero me parece interesante y aclara el origen del nombre artístico de Don Guillermo Zulaga Montecristo, hay una versión que su título de Conde de Montecristo se lo había dado Cantinflas, pero en esta nota de la revista Cromos de 1968 se nos presenta otra versión muy convincente.

En 1946, Guillermo Zuluaga era un modesto empleado en Cali de la Compañía Colombiana de Tabaco. Ya estaba casado con Emma Bonilla.

Y no daba asomos de querer ser algo diferente de "un buen padre de familia".

En la fábrica era considerado como un buen narrador de cuentos. Algunos de sus amigos estimaban que también tenia capacidades de cantante.

Estos últimos lo convencieron de que se presentara en un programa de aficionados al canto. Guillermo fue a "Radio Cultura' acompañado de un guitarrista que tenía 'oído de artillero".

El resultado -dice- fue desastroso. El iba por un lado, solitario con su guitarra, totalmente distanciado de mí. Nos encontramos a la salida, después de que nos dieron una tremenda silbatina.

Guillermo se disgustó con los amigos que lo habían incitado a cantar, les hizo varios reclamos, pero éstos le dieron otro estímulo:

-Preséntate como "contador" de cuentos -le dijeron.

El aceptó. Fue a "Radio Calcará' nuevamente a pedir cupo para narrar varios cuentos. Y triunfó.

-La gente se rió -recuerda-. Yo tuve que hacer varias salidas. El director de la emisora quedó bastante satisfecho conmigo.

Así fué su comienzo.

El programa en que debutó se llamaba "La hora variedades". Entusiasmado por el éxito el locutor de la estación le obsequió un saco verde para que actuara en próximos programas.

Cuando Guillermo entró al radioteatro, luciendo el saco, el locutor dijo:

-Ahí llega el Conde de Montecristo.

Fue su bautizo.

'Monte" -como se le dice entre amigos- no recuerda el nombre de ese locutor.

Lo que sí recuerda es que el saco se lo comió una vaca mientras él se bañaba en un río de Cali.

-Si mi memoria no me falla -dice- era un señor de apellido Ruiz. Después, hace unos catorce años, me lo encontré en Barranquilla en una reunión social. El me dijo que llevaba muchos años tratando de conocerme. Y le recordé entonces lo de Cali, el día que me bautizó. Fue tal la alegría de los dos, que nos emborrachamos. En medio de la borrachera le pregunté pór su nombre, pero no se me quedo en la memoria. Sigo recordando únicamente que es de apellido Ruiz.

Meses después de estar trabajando en "Radio Cultura", "Montecristo" fue llevado a Bogotá para actuar -narrando cuentos- en una gran velada, en el Teatro Colombia. A la velada asistieron destacadas personalidades de la capital. 'Monte' fue aplaudido con delirio.

Al día siguiente regresó a su trabajo de Cali, pero convencido de que tenia "todas las de salir adelanté'. Y renunció en la compañía.

-Me equivoqué por completo -dice ahora-. Yo creí que me iba a llenar de plata, pero sucedió todo lo contrario. Aguanté mas hambres que un chivo en un garaje.

Sin empleo estable, `'Montecrlsto" aceptó cupo como humorista en la Carpa Martín, que viajaba por todo el país. Con ella fue en gira de Cali hasta Manuales, donde recibió la noticia de que su pr mer hijo -Jaime- estaba agonizando.

Los hermanos Hernández-Pocho, Gonzalo, Héctor-, que deseaban sacarlo de la Carpa para vincularlo artísticamente a otro grupo, le reunieron cíen pesos para que volviera a Cali, pero su esfuerzo de nada sirvió. Jaime murió como consecuencia de la incontrolable gastroenteritis que lo afectaba.

Lo más dramático sucedió horas después de su deceso. "Montecris to" no tenía con qué pagar los gastos de su funeral. Y fue así como tuvo que hacer humor en una emisora -en el programa "La última chiva" mientras el cadáver de su hijito esperaba ser sepultado.

Eduardo Gómez Alzate, periodista, vió llorar a "Montecrísto" durante la actuación. Le preguntó por la razón. El humorista se la dió. Y ello bastó para que le pagaran doble el programa. Le dieron cien pesos, apenas suficientes para financiar el "entierro".

Días después, cuando pensaba en "hacer algo distinto a contar cuentos", fue contratado para participar en una gira con el cantante Leo Marini. En Medellín lo conoció el finado Willíam Gil Sánchez, máximo ejecutivo de "Caracol". Este, al comprobar sus cualidades, lo contrató como artista exclusivo de la cadena.

Son, pues, veinte años que lleva Guillermo Zuluaga como humorista de la principal cadena de radio de Colombia. Veinte años haciendo chistes para todo un país. Veinte años de servicios a un país que apenas está aprendiendo a reír.

En el lapso de los primeros nueve, "Montecristo" trabajaba tres veces por semana. Pero su éxito creció hasta tal punto, que la cadena tuvo que contratarlo para un programa diario.

Podría decirse que el programa de "Montecristo" es el más atractivo -como factor de ventas- en la programación diaria de Caracol.

Tomado de la Revista Cromos No. 2629, abril 1 de 1968



lunes, 23 de junio de 2008

El arriero más rico de Colombia

Esta historia es tan interesante, que me atreví a adicionarla al libro, textualmente y con el respectivo crédito a su autor:

DON PEPE SIERRA.

Prototipo del empresario antioqueño.

El arriero más rico del país.


Luis Fernando Molina Londoño
Revista Credencial Historial (Bogotá- Colombia).
Tomo II. Enero-diciembre, 1991. No.13-24

Arriero. Grabado de «Historia naturalis palmarum», de Carl F. Ph. von Martins, Leipzig,1850.


José María Sierra Sierra, más conocido como don Pepe Sierra, "El Becerro de oro" o "El Campesino Millonario'' es junto con Marco A.Restrepo "El Rey de la Leña", Carlos Coriolano Amador "El Burro de oro", y Gonzalo Mejía "El Fabricante de Sueños', miembro del selecto grupo de personajes que ha dado vida al mítico prototipo del empresario antioqueño, pragmático, hábil e ingenioso para traer dinero. Caso único en la historia de Colombia, se dice que llegó a ser más solvente que todo el gobierno de su época.

La manera sencilla como un campesino de origen humilde acumuló y administró una de las mayores fortunas del siglo XIX y principios del XX, lo ha convertido en un personaje de leyenda.


Don Pepe Sierra nació en 1848 en Giradora, bella población situada al norte de Medellín, famosa por sus trapiches, el aguardiente de contrabando, los gallos de pelea y el santuario del Señor Caído. A la endogamia entre los Sierra se atribuyeron los desequilibrios mentales en varios miembros de la familia. La educación de don Pepe no sobrepasó el silabario, la suma y la resta. Pero eso no importó. Ya anciano y rico, contestó a quien pretendió enseñarle la ortografía de la palabra "hacienda": "Mire, joven, yo tengo setenta haciendas sin h, ¿y usted, cuántas tiene con h?".

Según su nieto y biógrafo Bernardo Jaramillo Sierra (Medellín:Bedout, 1947), inició la acumulación de fortuna en la juventud,trabajando duro en el campo en la cría de ganado, siembra de caña y fabricación de panela la consolido en la madurez con el remate de las rentas y finalmente la invirtió en bienes raíces. La expansión de su Patrimonio se dio en el siguiente orden: Valle de Aburrá, Calle Real (Carrera 7a.), Sabana de Bogotá y Valle del Cauca. Don Pepe siempre tuvo claro que con una economía inflacionaria como la colombiana, lo único que engordaba eran los lotes de terreno y el ganado que pastaba en ellos.

A los catorce años tuvo su primera parcela. La araba de día y en las noches de luna. Sábados y domingos era arriero subía panela a San Pedro, porque en tierra fría la pagaban mejor, y bajaba papa a Girardota y Copacabana. La yunta fue su único juguete los gallos de pelea y los bueyes se convirtieron en su símbolo del lucro."Hasta ya viejos los bueyes dan plata engordándolos", repetía. A los veinte años contrajo matrimonio con Zoraida Cadavid y a los veintiocho tenia en su haber varios hijos naturales y cuatro legítimos, muchas haciendas que se extendían entre Itagüi y Barbosa, y el control de los precios de la panela y de la vara de sierra en el Valle del Aburrá.

En 1886 pasó a residir en Medellín. Allí fundó varías sociedades como "La Cuarta Compañía", dedicada a la cría de ganado y a la siembra de extensos cañaduzales para abastecer de melaza a sus fábricas de aguardiente, va prósperas en todo el departamento.


La sobreproducción de los alambiques se evacuaba a través de la organización de intempestivas fiestas en los pueblos, concertadas con los curas y los alcaldes, quienes prestaban santo para procesión y plaza para la corrida de toros, a cambio de participación en las ganancias. El eficiente manejo que hizo de esta compañía le dio renombre a don Pepe en Antioquia como negociante creativo y habilidoso.

El primer viaje a Bogotá lo realizó en 1888. Fue el principio de una residencia de 26 años en la capital, donde se inició como apostador y gallero en los bajos fondos de San Victorino y terminó en la Calle Real, en medio de los bancos y de los opulentos. Casó a su hija Clara con un hijo del ex presidente Rafael Reyes, pisó con frecuencia las alfombras del Palacio de San Carlos y llegó a ser el mayor propietario de sierras y ganado de la Sabana. Rápidamente desapareció la timidez del campesino, convencido de ser el único capaz de sacar de apuros a los paupérrimos gobiernos de su época. Los presidentes Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro, Carlos y Jorge Holguin, José Manuel Marroquin, Rafael Reyes, Ramón González Valencia y Carlos E. Restrepo estuvieron en su lista de clientes. Don Pepe nunca participó abiertamente en la política partidista, pero en la primera página de su libreta de cuentas y apuntes estampó el lema del régimen nuñista: "Regeneración o catástrofe".


Inició la conquista de Bogotá con el remate de la renta de degüello de ganado y el cuero de Cundinamarca, pero luego se sintió casi con derechos perpetuos sobre las rentas, lo cual le granjeó enemigos y problemas.

Don Pepe aprovechó la coyuntura económica de su época, caracterizada por la permanente crisis que al fisco nacional produjeron las rebeliones internas. Durante la Regeneración, luego de la guerra civil de 1885, el problema tocó fondo.

Rafael Núñez intentó solventar las finanzas públicas a través de la reactivación del remate y monopolios estatales, de abundante emisión de papel moneda de curso forzoso y de la colocación de bonos y libranzas en el mercado. Los remates eran el medio para procurarse anticipos de individuos particulares. Estos generalmente eran muy solventes, dado que se les exigían garantías económicas (hipotecas, fianzas, depósitos monetarios anticipados) a cambio del privilegio de gozar de las seguras utilidades producidas por tales monopolios.

Vertiginosamente él se convirtió en el más fuerte rematador y prestamista a nivel nacional, con base en un simple sistema administrativo de negocios, pero con una intrincada red de agentes diseminada por todo el país, encargados de negociar con especuladores particulares y gobiernos locales la adjudicación de las apetecidas, jugosas y hasta insólitas rentas, como aquella del monopolio del hielo en Panamá, establecida en el gobierno de Reyes.

Extendió el negocio del aguardiente al Valle del Cauca junto con Apolinar, uno de sus hermanos esquizderénicos. En la hacienda San José de Palmira y en otras de Cali y Yumbo, creó uno de los imperios agroindustriales de la región, comparable sólo con los de la familia Eder. Las siembras tecnificadas de caña y la maquinaria francesa "Egrot" produjeron por muchos años el mejor licor del país. También en el Cauca remató la hacienda Salento y otros bienes del ciudadano italiano
Ernesto Cerruti, puestos en subasta por el gobierno de Popayán (ello dio origen al célebre conflicto Cerruti durante las décadas de 1880 -90, que trajo como consecuencia un escándalo internacional, el bloqueo de la costa norte colombiana por parte de la armada de Italia y una fuerte multa para resarcir los perjuicios a ese empresario extranjero).

Parece que su parecido fisco con Bismarck era asombroso. Sin embargo,a causa de un accidente de coche cerca a San Victorino, quedó descaderado de por vida y ligeramente desfigurado. Gustaba de los paseos a caballo por Medellín y los potreros de las fincas, y en carroza por la capital. Las contrariedades diarias de la
administración de los negocios, junto con los cotidianos problemas de la casa, acentuaban su acostumbrado mal humor. Desde su juventud fue un apostador empedernido en las galleras de Girardota, Itagüi, Medellín y Bogotá. Se enojaba con los hijos, no porque jugaban mucho sino porque siempre perdían. El hombre más rico de Colombia vivía de manera franciscana: nada de lujos ni cosas superfluas su fama de mujeriego iba acompañada por la de egoísta y tacaño consideraba el ahorro como el valor fundamental. Cuando arribó a las altas esferas bogotanas, no aumentó en lo más mínimo los gastos de representación social de su familia. Las residencias en Medellín y Bogotá, hoy desaparecidas, eran ampliasy austeras, más dispuestas para tratar negocios que para ostentar. Su despacho constaba de sólida mesa de varios puestos, cómodo sdeá para la siesta y desvencijada máquina de escribir. Esa era la escenografía donde don Pepe, apoyado en sus altas dotes histriónicas, representaba al desesperado e incauto auditorio de vendedores de inmuebles, magistrales libretos escritos por él mismo en los papeles de cuentas.

Tratándose de negocios, era implacable su rigidez y fingido desinterés no tenían consideración: el cliente era un enemigo que, en la farsa, siempre llevaba la peor parte.Don Pepe fue empresario financista de la última etapa de los ferrocarriles en Colombia. A él se debió la terminación del Ferrocarril de Amagá y parte del Ferrocarril del Pacifico. Fue fundador del Banco de Sucre, del Banco Central y de la Compañía del Hielo en Panamá. Pero en todos fracasó: así comprobó su principio de que sólo la propiedad raíz era la única y verdadera generadora de riqueza segura.

Al final de sus días, fue atacado por crisis nerviosas y fuerte arteriosclerosis, acompañadas de crónico desinterés por los negocios. La familia empeoró la situación: gastaba a manos llenas en Europa, sin prestar atención a la administración de las fincas, en muchas de las cuales se construyeron lujosos palacetes, como el del Chicó, al norte de Bogotá, convertido hoy en museo.

En la biografía sobre su abuelo, Bernardo Jaramillo anotó que las negociaciones de Pepe Sierra serian vistas hoy como irregulares pero fue el débil sistema económico colombiano lo que dejó al Estado en manos de prestamistas como única forma de garantizar su funcionamiento.
Entonces no existían medios como el control de cambios, ni un emisor sistemático y acreditado, y si graves problemas como una tasa de cambio entre el diez mil y el quincemil por ciento y fuerte inestabilidad política.

La comercialización anticipada de los ingresos fiscales del Estado se mantuvo a disposición del mejor postor. Pepe Sierra murió en 1921 en su casa de la plazuela de San Ignacio de Medellín y la fortuna que creó, a pesar de las múltiples subdivisiones, sigue siendo sólida. Su nombre es recordado por uno de los más ricos y jocosos anecdotarios populares, y su vida y obra son temas de trabajo de los especialistas, como que resulta básico para comprender muchos aspectos de la historia social y empresarial del país.

domingo, 22 de junio de 2008

REMINISCENCIAS



REMINISCENCIAS

Ayer caminando, cuando iba rumbo a mis diligencias sorpresivamente vinieron a mi mente recuerdos de mi infancia. De niño me encantaba la televisión, al fin y al cabo tuve la fortuna de ser un televidente pionero en Colombia, cuando la programación era poca y muy cultural, la presentación de inicio mostraba las imágenes de Simón Bolívar a un lado y en la otra esquina la del General Gustavo Rojas Pinilla presidente y creador del sistema en nuestra patria, en el centro de la pantalla veíamos el escudo de Colombia. Sobra decir que en esa época no se había inventado la T.V. a color, de pronto sonaba el himno nacional y comenzaban los programas.

Teleteatros de Bernardo Romero Lozano en los que su Anuncia Pereiro, Hugo Pérez y otros actores y actrices comenzaron la estirpe de ídolos televisivos. Conciertos largos programas de sabiondos, musicales de la tierra y otras cosas aburridoras para un niño de siete años. Sin embargo la fascinación por esas imágenes mágicas nos mantenían sentados frente al nuevo habitante del hogar, esa caja cuadrada y pesada llamada televisor.


El nuestro era un General Electric de caja metálica color madera beteada. Con mis hermanos nos sentábamos en tarros de saltinas Noél todos los días a las 6 P.M. sin espavilar aguardando que sonara la patriótica melodía y luego ver casi las inexplicables figuras animadas en la pantalla de cristal; en varias ocasiones traté de descubrir a esas pequeñas personas que aparecían mirando por los agujeros redondos de la tapa trasera.

Ya mas grandecito empecé a ver programas que si lograron emocionar mis fibras
preadolescentes:

¨ El investigador submarino.
¨ El enigma fosfogén
¨ El desafío del hombre.
¨ El Show de Jerry Lewis.
¨ el Show de Carol Burnet.
¨ Rintintín.
¨ Lassie.
¨ Telecirco Colombina.
¨ Perdidos en el espacio
" El tio Alejandro
" La isla de Gilligan

Agrega tus primeros programas recordados en las líneas
finales. Si de los anteriores coincides con mas de uno tienes
en este momento, año 2005, mas de 50 años, si tus primeros
recuerdos fueron a color y viste plaza sésamo estarás entre el
tercer y cuarto piso, anota tus programas de infancia
preferidos:


EL DOCTOR CITO.

Cierto día me invitaron a un club de golf muy renombrado de la ciudad y pude entender el porqué tantos profesionales se aficionaban tanto a este extraño deporte.
El solo paisaje sería para mi suficiente incentivo para visitar con frecuencia estos sitios, la ausencia del infernal ruido citadino complementaba las características del club invitando al descanso.

Las cascadas con su constante y refrescante chapuceo y el trinar de los pájaros invitaban a unirnos al palpitar sosegado de la naturaleza.
Poco me interesó lo demás, o sea el tonto empujar a las pequeñas bolitas con un costoso palo hacia los predeterminados agujeros en el césped.

Me desprendí del grupo y después de quitarme los zapatos recorrí el inmenso campo sumergiéndome a ratos bajo la reconfortante sombra de los pinares.
Mi olfato disfrutaba, ora de las fragancias que brotaban de los pinares, ora de los vapores medicinales de los eucaliptos y la yerbabuena. Mis pies sentían el húmedo y mullido tapete vegetal y mi mente reconocía entre las nieblas de los tiempos a mis antiguos antepasados.

Una pequeña y vivaz ardilla saltó desde una rama y caminó recelosa hasta situarse frente a mí, ávida de las rosetas de maíz que estaba yo comiendo, puse el paquete al alcance del bello animal y proseguí mi camino, nunca antes había ofrecido algo con más gusto.

Atravesé varias quebradas usando de puente las saltonas piedras que sobresalían y distinguí a través de sus cristalinas aguas montones de pececitos de colores que danzaban entre los yerbajos de las orillas. ¿Como preferían mis amigos andar tras una pelotica sintética en lugar de estar contemplando tantas maravillas que bullían de todas partes?.

Desde atrás de un montículo de blanca arena vi surgir la despeinada cabeza de un curioso personaje que se acercaba, era un enigmático hombre que vestía un raído traje de buen corte, lucía una corbata de seda de un color indefinible, pues la mugre se había adueñado de ella, avanzaba rápida y firmemente mientras observaba el paisaje girando su cabeza de un lado al otro. Sus labios esbozaban una inocente sonrisa de niño.

Cruzó mi camino sin verme y pude percibir en sus azules ojos que para el nada existía, salvo su propio mundo.
Lo vi por ultima vez sambuyéndose en la espesa maleza que delimitaba el campo, desapareciendo como un fantasma.

Ya más tarde en el comedor le comenté a mi amigo Alex sobre mi raro encuentro.
Ah, me dijo el, ese debió haber sido el doctor cito, ya no es socio del club pero de todas formas se cuela por las mallas, los vigilantes por lástima y en recuerdo de sus buenos tiempos ,cuando se portaba bien con ellos, lo dejan deambular a sus anchas.

-¿Quién es él?, o mejor ¿Quién era?, inquirí curioso.

-Él fué mi médico jefe en el hospital central cuando hice mi internado en el
año 74, respondió Alex.




-¿Y?, repregunté mientras abría mis manos palmas arriba y entrecerraba los
ojos en ademán de querer escuchar todo el cuento.

_Bueno, bueno..., acomódate bien que voy a contarte todo el rollo mi querido amigo:

En 1974 ingresé al programa de internado del hospital central con otros veinte compañeros más, todos estábamos llenos de ilusiones y emoción, pues nos habían asignado como médico jefe a nuestro profesor Diofano Campos, eminencia en
medicina interna y neurocirujano de renombre mundial.

Afable por naturaleza y a pesar de su juventud, pues no llegaba a los cuarenta años entonces, estaba lleno de excelsas virtudes, nunca negaba atención a nadie, así el paciente no tuviera seguros médicos ni recursos monetarios, esto le ocasionó muchos enfrentamientos con los directivos y le creó muchas enemistades y envidias

Nosotros los estudiantes en cambio lo adorábamos y dábamos cualquier cosa por llegar a ser la mitad de lo que el era. Su esposa Inés era una hermosa mujer de ojos verdes y tenía una piel de esas que solo se ven en los almanaques de fin de año, su hijo Andrés Felipe estaba en secundaria y era un aventajado estudiante y además campeón nacional y suramericano de tenis, el muchacho tenía asegurado un brillante futuro y era la más preciada joya de su hogar.

Alex continuó su historia: El tiempo pasó y yo quedé como médico de planta del hospital, realicé con el doctor Campos muchas cirugías en las que no dejaba de asombrarme con su increíble capacidad médica, me honró con su amistad y fueron muchos los gratos momentos que compartimos en familia. Mi esposa Fabiola llegó a ser la mejor amiga de Inés y con el tiempo nos convertimos en compadres, pues ellos aceptaron ser los padrinos de nuestro hijo Tomasito, todo era perfecto, pero nadie conoce las albures que nos depara el futuro.

Alex interrumpió su historia y bajando la cabeza limpió disimuladamente con su mano unas lágrimas que habían brotado de sus ojos.
Yo intuyendo que algo le causaba un profundo dolor guardé silencio.
- Disculpa, dijo Alex y continuó:
- Como te decía nadie sabe que nos espera a la vuelta del camino, como va uno a saber que un solo error le puede derrumbar el mundo; como imaginar siquiera que
un solo desliz en la vida de un ser perfecto pueda aniquilarlo, esto es increíble.

Muchos hombres, la mayoría de nosotros creo, erramos con una frecuencia vergonzosa, hacemos sufrir a otros, herimos sus sentimientos, somos una porquería, pero con una o dos disculpas limpiamos nuestras faltas y seguimos nuestras vidas como si nada hubiera pasado. Yo mismo hubiera dado cualquier cosa para evitarle tal martirio a mi querido maestro, la vida a veces es tan injusta...

Solo un error, solo uno, que tristeza...

Cierta noche que estábamos de turno Campos y yo la congestión de servicios fué desacostumbradamente anormal, parecía que la ciudad estuviera en guerra, el ulular de las ambulancias no cesaba y la puerta de emergencia no daba a vasto para tantos heridos, llegaban con heridas de bala, puñal y garrote, el piso era un mar de sangre y los lamentos llenaban la sala, ni las enfermeras ni nosotros alcanzábamos a cubrir tal demanda, llamaron más personal pero mientras tanto teníamos que multiplicarnos, era como una pesadilla, nadie sabe lo difícil que es para un médico escoger prioridades para la atención, cualquier error de evaluación puede costar vidas. Campos parecía un San Francisco, en verdad lo era, no solo suturaba y daba órdenes
precisas, sino que con su actitud consoladora calmaba a los familiares de las víctimas.
Ante la crisis y viendo que era imposible más cobertura ordenó no recibir mas pacientes y además evacuar otros tantos a otras instituciones de acuerdo al plan de emergencias.

Eran como las cuatro de la madrugada y parecíamos máquinas zurcidoras, corriendo de una camilla a otra en medio del insoportable barullo, de repente la puerta de la sala se abrió violentamente golpeada por una camilla en la que reposaba el cuerpo irreconocible y sangrante de un hombre, doctor Campos los amigos de este jóven ruegan para que lo atiendan, están muy angustiados...

- ¡Cela, (vociferó Campos), la orden fué clara, no podemos físicamente recibir a nadie más!
El exánime y destrozado cuerpo fué retirado de prisa rumbo a otro hospital y continuamos con nuestro penoso trabajo ininterrumpidamente hasta las siete de la mañana.
Nos dejamos caer en una mullida poltrona que estaba en la sala de espera, exhaustos y jadeantes, pero con la íntima satisfacción del deber cumplido, todos los pacientes habían sobrevivido y casi nos sentíamos dioses, de repente Campos se levantó como un resorte y quitándose el gorro dijo:

- Carajo, el grado de mi hijo, lo olvidé por completo, pobre Andresito no pude acompañarlo.
- El comprenderá amigo mío, le dije, no fué tu culpa; sabes que en esta profesión no somos dueños de nuestras vidas, cálmate que más tarde iremos a felicitarlo compadre.

- Tienes razón, después de esta noche que cosa peor puede pasarnos, dijo Campos recostándose de nuevo ya mas calmado.
El correteo de una enfermera nos sobresaltó e imaginamos que algún paciente
estaba en crisis...

- Doctor Campos, doctor Campos, acaban de llamar de su casa, que su hijo sufrió un accidente.

-Pobre Campos, solo un error en su vida, como iba el a saberlo, ese paciente que remitió a otro sitio era su propio hijo, se accidentó en la motocicleta que le había comprado como regalo de grado, su vida se derrumbó, asumió toda la culpa para sí, pobre campos como diablos iba el a saberlo.
¿Acaso somos dioses?


DATOS CURIOSOS

El instinto natural de las aves para construir sus nidos perdura en ellas por cinco generaciones, así no tengan oportunidad de hacerlos por estar enjauladas.

Si el hombre viviera 500 años, ¡sus orejas le crecerían casi medio metro!

Como hipocondríaco se conoce a la persona que demuestra una preocupación desmesurada por su salud. El rey de estos sigue siendo Samuel J. de Inglaterra, en los últimos años de su vida tomó cerca de un cuarto de millón de píldoras, llegando a tomar en un año 52.000 pastillas, murió a la edad de 65 años.

A los sesenta años de edad, un hombre promedio habrá comido unos trescientos mil seiscientos kilos de carne, tres mil de pescado, diez mil de café... y para mitigar sus penas unos diez litros de alcohol.

Durante 24 horas un hombre desarrolla tal cantidad de energía, que toda esta acumulada podría levantar una locomotora a un metro de altura.

De donde viene la expresión O.K.
Durante la guerra civil en Estados Unidos se ponía fuera de los campamentos las siglas 0.K. que significaban 0 (cero) Kills (muertos) , o sea que no habían bajas en esa unidad tras el enfrentamiento.

Porque a los Franciscos les dicen Paco (Pacho en Colombia).
El origen de Paco viene de San Franciso de Asís, primer abad y fundador de la orden franciscana o lo que es lo mismo, "Pater Comunitas" - (Padre de la Comunidad franciscana). Por lo que "Paco" sería el acrónimo de "Pater comunitas".

En el lenguaje mandarín el símbolo de la palabra mujer repetido dos veces significa pugna y tres veces chismografía.

El Galés Oprins es el hombre más liviano registrado en los anales médicos, pesaba al morir en 1.754 2 libras, a la edad de 17 años.

jueves, 19 de junio de 2008

La flor de Apía

Flor era una jóven de gran belleza que por donde quiera que pasara causaba gran revuelo. Fuera de sus cualidades físicas poseía grandes valores espirituales, en resumen era una niña bien.
Estaba por cumplir quince años cuando Hildebrando Mesa puso sus ojos en ella y se empeñó en conseguir su amor. Era un hombre ya maduro y según las mujeres del pueblo bastante atractivo, tenía varios negocios que administraba responsablemente y le daban para llevar una vida bastante holgada.


Enfocó todas sus atenciones en la bella Flor y comenzó a colmarla de finas atenciones.
Encargó un hermoso vestido para su fiesta de cumpleaños que trajeron desde Cali a marchas forzadas por caminos de herradura y a lomo de mula, acompañaba la encomienda una buena provisión de frutas tropicales y adornos Europeos para la torta que elaborarían en la casa de las Gómez, famosas por su repostería. Sobra decir que Flor miró desde el comienzo con buenos ojos a su pretendiente y el día de su celebración formalizó el noviazgo con la bendición de sus padres.
Comenzaba el primer mes del nuevo siglo XX cuando Flor entró al templo vestida con un argentino y precioso vestido de novia, cuya cola cargaban diez pajecitos con trajes de terciopelo negro. Siete hermosas niñas regaban pétalos de rosa al paso de la radiante novia que mostraba una bella y tierna sonrisa.


La plaza estaba atestada de gente y los balcones exhibían bellas bromelias y jazmines en flor. Hildebrando ya había llegado minutos antes en una bella calecita arrastrada por un imponente percherón color miel y se encontraba a la espera de su amada en el altar principal. Su corazón dió un gran salto cuando la vió entrar tan hermosa y delicada por el pasillo central acompañada de su Señor padre Don Gonzalo.

Doña Amelia, madre de Flor, se había acomodado en la primera banca en compañía de Doña Josefa, madre del novio, las dos lloraban emocionadas al ver tan enternecedora escena.
Desde el coro salió una bella melodía entonada por las dulces voces del grupo de niños del colegio salesiano, si el cielo existía debía ser muy semejante a aquella iglesia en ese momento, el aire estaba impregnado de aromas de azahares y rosas y de los pebeteros salían vapores de sándalo e incienso.
Todo el corredor central estaba repleto de flores blancas, como la pureza de aquella criatura que finalmente llegó al sitio donde su enamorado la esperaba ansioso.
La ceremonia fué un hecho inolvidable para la población, que desde aquel día distinguió a la jóven como La Flor de Apía.


La nueva pareja se instaló en la hacienda El Vergel, cercana al casco urbano, la mano de Flor pronto se vió pues aquel lugar se transformó en un pequeño paraíso.

Hildebrando se complacía mirando a su preciosa compañera ora sembrando margaritas en el camino de acceso, ora plantando tulipanes bajo las barandillas de macana del corredor de su casa, era ella en aquel nuevo jardín su flor más preciada.
El amor retoñó y creció día a día al igual que las palmas de cera que sembraron en la vega sur de la finca, la ternura de Hildebrando afloró logrando convertirse en el perfecto complemento de Flor. Todo parecía perfecto pero, nunca falta el pero, faltaba en aquel lugar un pequeño gran detalle que era el gran anhelo de la Flor de Apía, una rubia criaturita que retozara por el campo invadiendo con su risa todo su mundo, una creación visible y tangible de aquel inmarcesible amor, un hijo. Hildebrando había sido muy claro al respecto, nunca tendría un descendiente con su esposa, era tan perfecto su cuerpo, tan sutiles sus líneas que un embarazo la echaría a perder, esto entristecía mucho a la jóven mujer e impedía que su gozo fuera completo.
O el destino a veces es implacable o los sueños y las ilusiones se abren paso contra viento y marea, verán lo que poco tiempo después sucedió.


Resulta que como su esposo era un gran comerciante tuvo que viajar a Cúcuta para cerrar unos negocios, montó en su brioso alazán y con gran pesar se despidió de su esposa que no pudo contener las lágrimas al verlo partir hacia tan distante lugar, distante digo, porque en aquel entonces no había sino trochas difíciles y escabrosas y algunos trayectos eran por la vía fluvial del Cauca y el Magdalena, fácilmente aquel periplo le tomaría por lo menos ocho meses.

Resignada, Flor asumió su forzosa soledad con estoicismo y disipó su vacío con duro trabajo, emprendió la construcción de un galpón para producir pollos y gallinas ponedoras, contrató para ello unos buenos peones que vivían en Chinchiná y encargó a varias de las criadas para que fueran por los ranchos vecinos a seleccionar aves de buena calidad para iniciar la cría, todo marchó a la perfección y comenzaba a ver los resultados cuando comenzó lo inevitable.


Flor visitó a su madre y le confió el motivo de sus angustias, estaba teniendo ya un largo retraso y comenzaba a notar que su vientre crecía con rapidez, se hechó a llorar en brazos de su madre sin saber que camino coger, después de mucho análisis y conociendo la renuencia de su esposo a los embarazos tomaron una drástica decisión, Flor debería viajar a Supía donde residía su tía Merche y permanecer desapercibida hasta dar a luz a la criatura, luego de su recuperación volvería a la hacienda como si nada hubiese ocurrido pues para entonces su marido estaría por retornar.

Dicho y hecho, regresó a El Vergel y puso todo en orden, encargando a su capataz Aparicio del manejo de la hacienda so pretexto de que iba a acompañar varios meses a una tía que estaba delicada. Viajó entonces a Supía hasta que llegó el día del parto. Todo se hizo en la más completa reserva, hijita. Cuantas veces había querido confesárselo a su marido, gritarlo voz en cuello, pero sus palabras se ahogaban en llanto porque al pasar el tiempo la advertencia del no al hijo anhelado se hacía más imponente.


Carmela llegaba a sus 38 años y sus hijos José Antonio y Román de 14 y 16 años payaseaban alrededor del ponqué de cumpleaños, Alirio su esposo reía divertido con las ocurrencias de los muchachos que bromeaban por la incandescencia de las 38 velitas, José Antonio era el vivo retrato de Hildebrando, cosa que siempre había incomodado a Carmela pues nunca se había tragado al esposo de su tía Flor.
Inconscientemente tenía una abierta animadversión hacia José, aunque era el más tierno y querendón, en cambio para Román eran todas sus caricias y atenciones, Alirio lo había notado y trataba de compensarlo tratando de no incomodar a su esposa que aún no se recuperaba de la reciente muerte de su madre Merche.

Transcurría entonces el año de 1.945 y la segunda guerra mundial había afectado bastante la economía mundial y por ende a Colombia, el negocio del café se había vuelto paradójicamente muy rentable y Alirio percibía grandes ganancias por sus exportaciones del grano, del cual tenía cultivos en varias fincas que poseía en Montenegro. Parece ser que el estado mayor Americano hacía grandes compras del aromático café de nuestro país para enviarlo a sus tropas en el frente de batalla, los soldados lo tomaban en unos tarros de acero inoxidable con oreja y así lo vemos en todas las películas sobre ese acontecimiento. La guerra estaba por terminar con las terribles explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaky, pero definitivamente nuestro principal producto quedaba consolidado porque los Americanos en un arranque de nacionalismo, habían canjeado su afición del té Ingles por el café Colombiano. La violencia también irrumpía por esa época por las tierras de la patria, dejando desolación y muerte, fue este el motivo para que Alirio empacara maletas y se fuera con toda su familia para Medellín en busca de mejores oportunidades para sus hijos. Medellín tenía un crecimiento desaforado, los finqueros y comerciantes de todo el departamento de Antioquia estaban trasladando sus negocios y capitales a esta bella ciudad que estaba llamada a convertirse en la ciudad industrial y cultural del país.


Román y José Antonio eran en 1.968 dos destacados profesionales en administración de empresas y Alirio había montado una empresa de exportación de café suave y seguía prosperando a la par que la ciudad.
Carmela se había vuelto una vieja refunfuñona y amargada, solo cuando la visitaban sus nietos, los hijos de Román, se transformaba en un mar de miel y los colmaba de regalos y besos, en cambio todo lo contrario ocurría cuando era José Antonio quien los visitaba con sus tres hijos, el no entendía por que su madre le odiaba tanto, si el solo vivía para ella.


Sería la verdad, que apuraba por salir a flote, la que le resolvería ese enigma. Flor acababa de cumplir 83 abriles cuando resolvió visitar a Carmela, aún gozaba de estupenda lucidez pero su salud se había menguado desde que Hildebrando falleciera.


La Flor de Apía sacaría sus últimos alientos para dar el grito que tenía ahogado en su garganta por tantísimo tiempo. Tomó un avión de Aerocondor en el aeropuerto de Manizales y partió rumbo a la bella Medellín, donde se resolvería el misterio de su vida.
En el aeropuerto la esperaban Alirio, Carmela, Román y José Antonio con sus hijos, la vieron bajar de la nave muy erguida, vestida de seda blanca, caminando segura, como siempre, igual que cuando cumplió sus quince años, igual que en la iglesia al casarse con su amado Hildebrando, la vieron tan bella, con su sonrisa pura e inocente, la Flor de Apía traía alrededor una luz de amor indefinible, una paz interior invadía su ser, todos la miraban sorprendidos percibiendo que aquella visita
sería la última y la más inolvidable y a fé que no se equivocaban, finalmente llegó hasta ellos, los niños recibieron alegres su equipaje sospechando sus regalos, entonces la flor de Apía abrazó sollozando a su Carmela diciéndole dulcemente, como solo una madre puede hacerlo:- Hijitamía...



Las gemelas.


(Sobre la tragedia del 11 de septiembre de 2.002)

Nota para el blog:
Estaba sen
tado frente al computador, cuando en el canal de televisión español que tenía sintonizado pasron el extra de un accidente en una de las torres gemelas, inmediatamente recordé un accidente similar que había sufrido el Empire State, como en los años 50, cuando una pequeña avioneta se incrustó en uno de sus pisos. Ahora era un avión grande de pasajeros el que había colisionado, que horror; seguí tecleando mi libro cuando ante mis ojos ví a otro avión chocando contra la otra torre, el periodista ni se dió cuenta en ese momento, pero luego fué todo confusión y caos. Paré mi tarea y empecé a escribir lo que salió desde el fondo de un corazón abrumado por la perversidad de algunos seres humanos: Las gemelas.

Grandes nacieron, de hecho las más grandes en el mundo, esbeltas y
coquetas, enjoyadas con alhajas invaluables,
eran la admiración de todos, pues su belleza era incomparable.
Como la escala de Jacob eran, como un puente entre el cielo y la tierra.
A veces su corona entre nubes se perdía, mientras sus pies se clavaban en la tierra.

También eran símbolo y emblema de un imperio insuperado, más grande que
Bizancio y el de Roma.
Todos al mirar las dos hermanas se decían, quién como ellas, tan sólidas y
hermosas.
Quién osaría desafiarlas, tan poderosas y opulentas.
Cada amanecer peinaban juntas sus cabellos, mirándose aleladas en las aguas,
mientras que sus hermanas menores las rodeaban respetuosas en silencio y
admiradas.
Acogían día a día y amorosas, a los hijos que llenaban sus entrañas, y al
mirarlas de nuevo repetían, quien como ellas gemelas de mi alma.

En las noches de la ciudad nueva, coquetas con brillantes se vestían y
cuidaban el sueño de sus hijos.

Una de ellas, metálica corona se ceñía, era la única que hablaba.

Cogidas de la mano las gemelas se adoraban y cuando el viento rápido
cruzaba, sus cantos virginales entonaban, quién como ellas murmuraban.

Un aciaga mañana de septiembre, dos flechas de plata por un loco disparadas,
hirieron de muerte a las hermanas.

Gimiendo y crujiendo, asidas de la mano se desploman, en agónico alarido
mortecino, dejando sobre tierra sus restos esparcidos, quién como ellas
clamaron en el orbe, quién como ellas...


DZR.

El avaluador

Nota para el blog:

Como el compromiso es ir revelando a los protagonistas de algunas de las historias, este es otro oncemetrista, Humberto Giraldo "Humgiro", quién por esa época fué concejal de Medellín y estaba por publicar un libro "Los bobos de pueblo", en los que haría una recopolación de esos personajes tan especiales que viven en todos nuestros municipios.


EL AVALUADOR.

Humberto es un avaluador de catastro departamental que por motivo de sucargo viaja constantemente conociendo casi todos los más de cien municipios de la región, obviamente conversar con él es una maravilla por las innumerables experiencias que ha vivido, sin exagerar es un Marco Polo paisa.


Cuenta que cierta vez que visitó a Santa Fé su viaje coincidió con las fiestas del pueblo, por lo que le fué imposible encontrar alojamiento, todos los hoteles y pensiones estaban abarrotados de turistas, anduvo con su equipaje de arriba a abajo sin hallar nada, resolvió entrar a un bar a tomarse una cerveza para mitigar la sed, inevitable en esa tórrida ciudad y entabló conversación con un policía que había allí, este le recomendó que fuera a la casa cural, pues a veces en casos como el actual el cura le daba alojamiento a algunas personas, así lo hizo el avaluador cuando ya comenzaba a entrar la noche, pero lamentablemente no había espacio, pues la familia del clérigo lo estaba visitando y se había hospedado en el sitio, cuando ya se retiraba el padre lo llamó, recordando la casa juvenil que aunque en obra negra podía ser habitable para el preocupado peregrino, -Es un poco incómoda, pero hay un cuartico con cama y colchón, electricidad si no hay todavía, le aclaró el párroco.

Humberto respiró tranquilo y aceptó la oferta recibiendo las llaves de la casa. En el camino compró velas, algo de comer y una botella de aguardiente, en la tienda encontró al policía que había conocido y lo invitó a acompañarlo mientras se
instalaba.

Era una casa de ladrillo aún sin revoque, pero de agradable arquitectura, entraron alumbrándose con una de las velas hasta hallar el cuarto, como Humberto cargaba siempre sábanas no tuvo problema para preparar de forma agradable la pequeña cama, compartió con su nuevo amigo las viandas y se tomaron poco a poco la sabrosa botella de licor. -Yo si no sería capaz de amanecer aquí, le dijo el policía, en esta soledad tan oscura no faltarán los espantos, los dos rieron al unísono por la ocurrencia y brindaron con el último trago de la botella, acto seguido el amable agente se despidió y el avaluador quedó totalmente solo. Dejó abierta la puerta del cuarto para refrescarse un poco, se acomodó boca arriba en el camastro y claramente vió la figura de una viejita que cruzaba frente al cuarto por el corredor, sobresaltado se tiró de la cama y salió a buscar a la señora alumbrándose con la vela, pero por más que buscó por todos los vericuetos no halló a nadie, seguramente el cura le había dado la llave a alguien más que se había marchado tan rápido que no le dió tiempo de alcanzarla. Después de hechar el cerrojo a la puerta principal se recostó de nuevo algo preocupado y dejó la vela encendida, estaba por quedarse dormido cuando la misma anciana de pelo cano se paró frente a su puerta mirándolo con curiosidad.


Humberto volvió a tirarse de la cama y siguió a la extraña señora a través del largo corredor que enmarcaba un patio lleno de malezas. Esta vez la viejecita llegó hasta el fondo frente al último cuarto y mirándolo le hizo un ademán para que la siguiera, ingresando a la oscura habitación, Humberto sacando valor del terror entró
lentamente al saloncito donde había arrumada una cantidad de tejas de asbesto y unas tablillas de roble, pero de la viejita nada de nada, revisó otra vez la casa sin encontrar ninguna otra salida, salvo una reja en el patio que estaba bien cerrada con una gruesa cadena y un candado.


Sus cabellos se erizaron y vistiéndose presuroso salió hacia el parque principal donde se tomó otro montón de tragos para calmar el susto, ya estando medio borracho regresó a la casa y durmió como un lirón hasta el día siguiente. Buscó en su maleta un destornillador y comenzó a levantar los tablones del misterioso cuarto, dicho y hecho, tal como lo imaginaba bajo el piso encontró una cajita de madera pulida que al destapar dejó ver el pequeño tesoro de la anciana, un paño de agujas, hilos de colores, viejas fotos de una familia frente a una mansión rodeada de palmas, unas tijeritas y un rosario de madera. “Donde está tu tesoro, está tu corazón”. Se dirigió a la casa cural para agradecer al padre su amabilidad y le contó lo sucedido, el padre lo escuchó atento y sorprendido, Humberto le enseñó su hallazgo y le pidió el rosario para tenerlo de recuerdo, el cura sonriente asintió a su petición mirando las fotografías, -Mira, le dijo, estas fotos son de una antigua mansión que quedaba en el sitio que hoy ocupa la nueva construcción, era la hacienda de las palmas, la más próspera de la región tiempo atrás, guarda el rosario como recuerdo para que te acompañe por todos estos caminos de Dios, seguidamente lo bendijo antes de despedirse.

Humberto ahora es jubilado del Departamento y aún conserva la bella camándula (rosario), que ya ha hecho examinar y que resultó ser una verdadera antigüedad.


AUSENCIA.

Partir es morir un poco, viejo dicho que es pura sabiduría popular. En verdad como duele la ausencia de los seres queridos que cuando se alejan por largo tiempo se llevan un pedazo de nuestro corazón y cuando somos nosotros los que nos alejamos, dejamos jirones de nuestra alma enredados en la angustia del ser amado. La única y fundamental diferencia con la muerte,es que siempre guardamos la sublime esperanza del retorno.

Algunos sabios en su discurso fundamental proponen el desapego afectivo a todo y a todos como principio básico de la paz interior. Aducen que el sufrimiento es la consecuencia de nuestros apegos y en verdad creo que así es. ¿Pero no será que este sufrimiento es el yunque donde se forjan las fortalezas del ser humano? ¿acaso la nostalgia que causa la lejanía de nuestros afectos no es la dulce sensación que corrobora nuestros mas nobles sentimientos?.

Definitivamente no quiero renunciar a mis apegos mas puros y sinceros, con el cobarde fin de evitar el sufrimiento. Claro que no todos los apegos son sanos, incluyendo algunas relaciones sentimentales que se basan mas en la posesión que en el afecto, o que tal aquellos apegos dirigidos a objetos y actividades abiertamente inconvenientes, a las drogas, la violencia y todo tipo de cosas que dañan a otros o a nosotros mismos. Quiero extenderme un poco sobre la diferencia entre la posesión y el afecto.



AMAR NO ES POSEER.

Uno jamás puede ser dueño de lo que ama, solo se puede poseer lo que se usa.

El amar y el tener son dos cosas muy diferentes.
El que ama siente, quien posee solo utiliza.

Quien ama entrega su vida sin temor al ser amado, el que posee solo trata de
llenar el vacío de su desamor.

El que ama se conmueve ante la presencia de su amor, quien posee alardea de
su adquisición.

El que ama disfruta plácidamente del amor, quien solo posee no haya placer
en el tener.

Quién sabe amar es amado, el que solo quiere poseer siempre estará solo con
sus tesoros.

Si amas, atrévete y dilo, porque el amor auténtico brilla con tal intensidad,
que si lo ocultas puede quemarte.

D.Z.R.



AMOR A MI CIUDAD.

También el amor que se siente por tu lugar en el mundo es hermoso, así como yo vivo en Medellín, mi bella ciudad habita en ese rinconcito de mi corazón reservado solo para mis afectos. Cuando me marcho siento que la dejo sola, a pesar de quedar en ella sus tres millones de habitantes menos uno. Cada día que paso lejos, la extraño como un hijo que añora a su madre lejana, y cuando regreso mi corazón salta de dicha al verla de nuevo, arropada entre sus verdes montañas.

¡ Como te quiero Medellín.!


EL REGRESO.

Hoy vuelvo ya a Medellín,
mi ciudad, como te extraño yo.

Cubierta de granito y hormigón,
mi ciudad, se creció.

Vuelvo a caminar tus calles,
Vuelvo a respirar tus aires...
Como te quiero yo.
D.Z.R.

miércoles, 18 de junio de 2008

El resucitado.



En la casa de Jorge todo era confusión, porque después de tres días de haber desaparecido luego de salir de rumba, su mamá lo había reconocido en el anfiteatro, hasta los más mínimos detalles correspondían a su hijo, el lunar en la espalda y la pequeña cicatriz en su rodilla izquierda..., ¿o derecha?, producto de una caída en bicicleta. Gastaron todos sus ahorros y contrataron los servicios funerarios de una costosa empresa. Alquilaron veinte automóviles, tres buses y diez niñas acompañantes, de esas cariacontecidas y vestidas de riguroso luto. El entierro del negro, como le decían a Jorge, tenía que ser un acontecimiento que no olvidara el barrio.

Las vecinas elaboraron cadenetas de papel de globo blanco y negro que atravesaron de lado a lado de la calle en toda la cuadra. Sus amigos compraron voladores y aguardiente para el velorio y Anita su novia empezó a practicar ataques desde antes que llegaran con el féretro a la casa. Su tía Domitila no se olvidó de hacer los riegos con ruda y caléndula para que ni de riesgo fuera a quedar su espíritu en la casa . Cuando lo trajo finalmente la funeraria la calle hervía de gente que se apretujaba, lloraba y daba gritos lastimeros.. En los balcones y azoteas otros batían pañuelos blancos y lanzaban voladores al tiempo que destapaban las botellas de licor.


Acomodaron el sarcófago en la salita principal en medio de cuatro cirios y frente a un enorme crucifijo de base cromada, Nando, su mejor amigo, le llevó una corona de flores rojas y azules haciendo alusión al escudo del DIM, equipo de fútbol al que era aficionado el difunto. Su hermana Luisa, que terminaba de hacer un curso de arreglos navideños, enredó una instalación de bombillitos intermitentes de colores alrededor del cajón, que aunque muy bonitos, con su prende y apague hacían ver el rostro del muerto como haciendo muecas.

Todos hicieron una larga fila frente a la pequeña vivienda y pasaban para contemplar por última vez a su vecino y amigo. Los voladores tronaban afuera y desde el balcón del frente unos enormes parlantes dejaban escuchar la canción:- NADIE ES ETERNO EN EL MUNDO.., al tiempo que todas las señoras recitaban: - Brille para él la luz perpetua... Otras pasaban las copas de aguardiente y los pasantes.

En la cocina las matronas preparaban en una enorme olla un sancocho carnudo para servir a la media noche. Todo aquello enorgullecía sobre manera a la familia del negro, que aunque algo endeudada con tanto gasto había superado en mucho al velorio de Ananías, el abuelito de los Gonzos que era la familia mas fulera y encopetada del barrio.


Los ataques de Anita comenzaron en serio y se robaron la atención de la concurrencia que por poco los aplaude. El tío Ernesto ya borracho comenzó a recitar el trisagio del:- No somos nada, Se empezó a desgranar la mazorca, ay... Mi muchachito como era de bueno, ¡Muerte llevame a mí, muerte!.


Así llegó la media noche y luego de consumirse el sancocho se animó de nuevo el velorio, se recogió dinero entre los asistentes para comprar mas licor y cigarrillos, para voladores si no alcanzó.


Las tías del negro se sentaron en un rinconcito de la cocina y en voz baja comentaban sobre la mala crianza que les estaban dando a sus sobrinos:- Si ves querida, ahí están los resultados de la falta de rejo, decía Inés a sus hermanas.


El tiempo fué pasando y cuando menos pensaron ya eran las diez de la mañana, el velorio había terminado y los de la funeraria llegaron para llevarse al negro a su última misa, cuatro muchachos encorbatados y de traje oscuro tomaron el cofre de sus dorados anillos y comenzaron a sacarlo lentamente entre la guardia de las diez niñas que cabizbajas y portando ramitos de flores blancas los miraban pasar en silencio.

El bafle del balcón volvió a tronar: NADIE ES ETERNO... Alguien que había guardado voladores para el último momento los empezó a lanzar y Anita, pálida de muerte caminaba tras su desaparecido amor sostenida por las compañeras de su colegio.

Estando en este clímax llegó un taxi que detuvo el triste desfile, la puerta de atrás se abrió y se bajó un hombre que aterrado preguntó:- ¿Dios mío quién se murió en mi casa?, todos voltearon a verlo y oh sorpresa, era el mismísimo negro el que estaba parado allí frente a todos, con las piernas temblorosas, esperando angustiado una respuesta.


El baile del retorno duró hasta el otro amanecer en la casa de Jorge, desde entonces más conocido como EL RESUCITADO.




JUGANDO CON CANDELA.



Francisco era un jóven estudiante de secundaria, serio e inquieto investigador de temas esotéricos. Me enseñó muchas cosas al respecto, entre ellas a visualizar el aura de las personas.

Cada vez me sorprendía más con sus conocimientos metafísicos, en su casa tenía una buena biblioteca al igual que algunos instrumentos para experimentación.


Fueron muy amenas las reuniones que tuvimos y en las cuales me hizo
interesantísimas confidencias de sus experiencias personales.


En cierta ocasión me confió que pensaba hacer un rito para invocar a una poderosísima entidad y luego me invitó a participar, pues necesitaba a otra persona, yo no acepté porque estas cosas no me gustan mucho. Para realizar el rito me contó él, necesitaba entre otras cosas una sotana de cura, un pentagrama, velas negras y cortinas negras para cubrir las paredes del cuarto, luego solo a la luz de las velas el recitaría las invocaciones para que aquel espíritu se hiciera presente, buscaba Francisco con esto adquirir más poder y fuerza para sus experiencias esotéricas.

Le indagué sobre lo que se supone pasaría después de la invocación y el me respondió que seguramente se sentiría un viento casi huracanado en la habitación, que quedaría totalmente en tinieblas y muchas entidades lo zarandearían y empujarían como una prueba a superar.

Si el temor no lo poseía, el ser invocado cuyo nombre nunca me dijo, se haría presente y le otorgaría grandes poderes.
Yo le recalqué que definitivamente no contara conmigo y que más bien después me contara sobre los resultados que obtuviera. Pasó la fecha del esperado evento y por más que traté de comunicarme con mi amigo no fué posible. Pasó mucho tiempo y ya había olvidado el asunto cuando recibí la sorpresiva llamada de Pacho. Después de los saludos de rigor ni corto ni perezoso le pregunté por los resultados de su experiencia, pero el sobresaltado me contestó: - Por favor no me hables de eso, Yo quemé todos mis libros y regalé todo lo demás, me pasó algo muy terrible que más bien personalmente te contaré, mientras tanto te digo que es muy peligroso jugar con candela. Aún espero ese reencuentro con Francisco.



EL DIABLO.

Después del misterioso incidente de Francisco, el que jugaba con candela, dialogué con su hermano Carlos, que recién había llegado de Los Estados Unidos, país en el que residía hacía cinco años.

-Mira, me dijo, mi hermano nos tiene muy preocupados con esas cosas extrañas que anda haciendo, yo no creía mucho en estos fenómenos hasta que tuve una experiencia personal hace mucho tiempo y que nunca le he contado a nadie, hizo una pausa y prosiguió

.


Cuando tenía yo trece años era un muchacho problema, en mi casa no podían conmigo porque era voluntarioso y rebelde mi , madre sufría mucho por que mis compañías no eran las mejores, además el estudio me resbalaba. Decidí un mal día volarme de la casa y sin tener a donde ir comencé a recorrer las calles, inicialmente comía lo que me daban en los restaurantes y dormía donde me cogiera la noche, sin más abrigo que el de viejos periódicos, en resumen me volví un gamín. Como siempre fuí muy avispado me las ingenié para sobrevivir en este duro ambiente callejero, aprendí a robar y pronto estaba durmiendo en un cuarto de hotel, fué pasando el tiempo y ya me vestía bien y hasta tenía mis bambas, para mi desgracia empecé a fumar yerba y a coger vicios sin darme cuenta de de que estaba destruyendo mi vida.

Casi ni pensaba en mi familia, lo que hace la droga, es increíble.Una noche deambulando muy aburrido por el centro me senté solitario en un andén y me sentí muy solo, Alguien se sentó a mi lado, pero como no quería hablar con nadie no me molesté en mirar quien era, como pasó un largo rato y el que estaba a mi lado permanecía allí me inquieté mucho y mirándolo con disimulo me sobrecogió su rostro, daba miedo mirar a aquel ser, su cara estaba arrugada y de un color cadavérico, sus inflamadas ojeras apenas dejaban entrever unos ojos hundidos y apagados, metí mi cabeza entre mis rodillas y deseé estar muy lejos de aquel

engendro, pero algo me impulsaba a mirar de nuevo, había en aquel ser algo familiar que urgía ser reconocido.

No puedo explicar porqué, pero volviendo a mirarlo reconocí en aquel ser mi propio rostro, era un espejo aterrador donde veía lo que yo había hecho en esos años con mi propio ser, ese niño que huyó de su casa ya no existía, en cambio esa masa informe de carne pseudo humana era lo que yo había hecho de él. Sentí un dolor inmenso en el alma y comencé a llorar amargamente, así pasé toda la noche y con las primeras luces del día comencé a caminar hacia mi casa.

Varias horas después y lleno de vergüenza estaba frente a la puerta, casi no me decido a llamar pero al fin mi madre abrió y conmovida al verme me abrazó mezclando sus lágrimas con las mías, el hijo pródigo había regresado.

Terminé mis estudios y rehice mi vida, tuve la oportunidad de viajar al norte
donde he tenido buena fortuna, al punto que compré una buena casa en la
Castellana con cuya renta ayudo a mi familia.

Ahora esa casa está vacía en oferta de alquiler y ayer fuí a darle un vistazo, al entrar cual sería mi sorpresa, pues las ventanas estaban cubiertas con cortinas negras, igualmente encontré velas negras y unos libros muy extraños de brujería, Francisco me había dicho que la estaba utilizando para estudiar, pero obviamente son otros los propósitos que tiene. Muy nervioso me fuí al centro y me tomé unos tragos con unos amigos, me despedí de ellos y caminé hasta encontrarme con un grupo de pelafustanes, les compré pollo asado y hamburguesas, hablé con ellos y los traté como amigos, es que yo si sé lo duro de sus vidas.


Regresé a la casa de mi madre ya muy tarde, abrí sin hacer ruido y vi la luz de la sala encendida y escuché voces, pasé de largo pensando que mi hermana o mi hermano tenían una reunión con sus amigos y me fuí directamente a mi cuarto durmiéndome prontamente pues estaba agotado. Al día siguiente indagué sobre la reunión, pero todos sorprendidos se miraron y me dijeron que yo lo había soñado. Yo mismo entonces lo creí así.
Al día siguiente salí al centro y compré alguna ropa que entregué a los gamines conversando con ellos largo rato, busqué luego un salón de billares donde encontré a mis amigos con los que pasé el resto de la tarde.

Estaba dichoso de estar de vacaciones en mi ciudad. Nuevamente nos despedimos al amanecer y regresé en un taxi a la casa, cuando abrí la puerta recordé el sueño del día anterior y me pareció divertido, pero al ingresar volví a ver la luz de la sala encendida, extrañado y nervioso me asomé y vi un grupo de personas conversando en voz baja, ninguno de ellos pareció sorprenderse al verme, al contrario, un señor elegantemente vestido de saco y corbata se me acercó y me dijo:

- Te estábamos esperando...
- Yo quedé paralizado de miedo sin saber que hacer, sintiendo la mirada de toda esa gente que jamás había visto, para empeorar todo una señora robusta con largo vestido azul de satín y adornada con perlas me dijo:

- Te estábamos esperando jóven, necesitamos tu cuerpo.
-Ya no aguanté más, corrí hasta el cuarto de Francisco y despertándolo a gritos le pedí que no siguiera haciendo esas cosas tan extrañas con espíritus. Mi madre y me hermana se levantaron y todos fuimos a la sala donde ya no había nadie, pero si se sentía como un olorcito a azufre, no había dudas esta vez, no había sido un sueño.

lunes, 16 de junio de 2008

El fantasmita

EL FANTASMITA.

Recién contrajeron nupcias, Carlos y Rosa alquilaron un apartamento nuevo en el sector de Buenos Aires, el cual ocuparon con la emoción propia de una pareja que comienza a recorrer junta los caminos de la vida.


Como ambos trabajaban, salían prácticamente todo el día, dejando el apartamento solo. Fué pasando el tiempo, pero debido a sus ocupaciones no habían entablado amistad con ninguno de sus vecinos, solo conocían de vista y saludo a algunos de ellos, en especial a una señora del bloque del frente que los saludaba con especial amabilidad. Entre esto y aquello esa señora se acercó un día a ellos muy simpática y les dijo:Hola vecinos, espero que estén contentos en el barrio, aquí somos muy unidos, quiero que sepan que para cualquier cosa que necesiten estamos a sus órdenes. Le agradecieron ellos a doña Luisa su atención y se disponían a marcharse al trabajo pero los detuvo nuevamente Doña Rosa, cuando quieran pueden dejar a su niño conmigo, es que nos da mucha lástima verlo todo el día sentadito en el balcón tan solito. Carlos y Rosa se miraron sorprendidos y le dijeron que aún no tenían hijos, aclarado el asunto se despidieron de la señora convencidos de su confusión.


Peropasando el tiempo fueron conociendo a sus vecinos, y sin excepción todos les hicieron comentarios muy semejantes sobre un niño de unos seis años que se sentaba todo el día en el balcón causándoles mucho pesar al verlo tan solito.

Se empezó a preocupar mucho mi pareja de amigos al no encontrar explicación a estos comentarios, explicación que muy pronto ellos hallarían de una manera sorprendente. Una noche de sábado, invitaron a su cómodo apartamento a varios amigos, sentándose todos en la sala principal situada frente al balcón, la conversación y el ambiente era cálido y agradable, sonaba una canción de Julio Jaramillo cuando sintieron que una ola de frío penetró por la puerta del mirador, Carlos se levantó presuroso a cerrarla, cuando desde allí entró hacia el salón un niño de unos seis años, que silencioso y sin mirar a nadie pasó entre los presentes dirigiéndose a uno de los cuartos del apartamento.

Carlos y Rosa corrieron tras él, pero al entrar a la habitación no hallaron a nadie, buscaron por todos lados y no vieron allí a ningún niño. Regresaron a la sala y le explicaron a todos la rara situación. Todos se sorprendieron mucho pues habían pensado que el niño era sobrino de ellos. Rápidamente se despidieron asustados y lo propio hicieron mis buenos amigos que al día siguiente se fueron de ese sitio.



EL PODER DEL ESPÍRITU

Este, aunque parezca increíble, fue un hecho totalmente cierto que salió en todos los medios informativos y merece ser recordado. 

Foto de www.proclamadelcauca

"Noviembre 12 de 2001, Puracé, Coconuco (Cauca), decenas de habitantes entre campesinos e indígenas enfrentaron a 300 guerrilleros de las Farc e impidieron que se llevaran a 5 de los 23 policías que completaban 12 horas defendiendo su cuartel". 
Ver la noticia: Revista Semana

Puracé es un caserío situado en el departamento de Cauca, habitado por gentes pacíficas y trabajadoras . Allí el tiempo parece no transcurrir, pues la tranquilidad de ese lugar bucólico lo asemejan más a un pueblo fantástico estilo Macondo.

Pero el diablo persiste en entrar al paraíso, por tercera vez un frente guerrillero movido por algún interés en la región irrumpió agresivamente al sitio blandiendo sus diabólicas armas y tomando posiciones estratégicas, dispuestos esta vez a arrasar el poblado si fuera necesario. Estaban entrenados para combatir cualquier reacción de defensa que encontraran y de verdad que  lo habían demostrado en otros lugares con cruel saña. Pero aquellas gentes aparentemente inofensivas les tenían preparada una sorpresa inigualable, el poder del espíritu.

Marcharon por las calles llevando velas encendidas entonando villancicos y canciones de paz, todos en interminable procesión como un solo cuerpo ante la mirada atónita de los guerrilleros, que por primera vez veían entre aquella gente a sus hermanos, a sus madres, a sus amigos, seguramente se miraron entre ellos con una comunión de pensamientos, avergonzados y con el alma desgarrada.

Salieron en silencio hacia el monte con la alegría íntima de haber sido derrotados por tan digno rival: El poder del espíritu.

"Nosotros pensamos que lo que sonaba era pólvora navideña. Pero cuando nos dimos cuenta que los guerrillos se nos habían metido, empezamos a tocar bien duro bambucos y cumbias y decidimos rodear a esos manes", recuerda Ricardo Cerón, integrante de la chirimía.

La rebelión pacífica de los campesinos e indígenas de Coconuco surgió espontáneamente, aunque sus pobladores aceptan que están siguiendo el ejemplo de los otros municipios caucanos.

Cuando anoche decidimos enfrentar a la guerrilla, nos dividimos en grupos, unos rodearon a los subversivos y otros nos fuimos a proteger a los policías para decirles que no les iba a pasar nada, porque estamos con ellos", dijo Dolly Valencia, una campesina que en medio del fuego cruzado, les llevó a los uniformados aguapanela caliente con pan, como gesto de solidaridad.


El agente Jesús Ortíz, comandante de la estación de Coconuco, quedó asombrado con la manera como el pueblo unido los rodeó y protegió, por primera vez en muchos años.


EL EXORSISTA.

Andrés González es un sacerdote español Franciscano que en la época de los noventa estuvo en Medellín encargado de la parroquia de la planta en el barrio Caycedo, hombre jóven y jovial de unos dos metros de estatura y más de 100 kilogramos de peso, en sus tiempos de estudiante en Madrid participó en torneos profesionales de rugby, pero luego por casualidades del destino dedicó su vida al servicio del prójimo a través de la comunidad franciscana, vestía en forma casual y mostraba una tupida barba, nadie al verlo podía percibir su rango religioso. En el seminario de la capital ibérica fue instruído con un pequeño grupo de compañeros en la dura labor del exorsismo, a la vez que terminaba sus estudios en la facultad de parapsicología. Fueron llamados por primera vez para resolver un extraño fenómeno que se presentaba en un edificio de apartamentos allí en Madrid .

Los habitantes del bloque contaban que en un apartamento que no duraba en arriendo, se escuchaba de cuando en cuando un terrible ruido como de explosión y que ya constructores e ingenieros habían revisado la estructura de arriba abajo sin encontrar explicación alguna. Fué entonces cuando entraron en acción estos curiosos caza fantasmas.

El edificio era muy nuevo y el apartamento en mención casi no había sido habitado, pues el problema existía desde la entrega de la obra, la única explicación posible era que allí se había cometido algún crimen espeluznante durante la construcción y una energía remanente del infeliz que había sufrido allí, había quedado atrapada manifestándose con estrépito.

Hicieron un sencillo ritual de limpieza que liberó a aquel infeliz espíritu.

Pero volviendo a nuestra historia inicial mi amigo Hugo Escobar, reconocido comerciante y radioaficionado de la ciudad le comentó al padre Andrés sobre lo que ocurría en la casa de un amigo suyo situada en el sector de Simón Bolívar.
La casa había tenido que ser cerrada pues todo el que allí había vivido sufrió fenómenos tan extraños como el que las puertas de alcobas y armarios se abrieran y cerraran inexplicáblemen- te, los cajones salían de su sitio y los vidrios de las ventanas vibraban. El Franciscano aceptó colaborar para remediar este mal y mas tarde poniéndose de acuerdo con ellos les encomendó que le consiguieran una mesa,un mantel blanco, tres velones y un crucifijo, acordaron reunirse en esa casa a las 11 de la noche.

Así lo hicieron, el franciscano llegó acompañado de un sacerdote y de un hermano cristiano que concelebrarían el rito, Hugo y su amigo ayudaron a colocar la mesa en el centro del un gran salón cubriéndola con el mantel, Andrés llevó un copón con hostias consagradas, un frasco de agua bendita, un voluminoso libro y otros elementos sagrados, se vistió con el hábito franciscano y se anudó un grueso cinturón de hilo en su cintura, prendieron los cirios cuando estaban a punto de ser las 11:30 de la noche y apagaron los bombillos, Andrés pidió a sus amigos salir de la casa. A puerta cerrada y casi en tinieblas quedaron los tres religiosos para enfrentar lo desconocido, Hugo y su amigo, el propietario de la casa, subieron a la camioneta chevrolet, que como buen radioaficionado tenía Hugo equipada con lo mejor en equipos de radio transmisión, pero los nervios que sentían solo los hizo pensar en destapar una botella de aguardiente que sin cruzar palabra fueron vaciando poco a poco.

Estando parqueados frente a esa casa solo escuchaban el silencio de la noche, hugo miró su reloj y vió que eran las 12.


De repente las ventanas de la casa vibraron con fuerza al tiempo que se escuchaban fuertes portazos en el interior de la casa. Se apearon del carro y corrieron hacia la puerta esperando noticias de lo que estaba sucediendo, vuelta la calma Andrés abrió la puerta y los dejó pasar, ya con la luz encendida vieron que el hermano cristiano estaba despeinado y con su sotana en añicos, el almidonado cuello que distingue a los de su comunidad estaba literalmente hechado para atrás, Andrés nos mostró su cordón de San Francisco en hilachas, Hugo se acercó al grueso crucifijo de base, prestado por un funerario amigo suyo, lo vió entorchado sobre su eje vertical como un tirabuzón, lo iba a tomar pero una fuerte advertencia del padre lo detuvo:

- Yo me haré cargo de él, le dijo. El que se veía tal como entró era el sacerdote que es había colaborado, era el único que conservaba su cabello en orden y su sotana intacta. Andrés ya organizado les comentó que siendo casi las 12, sintieron un gran viento en la habitación, que los cirios se apagaron y en las tinieblas fueron atacados por manos misteriosas que los empujaban y arañaban, ellos no cesaron de repetir las oraciones del exorsismo hasta que todo volvió a la calma.

“En este sitio, en este mismo salón, debajo de las losas del piso yace el cuerpo de un hombre que fue asesinado cuando la casa se construía. Este espíritu pide justicia y quiere que sus restos sean llevados a un campo santo”, dijo el padre Andrés, Hugo y su amigo se miraron sorprendidos.

Luego, me contó Hugo, excavaron el sitio y en efecto hallaron unos restos humanos que fueron llevados a un cementerio. La casa embrujada ahora está en paz y bien alquilada.


sábado, 14 de junio de 2008

locos Cuentos para gente cuerda

LOCOS CUENTOS PARA GENTE CUERDA.

Con estos cuentos participé en el concurso internacional convocado por la cámara de comercio de Medellín 1994.


LA CAMA QUE VOLABA.

Los niños se arremolinaron ansiosos alrededor de su abuela, que reposaba sobre los mullidos almohadones de su centenaria cama de roble. Lilí, con sus pecosas naricillas y sus rubios cabellos reclamaba el mejor sitio, acomodándose por fin en la cabecera.
Daniel con sus ojos negros llenos de picardía escogió su sitio a los pies de la abuela, que esperaba a que sus inquietos nietos se acomodaran para comenzar con sus historias. Ella aprovechaba aquel momento para poner en orden sus ideas y escoger el tema apropiado para esa noche, sabía que cada historia debía ser acorde al momento, por ejemplo en las noches calurosas con olor a naranjos en flor, ella prefería historias de pequeños dundecitos saltando sobre el verde follaje del brevo que el abuelo Joaquín sembrara en el fondo del jardín un mes antes de fallecer. En cambio en las noches tormentosas y frías, que otras historias sino las de guacas y espantos podrían ser las elegidas.


Sus reflexiones fueron interrumpidas por los reclamos ruidosos de la pequeña Lilí
-Abuelita, abuelita, ¿que nos vas a contar hoy?
- ¿Están listos para comenzar?, preguntó la abuela.
- Si... Sí..., gritaron en coro los niños, mientras con sus pesadas cabriolas por poco rompen el inmenso camastro de roble.


La abuela Berta se cubrió hasta el cuello con la manta llenando lentamente sus pulmones y luego dejó escapar un largo suspiro, signo inequívoco de que ya tenía un buen tema.


Los niños apenas si respiraban aguzando sus oídos para no perder el más mínimo detalle, al tiempo que abrieron los ojos de su imaginación, esos que tanto añoramos los adultos y que perdemos en algún momento de nuestro viaje, a causa de la ceguera del raciocinio y que solo algunos recuperan al llegar la ancianidad.
El acogedor lecho se transformó de repente en una extraña nave espacial que comenzó a sumergirse lentamente en las nebulosas de la fantasía. Poco a poco y en silencio las paredes del cuarto ya no estaban, luego las ventanas, las cortinas, la mesita de noche con todo y el vaso de agua que guardaba todas las noches la sonrisa de la abuela, desaparecieron mágicamente, succionadas de una realidad temporalmente perdida.

La abuela ahora se transformó en la avezada capitana de un estranbótico navío, que en medio de la iridiscente corriente producida por el flujo pausado de sus palabras, se impulsó a velocidad insopechada rumbo a la curiosa expedición hacia las ignotas regiones de la sorpresa.

Lilí y Daniel, absortos ante los maravillosos parajes que ahora contemplaban, sentían ondear sus cabellos convertidos en banderas amarillas. La abuela no dejaba de mover sus labios, de los que brotaba esa poderosa energía que seguía impulsando el inaudito viaje.

- Miren arriba..., les dijo la abuela, y ellos alzaron sus ojos , los de su imaginación, claro está, entonces vieron a un grupo de hadas practicando vuelo sincronizado al ritmo de hermosas melodías estelares.
Luego la anciana enrumbó su camastro mágico a babor, mientras sonreía orgullosa por su sorpresiva maniobra, fué cuando divisaron por fin a Puerto Corazón, esa bahía en la que solo anclan las naves de la imaginación, formando largas filas en su muelle cargadas de niños y abuelas.
Sobrevolaron por buen rato ese amable sitio, sonriendo y batiendo sus brazos a todos los que allí estaban anclados. La abuela tomó rumbo erix, punto geográfico que solo existe en aquel lugar, no es norte ni sur, ni oriente ni occidente, sino todo lo contrario.
Penetraron una densa niebla, cosa que los llenó de temor, y no sin razón, pues al atravesar la pared de neblina descubrieron un paisaje asolado por el fuego y la radiación, donde solo quedaban unos pocos seres, que más que humanos parecían espectros que avanzaban cabizbajos hacia ninguna parte, porque allí solo era la nada.
Los niños comenzaron a llorar a gritos y rogaban a la abuela para que cambiara la historia.

- Esto que ven, dijo la abuela, podría ser el futuro próximo, pero como todavía quedan buenos corazones como los vuestros hay esperanza de que no suceda, espero que los conserven tan limpios y puros, que no los dejen enlodar por el fango del egoísmo y la codicia, que no permitan que desaparezca de sus vidas el amor, que jamás se cansen de contemplar maravillados el milagro de la salida del sol tras las montañas, coronado de rojos arreboles, tampoco dejen de admirar la gracia fascinante de una simple crisálida, que después de una paciente espera, libera al fin a la hermosa mariposa, que salta al vuelo mas engalanada que el mismo Salomón.

- ¿ Y quién es Salomón?, inquirió Daniel.
-Esa será otra historia mis amores, ahora es mejor que regresemos, dijo la abuela, y después de besarles tiernamente sus alborotados cabellos, los envió a dormir a su cuarto. Antes de dormirse, los niños guardaron con la ternura que solo tienen los ángeles estas historias en su corazón, envueltas en el terciopelo azul de sus recuerdos.

Veinte años después, el niño Daniel solo existe en los recuerdos, agazapado tal vez en el camastro volador de una infancia ida, dando paso a ese hombre que ahora lleva a cuestas, pero que aún recuerda las historias de la abuela.


TRANSMIGRACIÓN.

Isabel habló desde muy pequeña con gran fluidez e impecable dicción, desde entonces sentía una poderosa necesidad de comunicarse. Tal era su ansiedad, que tenía la firme convicción de que el único objetivo de la vida era el ejercicio de comunicarse.

Ya en su adolescencia dominaba el arte de hablar y escribir, con un manejo impecable de las reglas gramaticales y fonéticas que ello implicaba, eran sus conversaciones de entonces, verdaderos conciertos de erudición y musicalidad, ya que aunaba a sus profundos conocimientos el envolvente sonido de su voz cautivadora...

Pero todo esto no la satisfizo, pues dentro de su espíritu sentía muchas cosas para las cuales aún no se habían inventado palabras. Ella comenzó a pensar que las palabras era un sistema de comunicación muy arcaico, pues no alcanzaba a expresar todas las emociones que luchaban en su mente por salir.
Ya a sus quince años conocía infinidad de idiomas y dialectos, pero todos al igual le parecían limitados para el total propósito de la comunicación. Casualmente oyó un día a alguien hablar sobre la telepatía, la precognición, viajes astrales y otros asuntos metafísicos de dudosa reputación entre la escéptica comunidad científica dominante Atraída por estos temas comenzó a investigarlos y sorprendida halló mas coincidencias que divergencias con las ciencias y tecnologías que estudiaba en la universidad. Todo esto la fué llevando hacia la síntesis de ambas escuelas y a la fusión de conceptos genéticos con otros bioelectrónicos en los que vió inminentes posibilidades para lograr la telepatía electrónica como suma perfección de la comunicación humana.

Dedicada Isabel a estos nuevos horizontes logró en poco tiempo hacer un paralelo entre los fenómenos electromagnéticos, psíquicos y químicos, encaminó sus investigaciones hacia la construcción de un microdispositivo transceptor que ampliara las ondas cerebrales de forma bilineal, o sea en recepción y transmisión.
Ya se había comprobado que todo pensamiento genera ondas y pulsos eléctricos medibles en laboratorio, ¿por qué no pues, seria posible la viabilidad e tal proyecto?. Más que una posibilidad, Isabel tenía ahora la certeza de que al fin lograría la
comunicación directa entre las mentes, sin las pérdidas causadas por la incómoda transferencia que ocasionaba la conversión a la fase idiomática.

Tal artefacto iría mucho mas allá, pues de seguro permitiría que los seres humanos se comunicaran con otros seres de la naturaleza. Esta labor la fué desarrollando en la mas completa soledad y secreto, al punto que ni sus padres tenían idea de estas cosas. En la universidad nunca confió a nadie su proyecto y se aisló tanto que comenzó a pasar como persona hosca y antipática., sus padres estaban siempre tan ocupados que ni se daban cuenta de su cambio de personalidad.

Cuando no estaba en clases se la pasaba encerrada en el sótano de su casa sin más compañía que Rufo, su perro lanetas, que se echaba bajo la mesa de trabajo, más interesado en su siesta que en los complicados enredos de aquel improvisado laboratorio.

Fué en su décimo octavo cumpleaños cuando Isabel resolvió el último escollo de su alocado proyecto, la fuente de alimentación que había conseguido construir, una biobatería prácticamente eterna, que usaba como electrolitos los fluidos naturales del cuerpo.
Dos años tardó Isabel para llevar a término su proyecto, el último paso fué la construcción de los dos mini dispositivos cerebro transceptores bilineales que ella contemplaba complacida sobre su mesa de trabajo.

Eran dos pequeños cilindros metálicos cuyo diámetro apenas si excedía al de una aguja hipodérmica. Dentro de los cilindros reposaban los circuitos electrónicos que una vez insertados en los cerebros de los dos sujetos de prueba deberían entablar el intercambio directo de sus pensamientos. Todos sus esfuerzos y desvelos estaban a punto de ser recompensados. Una vez introducido en el cerebro a través de una aguja hueca solo sobresaldría una pequeña punta a la altura del entrecejo y que se vería como un pequeñísimo lunar, un verdadero tercer ojo.

Ya imaginaba Isabel las repercusiones que tendría su invento, se imaginaba recibiendo el premio novel y siendo honrada en los más famosos salones de la ciencia, pero sobre todo tal vez sus padres comenzaran a prestarle más atención y a quererla aunque fuera un poquito. Llegada la hora de la prueba Isabel se puso un par de guantes quirúrgicos, tomó con algo de nerviosismo uno de los dispositivos y luego de acomodarlo en la aguja aplicadora lo introdujo con fuerza en el entrecejo de su perro hasta la profundidad requerida, Rufo saltó asustado y se refugió debajo de una silla, que mejor compañero para la experiencia podría tener, le dijo a su can. La chica
preparó el otro dispositivo de igual forma y luego de poner un poco de anestésico en crema sobre su piel y mirándose en un espejo, insertó con fuerza la aguja hacia su pineal sacandola luego. Sintió una fuerte corriente eléctrica a través de toda su médula y no pudo evitar lanzar un grito de dolor.

Los padres de Isabel caminan hacia el auto que dejaron parqueado frente al hospital mental luego de visitar a su hija, aún nadie comprende que fué lo que de un momento a otro causó que la jóven perdiera la razón y ahora se comportara de forma tan extraña, pues va y viene por los corredores del sanatorio andando y ladrando como un perro.

Sus padres nunca olvidarán el día que la encontraron acurrucada debajo de la mesa del sótano, ese mismo día en el que su perro Rufo se lanzara bajo las ruedas de un auto frente a su casa. Algunos vecinos aseguran haber escuchado al perro murmurar unas palabras antes de morir.


ONDAS DEL PASADO.

Jorge encendió su radioteléfono a las once de la noche como de costumbre.
Sus movimientos de ahí en adelante parecían un ritual muy ceremonioso, abría el cajón de su escritorio, sacaba su libro de guardia y el parker de plata que conservaba con especial cariño, como que fué el regalo de grados que le regalara su amada Mary cuando apenas comenzaban el noviazgo. Puso todo sobre la mesa donde estaban sus cigarrillos favoritos, un vaso de Escocés y un horroroso cenicero de cerámica, que con sus propias manos y un inmenso cariño le hizo su esposa Mary.

Comenzó a mover las perillas de su radio, que mostraba las frecuencias al comenzar un escaneo automático. Ninguna señal aparecía diferente a los silbidos de la estática por cierto desacostumbrada en aquella época del año. Esto desanimó mucho a Jorge, que soñaba noche tras noche hacer el comunicado de su vida, que le hiciera merecedor del diploma de su radio club.
Ya había logrado comunicados con jeques de Egipto, actores de cine y hasta con el Rey Juan Carlos de España, pero el estaba buscando un contacto más difícil y exótico. El escaneo seguía aún sin dar frutos cuando el reloj marcaba la media noche.
El sueño y la frustración lo invadían por lo que se antojó de irse a refugiar en los brazos de su amada y dejar su búsqueda para otro día. Ya iba a desconectar el radio cuando el escaner se detuvo y se escuchó una fuerte señal de recepción. Se acomodó entusiasmado en el sillón, se tomó un sorbo de whisky e inclinandose sobre el parlante para oír mejor pitos telegráficos que transmitían: - S.O.S. C.Q.D.X., este es el transatlántico Titanic, necesitamos ayuda, hemos sufrido varias explosiones a bordo y la situación es crítica, soy el operador Philips, Jorge trató de grabar el raro mensaje pero este no se repitió más, pues volvió a escucharse el chasquido de la estática. Debía ser un bromista, el Titanic se había hundido en la media noche del catorce de abril de 1.912.

Intentaba apagar el aparato pero ahora lo detuvo el reinicio de esa misma transmisión de auxilio, sintió algo de mareo y se puso de pié para ir en busca de su esposa, pero no pudo pues perdió el sentido.
Volvió lentamente en sí y comenzó a ver borrosamente como cientos de personas corrían y se apretujaban en botes de salvamento, que no resistían el peso y se desplomaban desde las altas poleas haciéndose pedazos al caer en las turbulentas y frías aguas del mar. Escenas dantescas eran las que ahora presenciaba Jorge. Se levantó como pudo, pues era difícil tenerse en pié en la cubierta de aquel navío que oscilaba sobre las olas en medio de una tremenda oscuridad. Entró a un pequeño cuarto que aún estaba iluminado y que resultó ser la sala de radiocomunicaciones, al entrar encontró sentado a un jóven de camisa blanca que se volvió hacia él y le dijo:
- Váyase se aquí, salve su vida y empujándolo fuertemente lo sacó cerrandole la puerta con fuerza, Jorge ante esto se había asido de la camisa de aquel hombre y accidentalmente le había arrancado una insignia que llevaba en la solapa, pero que era todo esto, el barco se inclinó casi en vertical a las aguas, las gentes rodaban como sobre un tobogán, cayendo irremediablemente entre las bravas olas, él mismo no pudo resistir más su peso y sus manos se soltaron de un tubo del que se había aferrado, se deslizó sobre la cubierta cayendo a las frías aguas.

Despertó gritando de pánico y vió que aún estaba sentado frente a su escritorio, menos mal, pensó, todo fué un sueño. En esto entró Mary asustada por los gritos indagando la razón de ellos, Jorge le dijo:

- Tranquila solo fué una pesadilla, pero se sorprendió al ver que toda su ropa estaba mojada y al sentir entre su puño un objeto extraño, abrió despacio su mano mirando a su esposa y sorprendidos los dos vieron una insignia de oro con un nombre:


“John Philips”, “Titanic Radio operator”

Hasta aquí la trilogía.


OTRA BRUJA:

Digo otra, porque en un capítulo anterior hay un relato sobre una bruja más aterradora, muy pero muy famosa, la publicaré luego, pués tendré que digitar unas páginas que perdí.

Doña Luisa, la esposa del doctor Morales recientemente había contratado los servicios de una muchacha que le habían recomendado, se llamaba Lina y venía del municipio de Remedios, sin dudas tras el desgreñado cabello y las humildes ropas con las que llegó, había una hermosa jóven de pícaros ojos verdes. La señora la instruyó sobre las obligaciones que tendría y la chica comenzó a trabajar
inmediatamente.

Doña Luisa tenía dos hijos, Carlos y Andrés, ambos estudiantes universitarios y dueños de una buena pinta. Fué en Andrés en quien puso sus ojos Lina, lo atendía siempre con más especialidad que a los demás, lustraba sus zapatos, le llevaba todas las mañanas jugo de naranja a su habitación y cada que podía se le insinuaba un poco.

Andrés tenía muy definida su vida amorosa y ni siquiera notaba los coqueteos de la muchacha, que ante su indiferencia se fué llenando de rabia, decidió entonces tomar medidas más drásticas y consiguió algunas yerbas para darle en el jugo al jóven, esculcando en los cajones encontró una foto de su bien amado y lo colocó en un rincón de su cuarto alumbrado por una vela roja. Pero nada pasaba, al contrario, Andrés no volvió a recibirle sus jugos matinales y se tornó muy antipático con ella, su hermano Carlos, que fué quien me contó esta historia, fué el único que había notado los requiebres de la muchacha pero guardó entonces un prudente silencio.

Lina se fué volviendo callada y amargada y estaba ya todo el tiempo de mal humor. Un día a la hora del almuerzo la familia se sentó en el comedor y Lina les sirvió la comida como de costumbre, retirándose luego hacia la cocina que quedaba
a la derecha del comedor en el fondo de la casa. Estaban terminando ya la sobremesa cuando Carlos vió una chancla que salía disparada desde el fondo de la casa y que al llegar al salón donde estaban describió una extraña curva para dirigirse en línea recta y con renovado impulso hacia el rostro de Andrés, que sorprendido recibió un tremendo golpazo. Todos se levantaron de la mesa y fueron a la cocina sorprendidos a buscar a Lina, pero ella no estaba allí, ni en su cuarto ni en el solar, fueron al baño y lo encontraron cerrado con seguro, por más que tocaron y llamaron a la muchacha no obtuvieron respuesta alguna, fué entonces cuando el doctor Morales entró en sospechas y fué a buscar la llave, luego de abrir la puerta del baño hallaron a Lina recostada en un muro tiesa como una varilla y con una palidez impresionante, le gritaron y zarandearon sin lograr que esta reaccionara, se le ocurrió al doctor encender un cerillo y tomándole una mano quemó la punta de uno de sus dedos, la chica permaneció impávida; resolvieron dejarla ahí y cerraron de nuevo el baño retirándose silenciosamente.

Después de un buen rato Lina salió y prosiguió con sus labores sin imaginar que había sido sorprendida en flagrante brujería. Buscó a la señora y le pidió una crema para quemaduras:

-Vea señora el quemón que me hice, seguramente fué bajando la olla de la sopa. Doña Luisa se quedó mirándola maliciosamente y le respondió: -Pomadita para quemaduras no es lo que te voy a dar, con gusto te daría una pela so sinvergüenza, empacá tus trapitos y te largás de mi casa bruja asquerosa. La muchacha no tuvo mas remedio que admitir su culpa y se fué de allí para siempre.